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Cronicario Cultural · 14Crónica

Semana Santa en Piñango

Situado al Oeste de Timotes, yace enclavado entre montañas y el río Chirurí, el hermoso poblado de Piñango, capital de la parroquia del mismo nombre.

Jesús María Espinoza MarínCronista Oficial del Municipio Miranda

Viacrucis viviente: el Nazareno, con la túnica manchada de sangre, carga la cruz junto a un soldado romano de capa roja, ante el público.
Viacrucis viviente: el Nazareno, con la túnica manchada de sangre, carga la cruz junto a un soldado romano de capa roja, ante el público.

Situado al Oeste de Timotes, yace enclavado entre montañas y el río Chirurí, el hermoso poblado de Piñango, capital de la parroquia del mismo nombre. Piñango es cuna de gente laboriosa y buena, con una cultura extraordinaria donde prevalecen caros valores espirituales, familiares y ancestrales. Por esta época, muchos lugareños comparten con familiares y visitantes, convirtiéndose en dignos anfitriones que saben mostrar su cultura y la belleza imponente de sus mágicas montañas.

Igual que en ciudades y pueblos de Los Andes, Piñango vive su Semana Santa al máximo, priorizando los ejercicios religiosos y dedicando esfuerzos para integrar lo gastronómico y lo popular de los juegos tradicionales, dándole características propias a su cultura campesina. De allí la afirmación del Cronista Popular Duilio Castellanos, docente y lugareño que precisa: “la Semana Santa, representa en Piñango, la unión entre la fe y las costumbres que se mezclaron entre indígenas, negros y españoles, creando un aspecto geo histórico propio de la comunidad de Piñango y sus alrededores”. Sin duda, identidad cultural autóctona de pueblo andino.

Parafraseando sus propias palabras, podemos continuar señalando que las actividades religiosas del Piñango espiritual, se remontan a la propia llegada de los españoles, a estas tierras, para establecer entre los nuevos habitantes del pueblo de la Sal o San Antonio, la conmemoración de la pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo. La fusión cultural permitió que conquistadores, religiosos y nativos, asumieran a cabalidad todos los hechos que celebra la iglesia católica, comenzando con la traída del ramo, particularidad de sus pobladores que buscan en las montañas aledañas a la comunidad, para el domingo entregarlo y bendecirlo en el sector La Cruz, transitando en procesión hasta la iglesia para vivir la misa solemne de Domingo de Ramos. Por falta de Sacerdote fijo, hay una pausa para luego reanudar las actividades el Jueves Santo, con los actos litúrgicos del lavatorio de los pies y la Última Cena de Jesús e institución de la eucaristía. El Viernes Santo se viven momentos extraordinarios con la realización del viacrucis viviente, que fue auspiciado en el año 1983, por el Padre Carlos Bazarra Sánchez, su iniciador. El sábado de gloria, se efectúan los rituales conocidos y la misa solemne de resurrección, donde asisten las personas del pueblo y sus principales caseríos.

En el aspecto gastronómico, Duilio Castellanos, nos confiesa: como es costumbre se realiza en los hogares, grandes cantidades de platos típicos, entre otros destacan: sopa de arvejas, sopa de garbanzos y envueltos. Tiene lugar común la preparación del pescado, en sus diversas variantes, acompañado con ensalada de vegetales y pasta o macarrones. Los famosos almuerzos o medio día incluyen un gran número de dulces que preparan con exquisitez, sobresaliendo los dulces de zapalla, de coco, de lechosa, de piña y otros donde se imponen las recetas criollas de las abuelas. Sin lugar a dudas, que no puede faltar la tradicional carabina, la cual es una preparación muy particular de masa de harina de maíz, envuelta cuidadosamente en hojas de jallos o piñuelas. Toda esta gastronomía preparada con tesón, forma parte del tradicional compartir de alimentos entre familiares y amigos, en clara rememoración de la última cena de Jesús.

Por otra parte, ocupa nuestro tiempo, la popular ejecución y participación de grandes y chicos en una gran variedad de juegos tradicionales y no foráneos, propios de los días santos, entre ellos: El Rey, La Vieja, juego de cartas o barajas españolas, el infaltable dominó, los trompos típicos y sus mentadas troyas, juegos de metras y el extraordinario bolo andino, donde los hombres demuestran sus habilidades y puntería, buscando tumbar los palos, a cierta distancia, para ganar con el mayor puntaje. Este último juego, de bastante connotación en el sector, permitió realizar en Piñango, año 2001, el Primer Torneo Internacional del Bolo Andino, con participación de jugadores del país Vasco o de la región de Guipúzcoa de España, lo que marcó el intercambio socio cultural y deportivo con el país Vasco.

En Piñango y sus caseríos, su gente laboriosa y creativa, comparte conversaciones amigables donde se explica ese código simbólico que establece restricciones en los días de semana santa y los famosos cuentos de los abuelos, narraciones increíbles, respetando al máximo los días de guardar, donde se impone el descanso, la tranquilidad y el compartir familiar en la cristalización de los elementos que hemos descrito, lo que forma parte de la idiosincrasia pueblerina y sus más puras tradiciones. Vale la pena vivir la Semana Santa en Piñango, donde nos esperan con los brazos abiertos.

Las gráficas de la crónica

  • Una iglesia blanca de torre única con ribetes azules, frente a la calle y entre montañas.
    Una iglesia blanca de torre única con ribetes azules, frente a la calle y entre montañas.
  • La imagen del Cristo yacente en su urna de cristal, con flecos dorados, y los fieles detrás.
    La imagen del Cristo yacente en su urna de cristal, con flecos dorados, y los fieles detrás.
  • Masas envueltas en hojas y atadas con pabilo, amontonadas en una olla.
    Masas envueltas en hojas y atadas con pabilo, amontonadas en una olla.

Sin crédito: esta crónica no declara la procedencia de sus gráficas