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Cronicario Cultural · 40Crónica

María Blasa se llamaba, la Loca Luz Caraballo

Las versiones sobre María Blasa Ramírez, la mujer del páramo que inspiró el «Palabreo de La Loca Luz Caraballo» de Andrés Eloy Blanco, y el monumento que la inmortaliza en Apartaderos.

Jesús María Espinoza MarínCronista Oficial del Municipio Miranda

La estatua de La Loca Luz Caraballo en Apartaderos, a orillas de la vía trasandina, con el páramo al fondo. Gráfica del archivo del cronista.
La estatua de La Loca Luz Caraballo en Apartaderos, a orillas de la vía trasandina, con el páramo al fondo. Gráfica del archivo del cronista.

Escuchar la crónicaNarrada con la voz de Jesús María Espinoza recreada con IA, con su autorización · 9:26

«De Chachopo a Apartadero / caminas, Luz Caraballo».

— Andrés Eloy Blanco

María Blasa fue el personaje legendario que inspiró al poeta Andrés Eloy Blanco, quien la inmortalizó en su famoso «Palabreo de La Loca Luz Caraballo», escrito durante su confinamiento en Timotes, cumplido entre noviembre de 1931 y julio de 1932. Forma parte del libro póstumo «La Juanbimbada», publicado en 1936, el cual contiene los célebres palabreos. María Blasa fue una mujer que existió y vivió en el páramo andino. Sobre su existencia hay versiones muy particulares: la primera, que era nativa del pueblo de Chachopo, parroquia Andrés Eloy Blanco, municipio Miranda, y como testimonio algunos investigadores hacen gala de su partida de nacimiento donde se registra como María Blasa Ramírez. La Loca Blasa era hija de María Clemencia Ramírez, nacida en Chachopo el 30 de abril de 1896. Fue bautizada por el Presbítero Félix Albornoz el 22 de mayo del mismo año; sus padrinos fueron Rafael Rivas y María Petra Ramírez. María Blasa Ramírez también falleció en Chachopo en 1955; señalan los registros históricos que yacía postrada por la fiebre y afectada por la disentería. Cultivó una bonita amistad con Doña Aracelis, reconocida matrona y personaje del pueblo. La segunda versión, ofrecida por Alvio Alfonso Briceño, autor del libro «Mi Abuela La Loca Luz Caraballo» (2004), alega que «María Blasa Rivas era natural del pueblo trujillano de Jajó», municipio Urdaneta, Trujillo, muy cercano a Timotes, hija de Ramón Rivas, señalando que nació en 1885. Agregado: en 1899, cuando tenía 14 años, emigró a Chachopo, estableciéndose en ese sitio, donde vivió y nacieron sus dos hijos: un varón y una hembra. María Blasa Rivas también vivió en Los Fiques, muy cerca de Mucurubá, municipio Rangel; ya loca, salió de su casa una mañana de 1927 para desaparecer páramo adentro mientras pastoreaba en el río.

La iglesia de Chachopo en una fotografía antigua. Chachopo es el pueblo que quedó en el poema, en lugar de Timotes.
La iglesia de Chachopo en una fotografía antigua. Chachopo es el pueblo que quedó en el poema, en lugar de Timotes.

Cuentan que María Blasa Rivas perdió la noción del tiempo y en sus delirios de locura deambulaba los caminos de recuas, empedrados y anegados, buscando el camino hacia Jajó, pero la rescataban y la regresaban a su lugar de residencia; de allí la génesis de su leyenda, porque caminó los páramos andinos y sus sitios más emblemáticos hasta que en 1927 salió de su casa por última vez, perdiéndose en el majestuoso y misterioso páramo. Dicen que, a pesar de la búsqueda, nunca consiguieron su cuerpo, por lo que la leyenda trascendió espacios y tiempo, mientras los viajeros, campesinos, caminantes y baquianos ofrecían sus ruegos ante los peligros inminentes vividos en el imponente páramo de Timotes y Mucuchíes.

Detalle de la estatua pedestre de Luz Caraballo, obra del escultor Manuel de la Fuente, con el páramo de Apartaderos al fondo.
Detalle de la estatua pedestre de Luz Caraballo, obra del escultor Manuel de la Fuente, con el páramo de Apartaderos al fondo.

Además, completa Mucuchacayhay, también existe la versión ofrecida por el escritor trujillano Rafael Ramón Castellanos cuando, en uno de sus tantos escritos, nos señaló que Andrés Eloy Blanco, durante su confinamiento en Timotes, le pidió al niño Edecio La Riva Araujo que quería conocer los personajes típicos del pueblo. Aquel le señaló «a la Loca Blasa, pero al poeta no le agradó por lo tempestuosa y sus arranques de furia». Posteriormente le dijo que «quien venía calle abajo era la Loca Lesmichimío, personaje que entró en la historia lírica venezolana, pero con otro nombre que surgió entre la filosofía del aeda y la métrica del verso, adquiriendo potestad de personaje nacional, aunque nombrada como La Loca Luz Caravallo (sic)». Edecio La Riva Araujo relató, según Rafael Ramón Castellanos, que «la Loca Lesmichimío enloqueció cuando pasó la recluta y se llevó al pobre señor Lesme, lastimado a empellones y con la soga al cuello. La pobre mujer campesina enloqueció al instante y solo acertó a decir una sola palabra y jamás habló. “lemis… chi… mío”. Desde entonces deambuló por estas tierras». El propio poeta cumanés les confesó, a Edecio La Riva Araujo, a Pedro Pablo Paredes y a Homero Rivas, que «en homenaje a la métrica del verso había tenido que sacrificar a Timotes en el poema: “Timotes se fuñó en esta glosa”, pues no era posible que quedara bien el verso si comenzaba “De Timotes a Apartaderos”, jamás. Timotes fue borrado de esta geografía lírica y sustituido por Chachopo, que cuadraba perfectamente en la poética de Andrés Eloy». (Rafael Ramón Castellanos. Andrés Eloy Blanco en Timotes y Valera. En: Diario Los Andes. Valera, 06 de agosto de 1996. Págs. 16-17)

Relieve en bronce del poeta Andrés Eloy Blanco, en el parque a Luz Caraballo de Apartaderos.
Relieve en bronce del poeta Andrés Eloy Blanco, en el parque a Luz Caraballo de Apartaderos.

La tradición oral también señala que la Loca Luz Caraballo fue un personaje de Los Andes que vivió a finales de 1700 y principios de 1800, es decir, durante la época independentista, y que justamente la pérdida de la razón se debió a que perdió dos hijos: «dos hijos se te murieron», mientras los otros dos partieron como voluntarios del Ejército Libertador, a su paso por el páramo andino, en ocasión de la Campaña Admirable de 1813, donde el Brigadier Simón Bolívar dirigía la histórica marcha: «los otros dos se te fueron / detrás de un hombre a caballo». De ahí se generó su locura, y ambulante por los caminos de piedra, embarrialados y fríos, con alfombras de frailejones, se desplazaba entre Timotes y Mucuchíes, entre Chachopo y Apartaderos, en busca de sus hijos. También destaca la leyenda que Luz Caraballo se encontró con el ejército realista en pleno páramo, y ante la pregunta de estos sobre la ruta de los patriotas adelantados, ella «señaló la ruta contraria a los españoles para que no siguieran a Bolívar y sus hijos» en el desplazamiento difícil por nuestro páramo andino, por lo que la comitiva realista siguió, desde Apartaderos, el camino de la derecha, hacia Los Callejones, en busca de Barinas. Luz Caraballo continuó sus caminatas por el páramo, soportando el inclemente frío, los temidos ventisqueros, las extraordinarias nevadas, de día o de noche, hasta que desapareció y nadie supo más de ella, surgiendo la famosa leyenda de La Loca Luz Caraballo, que aparece y desaparece por los espacios agrestes, harapienta, despeinada y mirando hacia el cielo para contar luceros: «contadito los luceros / seis, siete, ocho, nueve y diez».

«El hambre lleva en sus cachos / algodón de tus corderos, / tu ilusión cuenta sombreros / mientras tú cuentas muchachos…»
«El hambre lleva en sus cachos / algodón de tus corderos, / tu ilusión cuenta sombreros / mientras tú cuentas muchachos…»
«Tu hija está en un serrallo, / dos hijos se te murieron, / los otros dos se te fueron / detrás de un hombre a caballo…»
«Tu hija está en un serrallo, / dos hijos se te murieron, / los otros dos se te fueron / detrás de un hombre a caballo…»

En su honor y para inmortalizar la leyenda, el gobierno regional merideño, en el mandato del gobernador Dr. Germán Briceño Ferrigni (1968-1973), erigió un monumento en bronce del personaje, construyendo en el corazón de Apartaderos, a orillas de la vía trasandina, el parque a Luz Caraballo, contentivo de la estatua pedestre de la loca, a imagen de la creatividad del escultor Manuel de la Fuente, y en placas de bronce al relieve, el rostro del poeta Andrés Eloy Blanco y el célebre palabreo compuesto por una copla y cuatro estrofas que los niños de la zona recitan, constantes y curiosos, a cuanto viajero se detenga a admirar el complejo turístico-recreativo. Fue inaugurado, solemnemente, el 18 de diciembre de 1971, donde el orador de orden fue el máximo Bardo Paramero, poeta Ernesto Jerez Valero, quien ofreció su discurso titulado «El Poeta y su Símbolo», contando con la presencia de las autoridades regionales, invitados especiales como Doña Lilina Iturbe de Blanco, esposa del poeta Andrés Eloy Blanco, Carlos Febres Pobeda, Carlos Chalbaud Zerpa, representantes de CORPOANDES y pueblo en general, entre otros.

Placa con el rostro del poeta y el «Palabreo de La Loca Luz Caraballo», en el parque de Apartaderos.
Placa con el rostro del poeta y el «Palabreo de La Loca Luz Caraballo», en el parque de Apartaderos.
«De Chachopo a Apartaderos / caminas, Luz Caraballo, / con violetitas de mayo, / con carneritos de enero…»
«De Chachopo a Apartaderos / caminas, Luz Caraballo, / con violetitas de mayo, / con carneritos de enero…»
«La cumbre te circunscribe / al solo aliento del nombre, / lo que te queda del hombre / que quién sabe dónde vive…»
«La cumbre te circunscribe / al solo aliento del nombre, / lo que te queda del hombre / que quién sabe dónde vive…»

A pesar de la polémica y nuestros deseos constantes de aclarar tal situación, fue cierto que alguno de los personajes referidos —María Blasa Ramírez, María Blasa Rivas, Lesmichimió y las otras mujeres— inspiraron al poeta Andrés Eloy Blanco, quien la inmortalizó en su reconocido y celebrado palabreo a Luz Caraballo, donde Chachopo es exaltado como pueblo.

Jesús María Espinoza Marín Cronista Oficial del Municipio Miranda

Timotes, 03 de noviembre de 2026

(Tomado del libro: «Paramerías. Mucuchacayhay, Cuenta la historia», de Jesús María Espinoza Marín. Caracas, editorial Trinchera, 2025.)

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