2. Primer centenario del presbiterio
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La construcción definitiva del Templo de Santa Lucía, casi con las mismas características actuales, se emprendió en el año 1911, bajo el gobierno parroquial del Ilustre Sacerdote Tachirense Buenaventura Vivas, a quien se consideró como el Forjador del Progreso local. Gracias a sus gestiones, Timotes le debe gran cantidad de Obras Públicas que lo situaron como uno de los principales centros poblados de la Venezuela Gomecista. Desde el año 1910, el templo parroquial se encontraba en condiciones muy precarias para oficiar los ejercicios espirituales de rigor. Había la necesidad de contar con un sitio más amplio y cómodo donde se pudiera reunir la feligresía con el fin de continuar predicando las enseñanzas bíblicas del Divino Maestro. Ante algunas noticias como esta: “Nuestro viejo templo… está casi en ruinas y muy estrecho”, Monseñor Buenaventura Vivas comenzó una gran campaña pro-reconstrucción del Templo Parroquial. Sin pérdida de tiempo, organizó un frente de trabajo, procedió a difundir la idea, convocó voluntades y sensibilizó sobremanera a nuestra población. Esta ardua tarea se inició con la distribución de una postal impresa que mostraba el Proyecto Original del templo que se intentaba construir. En el mismo orden, dicha postal, llevaba impreso un bellísimo Soneto, de autor anónimo, que exhortaba poéticamente a los fieles a contribuir económicamente para cristalizar la obra arquitectónica. La postal fue vendida a los vecinos y transeúntes, y los ingresos recogidos representaron el capital que marcó el inicio de los trabajos. La tarjeta, además, fue un hermoso recuerdo que muchos guardaron con recelos en sus archivos familiares.
Además de esta acción, se recolectó dinero y diversos materiales, aportes y donaciones de varios hijos y amigos de Timotes. Las distintas familias, se unieron progresivamente a las acciones del Sacerdote. Algunas enviando contribuciones en dinero para la compra de los materiales y otras ofreciendo comida suficiente para los obreros voluntarios que allí laboraban. También se lograron algunos aportes del Gobierno Nacional, pues existía un vínculo amistoso muy estrecho entre el Padre Buenaventura Vivas y el General Juan Vicente Gómez. Igualmente, se sumó mano de obra voluntaria y otros requerimientos para iniciar formalmente, un día 17 de junio de 1911, la anhelada y urgente refacción del templo de Santa Lucía de Timotes.
Bajo la dirección del Maestro Albañil José Vicente “Chente” Torres, arquitecto popular proveniente de Ejido, estado Mérida, arrancaron los trabajos de reparación y ampliación del Templo de Santa Lucía, hoy Basílica Menor del mismo nombre. El Maestro “Chente” Torres, logró paciente y artísticamente, darle forma espectacular y belleza única a la iglesia. Estuvo secundado por otro Maestro de Obra, cuyo nombre fue Antonio E. Lacruz, quien compartió poco tiempo tan artística y creativa responsabilidad. Los escritores Timotenses Dr. Hugo Rivas Franco y Eduardo Villarreal Araujo coinciden en destacar a Pedro Rafael Márquez alías “Ventarrón” como el peón de mano del Maestro “Chente” Torres. Afirman convencidos en sendos escritos: su eficiencia, fidelidad y meritoria labor en la grandiosa obra que nos ocupa, como fue la anhelada construcción.
Los mencionados trabajos se desarrollaron desde el año 1911 hasta el año 1929, y en varias oportunidades se vieron paralizados por diversas razones: en ocasiones lluvias, en otras la falta de recursos económicos, materiales y la escasez de mano de obra voluntaria. Aunque todos esos obstáculos fueron vencidos con grandes sacrificios por el Padre Buenaventura Vivas (Artífice del ambicioso proyecto) y quienes apoyaron decididamente la obra, cristalizándose al tiempo, la majestuosa empresa que consistió en levantar, casi desde sus ruinas, ese templo extraordinario que hoy admiramos. A propósito, podemos señalar los daños ocasionados al Presbiterio del templo, en junio del año 1913, cuando se sucedieron fuertes lluvias, se desbordaron varias quebradas y creció el Río Motatán, sembrando terror y preocupación entre nuestros habitantes. Cuenta la historia que la peligrosa quebrada Ño-Ana de Zaraza se desbordó y corría por la Calle de Los Hoyos o Avenida O´leary, causando diversos daños en el Cementerio viejo y en la parte trasera de la iglesia de Santa Lucía, afectando considerablemente el presbiterio. Sin embargo, los esfuerzos se doblaron extraordinariamente y Monseñor Buenaventura Vivas continuó desarrollando campañas, al paso de los años, para concretar la obra. Visitó los distintos hogares timotenses, luego emprendió el recorrido por los caseríos en procura de más recursos económicos y materiales para continuar. Más tarde, viajó a la Capital de la República: Caracas, igualmente viajó hasta Mérida y a otras ciudades del país, solicitando en organismos públicos y a particulares de buena posición económica algunas ayudas para el mismo fin. Monseñor Buenaventura Vivas siempre regresaba con buenos resultados, aspecto que garantizaba continuar adelante con el proyecto.
Los esfuerzos de este Sacerdote, empeñado en mejorar la casa de Dios, secundado por el apoyo masivo del pueblo, vieron el primer fruto de sus acciones como fue: la conclusión de varios arcos internos, costeados abnegadamente por algunas familias pudientes de la comunidad y la terminación definitiva del Presbiterio en el año 1915. Por tal y como acción estimulante, se decidió inaugurar solemnemente el nuevo presbiterio del templo, el cual es el espacio que destaca en torno al altar mayor de la iglesia, y se escogió el día 22 de febrero de 1916, hace exactamente 100 años, cuando justo se celebraban las Bodas de Plata Sacerdotales del Padre Buenaventura Vivas, para tal fin. Se designó como Padrino de Honor al Ilustre Escritor Don Tulio Febres Cordero: Patriarca de la Letras Merideñas.
Así tenemos, que el 22 de febrero del año 1916, desde tempranas horas de la mañana, nuestro gentilicio se vistió de fiesta. Hubo repique de campanas, quema de pólvora y a eso de las diez de la mañana, el Presbítero Dr. Trinidad Colmenares, religioso designado por Monseñor Antonio Ramón Silva, Obispo de Mérida, acompañado por el séquito de religiosos presentes, las autoridades civiles y militares del Distrito, junto al Flamante Padrino, sus familiares y amigos y un gran número de feligreses, participaron en la solemne Bendición del presbiterio del templo y de la solemnidad Eucarística donde se celebró, por todo lo alto, las mencionadas Bodas de Plata Sacerdotales del Padre Vivas.
De esta forma, en medio de la alegría cristiana y cumpliendo los rituales solemnes establecidos por la Santa Iglesia, se concretó el primer logro de un proyecto difícil que aún costó largos años para terminarlo, gracias al tesón y constancia del sacerdote mencionado y del pueblo en general. De este acontecimiento hace ya cien años, hoy cumpliendo con algunas actividades especiales y solemnes que coinciden con la celebración del Año Jubilar de la Misericordia y la celebración de los ocho años de la Ordenación Sacerdotal del Presbítero Amilkar Lobo, actual Rector de la Basílica Menor y Cura Párroco de esta importante Parroquia de Santa Lucía de Timotes, celebramos tan digno acontecimiento destacando un presbiterio de lujo, donde resaltan: el Ara Sagrada, donde Prelados y Religiosos celebran la Santa Eucaristía; al fondo la Sagrada Imagen de Santa Lucía, en su bello altar que descansa sobre columnillas de mármol; en lo alto, justo desde el centro, se desprende extraordinaria lámpara de cristal con incrustaciones de oro, donada en otro tiempo por el Gobernador Florencio Porras; al fondo del altar, el fresco pictórico del Triunfo de Santa Cecilia y por los cuatro costados, los frescos de los cuatro Evangelistas, obra del Pintor Italiano, transeúnte de otros tiempos, P. Perissi; el piso de dicho recinto, ya no son mosaicos de ladrillos alineados sino placas de mármol que le dan esbeltez y suprema belleza; y al fondo, donde está la sacristía, destaca el Museo Monseñor José Sótero Valero Ruz.
El arreglo definitivo de nuestra iglesia, continuó entre 1916 y 1929, bajo el gobierno parroquial de Monseñor Buenaventura Vivas. Incluso culminada su torre en el año 1929. Mientras otros trabajos de mejoramiento, los llevaron adelante varios sacerdotes, siempre con la ayuda del pueblo progresista. A saber, lucharon con esmero: Presbítero Licenciado Octavio Rincón Santos, Hermógenes Yebra, Presbítero Humberto Mora, Presbítero Víctor Manuel Angulo Peña, Presbítero Licenciado Pablo Olivo León Uzcátegui y Presbítero Amilkar Lobo, quien desde inicios del año 2016, se empeña, junto a hombres y mujeres progresistas de buena voluntad, a mejorar el techado de nuestra basílica.
Por tales acciones, hoy nuestro templo, en el Primer Centenario del Presbiterio, es uno de los más hermosos del territorio, su arquitectura es admirable, su torre es única en el país, por lo que ahora más que nunca y con gran orgullo lo consideramos nuestro principal Monumento Histórico, lo cual nos compromete a cuidarlo y vigilar su estado en todas sus dimensiones. A Cien Años de la Solemne Bendición del Presbiterio, demos Glorias y Alabanzas a Dios por sus bondades y palabras de reconocimiento a todos los hombres y mujeres que han contribuido a crear y mantener esta obra maravillosa que ha evolucionado desde la humilde capilla de paja a esta majestuosa construcción denominada Basílica Menor de Santa Lucía, donde juntos como hermanos, podemos exaltar la existencia de Dios Padre.