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Cronicario Cultural · 12Crónica

La Silva saldó la deuda. Don Jesús María Espinoza, 153 años después

A 153 años del nacimiento de Don Jesús María Espinoza Becerra, maestro, escritor y poeta nacido en la Mesa de Esnujaque, el cronista exalta su «Silva al Motatán» (1933): cuarenta versos con los que, de joven ayudante de molinero, «saldó la deuda» con el río padre.

Jesús María Espinoza MarínCronista Oficial del Municipio Miranda

Don Jesús María Espinoza Becerra, autor de la «Silva al Motatán» (1933), en la imagen que acompaña la crónica.
Don Jesús María Espinoza Becerra, autor de la «Silva al Motatán» (1933), en la imagen que acompaña la crónica.

Escuchar la crónicaNarrada con la voz de Jesús María Espinoza recreada con IA, con su autorización · 5:35

A 153º aniversario del nacimiento, en la Mesa de Esnujaque, del Maestro, Escritor y Poeta Don Jesús María Espinoza Becerra, tributamos homenaje a su obra poética al exaltar su máxima composición, escrita en su plenitud creativa, justo para saldar una deuda.

Escribió, Don Eduardo Villarreal Araujo, Cronista Honorario de Timotes, en su libro: “Semblanza de un Contemporáneo” (2005) que Don Jesús María Espinoza “en sus años mozos fue persona de mucho crédito y se endeudó con el Motatán” en clara referencia a nuestro rio padre. Stimots, considerándola gran serpiente, la llamó Mota, y mucho tiempo después, sus descendientes le agregaron el Tán, para completar su nombre sonoro y legarlo como Mota-Tán”. Volviendo a lo metafórico de Villarreal Araujo, en su prosa cautivante, señala: “le quitó aguas en préstamo. Las utilizó como fuerza hidráulica, para convertir el trigo en harina”. Recordemos que nuestro personaje fue ayudante de molinero, en sus propias palabras, afirmó: “Tendría doce años cuando salí de la escuela … luego estuve de molinero de la finada Elfreda R. de Fonseca, unos seis meses” (Autobiografía, 1956). Esto fue para el año 1883, en el Timotes guzmancista, mucho antes de su participación en las guerras civiles de fines de siglo XIX. “En la soledad del molino, escuchó atento el rumor del agua y le contestó con versos” (Villarreal Araujo, 2005). Cuarenta versos, por cierto, todos de arte mayor, con rimas asonantes y consonantes, y abundancia de recursos literarios: metáforas, humanización e hipérbole, como para dejar sentada su talla de Poeta y saldar con la silva criolla, aquella vieja deuda, cincuenta años después. Remata Don Eduardo Villarreal que el Maestro “pudo saldar con creces la deuda contraída con el río, cuando sacó a la luz el magnífico himno al Motatán” que tituló: “Silva al Motatán”, composición extraordinaria convertida en canto que resuena en los confines como una de las poesías más hermosas con que se exalta la belleza y el significado del rio padre. Hermoso regalo que heredamos los hijos de Timotes y que trascribimos para deleite de los gustos más exigentes como buenos lectores. Una poesía ya nonagenaria como fue su autor, puesto que fue fechada en el año 1933. Leales a la historia seguros podemos decir: la silva saldó la deuda. Honor y gloria a Don Jesús María Espinoza, a 153 años de su nacimiento.

Silva al Motatán

Allá en la gélida, agreste cumbre, do cubre un manto de blanca nieve, y donde el cóndor vivir se atreve, nacen las cuencas del Motatán. En esas cimas do el aire es puro, y hay mil fantasmas de campeones: grandes castillos y torreones formando rocas de pedernales. Semeja hilos de blancas perlas, luego corrientes murmuradoras, después cascadas, cual trepadoras entre peñascos que dan pavor. Ya se desliza de prado en prado besando el musgo de las riberas; sigue su curso de mil maneras: vertiginoso, luego sereno ya en su remanso. Ya rimboroso corre ligero, en sus orillas copos de espuma imitan cisnes de blanca pluma y níveas garzas en la llanura. En los deshielos ¡cuánta hermosura! Que desbordante se precipita. Todo lo arrolla, todo lo agita, causando espanto, terror y ruina. Nada se opone a tanto empuje en este suelo todo arenoso; deja aluviones de aspecto hermoso que bien contrastan con el terror. Y desafiando la inmensidad en cauce estrecho y aprisionado baja a “La Vega” donde es vadeado por ambos lados regias montañas. Pronto se extiende por la llanura y amplio se lanza cual libre fiera, Y sobre arenas en mar afuera vadear se atreven los veteranos. Allá en “Los Negros” con gran primor, sobre su dorso cruza el cayuco, y en ondas tersas paga el tributo de claras linfas al lago azul.
(Don Jesús María Espinoza Becerra, 1933)

Escuchar el mensaje y el poemaMensaje y recitado del cronista, con su voz · Música: «Valles de Venezuela» · 2:31

El río padre

Imágenes del cronista.

  • Torrente entre peñascos, en la imagen que acompaña la crónica: «después cascadas, cual trepadoras entre peñascos que dan pavor».
    Aguas clarasTorrente entre peñascos, en la imagen que acompaña la crónica: «después cascadas, cual trepadoras entre peñascos que dan pavor».
  • Aguas turbias de una crecida, en la imagen que acompaña la crónica: «Todo lo arrolla, todo lo agita, causando espanto, terror y ruina».
    CrecidaAguas turbias de una crecida, en la imagen que acompaña la crónica: «Todo lo arrolla, todo lo agita, causando espanto, terror y ruina».