2. Pueblo Rosado
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Cuentan las páginas de nuestra historia local que para el año 1889, en tiempos del general Antonio Guzmán Blanco, fueron reconocidas las tierras que van desde la desembocadura de la quebrada Chamarú, donde concluyen sus aguas, ligándose con las aguas puras del rio Motatán, hasta las riberas de la quebrada Ño Ana, al ciudadano don Diego Araujo, quien a su vez era propietario de las tierras conocidas como Piedra e’Sal, El Cacique y parte de Chijós. Don Diego Araujo era el abuelo de los hermanos Urbina. Volviendo al caso que nos ocupa, dichas tierras incluían un buen espacio, desde las orillas del rio Motatán por el Este hasta el pie de las montañas por el Oeste, lo que hoy conocemos como El Garabato. Tierras atravesadas por el viejo camino real interandino, saludando la famosa cruz de las misiones que era de cemento y adornaban con flores y bambalinas en tiempos de mayo.
En estas tierras, donde abundaban árboles de eucaliptus y matorrales de moras, su dueño a principios del siglo XX, otorgó ciertos permisos a medianeros de su confianza para construir un “rancho cerca de la santa cruz”, que más tarde, al ser mejorado, se convirtió en humilde vivienda donde habitó una familia trabajadora, de cuyo seno surgió un personaje conocido en nuestra historia como Lucía “La Pelona”, nombrada así porque justamente usaba una peluca rústica que la hacía muy particular en su presentación personal. Era una mujer menesterosa y servil. En cierta ocasión, los ocupantes de dicha vivienda decidieron pintar la fachada de la casa con cal blanca como era costumbre, agregando un colorante oscuro que al combinarlo generó un color rosado muy llamativo, por lo que la gente designó el sitio como Pueblo Rosado.
Al transcurrir del tiempo, se fueron construyendo otras viviendas, ubicadas a la orilla izquierda del camino nacional y sus habitantes decían orgullosos que vivían en Pueblo Rosado, por cierto las crecientes de la quebrada Ño Ana eran muy fuertes y temidas por los daños que ocasionaban, dejando casi siempre, sin paso a Timotes, al arrasar sus aguas con el trazado territorial del amplio camino nacional.
Quizás lo que afianzó más tal designación, fue que a principios del siglo XX, durante aquella primera década, el gobierno municipal presidido por Don Evaristo Méndez, otorgó los permisos necesarios para que en dichos terrenos que consideraban ejidos municipales, diversas familias construyeran sus viviendas, lo cual fue consolidado a ambos lados del camino real, convertido en carretera trasandina a partir de los años veinte. En Pueblo Rosado destacó la pulpería de Tomasito Franco, donde acudían muchos personajes a saborear un “anisao” y a participar en las tertulias o conversaciones que narraban historias interesantes y sendas experiencias de vida para deleite de los presentes.
Posteriormente, la famosa casa rosada de Lucía La Pelona, fue habitada por varias damas de origen colombiano que lavaban ropas por encargo y fueron conocidas como las lavanderas de Pueblo Rosado, quienes, más tarde, se convirtieron en damas de compañía, ofreciendo sus servicios a propios y extraños. De ahí en adelante se conocieron como Las Hormigas, lo que dio mayor fama a Pueblo Rosado. Como era la entrada a Timotes, viniendo desde el páramo, muchos viajeros posaban en los hoteles del pueblo y durante las noches visitaban Pueblo Rosado en busca de diversión.
En tiempos de verano, hasta el final de Pueblo Rosado, los creyentes llegaban en procesión, desde la iglesia hasta la cruz de las misiones, a cumplir con las rogativas a santos de su devoción, principalmente a San Isidro, suplicando públicamente lluvias para aliviar el tiempo. La procesión que promovía don Florencio Uzcátegui y contaba con la presencia de unos cuantos feligreses, incluía imágenes de santos, estandartes, velas encendidas y quema de pólvora.
Al final del sector Pueblo Rosado, y antes de la santa cruz, funcionó durante muchos años el conocido emprendimiento “La Parada Andina” del popular Pio Rondón, sitio donde se ofrecía comidas criollas, variedad de licores nacionales e importados y a su vez, se exhibían en sendas vitrinas, las principales muestras arqueológicas de la cultura indígena Timotes, recolectadas durante años y conocida como la gran colección de Pio Rondón, situación que lo convirtió en paradero obligado de viajeros y transeúntes, dándole mayor fama al lugar. Nuestra gente indicaba al transeúnte o viajero que subía, explicando como referencia “al final de Pueblo Rosado”. Allí cada año, al finalizar la semana santa, en domingo de resurrección, celebraban la Quema de Judas y justo al lado del local mencionado de Don Pio Rondón, guindaban el muñeco que representaba a Judas Iscariote, leían el Testamento y le prendían fuego, en medio de aplausos y gritería popular. Al frente del local, destacaba una enorme piedra laja, donde nuestros artistas ingenuos pintaron hermosos motivos del paisajismo andino, lo que hacía más llamativo el ámbito de aquel Timotes legendario.
En Pueblo Rosado funcionaron durante largos años, los comercios o pulperías de los hermanos Rivas, donde se ofrecían víveres variados y el popular guarapo fuerte y era común en los años cincuenta, acudir a saborear “un pan criollo con guarapo fuerte”. En Pueblo Rosado, vivió durante largos años Toribio Gutiérrez, personaje emblemático por su longevidad y por ser uno de los fundadores, más admirados, de la sociedad de San Benito y emblemático promotor de sus festividades. Por cierto, en la sala de su casa de habitación, arriba, cerca del techo, en una troje o troja, se distinguía una urna de madera de color gris claro, según “para que lo metieran cuando falleciera”, pero Toribio Gutiérrez, vio cómo los contornos de la urna se dañaron con la polilla y nada que le llegaba la inevitable, por lo que optó por comprar una urna nueva que también esperó muchos años por ese cuerpo mientras la gente admiraba la vejez de don Toribio Gutiérrez.
Con el tiempo, Pueblo Rosado creció de tal manera que hoy es uno de los sectores populares más importantes del Timotes progresista, con más de 150 familias que laboriosas y honradas hacen de sus vidas un ejemplo de esfuerzos y suma de voluntades para avanzar hacia los caminos del progreso. Por cierto, debemos destacar dos cosas interesantes: en el inmueble de Pio Rondón, su hija Belquis Rondón estaba desarrollando un importante proyecto turístico productivo que incluía la ya famosa Posada o Refugio Francés, con servicios especiales de alojamiento, comidas nacionales e internacionales y sendos espacios para los artesanos populares y sus creaciones artísticas. Lamentablemente Belquis Rondón falleció en 2021 y su propuesta quedó estancada; y en pleno corazón de Pueblo Rosado funciona el famoso restaurant de Juan Suescúm, conocido como Restaurant Timotes, el cual ha sostenido con esfuerzo y sacrificio su señora Esposa Oliva de Suescúm, Fernando “Nani” Suescúm y demás familiares, ofreciendo servicios especiales de comida a toda hora y haciendo de este lugar parada obligada de viajeros y turistas.
En el trayecto “desde mi Casa a la Plaza” a cada instante pasamos por jurisdicción del entrañable Pueblo Rosado y nos tropezamos con gente laboriosa, a quienes saludamos con alegría y respeto. Estos espacios eran también recorridos, a muy tempranas horas, por Hipólito “Polo” Paredes, quien se encargaba, comedidamente, de barrer calles y avenida para disfrutar de un ambiente limpio, saludable y acogedor. Lamentablemente, ya por su avanzada edad y los estragos en su salud, Pueblo Rosado quedó a merced de sus pobladores y evocando siempre los recuerdos del personaje.
Pueblo Rosado
Nadie ha explicado por qué
a este rincón del poblado
por todos muy apreciado
le dicen Pueblo Rosado.
Nacho Pipa por abajo
marcaba el primer lindero
y don Pío como pionero
limitaba su trabajo.
Como museo fue fundado
impresionando al turista
y apareció en la revista
popular Pueblo Rosado.
Desde allí las pulperías
donde el guarapo era fuerte
y pan criollo pa la gente
casi toditos los días.
Lochas, medios y centavos,
la “ñapa” en todo el poblado,
conchabados casi esclavos
y por qué Pueblo Rosado.
Alguien dijo sin probarlo
qué por los cables cambiados
y por los grandes escándalos
le decían Pueblo Rosado.
Solo sé que es muy mentado
con sus hombres y mujeres,
con alegrías y placeres
y por todos respetado.