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Cronicario Cultural · 11Crónica

Remembranzas sobre fuentes y hábitos de lectura

La botica «Coromoto» que vendía Panorama y Selecciones, el Salón de lectura «Antonio Spinetti Dini», la librería de Nicola de La Franca y el kiosco de Jesús Franco con más de veinte periódicos: el cronista recuerda cómo Timotes aprendió a leer, y llama a volver a los libros, las revistas y los periódicos.

Jesús María Espinoza MarínCronista Oficial del Municipio Miranda

Sello del Salón de lectura «Antonio Spinetti Dini», Timotes, estado Mérida.
Sello del Salón de lectura «Antonio Spinetti Dini», Timotes, estado Mérida.

Escuchar la crónicaNarrada con la voz de Jesús María Espinoza recreada con IA, con su autorización · 7:55

En aquellos tiempos, cuando niños, recordamos que nos decían que el Sr. Simón Falcón, esposo de Doña Carmen Peña, tenía una farmacia o la botica “Coromoto” que funcionaba en la esquina de la Plaza Bolívar, en la casona de Don Roque Barone, y allí ofrecía ejemplares del diario Panorama de Maracaibo y la célebre revista Selecciones Reader´s Digest. Contaban, además, que redactaba notas del acontecer local y regional y las enviaba a la redacción del diario zuliano, las cuales aparecían en sus páginas, dando cuenta de los principales acontecimientos del terruño, sus celebraciones y costumbres, sus personajes y algunos de los sucesos trágicos que marcaron nuestra historia en las décadas pretéritas del cuarenta, cincuenta y sesenta del pasado siglo XX. Es posible que aun exista ese archivo, contentivo de los recortes de prensa publicados que hablan de una época interesante.

También podemos recordar, con cierta nostalgia, la existencia de la biblioteca pública o Salón de lectura “Antonio Spinetti Dini”, que funcionó al lado de la casa de la cultura, en local del Sr. Floriberto Barrera, antes estuvo, según información de personajes más antiguos, al lado del edificio municipal. Esa biblioteca tenía colecciones de libros muy valiosos y todos los días, en horas de la noche, acudíamos en grupo y la señora bibliotecaria Hilda Salcedo, la mamá de Oscar Salcedo, nos prestaba algunos ejemplares que leíamos atentos, dando los primeros pasos a favor de la lectura en aquel Timotes culto que destinaba espacios y recursos para ostentar en sus estanterías las obras más diversas de la literatura universal. “En los años cuarenta del siglo veinte, evoca Don Eduardo Villarreal Araujo, hubo en Timotes valiosa biblioteca ubicada al frente del Hotel Miranda (actual hotel Caribay); tenía cómodas vitrinas arrebozadas de enciclopedias y variados libros de célebres escritores. Desgraciadamente fue desvalijada el 23 de enero de 1958, a la caída del General Pérez Jiménez”. Al paso de los años, la biblioteca o salón de lectura, pasó a ocupar espacios propios en los módulos de funda-comunal, antes terrenos de Doña Josefa Fonseca, bajo el nombre de Biblioteca Pública “Consuelo Navas” de Timotes, en honor a una de las docentes que perdió la vida en la tragedia de la Llovizna, estado Bolívar, el 23 de agosto de 1964.

Contribuyeron al hábito de la lectura, nuestros padres y hermanos y unos cuantos Maestros y profesores que sembraron la semilla de amor a la lectura y el extraordinario encuentro con los libros quienes nos enseñaron la metodología del famoso análisis literario que hoy podemos simplificar como: conocimiento del autor de la obra, su título, sus personajes principales y secundarios que participan en la obra, el ambiente donde se desarrollaron los hechos y resumen del contenido de la obra, lo que nos permitió realizar un ejercicio muy singular entre amigos, disertando sobre los principales aspectos del material leído para poder responder en los exámenes o interrogatorios correspondientes en cada clase. Era práctica común en las familias, leer cuentos e historias y explicar cosas, ese papel lo cumplió nuestra madre y en las casas había colecciones de libros para escoger al gusto. Como olvidar las extraordinarias historias de Tío Tigre y Tío Conejo y los cuentos picaresco de Pedro Rimales.

A esto le sumamos la existencia de la librería y papelería de Nicola de La Franca, ubicada justo al frente del Cine Miranda, donde podíamos adquirir cuentos o historietas, revistas diversas y los diarios más importantes que llegaban. Posteriormente, durante años, esta misión la cumplió nuestro recordado amigo Jesús Franco, quien expendía los diversos materiales impresos del bloque de Armas y más de una veintena de periódicos nacionales y regionales que nos permitieron, afortunadamente, la práctica constante y nuestra adicción a la lectura. Venían personas de los pueblos cercanos como: Mesa de Esnujaque, Chachopo y La Venta, a comprar el periódico, y medianamente nuestra población leía mientras las comiquitas se obsequiaba a los niños y los crucigramas a quienes se interesaran. Aparte de todos los contenidos, había tiempo para revisar el horóscopo y los avisos clasificados. Destacamos que en su mayoría, lo primero que los lectores buscaban en las páginas del periódico era los sucesos de la última página que estaba reservada a describir hechos trágicos o delitos cometidos.

En el caso particular, adquiría un diario nacional que era Últimas Noticias, traía su revista Dominical y los domingos El Nacional, por su encartado conocido como El Papel Literario y su revista Todo en Domingo. Las ediciones especiales y en días feriados, incluían revistas, pero sumábamos: dos diarios regionales de Trujillo que fueron: El Tiempo y Diario Los Andes; y dos de Mérida que eran: El Vigilante y Frontera, posteriormente, incorporamos al Diario Pico Bolívar. Algunas veces el Impulso de Barquisimeto, el Diario Panorama de Maracaibo y el diario Deportivo Meridiano de Caracas, esto religiosamente cada día. Más reciente leímos, con constancia: El Correo del Orinoco y Diario Vea, ambos de Caracas. Las promociones de novedades editoriales, con las obras principales de la literatura universal para coleccionar, formaban parte de esa rutina mientras saboreábamos un café, departíamos e intercambiábamos impresiones y Jesús Franco, sacaba la cuenta por pagar que no era tanto dinero. En verdad que se leía, sino acudíamos a apartar los diarios quedábamos sin nada porque la gente los compraba antes de las diez de la mañana. El local se convertía en centro para la discusión e intercambio de situaciones propias de la coyuntura internacional, regional o local.

Algunos pregoneros repartían los diarios a los asiduos lectores mientras El popular Jaiba, Toro, personaje popular de Timotes, en un carrito de metal, de los que se usan en los supermercados, paseaba todo el pueblo llevando los diarios El Tiempo y Diario Los Andes de Trujillo, a los asiduos lectores o suscritores.

La crisis económica implicó el bloqueo a nuestro país, casi todos los diarios nacionales y regionales, dejaron de circular y aquella interesante rutina perdió su razón de ser. Ahora leemos poco porque los diarios digitales ofrecen un formato pequeño y complicado para móviles telefónicos y no es igual que disfrutar las hojas del periódico en nuestras manos. Todo parece simplificarse y el colonialismo digital impone sus reglas para consumir “contenidos” muy pobres y escasos. Finalmente, debemos regresar a la magia de los libros, las revistas y los periódicos, porque ahí están los conocimientos y por muy adelantados que estemos en este mundo de redes sociales, los estudiantes y profesionales, estamos obligados a leer, seguir leer y volver a leer para poseer el poder del conocimiento.

Lo que leíamos

Gráficas del autor.

  • Una casona del centro de Timotes, en la gráfica que acompaña la crónica.
    La casonaUna casona del centro de Timotes, en la gráfica que acompaña la crónica.
  • Diario El Tiempo, de Trujillo, que se repartía por todo el pueblo a los suscriptores.
    El TiempoDiario El Tiempo, de Trujillo, que se repartía por todo el pueblo a los suscriptores.
  • El Correo del Orinoco, de Caracas, de las lecturas más recientes.
    Correo del OrinocoEl Correo del Orinoco, de Caracas, de las lecturas más recientes.
  • Últimas Noticias, el diario nacional que el cronista compraba cada día.
    Últimas NoticiasÚltimas Noticias, el diario nacional que el cronista compraba cada día.
  • Selecciones del Reader's Digest, abril de 1969.
    Selecciones, 1969Selecciones del Reader's Digest, abril de 1969.
  • Selecciones del Reader's Digest, enero de 1991.
    Selecciones, 1991Selecciones del Reader's Digest, enero de 1991.

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