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Anécdota

¡Le cambio la burra!

Jesús María Espinoza Marín

Explica el origen del topónimo El Llano del Burro — enlazar con la pieza de lugar.

Escuchar el relatoNarración sintetizada, es-VE · Música: «Vals de la Memoria» · 2:31

Aquella tarde venteada, Locadio se despidió entusiasmado de los dueños de La Rinconada. Le hacía mucha gracia, recordar el porte del animal y los inquietos niños divirtiéndose sobre la burrita. Se preguntaba entre dientes, a medida que avanzaba por el camino del Boquerón: “que vale mas la tierra o la condenada burra?. Luego de comparar mentalmente, concluía en voz alta: “No joda, la burra!” Y siguió su tránsito por el camino real. A la mañana siguiente, decidió llegarse hasta la casa a proponer el negocio. Extrañado quedó su hermano cuando lo vio llegar tan temprano. Saboreando un delicioso café, habló de su aspiración en los términos siguientes: “mirá, te cambio la burrita por la tierra del Otro Lado”. Su hermano lo escuchó sorprendido y le paró el trote diciendo: “pago, va el cambio”. No había más que alegar, solo traspasar los papeles y firmar. Aunque su hermano replicó: ¿Está seguro? Ante la afirmación de Locadio, buscó la burra y la entregó a su nuevo dueño. Recibía como adelanto los documentos originales de propiedad. Este cambio trascendió entre los vecinos de la comarca. En su mayoría se burlaban del pobre Locadio, a quien tildaban de pendejo. Mientras, Locadio deambulaba feliz sobre el lomo de la burra. Iba y venia contento. A simple vista era un negocio desigual. Pero lo que muchos ignoran fue la cantidad de dinero que Locadio recibió fletando el cuadrúpedo. Negociaba aquí y allá, convirtiéndose en comerciante de fama en toda la jurisdicción. Además, la burra lo llevó por distintos caminos a conocer pueblos, costumbres y amistades. Sin duda, grandioso tesoro que a muy pocos estaba reservado. Tanto fue que recopiló miles de vivencias con las cuales entretenía a unos cuantos oyentes y logró reunir un gran capital con el cual adquirió mejores tierras. Dicen que cuando murió la burra, lloró como un niño, nada le consolaba, tanto que ni siquiera se animó a comprar otra. Por cierto, su hermano bautizó aquella nueva propiedad como El Llano del Burro, quizás en recuerdo de tan desigual canje.