Cronicario Cultural · 12Crónica
Los Timotes y la resistencia indígena
En el Día de la Resistencia Indígena, el cronista recuerda a los belicosos Timotes que enfrentaron la conquista, el caney del Mucurujún donde nació la iglesia de Santa Lucía y la domesticación de la papa silvestre en los andenes del páramo, y rinde honor a Stimot, Muscaguaní, Mucuray, Marú, Quindorá y Xamán.
Jesús María Espinoza MarínCronista Oficial del Municipio Miranda

Escuchar la crónicaNarrada con la voz de Jesús María Espinoza recreada con IA, con su autorización · 5:51
Hoy conmemoramos a nuestras culturas ancestrales y su legado, en el Día de la Resistencia Indígena. Quienes conocen y han buscado informaciones en la historia universal, nacional y regional, entendemos la importancia del proceso de resistencia indígena librado por los grupos originarios ante la arremetida colonizadora. Prueba de ello fue la sobrevivencia de diversidad de testimonios materiales que forman parte de museos y galerías y muchas manifestaciones culturales, entre ellos cantidad de nombres originales que conocemos como topónimos e identifican los espacios geográficos que ahora ocupamos. Verbigracia es Timotes, derivado de Stimot, el legendario guerrero que dio origen a la civilización de los grupos timotíes.
Durante el proceso de conquista y colonización, nuestros grupos aborígenes con vocación agrícola y, por consiguiente, caracterizados por su vida sedentaria, opusieron resistencia a los grupos invasores, solo que el poder de las armas se impuso generando muerte y destrucción, sometimiento pacífico y “entendimiento” para avanzar en la supervivencia de las sociedades ancestrales. Aunque muchos pobladores rebeldes prefirieron huir a lo más alto de las montañas: “cuando sintieron en sus cercanías a los conquistadores, se retiraron a lo más agrio y escarpado de sus montes” (José Ignacio Lares, 1907) y soportaron las inclemencias del clima frío del páramo mientras otros ofrecieron sus vidas en sacrificio: lanzándose a las frías aguas de las lagunas donde moran sus Dioses Arco y Arca o simplemente “enterrándose vivos” en los famosos Mintoyes. Los más vulnerables como ancianos, mujeres y niños, asimilaron el complejo proceso de imposición cultural: “sumidos doblaron el cuello al vencedor, quien al despojarlos de su libertad y de sus tierras, unciolos al yugo del trabajo y la esclavitud colonial. Solo los belicosos Timotes opusieron una vigorosa resistencia; pero a pesar de su heroísmo y su bravura, fueron vencidos por la superioridad de las armas” (José Ignacio Lares, 1907), donde el método de la evangelización instauró sus valores religiosos y el cambio de Dioses. Perdimos nuestra lengua materna y un sinfín de características mientras costumbres y valores de la cultura ancestral se colaban o se fusionaban increíblemente. Vale destacar que el histórico caney de los Timotes, construido con caña brava y techo de pajas, que representó el santuario principal de los Timotes, justamente ubicado en el sitio del Mucurujún, fue destruido y muy cerca se construyó la capilla de pajas que dio origen a la iglesia de Santa Lucía, actualmente bajo la denominación de basílica menor.
Es importante reseñar que nuestros ancestros se convirtieron en destacados agricultores y después de un largo proceso, donde la sabiduría ancestral logró la domesticación de la papa silvestre, convirtiéndola en el alimento principal de la sociedad aborigen y posteriormente mestiza. Estas familias indígenas, cultivaron tanto el maíz como la papa silvestre, la que domesticaron para su aprovechamiento. Domesticar la papa silvestre implicó transformar una planta amarga y quizás tóxica de la madre naturaleza en un tubérculo seguro, nutritivo y cultivable mediante la selección humana a lo largo de generaciones. En el caso de Los Timotes, dicho proceso de domesticación representó un grandioso logro de adaptación y conocimiento ecológico. Domesticar la papa silvestre también implicó seleccionar aquellas plantas de menor toxicidad, elegir los tubérculos más grandes para replantearlos y despojarlos de sus características originales, adaptación de las variedades de papas a las condiciones climáticas de las alturas andinas y la construcción de sistemas complejos de andenes en las laderas de las montañas, transformando el paisaje natural para tener suficiente humedad y evitar la erosión. Podemos concluir que la domesticación de la papa silvestre para los grupos ancestrales Timotes fue un avance técnico de la agricultura que sentó las bases de su supervivencia y organización social en la cordillera merideña, ya que dominar los cultivos garantizó el sedentarismo, la estabilidad de su población y el desarrollo de una cultura superior, siempre vinculada con los ciclos de la tierra y el clima andino parameño.
Finalmente, tengamos presente la resistencia de la estirpe aborigen cuando pensamos en la arepa de maíz, en la tradicional chicha de maíz, en los tejidos que utilizamos, entre ellos: alpargatas, chamarras y hamacas, en los instrumentos ancestrales como: tambor, caracol, flautas y otros, en instrumentos de trabajo como la coa y el azadón, en toda la imaginería que implica la narrativa de los mitos de Arco y Arca y otras tantas hazañas de caciques y guerreros indígenas que ofrendaron sus vidas en defensa de su cultura, honor y gloria a: Stimot, Muscaguaní, Mucuray, Marú, Quindorá y Xamán. En fin, los testimonios materiales e inmateriales se convirtieron en legado de los taitas y forman aparte de la Timoteñidad que nos caracteriza. Viva los pueblos originarios, viva la resistencia aborigen y la Timoteñidad como legado.
El legado de los Timotes
Gráficas del autor.

Figura sedenteFigura de cerámica sentada en su banco, con una vasija entre las manos. 
Figura de cerámicaFigura antropomorfa de cerámica decorada, testimonio material de las culturas ancestrales. 
La viviendaDibujo de una vivienda de piedra con techo de pajas. 
Los andenesDibujo de los andenes en las laderas, donde se cultivó la papa domesticada. 
La chamarraNiño con sombrero y chamarra, tejido que guarda la herencia aborigen.