ParameríasEl páramo, lo más bello de Venezuela

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1. Deambulando Entre el Ayer y el Hoy

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En medio de esta plaza histórica, donde los altímetros marcan 2.018 metros sobre el nivel del mar, se levanta solemne y patriótica, la estatua pedestre del Genio de la Libertad Americana: Simón Bolívar. Espada en mano, mira permanente al edificio municipal, donde se deciden los destinos de las políticas públicas del municipio. Allí conviven, la alcaldía municipal y el concejo municipal, y en uno de sus espacios, la prefectura parroquial y el comando de policía del estado Mérida. Ya no existen calabozos como el famoso “tigrito” donde permanecían los más peligrosos delincuentes de épocas pasadas.

Esta plaza, es sin duda, uno de los sitios de mayor relevancia en la historia local. Todos nuestros paisanos y visitantes, buscan sus espacios, convirtiéndose en el principal sitio de convergencia popular de Timotes. A las espaldas del insigne guerrero, destaca majestuosa, artística y repleta de historias, la basílica menor de Santa Lucía, con su torre arquitectónicamente única. Hermoso santuario, donde reposan algunas almas de la historia timotense y donde sobresale la creatividad del arte pleno en columnas, arcadas, altares, frescos, vitrales, pisos e imágenes de santos y santas de la Iglesia. Es un legado glorioso que representa, nuestro principal monumento arquitectónico e histórico, siempre exaltando la figura artística, religiosa y venerada de José Vicente “Chente” Torres y Monseñor Buenaventura Vivas. Allí mismo destacan: las reliquias sagradas de Santa Lucía y San Isidro Labrador y el corazón de Monseñor José Sótero Valero, quien en su vida de prelado expresó sus deseos para que su “corazón reposará en su tierra natal”.

Volviendo al centro de convergencia local, y con nuestra mirada hacia el Norte, tenemos al frente el bulevar norte de la plaza y a nuestras espaldas el bulevar sur, ofrecido en memoria de Monseñor Buenaventura Vivas: forjador del progreso local. En el bulevar norte, de izquierda a derecha, tenemos algunos centros comerciales que ocupan los espacios que albergaron el “Centro de Amigos” de Magdaleno Quintero y “El Patio de mi Abuela” de José Mercedes “Chemano” Montilla; en el bulevar sur, de izquierda a derecha, también tenemos centros comerciales que sustituyeron al famoso negocio de medicinas de Don Miguel Flores y sucesores y la histórica artesanía Timotes de Hildebrando Barrera, fundada, años antes, por un español Alberto Echever. Por la avenida principal o Bolívar, en toda la esquina de la calle Carabobo, permanece altiva, con sus tejados envejecidos y sus portones de madera con aldabas, la casona de Don Roque Barone, reconocido comerciante de otros tiempos que hizo del trabajo emprendedor su magisterio, hoy es habitada por su esposa Doña Carmen Cols de Barone y sus descendientes. Metros abajo, está la sede de una institución bancaria que antes albergó a Mérida entidad de ahorro y Préstamos (MERENAP) regida con eficiencia por Néstor Rivas (+ 2022), quien además fundó el salón MERENAP en 1988, el que fue bautizado como salón cultural “Don Jesús María Espinoza”, desde donde se desarrollaron diversidad de actividades socio-culturales, entre 1988 y 1992, ante la inexistencia de una casa de cultura, entre ellas, las interesantes exposiciones de pintores y artistas timotenses que proyectaron artistas destacados del pincel como “Tito” Rivas, Carlos Barrueta, Andrés Castillo, Carlos Briceño, Wilmer Rivas y otros. Por cierto, en esos espacios que ocupa dicha agencia bancaria, funcionó, en otro tiempo, la sede del Ministerio de Agricultura y Cría (MAC) y mucho antes la famosa Escuela de hembras “Dorlisa Guerra Campo Elías”, donde se formaron generaciones de mujeres timotenses. A mitad de cuadra, destacó el negocio de Don Pedro María Carrillo, descendiente de Juan Nepomuceno Carrillo, comerciante ejemplar y solidario que gestó su obra, sirviéndole al prójimo, espacios que más tarde ocupó Don Urbano Araujo, el “Curioso” del pueblo, quien aprendió “a leer la orina de nuestra gente” y las propiedades curativas de las plantas medicinales, mejorando, con sus recetas, a unos cuantos paisanos en el Timotes antañón. Hoy sus descendientes Araujo Parra, ocupan estos recintos, destinados a labores comerciales. En toda la esquina de la calle Ricaute, se mantiene el hotel Caribay de Jesús “Yuyo” Araujo, quien lo adquirió, allá por los años sesenta, de la familia Lobo, específicamente se lo compró a Angela de Lobo, quien a su vez lo había comprado al padre Octavio Rincón Santos y este se lo había comprado a los padres de Edecio La Riva Araujo. Don Miguel La Riva, primer dueño, lo bautizó como hotel “Los Andes”, luego la viuda Doña Emma Araujo de La Riva, lo denominó hotel “Central”, posteriormente Angela de Lobo, lo llamó hotel “Turístico” y Jesús “Yuyo” Araujo lo nombró hotel “Caribay”. Ante la desaparición fisica de “Yuyo”, pasó a manos de su hija Carolina Araujo y actualmente es administrado por Lucila. Al frente del hotel, estuvo la panadería Sul-Gar, en instalaciones de la antigua sede de la cooperativa agrícola La Andina, inaugurada a finales de los años sesenta, ocupando los mismos espacios que fueron de la famosa pulpería “El Recreo” de Don Aquilino Briceño. Justo al frente y en diagonal al hotel Caribay, está el famoso hotel Méndez, donde vivió el Poeta Andrés Eloy Blanco, recinto que representa todo un legado por la diversidad de historias que allí quedaron cuando Don Pablo Marcial Méndez y su esposa Doña Asunta Espinoza de Méndez, lo regentaron durante más de cincuenta años. En una de sus paredes destaca la placa en bronce y de alto relieve, exaltando el suceso pretérito que hace de este inmueble un sitio de interés histórico a conservar. Ubicada de frente, está la sede de la escuela estadal “Filomena Ruiz de Rodríguez”, de cuyos terrenos procede la historia educativa de Timotes, porque en tiempos del Padre Francisco de Paula Hernández, allí se iniciaron nuestros antecesores, sedientos de formación e instrucción. Algo más abajo, destacan casonas con historias, esquinas legendarias y diversidad de locales comerciales, donde dejaron huellas “Chepita” Espinoza, Doña Doda, “Castillito”, Ramón González, Ilio Mazzei y Francisco “Panchito” Parra. En la esquina de la calle Bermúdez, donde estuvo el almacén del Pueblo de Ramón González, está el banco Bicentenario. A cuadra y media, estuvo el local de Juan Castillo con sus telas y ropajes de la época para niños, damas y caballeros y al final de la esquina con calle Ribas, lo que llamamos la entrada a Timotes, espacios de la famosa avenida, donde funcionaron los locales de “Chono” Ramírez y Don Marcial Rivas, el taller Lobo y la bomba de “Chepo” Bustos. Muy cerca en la denominada calle Carnevali, funciona un centro nocturno de diversiones citadinas que, casi todos, conocemos como El Paso Andino del popular “Pito” Briceño, atendido por Gustavo “Tuteco” Araujo Toro y donde la dinámica comercial refleja la importancia del poblado. Allí actualmente existen locales comerciales, turísticos e institucionales que le dan vida a este espacio. En un tiempo, lo bautizaron como parque Las Flores, y posteriormente, cuando Venezuela celebró el primer Centenario del nacimiento del poeta del pueblo venezolano, año 1996 - 1997, se le bautizó como Parque Andrés Eloy Blanco. Altiva, destaca una hermosa imagen en bulto, dedicada a Santa Lucía, obra del artista Vidal González, quien la elaboró por encargo de la sociedad religiosa en diciembre de 2009. Un tanto más abajo, donde levantó sus locales comerciales Armando Bustos, la vía se bifurca en dos: a la izquierda, la histórica trasandina, siempre transitada y bulliciosa, en su recorrido deja la entrada hacia el liceo de Timotes, buscando barrio Kennedy, barrio Piñanguito, la estación de servicio Arellano y el famoso hotel Las Truchas, que en otros tiempos creara Don Iván Golob y que hoy llevan, con éxito, sus descendientes; a la derecha, el histórico sitio conocido como El Peñón, donde se iniciaron, en 1917, los trabajos carreteros que dieron origen a la soberbia vía trasandina. A esto le denominaron en el pasado reciente El Degüello o Matadero, porque allí se beneficiaba el ganado, necesario para alimentar nuestra población. Hoy, sus laboriosos habitantes, le nombran San Rafael, y si transitamos en sentido Norte, llegamos a Los Llanitos, donde unas cuantas familias encontraron refugio, allá por los años ochenta, por cierto su nombre original es Los Llanitos de Tiníco. Seguimos avanzando y al salvar las aguas cristalinas del rio Motatán, a través de un puente de metal, siempre hubo una “garita” de palo, si nos adentramos con sentido Este, descubrimos la belleza de Mijará, donde excelentes producciones agrícolas, muestran la prosperidad del lugar y en lo alto destaca imponente la Mesa Cerrada, cargada de historias y de progreso. Desde allí podemos divisar el encanto de nuestra geografía local: al Este, Las Porqueras, hoy conocida como Las Mercedes, más al norte, los caseríos de Matos, en la hondonada, la Cañada, y al Nor-Oeste todo lo que llamamos La Vega, La Joya, Agua Blanca y un poco más elevado: Mucuyupú, verdaderos vergeles por su interesante producción agrícola permanente. Si nos esforzamos, divisamos territorio trujillano, con nombres propios: Mesa de Esnujaque, Mucumís, Chiquiao, La Mocotí y otros vecindarios que albergaron nuestras culturas de estirpe Timotes.

En instantes volvemos, entre frases y oraciones cargadas de nostalgia y desde el histórico cuadrilátero timotense, si bajamos en viaje imaginario por la avenida Miranda, igual nos conseguimos con viejas casonas de familias ejemplares e infinidad de locales comerciales que hicieron y hacen de este terruño un pueblo próspero y emprendedor. En una de estas esquinas, estuvo la posada de Don Rafael Araujo, justo donde vivió Doña Ramona Vielma. En diágonal, en la cera del frente, vivió Don Misael Vergara, su esposa Doña Justina Ocanto de Vergara, extraordinaria maestra de escuela y sus descendientes: Pedro, Misael, Crucita, Josefina y Nerio Vergara Ocanto. Al final, desembocamos en la ya mencionada avenida, con la explicación que allí permanece, ruinosa y llena de historias, una construcción que perteneció a un comerciante de origen árabe que conocimos como Daniel Zogbe: “El Cacique de Comercial Marisol” y que muchos nombraron El Palomar. Allí mismo, conectamos con la entrada a una urbanización de reciente data conocida como El Portal, obra de progreso ideada por Olegario Rivera e integrada por unas veinte viviendas para igual número de familias.

Volvemos a nuestro sitio original de Plaza Bolívar, mirando de frente al palacio municipal, si transitamos por la calle Carabobo en sentido Este, nos encontramos con el mercado artesanal, antiguo sitio donde funcionó el liceo de Timotes con su primer, segundo y tercer año del ciclo básico común. Mucho antes fue sede de la popular pesa, donde los comerciantes de carne de res o ganado vacuno, ofrecían al público sus presas frescas y baratas. Un poco más al fondo, justo con la avenida Guaicaipuro, está el gimnasio cubierto “Antonio Uzcátegui” El Cóndor de Los Andes (2013) que durante mucho tiempo se denominó gimnasio “Antonio José de Sucre”, antes fue un parque infantil con diversidad de anécdotas, donde también funciona el instituto municipal del deporte, la escuela de Kárate y donde miles de niños, niñas, adolescentes y adultos, hacen del lugar, su espacio apropiado para la práctica constante del deporte y un escenario natural para competencias deportivas y actividades recreativas, comunitarias y culturales. Detrás del gimnasio y sin acceso por el sitio mencionado, se esconden diversidad de ranchos, donde la necesidad extrema exhibe sus mejores galas. Muy cerca de las aguas -siempre peligrosas- del río Motatán y con sobrada razón le llamaron Las Playitas, donde conviven unas cien familias, repito en precarias condiciones.

Retornamos al sitio inicial de nuestro viaje, a la izquierda destacan: la casa parroquial y allá donde estaba la casa de las Melani, posteriormente casa de corredor de Don Quevedo Araujo, se levantó en los años sesenta del siglo pasado, lo que conocimos como El cine “Chamarú”, hoy teatro parroquial Juan Pablo II. Caminemos hacia la izquierda, por la calle Carabobo, con rumbo Oeste y podremos detallar la famosa calle del hambre y todo su dinamismo comunitario, donde destacan una serie de locales comerciales que ofrecen diversidad de arepas ciollas de maíz y trigo, comidas rápidas y otros ofrecimientos alimenticios al público. Al frente, se ubica desde principios de siglo XXI, la parada del transporte urbano local, donde convergen paisanos de todos los sectores y donde la palabra hace gala de extraordinarias historias. Ahí mismo, destaca la entrada principal al teatro, y detrás de los locales, yacen los terrenos de CANTV, y la construcción del anhelado parque infantil que inexplicablemente fue direccionado para locales comunitarios, con fines comerciales, ahí se inauguró en diciembre de 2015 un centro de distribución de alimentos PDVAL. Hoy es la sede del cuerpo de bomberos de Timotes. De frente y con sentido Oeste, nos encontramos con la avenida O´Leary, antiguamente calle de los Hoyos, donde destaca el pie de la montaña de Chicuá, con diversas construcciones que albergan unas cuantas familias. En esa cuadra y bajando, sobreviven los recuerdos de los famosos botiquines de Eustoquio Bustos y Eulogio Andrade. En otros tiempos fue punto de llegada de los históricos arreos de mulas que venidos desde los vecindarios y poblaciones más lejanas como Piñango, Palmira, Los Corrales, San Cristóbal de Torondoy, Tafalléz y otros, buscaban refugio para descansar las bestias, en sitio seguro, y para que unos cuantos comerciantes de papas, quesos, trigo y otros productos, tomaran el descanso en la posada de los Andrade. Hoy todo es comercio en esa zona, allá está la parada de la línea de transporte TimoAn que cubre las rutas turísticas: Timotes – La Puerta y Timotes – Jajó, si bajamos nos encontramos con una de las entradas de la escuela Canónigo Uzcátegui, nuestra más legendaria institución educativa, donde se imparten los niveles de educación inicial, primaria y liceo bolivariano, a niños, niñas y adolescentes de Timotes y zonas circunvecinas. Podemos avanzar hacia la vía El Cementerio, avenida de la igualdad, porque quienes abandonan este mundo, son llevados en hombros hasta el campo santo, y más reciente avenida Monseñor José Sótero Valero (desde Septiembre de 2014). En sentido Nor-Este, también conseguimos las históricas instalaciones del grupo escolar, las cuales datan del año 1953, cuando fue inaugurada en tiempos de Marcos Pérez Jiménez. Un poco más allá, comienzan los históricos resguardos, donde actualmente se asientan El Cementerio Municipal, La Planta, El Chorrito, El liceo de Timotes y las urbanizaciones Luz Caraballo y Timotes que muchos denominan “Las Locas”, un poco más allá, está el Uvitón, herencia de Tito Rivas, escritor, poeta y abogado fallecido el 29 de noviembre de 2021, y a la izquierda las primeras tierras de El Salado. Volviendo en instantes, si decidiéramos subir por la avenida O´Leary, primero nos encontramos con la pastoral social, que en otros tiempos ofreció víveres y alimentos a precios muy solidarios, diversos locales comerciales y arriba mirando al Sur, la placita o parque Los Héroes, levantado en los años setenta en honor a los guerreros timotenses incorporados al ejército libertador en el año 1813. Podemos decir que estamos en jurisdicción del cementerio viejo, hoy barrio Monseñor Pulido Méndez, más arriba nuestra moderna edificación que alberga el hospital “Rafael Rangel” y algo más arriba, siempre bordeados por viviendas, que levantaron al pie del cerro Chicuá, el flamante y ya insuficiente estadio Alfonso “Chico” Carrasquel, inaugurado en 1970, donde nuestros más destacados deportistas se dedican a la práctica del beisbol, softbol y futbol. Algo más arriba, en lo que conocemos como Zaraza, está el sector El Estadio, donde destacan unas cuantas viviendas.

De nuevo en el centro de la plaza, para transitar hacia el Sur y podemos hacerlo por la avenida Bolívar para conseguirnos con el bulevar Sur, reiteramos que fue bautizado con el nombre del Padre Vivas. Es parte de la calle Andrés Eloy Blanco, donde destaca un parquecito infaltil, abierto en diciembre de 2015. Allí está, el almacén de Don Víctorino Pineda, hoy regentado por sus descendientes. En la esquina, la vieja casona de Don Ramón Espinoza, que se mantiene como en otros tiempos, con la diferencia que allí funcionan comercios, donde se ofrece todo tipo de prendas de vestir. Por cierto, esta vieja construcción, refleja lo que fue la estructura inicial del edificio municipal. Caminamos hacia arriba y destacan las casas de los Carrillo, justamente allí estuvo una construcción donde Francisco Tenora, emblemático fotografo de origen europeo, ofreció sus históricas fotografías a granel. Al frente funcionó el viejo cine Miranda, propiedad del sr. Newman y más tarde del sr. Bernardo Muñoz, donde logramos ver durante años, diversidad de películas de variados temas. A este español que hizo del trabajo su magisterio, se le recuerda porque todos los días, barría desde tempranas horas parte de la avenida y por las jornadas extras de proyecciones filmícas en tiempos de semana santa, donde se ofrecían hasta cinco funciones de películas sobre la vida y obra de Jesús de Nazareth. De allí en adelante, esquinas donde sucedieron infinidad de hechos, locales que albergaron famosas pulperías y cantinas como la de Tive Montilla, o la casa de habitación y Posada de Don Ismael Villarreal, instituciones como CADAFE, BANFOANDES, CANTV, casonas, locales para el comercio, famosas barberías pueblerinas como la de Simón Gutiérrez y paremos de contar. Algo más arriba, esquina de calle Vargas, donde está la clínica Victoria y el centro comercial donde funciona el Registro Público, estuvo la histórica casona de los Espinoza, donde vivió nuestro bisabuelo Don Jesús María Espinoza y sus descendientes. Cuánta poesía, sabiduría, espiritualidad e historia flotan en ese espacio. Si hacemos la misma caminata, desde el bulevar Sur con avenida Miranda, encontramos que donde está el banco provincial, se perciben los recuerdos de la casona de Don Florencio Uzcátegui, legendario caudillo con infinidad de historias incomprensibles y algo más arriba, esquina de la calle Rangel, la vieja casa de beneficencia pública, más tarde, primer hospital de Timotes fundado por el Dr. Jesús María Quintero Arellano y hoy flamante casa de la cultura “Don Jesús María Espinoza” donde muchos paisanos nacieron a la vida, donde a su vez otros cuantos nacimos para la cultura universal. Al frente, siempre con aromaticas huellas, la famosa panadería Los Frailejones, legado de Don Antonio González y Doña Rosa Villamizar de González, donde se ofrecen las más exquisitas granjerías criollas, entre ellas: panes, acemas, mantecadas y demás productos para degustar en familia. Al lado de arriba, destacaba serena y sabia la figura de Don Alejandro Araujo, quien venido de las tierras de El Paramito, estableció allí su morada. Seguimos subiendo y vuelven a destacar locales comerciales diversos: una licorería que fue de Miguel “Chemiguel” Santiago, en toda la esquina de la calle Sucre, más arriba la casona de Don Castor Rivas, quien con su enorme caballo blanco, infundía respeto en la vida del poblado. La carpintería de Hormidas García, la mantienen funcional, sus descendientes, mientras la casona de los Villarreal se conserva como verdadera reliquia de la arquitectura colonial y más arriba, desembocamos en plaza Miranda, antes nombrada plaza Páez. Al frente el santuario de Los Andes o capilla de San Benito, donde se exhiben las reliquias del santo Negro y donde tienen lugar las festividades solemnes a finales de cada Año. En la esquina de abajo, la casa de las Rodríguez y al frente la licorería La Criollita, emporio del Flaco Abel Lacruz. Algo más arriba, estuvo la guarapera de Nacho Pipa, a un lado por la calle transversal o calle Camejo la casa donde funcionó el hotel “Brisas de Timotes” y al frente la sede de la Guardia Nacional Bolivariana, allí funcionó la escuela de varones, durante la época gomecista. Si seguimos subiendo, encontramos el campamento del Ministerio de Obras Públicas (MOP), más arriba Pueblo Rosado, a mitad de trayecto y con sentido Oeste, por la calle Zamora, avanzamos hacia el antiguo acueducto o terrenos de Doña Ana de Zaraza, donde destaca altiva la urbanización Doña Victoria y al final del recorrido La Asomada, donde estuvo el museo y restaurant de Don Pio Rondón, quien se hizo famoso por su colección arqueológica, mas conocida como los muñecos de Pio Rondón. Allí siempre, por cada semana santa, se cumplía con la lectura del Testamento y La Quema de Judas. Más arriba, hacia la derecha, está la entrada al Garabato, hoy resaltan los locales de auto vial, San Diego, y finalmente Puente Real, desde donde podemos avanzar hacia la Quebrada Chamarú, Mucusé y El Cacique; o hacia la izquierda, buscando la comunidad de Mucumbás o las tierras del Otro Lado, hoy sector Los Compás. Allí también destacan grandes locales para comercialización de hortalizas como la empresa AGRIMER. El Puente Real, nos deja detallar, las torrentosas aguas del río Motatán que baja, siempre frío y violento, desde el alto páramo. Por supuesto, es el trayecto que en sentido Sur, marca el recorrido ascendente y siempre peligroso de la vía trasandina que buscará Chachopo, La Venta, Cruz Chiquita y el Alto Páramo de Timotes y Mucuchíes hasta coronar, en el collado de Cóndor, los 4.100 metros de altura.

Ubicados en el centro de la histórica segunda plaza que denominamos: plaza Miranda y nuestros antepasados nombraron plaza Páez, detallamos el busto del Generalísimo Don Francisco de Miranda, y pareciera sentirse las huellas que dejaron nuestros antiguos pobladores, cuando hicieron de ese espacio, el lugar ideal para la práctica del beisbol timotense y así escribir páginas gloriosas del deporte local, donde unos cuantos deportistas brillaron con talento propio. Mirando al Norte, recuerdos de la panadería de Marcelo Cómbita, hoy panadería La Criollita, justo en la calle José María España. Mirando al Este, podemos transitar la avenida Guaicaipuro, donde sobresalen diversos locales comerciales para despacho de hortalizas y flores. Más al Este, están las corrientes del rio Motatán y el sitio antiguo de Mucuxamán o lugar de las mujeres hermosas. Allí también crecieron ranchos que conocemos como Las Playitas III, donde muchos paisanos viven en condiciones precarias. Siguiendo las corrientes desbordadas del rio que baja en sentido Norte, encontramos Las Playitas II y caminos de arena y piedra, entre carruzales y humedad. Retornamos a la avenida Guaicaipuro, si transitamos por la calle Rondón, vamos a conectar con lo que quedó de la avenida Motatán, la cual fue arrasada por las corrientes del rio, en otra época. Arriba se recuerda personajes como Mateo Cadenas, Don Guillermo Franco y Anita Cadenas de Franco, con toda su descendencia, más abajo, es famoso el botiquín de Armando Uzcátegui. Entre las avenidas Motatán, Guaicaipuro y Bolívar con las calles Rondón, Vargas y Sucre, destacó La Cuarenta, donde quedaron hermosos recuerdos de otros tiempos. Allí nuestra infancia y juventud, escuchando a los mayores contadores de historias: Gabriel Fruta y Alejandrina Montilla, jugando pelota de goma y compartiendo entre amigos: Alberto Sánchez alias Chipilinga (+ 2021), Alirio Ramírez Carrerita, Gilberto Espinoza Chiveto, Jairo Montilla, Ramón “Curita” Ramírez, Enrique Lacruz Miyeyo, Leonardo Villarreal Chiva y otros tantos. Además, allí quedó el ejemplo de unas cuantas heroínas del trabajo, que a punta de granjerías, levantaron sus familias, ofreciendo todos sus esfuerzos para que sus hijos estudiaran y progresaran. Si bajamos recto de Sur a Norte, nos encontramos al final con el sitio de Punta Brava, donde estaban los famosos botiquines de los hermanos Juan y Pablo de La Cruz Briceño, donde también se recibían los productos que traían los arreos de mula de las zonas lejanas de Pueblo Llano y vecindarios como Las Porqueras.

Recorremos aquí y allá y nos encontramos de nuevo en plaza Bolívar, desde dónde podemos mirar a lo alto de las cumbres. Al Norte-Oeste los dominios de Quindorá y Chiquimpú, tierras de civilizaciones aborígenes autóctonas; Al Sur, Chijós, Piedra Gorda y El Cacho; al Este, las montañas de El Otro Lado, La Lajita, El Guamo, Santa Cruz de Mijará Alta y San Antonio, aposentos incomparables con vocación agrícola; y al Oeste, corona la cumbre la tierra de Chicuá, mas alto El Paramito y mucho más arriba, los altos de Miranda y El Cacique. Ah! mirando al Nor Oeste, divisamos El Alto de Mucuyupú y a la distancia los dominios de Tafallez. Por supuesto que hay vecindarios que no vemos pero que existen y nos llenan de orgullo, entre otros: Casa de Tejas, El Potrerito, El Rincón, Los Pinos, Santa Cruz de Tafallez, La Cuchilla, Faldiqueras, Bailoncito, Garabulla, Los Aposentos, Bailón, Santa Cruz de Mijará Baja, Las Mesas de San José, Llano Grande, El Hato, La Cuica y tantos otros donde nuestra gente construye sueños a punta de trabajo. Y por si acaso, si algún lugar quedara sin mencionar, basten mis versos que destacan la magia de la belleza general y el prodigio incomparable de nuestras tierras andinas, la que amamos con todas nuestras fuerzas.

Jesús María «Chuma» Espinoza Marín · Desde mi casa a la plaza