ParameríasEl páramo, lo más bello de Venezuela

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Anécdota

La come-tierra

Jesús María Espinoza Marín

Escuchar el relatoNarración sintetizada, es-VE · Música: «Vals de la Memoria» · 1:38

Justo en el Filo del Hato, allá en la lejana cordillera repleta de jumangales, en el rancho viejo de Carmelito, sucedió un caso insólito, digno de referir como testimonio de los sucesos de fines de siglo. Diomira, muchacha única en la casa de campo, dicen, le dio por comer tierra. Tanto de día como de noche se alimentaba con la tierra que lograba tomar de la pared o del patio central. Y le hizo creer a su mamá que de tanto comer tierra, su barriga crecía. Un tanto atribulada, su progenitora creyó tan extraña explicación y comentaba a sus vecinos que su hija engordaba a causa del alimento tierroso. En el rancho, justo en la pared de tapia donde dormía la joven, quedó un hueco como testimonio incomprensible, también en el patio de la casa que no sabe de gallinas. Tanta fue la tierra que comió la atrevida Diomira que un día cualquiera se “enfermó” de repente. Sus familiares como pudieron, la trasladaron al Centro de Salud de Timotes, donde fue atendida con urgencia. Cuando menos se pensaba, salió la enfermera exclamando: que era un hermoso barón y que estaba muy bien. Todos coincidían: un niño bien criao. Pasó el tiempo y la ingenua madre, mantenía la idea de que su hija Diomira había comido tanta pero tanta tierra que no se preocupó por descubrir quien fue el padre de su nieto, por cierto bautizado con el nombre de Casimiro.