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2. Restauración a principios de siglo

1.203 palabras · 6 min de lectura

Retrato antiguo de un hombre de bigote, con saco oscuro, cuello alto y corbata.

Maestro José Vicente «Chente» Torres

La construcción definitiva del Templo de Santa Lucía, casi con las mismas características actuales, se emprendió en el año 1911, bajo el gobierno parroquial del Ilustre Sacerdote Tachirense Buenaventura Vivas, a quien se consideró como el Forjador del Progreso local. Gracias a sus gestiones constantes, Timotes le debe gran cantidad de Obras Públicas que lo situaron como uno de los principales centros poblados de la Venezuela Gomecista. Desde el año 1910, el templo parroquial se encontraba en condiciones muy precarias para oficiar los ejercicios espirituales de rigor. Había la necesidad de contar con un sitio más amplio y cómodo donde se pudiera reunir la feligresía con el fin de continuar predicando las enseñanzas bíblicas del Divino Maestro. Ante algunas noticias como esta: “Nuestro viejo templo… está casi en ruinas y muy estrecho”, Monseñor Buenaventura Vivas comenzó una gran campaña pro-reconstrucción del Templo Parroquial. Sin pérdida de tiempo, organizó un frente de trabajo, procedió a difundir la idea, convocó voluntades y sensibilizó sobremanera a nuestra población. Esta ardua tarea se inició con la distribución de una postal impresa que mostraba el Proyecto Original del templo que se intentaba reconstruir. En el mismo orden, dicha postal, llevaba impreso un bellísimo Soneto de autor anónimo que exhortaba, poéticamente, a los fieles a contribuir económicamente para cristalizar la obra arquitectónica proyectada. La postal fue vendida, a vecinos y transeúntes, y los ingresos recogidos representaron el capital que marcó el inicio de los trabajos. La tarjeta, además, fue un hermoso recuerdo que muchos guardaron con recelos en sus archivos familiares. He aquí, la trascripción del poema:

Súplica

De tu piedad sin ejemplo
yo te pido presurosa,
esa caridad copiosa
que necesita mi templo.

Es Lucía la Patrona,
que hasta ti viene de hinojos,
a implorarte con sus ojos
el pan que la iglesia entrona.

Dios pulgó con sus favores
de mi vista en la orfandad,
darle luz, darle fulgores.

Hermanos debéis pensar,
que el que tiene caridad:
siempre tiene algo que dar.

Además de esta acción, se recolectó dinero y diversos materiales, aportes y donaciones de varios hijos o amigos de Timotes. Las distintas familias de la época, se unieron progresivamente a las acciones del Ilustre Sacerdote. Algunas enviaron contribuciones en dinero para la compra de los materiales y otras ofrecieron comida suficiente para los obreros voluntarios que allí laboraban. También se lograron algunos aportes del Gobierno Nacional, pues existía un vínculo amistoso muy estrecho entre el Padre Buenaventura Vivas y el General Juan Vicente Gómez, ambos eran paisanos tachirenses. Igualmente se sumó mano de obra voluntaria y otros requerimientos para iniciar formalmente, un día 17 de junio de 1911, la anhelada y urgente refacción del templo de Santa Lucía de Timotes.

Bajo la dirección del Maestro merideño José Vicente “Chente” Torres, arquitecto popular proveniente de Ejido, arrancaron los trabajos de reparación y ampliación del Templo. El Maestro “Chente” Torres, logró paciente y artísticamente, darle forma espectacular y belleza única a la iglesia. Estuvo secundado por otro Maestro de Obra, cuyo nombre fue Antonio E. Lacruz, quien compartió poco tiempo tan artística y creativa responsabilidad. Los escritores Timotenses Dr. Hugo Rivas Franco y Eduardo Villarreal Araujo coinciden en destacar al paisano Pedro Rafael Márquez alías “Ventarrón” como el peón de mano del Maestro “Chente” Torres. Afirman convencidos en sendos escritos: su eficiencia, fidelidad y meritoria labor en la grandiosa obra que nos ocupa, como fue la anhelada construcción.

Los mencionados trabajos se desarrollaron desde el año 1911 hasta el año 1929, y en varias oportunidades se vieron paralizados por diversas razones: en ocasiones lluvias, en otras la falta de recursos económicos, materiales y la escasez de mano de obra voluntaria. Aunque todos esos obstáculos fueron vencidos con grandes sacrificios por el Padre Buenaventura Vivas y quienes apoyaron decididamente la obra, cristalizándose al tiempo la majestuosa empresa que consistió en levantar ese templo extraordinario que hoy admiramos. A propósito, también podemos señalar los daños ocasionados al Presbiterio del templo, en junio del año 1913, cuando se desbordaron varias quebradas y creció el Río Motatán, sembrando terror y preocupación entre nuestros habitantes. La peligrosa quebrada Ño-Ana, aumentó su caudal, y sus aguas oscurecidas por el barro, corrían libremente por la Calle de Los Hoyos o Avenida O´leary, causando diversos daños en las paredes del Cementerio viejo y en la parte trasera de la iglesia de Santa Lucía. Sin embargo, los esfuerzos se doblaron extraordinariamente y Monseñor Buenaventura Vivas visitó los distintos hogares timotenses, luego emprendió el recorrido por los caseríos en procura de más recursos económicos y materiales para continuar en la obra. Más tarde, viajó a la Capital de la República: Caracas, igualmente viajó hasta Mérida y a otras ciudades del país, solicitando en organismos públicos y a particulares de buena posición económica algunas ayudas para el mismo fin. Monseñor Buenaventura Vivas siempre regresaba con buenos resultados, aspecto que garantizaba continuar adelante con el proyecto.

Los esfuerzos de este Sacerdote del Progreso, secundado por el apoyo masivo del pueblo, vieron el primer fruto de sus acciones como fue: la conclusión de varios arcos internos, costeados abnegadamente por algunas familias de la comunidad y la terminación definitiva del Presbiterio en el año 1915. Como incentivo, se decidió inaugurar solemnemente el nuevo presbiterio del templo, y se escogió un día 22 de febrero de 1916, cuando justo se celebraban las Bodas de Plata Sacerdotales del Padre Buenaventura Vivas, para tal fin. Así se designó como Padrino de Honor al Ilustre Escritor Merideño Don Tulio Febres Cordero: Patriarca de la Letras Merideñas. La carta de invitación decía lo siguiente:

“Señor Dr. Tulio Febres Cordero y Esposa. El día 22 del próximo mes de febrero tendrá lugar la solemne BENDICION del Presbiterio de la iglesia que se está levantando en esta Ciudad. Este acto se verificará a las 8 y media a.m. del mencionado día, y será presidido por el Señor Canónigo de Merced Pbro. Dr. Trinidad Colmenares H. El Suscrito, Cura y Vicario de la Ciudad, tiene el alto honor de nombrarlo a usted Padrino de esta bendición. Por su fina atención a este piadoso nombramiento se le quedará profundamente agradecido, y Dios N.S. le remunerará con creces su generosidad.

Timotes: enero de 1916. Presbítero Buenaventura Vivas”

De esta forma se celebraba el primer logro de un trabajo difícil que costó largos años, gracias al tesón y constancia del Sacerdote y del pueblo en general.

Fue curiosa la manera utilizada por los promotores para sensibilizar al pueblo sobre la importancia de la obra. Nadie se quedó sin aportar su granito de arena, por ejemplo, para la construcción del piso interno se animó al pueblo en los siguientes términos:

“dado por terminado el Presbiterio, con su artesonado metálico, donación … de Don Luciano Paredes, la razón natural exige que el pavimento se construya de acuerdo con la ornamentación; y en consecuencia, el infrascrito cura ha dispuesto reunir la suma necesaria para hacerlo de mosaico, entre todas las señoras y señoritas pertenecientes a esta feligresía. Reconocido como es el espíritu progresista y piadoso de ellas y al efecto se le asigna a cada una la módica cuota de cuatro bolívares, que satisfarán en los cuatro primeros meses del presente año, pudiendo hacerlo a razón de un Bolívar mensual y entregándolo a la persona indicada”.

Jesús María Espinoza Marín · De capilla de paja a Basílica Menor