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4. Nuestro Rio Padre

700 palabras · 4 min de lectura

“Eres mi Río Motatán
un tesoro de alegría,
tus aguas siempre serán
motivos de poesía.”

Muy cerca del pueblo, salvando suaves desníveles, encontramos nuestro rio padre. Según la tradición indígena, Stimot o Timotes, “cumplía un ritual en las aguas oscuras de Yoama, al instante aparecieron los arcos encantados y se lo llevaron nuevamente entre sus nubes de colores. Pasó un tiempo y nadie lo veía, hasta que surgió renovado en las aguas puras del Mucusundú. Emprendió caminos entre selvas y neblinas y los dioses le entregaron una gran serpiente blanca, que bramaba y arrasaba con todo, en tiempos de lluvia, pero que se mostraba apacible en tiempos de verano. A esta gran serpiente, la llamó Mota y mucho tiempo después, sus descendientes le agregaron el Tán, para completar su nombre sonoro y legarlo como Mota-Tán”.

Históricamente, se le ha nombrado río Motatán y atraviesa todo el poblado, desde Puente Real al Matadero, en una distancia de más de un kilómetro aunque sus nacientes están allá, en lo alto del Páramo de Timotes y Mucuchíes, donde los altímetros marcan cuatro mil metros y los termómetros 0° grados centígrados. Si nuestra referencia es la mano derecha, señalando al Este, el pueblo está a la margen izquierda del rio y sus aguas corren violentas a la margen derecha del poblado. Este gran rio y Timotes están ligados para siempre, todos dependemos de su comportamiento y la vitalidad de sus aguas depende de nosotros. En sus riberas “cuanta hermosura / que desbordante se precipita” y cuántos recuerdos. Allí, transcurrió parte de nuestra infancia, saltando de piedra en piedra, sintiendo lo frio de sus corrientes, nadando entre pozos, pescando sus apetitosas truchas, disfrutando algún sancocho, jugando siempre, admirando la pureza de sus aguas que saciaron la sed de muchos. Allí nuestra juventud, siempre admirando la majestuosidad de sus corrientes plateadas y escuchando la eterna serenata que sus aguas cantarinas nos ofrecen a cada instante. En los días de verano, sus corrientes casi ni se escuchan pero en tiempos de invierno, rugen con fuerza y sus aguas se desplazan violentas causando “espanto, terror y ruina”. Es nuestro rio Motatán, ahora y siempre, clamando salvación porque sus hijos lanzan y lanzan a sus corrientes de agua, diversidad de elementos contaminantes que amenazan con desaparecerlo. No es secreto la diversidad de aguas negras que se vierten al río. Ojalá, los gobiernos progresistas, concreten acciones en función de “preservar la vida en el planeta y salvar la especie humana”. Urge construir un colector marginal que recoja las aguas negras y las deposite en un tanque de sedimentación que la procese y permita regresarla al rio con menos elementos contaminantes. En el mismo orden, en sus riberas deben sembrarse, de manera permanente, especies vegetales autóctonas como carruzos, justo para aliviar la fuerza de sus aguas en tiempos de crecientes. Estos espacios, de dominio público, deben formar parte del parque natural Rio Motatán, con un corredor o bulevar, a lo largo de su rivera izquierda, donde tengamos alternativas de recreación y deportes extremos, para disfrute de todos, haciendo de sus aguas la máxima atracción, con piscinas naturales de aguas claras, donde se practique la natación, y con otras alternativas posibles como la siembra, desarrollo y pesca de truchas que permitan incentivar el turismo local.

Que los timoteros de ayer, de hoy y de siempre, orgullosos del rio padre, podamos seguir disfrutando de sus dulces corrientes y aprovechar al máximo esos amplios espacios que forman parte de su cuenca alta, tributando poesías y escribiendo nuestra historia, en las mismas riberas de este valle encantado y de sus aguas Encantadas.

Grandioso Motatan

El rio pasa ligero

vestido de alegría

con colores de cielo

derrocha fantasía.

Entona melodías

con ritmo de aguacero

dejando simpatía

a todos los senderos.

Va muy apresurado

reflejando emoción

parece enamorado

cargado de ilusión.

Abraza entusiasmado

siluetas sudorosas,

matronas caprichosas

con chal petrificado.

Torpeza de embriagado

demuestra al caminar

yendo de lado a lado

no importa el qué dirán.

Su aroma de humedales

perfuma las riveras,

su blanca cabellera

retoza entre ramajes.

Las flores más preciosas

enaltecen su estilo

entre plateados hilos

contrastan majestuosas.

Oh, Motatán grandioso

Bohemio al tributar

tesoros prodigiosos

al lago natural.

Jesús María «Chuma» Espinoza Marín · Desde mi casa a la plaza