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12. Aportes de Mis Libros

481 palabras · 2 min de lectura

Quisiera plasmar en estas páginas, dos anécdotas interesantes, que tienen que ver –modestia aparte- con los aportes que mis libros han dado, sin proponérselo, a algunos lectores.

En cierta oportunidad, compartimos un café, con el padrino de promoción del grado de Enfermeras 1988, Dr. Rizzos, quién departió emocionado y después de larga conversación se despidió. Pasó un tiempo, y casualidad nos volvimos a encontrar. En esa oportunidad, percibimos que nuestro amigo, estaba pasando por una situación muy difícil. Con lágrimas en sus ojos y con todo el dolor de un padre, nos confesó desilusionado que acababa de perder a sus dos hijos, en accidente de tránsito. Su hija e hijo, fallecieron el mismo día de su grado y está dura realidad, tenía al Dr. Rizzos muy deprimido. Notamos cómo sacó fuerzas extraordinarias para contarnos, en medio del llanto más emotivo, su triste realidad. Impactados por la noticia, nos dominó el silencio y en el momento oportuno, con todo el respeto por el dolor ajeno, obsequiamos un ejemplar de mi libro: “Anécdotas y Tradiciones de Timotes”, al mencionado galeno, quién lo aceptó resignado y se despidió de nosotros. Pero cuál sería nuestra sorpresa cuando, más adelante, coincidimos nuevamente en los pasillos del hospital universitario de Los Andes, y de inmediato se acercó emocionado y nos dijo: “les estoy muy agradecido por ese hermoso regalo del libro, en medio de la depresión que viví, lo coloqué en algún espacio de mi casa, un día lo encontré y comencé a hojearlo y para mi satisfacción, pude leerlo, allí conseguí consuelo para avanzar en medio del dolor, porque muchas de las vivencias del libro me revivieron mis años de infancia y juventud en mi casa del pueblo, lo que me llenó de esperanza. Gracias a ese libro, logré recuperarme espiritualmente y ya me siento muy animado”.

Un día cualquiera, de esos que se hacen inolvidables en nuestra historia de vida, pasaba distraído frente a una casa, donde vivía uno de mis estudiantes de sexto grado. De repente, escuché una voz femenina que me llamaba desde la ventana, era una abuelita que cariñosa me confesó lo siguiente: “hay profesor, estamos muy agradecidos por el libro que le regaló a Juancito. Ese libro tan bonito, ayudó a unir nuestra familia porque siempre nos reuníamos en la cocina para leer sus historias. Fíjese que hasta se peleaban, un día lo agarra el abuelo, otro día lo agarra mi hija, mis nietos lo buscan ansiosos y todos quieren tenerlo. Nos gusta mucho las historias y esas de Espantos son muy bonitas. Todos unidos conversamos de las cosas del libro y hasta yo que no leía desde hace tiempo, ahora me gusta leer. Qué le parece profesor?”. Humildemente respondí: Bendito Dios que les gustó mi libro, bueno abuela disfrútenlo y cuídenlo, ves cómo es interesante conocer lo nuestro” y me despedí rebosante de alegría por la calle empedrada.

Jesús María «Chuma» Espinoza Marín · Desde mi casa a la plaza