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Cronicario Cultural · 17Crónica

Orígenes de los entierros de morocotas

Es común escuchar de los viejos conversadores, que en tiempos del General Cipriano Castro, cuando el poder se conquistaba a sangre y fuego, el paso del séquito de guerreros por ciudades, pueblos y caseríos, ponía en alerta a los…

Jesús María Espinoza MarínCronista Oficial del Municipio Miranda

Una morocota por sus dos caras: la moneda de oro de veinte dólares de los Estados Unidos, acuñada en 1899, con la cabeza de la Libertad y el águila.
Una morocota por sus dos caras: la moneda de oro de veinte dólares de los Estados Unidos, acuñada en 1899, con la cabeza de la Libertad y el águila.

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Es común escuchar de los viejos conversadores, que en tiempos del General Cipriano Castro, cuando el poder se conquistaba a sangre y fuego, el paso del séquito de guerreros por ciudades, pueblos y caseríos, ponía en alerta a los pobladores. Se cuenta que estos guerreros saqueaban casas, posadas, haciendas y pulperías, cargando violentamente con todo cuanto le fuera útil. En algunas ocasiones, la noticia viajaba más rápido, dando tiempo a que muchos personajes enterraran sus tesoros, antes que ver como los “vivos” se adueñaban de sus riquezas. Es así como esto de los entierros de morocotas adquirió fama. Se dice que las morocotas se depositaban en una vasija de barro o en baúl de madera, siendo enterrada en sitios cercanos a la casa de habitación. Dicen las crónicas que muchos “ricos” de la época, días u horas antes habían corrido a enterrar o esconder unas cuantas armas, morocotas y objetos de valor, por temor a perderlas ante el tradicional saqueo de la tropa, lo que da origen a los famosos entierros que diversidad de relatos no han dejado. Mientras otros hombres del pueblo, aguardaban en lo alto del cerro El Otro Lado y de Chicuá, que bajaron ya entrada la noche cuando se aseguraron que la Invasión de Los Andinos había trastumbado hacia Trujillo. Cuentan que algunos protagonistas dele entierro, tiempo después cuando ya constataban la retirada del grupo armado, se empeñaban en recuperar su tesoro escondido, pero inexplicablemente olvidaban el sitio exacto del enterramiento, lo que generó que diversos entierros nunca fueron recuperados, generando otros relatos que forman parte de nuestra historia popular. Eso es parte de las vivencias “de cuando pasó Cipriano Castro por Timotes”.

Las gráficas de la crónica

  • Fotografía histórica coloreada de dos hombres de uniforme y sombrero de jipijapa, sentados en sillones dorados. La crónica trata de los tiempos del general Cipriano Castro; el original no dice quiénes son.
    Fotografía histórica coloreada de dos hombres de uniforme y sombrero de jipijapa, sentados en sillones dorados. La crónica trata de los tiempos del general Cipriano Castro; el original no dice quiénes son.
  • Un cofre de madera rebosante de monedas de oro, la estampa con que se imagina el entierro.
    Un cofre de madera rebosante de monedas de oro, la estampa con que se imagina el entierro.

Gráficas: Jesús María Espinoza Marín y cortesía del Prof. Benigno Contreras, Cronista de Valera