6. La Capilla y Plaza Miranda
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La capilla de San Benito y Plaza Miranda, son dos iconos bien interesantes de nuestro Timotes histórico. Estos espacios de espiritualidad, recreación y esparcimiento están al Sur de la ciudad, casi en la salida hacia la ruta del páramo. Hoy tienen gran significado por la relevancia de la festividad de San Benito y por los incontables acontecimientos que han determinado su existencia.
En el caso de la capilla de San Benito, es importante destacar que en el año 1944 se oficializó –legalmente- la sociedad de San Benito de Palermo de Timotes, a pesar que desde principios de siglo XX, se venían desarrollando algunas manifestaciones religiosas y folclóricas en honor al Santo Negro, donde destacaron las famosas romerías que ofrecían paseos y bailes a San Benito por algunos caseríos y casas de familias del pueblo de Timotes, manifestaciones que dan origen a la gran festividad que conocemos porque permitió la unidad en torno a una devoción cristiana, compartir entre hermanos, goce y disfrute y reforzamiento de lazos familiares y amistosos en cada jornada cumplida. Representantes de esta sociedad como don Guillermo Franco, Epifanio Linares y Narciso Picón, a quienes llamaban “Los Tres Negros”, solicitaron a la municipalidad mirandina, formalmente, en el año 1945, según consta en los libros de actas del Concejo Municipal de Timotes, la “donación de los terrenos para construir la capilla de San Benito”. La corporación municipal, presidida por el señor Joaquín Briceño, respondió que no tenía inconvenientes y la donación se concretó. Ese mismo año de 1945, el presidente de la sociedad de San Benito, participó a las autoridades municipales sobre el “inicio de los trabajos de construcción de la capilla”, los que duraron varios años. Existe documento con la siguiente inscripción: “Recuerdo de la bendición de la primera piedra en la capilla del santo Niño Jesús. Timotes, 29 de diciembre de 1945”. Los mencionados, a su vez hicieron reclamó de la “oferta hecha por la corporación municipal” para contribuir económicamente con la obra, por lo que los concejales mirandinos, a saber: Joaquín Briceño, Gumercindo Franco, Elio Amable Rivas, Victorino Pineda y Régulo Ramón Rivas, acordaron donar la cantidad de 10,oo bolívares mensuales. Los directivos de la sociedad de San Benito, animados por el sacerdote Octavio Rincón Santos (1943 - 1965), continuaron adelante con los trabajos y recibieron apoyo de nuestra feligresía que contribuyó de diferentes maneras, por lo cual se procedió a inaugurar la capilla de San Benito varios años después.
Al transcurrir lento de los años, la capilla de San Benito fue mejorada constantemente. Las diversas directivas de la sociedad de San Benito, alternativamente se han ocupado de engalanar y mantener en excelentes condiciones estos recintos sagrados donde veneramos a Dios, y muy en especial al Santo Negro. Ejemplo de ello fueron los esfuerzos de un grupo de timoteros, unidos en el hermoso gesto de restaurar y acondicionar las instalaciones físicas de la capilla de San Benito. Sus labores voluntarias permitieron que en el marco jubiloso de la celebración de las Bodas de Plata Sacerdotales del Presbítero Víctor Manuel Angulo Peña (1990), la referida capilla fue solemnemente reinaugurada y bendecida. El maravilloso fruto fue hecho posible gracias a la bondadosa colaboración de muchos hijos y amigos de Timotes que lograron apreciar los espacios mejorados en todo su esplendor. Se concretó la reconstrucción total del techo, pintura externa e interna, arreglo general del presbiterio y la restauración del bello altar o trono de San Benito, donde se impuso la magia del arte, en colores y decorados, cautivando al transeúnte y al feligrés. Esta importante restauración fue posible gracias a las gestiones desinteresadas y continuas de la directiva de la sociedad de San Benito, año 1990, integrada por: Alí de la Cruz Rivas, Gilberta Ruiz, Olegario Rivera, Jonás Araujo, Pedro Rivera, Luis Franco, Rafael Rivas, Magín Franco, Darío Rivas y otros que -reiteramos- unieron sus esfuerzos para lograr la reconstrucción total de la capilla de San Benito de Timotes.
En el caso de la Plaza Miranda, es importante señalar que un grupo de patriotas donde figuraron: Diego Puentes, Miguel Ignacio Carrillo y Juan Nepomuceno Carrillo, influenciados por las ideas del Ilustre Americano general Antonio Guzmán Blanco, propusieron la celebración, en el año 1890, del centenario del nacimiento del general José Antonio Páez, desarrollando algunas actividades de índole institucional, así como acciones culturales y educativas en nuestro pueblo, por lo que propusieron destinar los espacios que hoy ocupa dicha plaza, los cuales son terrenos municipales, para erigir un parque o plaza pública en homenaje al general Páez. Esta interesante idea consiguió muchos adversarios y tropiezos pero se logró avanzar oficialmente en la denominación de plaza Páez, lo que no se concretó como plaza pública o parque por falta de recursos y voluntad política de las autoridades. El espacio se nombró como tal, en marzo de 1894, siendo presidente del Concejo Municipal Heliodoro Carillo pero permaneció vacío como campo abierto para pastorear las bestias, efectuar corridas de toros en festividades locales, realización de carreras de caballos, maniobras militares de tropas y sitio para acampar las mismas.
Así transcurrieron varias décadas y no fue hasta los años veinte de la época gomecista, siglo XX, cuando estos espacios comenzaron a utilizarse como campo deportivo, escenario perfecto para los juegos de beisbol de aquellos años. Nuestra gente se reunía los domingos, después de la santa misa, a presenciar candentes partidos de beisbol entre los equipos locales Águilas Rojas y Águilas Azules, Corsarios, Centauros y Piratas, Cervecería Zulia y Cervecería Caracas o extraordinarios encuentros entre el equipo local contra alguna selección de Valera o pueblos circunvecinos. Tan es así, que muchos de los viajeros, en su tránsito hacia Mérida o Valera, detenían sus vehículos para deleitarse con los emocionantes juegos de beisbol, los cuales siempre estuvieron cargados de anécdotas y vivencias muy particulares, por ejemplo: hubo buenos bateadores que sacaban la pelota de jonrón, lograban pasarla por encima de los tejados para admiración de los espectadores; otros también bateaban duro y la colocaban estratégicamente en los techos de Los Parra o “Nacho Barriga”, partiendo las tejas envejecidas, lo que originaba un reclamo a viva voz y la interrupción de las acciones por la negativa a entregar la pelota mientras alguien “acordaba verbalmente” reparar el daño. También se formaban sendas borracheras, ya que muy cerca de allí, se expendía la famosa cerveza Zulia, como no existía ley seca, pues muchos bebían hasta emborracharse y por lo general terminaban en riñas callejeras que interrumpían los partidos de beisbol y cerraban las jornadas. Dicen que cuando se daban estos enfrentamientos colectivos, los vecinos cerraban sus puertas y ventanas, encerrándose en sus hogares hasta que pasara la situación que siempre dejaba como saldo algunos golpeados, heridos y hasta detenidos.
Durante el famoso trienio de gobierno adeco, 1945 – 1948, los espacios de Plaza Páez fueron utilizados como parque recreativo para niños y jóvenes, allí fueron colocados, justo al frente de la capilla en construcción, unos palos altos con argolla y cadenas que servían como mecedores, esto incluía una especie de rueda giratoria para el goce de grandes y chicos, aunque siguieron los juegos de beisbol. Ahí también se instaló, en varias oportunidades, algún carrusel para entretenimiento de la población. Se cuenta que en una época, en que las lluvias azotaron la jurisdicción municipal, se interrumpió el paso normal de vehículos y personas hacia Mérida, ya que la creciente arrasó con el antiguo puente hacia Mucumbás, en el sitio de Puente Real, lo que convirtió a Plaza Páez en estacionamiento ideal para todos los vehículos que esperaban continuar el recorrido, así decenas de viajeros convivieron con nuestra gente mientras esperaban el restablecimiento del paso. Nos dice don Eduardo Villarreal, que allí se detuvo el transporte que llevaba un reconocido circo a la ciudad de Mérida y como tenían diversos animales, a los responsables no les quedó otra que improvisar algunas instalaciones, exhibiendo gratuitamente los animales que llevaban, esto para deleite y admiración de la población, muchos conocieron: elefante, avestruz, burros, jirafas y otros animales que permanecieron tiempo en ese espacio. Allí también descargaron y estuvieron las tuberías que el Instituto Nacional de Obras Sanitarias (INOS), instaló en el pueblo cuando se construyó y dispuso las redes del acueducto municipal. Igualmente subsistieron, largos años, unas guayas de acero de buen grosor que serían utilizadas en un sistema de pasarela colgante que la municipalidad tenía previsto al final del pueblo para cruzar las caudalosas aguas del río Motatán y garantizar la comunicación con el poblado, recordemos que había mucho comerció con Pueblo Llano y zonas del llano barinés que llegaban casualmente por Punta Brava en los famosos arreos de mulas.
A finales de la década del 50, Siglo XX, la corporación municipal prohibió rotundamente los juegos de beisbol en Plaza Páez, tomando en consideración diversas denuncias de los vecinos y los escándalos que se generaban al finalizar los partidos. Nuestro coterráneo Alí Nava lo relata en su libro: “A finales de esa década por mezquindad del gobierno local, se decretó una prohibición indefinida para realizar eventos de beisbol en aquel lugar” (Nava Montilla, Alí. Remembranzas del Beisbol Timotense. INMECA, 1.998, pág. 18), por lo que dichos espacios permanecieron vacíos, a veces utilizados por los niños para juegos populares y para elevar sus cometas o para que muchos paisanos superaran sus borracheras. En la década del sesenta, más específicamente en el año 1965, según acta de Cámara Municipal Nº 29, los vecinos le piden al Concejo Municipal que la nombre como Plaza Miranda. Así la municipalidad mirandina, emprendió algunas acciones y consiguió recursos con el gobierno nacional para construir una Plaza Pública que sería bautizada con el nombre del Precursor de nuestra independencia nacional don Sebastian Francisco de Miranda y como homenaje en los sesenta años de haberse erigido nuestro territorio como distrito Miranda. Los trabajos de esta plaza, se iniciaron durante el gobierno municipal del Dr. Ramón Beltrán Espinoza, quien presidía el Concejo Municipal para el período 1964-1965 y tardaron varios años en concretarse hasta quedar terminados suficientemente los espacios. Refieren las crónicas que ese mismo año 1965, se procedió a inaugurar una parte de los trabajos, según acta de cámara municipal Nº 41, obras que incluyeron unos cuantos metros de pavimento requemado, caminerías en ladrillos, muros de sostén por el lado izquierdo y por la parte baja, áreas verdes y casi en el centro un pedestal en cemento coronado por el busto, en bronce, del Generalísimo Francisco de Miranda. Posteriormente, dicha Plaza fue solemnemente inaugurada, ante la presencia de sus autoridades municipales y el pueblo, el 12 de marzo del año 1968, siendo Presidente del Concejo Municipal el señor Joaquín Rivas Araujo, lo que fue registrado de la siguiente manera: “IMPORTANTES OBRAS HA PUESTO EN SERVICIO EL CONCEJO MUNICIPAL DEL DISTRITO MIRANDA. El Concejo Municipal del distrito Miranda, que actualmente preside el señor Joaquín Rivas Araujo ha puesto en servicio destacadas obras, las cuales contribuyen al desarrollo del distrito y un paso más en el adelanto y progreso de las comunidades; entre las más importantes podemos mencionar: … la plaza Miranda moderna obra que embellece la entrada de la ciudad…”. (JUVENTUD El Periódico de Timotes, Nº 2. Timotes, abril de 1968, pág. 04). Desde aquel momento nuestra plaza Miranda se convirtió en un espacio importante para los actos cívicos del 12 de marzo, antiguamente Día de La Bandera y para las actividades sociales, recreativas, deportivas y políticas en tiempos de campañas electorales. Allí estuvieron alguna vez, en la campaña electoral para las elecciones presidenciales de 1968, dirigiendo su discurso a los paisanos: Gonzalo Barrios (AD), Rafael Caldera (Copei) y Luis Beltrán Prieto Figueroa (MEP). A pesar que fue bautizada solemnemente como plaza Miranda, muchos paisanos le seguían nombrando plaza Páez, la cual desde ese momento es parte importante de nuestra historia local, por su significación y por la diversidad de vivencias que allí han quedado, entre otras las solemnidades a San Benito, en sus celebraciones anuales.
Durante años, plaza Miranda ha servido de escenario para innumerables actividades y si “Polo” Paredes se autonombró presidente de la capilla, la “Catira” Elena o “La Comandante Elena” hizo lo mismo con plaza Miranda, controlando con autoritarismo al grupo de borrachitos que allí se juntaban, protagonizando acciones curiosas e inverosímiles que le valieron respeto y admiración entre sus congéneres de afición y comentarios graciosos en el común de la gente. Allí también se han desarrollado diversos actos culturales de las instituciones educativas, se han celebrado campeonatos deportivos y juegos tradicionales, lugar de citas para parejitas en pleno noviazgo, vendimias y operativos de venta de alimentos a cielo abierto, actividades políticas de todo tipo, incluyendo celebraciones con sendas minitecas, actos cívicos de la municipalidad. Es también espacio exclusivo durante largo tiempo para borrachitos y sobretodo sitio donde -por años- se celebraron las parrandas más genuinas de las festividades anuales a San Benito de Timotes. Alguién expreso: “que sabes tu de adrenalina, sino nunca has parrandeado en la plaza Miranda de Timotes”. Durante largas noches y madrugadas, mucha gente disfrutó de grupos musicales en esos espacios que se hacían pequeños para albergar la convocatoria de propios y extraños que acudían a disfrutar de las ferias o fiestas anuales al santo Negro, al mismo tiempo los alrededores se convertían en baños públicos porque todas las personas que le daban ganas de orinar lo hacían en cualquier parte. Por cierto dejemos dos anécdotas interesantes:
En cierta ocasión la sociedad de San Benito, convocó al pueblo a participar en ciertas actividades populares, entre ellas: el palo encebado, que consiste en que un grupo de cuatro hombres, tratan de subir el palo colocado verticalmente y repleto de grasa, buscando conquistar el banderín que yace en lo más alto. Bueno, sucedió que un equipo se dispuso a intentarlo pero nada, esfuerzos y más esfuerzos y nada, todos para abajo, en una de esas, el profesor Mechas, un tanto pasado de tragos, afanaba y afanaba, pero su compañero que intentaba subir más alto, le bajó los pantalones cortos que tenía, quedando literalmente “a culo pelao” para goce de quienes observaban, todos se burlaban del profesor que bajó prácticamente desnudo, repleto de grasa y sin darse cuenta que le faltaba su ropa interior y sus pantalones cortos, él también se reía pero no sabía por qué hasta que alguien lo alertó y ahí sí, se moría de la vergüenza, el cuento corrió de boca en boca por toda la población.
En otra oportunidad, disfrutábamos de una fiesta muy concurrida, a la que asistió nuestro paisano sacerdote Regulo Godoy, con quien intercambiamos impresiones sobre la devoción al santo negro, cuando de repente el animador preguntó en voz clara: dónde están las mujeres? y las damas asistentes deliraban y levantaban sus brazos diciendo: aquí estamos. Seguidamente, el mismo animador dijo: y dónde están los hombres parranderos de Timotes? A lo que los solicitados respondieron animados, levantando su brazos, aquí estamos! y lo que sobresalía eran centenares de botellas de licores de todo tipo, en especial, las botellas de cacique pecho cuadrado! De inmediato el padre Godoy se retiró de la tarima y no quedó otra cosa que seguir disfrutando del momento.
Al igual que los juegos de beisbol, la presión de las autoridades religiosas y los comentarios de muchos vecinos de plaza Miranda, las fiestas públicas en esos espacios pasaron a la historia, fueron prohibidas a raíz de la declaratoria oficial y solemne de santuario diocesano a las instalaciones que conocimos como capilla de San Benito, esto sucedió el 29 de diciembre de 2013.
Es importante destacar que el 10 de marzo de 2001, cuando apenas comenzaba el siglo XXI, nuestra plaza Miranda albergo a miles de feligreses con motivo de la llegada a nuestro terruño de La sagrada reliquia de San Benito. Esta importante actividad fue motivo de celebración y de júbilo colectivo, desarrollando diversas actividades que hicieron de esta tierra la capital espiritual de Venezuela. En aquella magna fecha las máximas autoridades de la iglesia merideña, las autoridades municipales, diversidad de comparsas de san Benito de todas las regiones de Venezuela, feligreses de toda la región andina, recibieron de manos del Arzobispo metropolitano de Mérida Baltazar Porras, la sagrada reliquia de San Benito para albergarla en la capilla o santuario del mismo nombre y tributarle todos los honores religiosos del caso. Un año más tarde, en diciembre de 2002, Fray Fernando Trupia, custodio de los restos de san Benito de Palermo en Italia, visitó a Timotes y entregó solemnemente una segunda reliquia que reposa en la capilla mencionada. Tenemos dos reliquias del santo Negro. Este acontecimiento, generó algunas acciones importantes lideradas por el Presbítero Licenciado Pablo Olivo León Uzcátegui como fue impulsar conjuntamente con la directiva de la sociedad de San Benito, la ampliación de las instalaciones de la capilla y tramitar ante la arquidiócesis de Mérida, la elevación a santuario diócesano de tan sagrado recinto. Así, durante más de cinco años, el presidente de la sociedad de san Benito de Timotes señor Antonio El Chino Toño Duarte, dedicó esfuerzos suficientes para la ampliación y restauración total de la vieja construcción. Igualmente la edificación de todo un complejo arquitectónico que garantiza nuevos y funcionales espacios para las diversas actividades que desarrolla esta importante sociedad religiosa. Aparte de estos esfuerzos, Antonio Duarte y un grupo importante de ciudadanos progresistas, emprendieron la remodelación y embellecimiento progresivo de plaza Miranda, dotándola de ambientes atractivos para la sana recreación de niños, niñas y adolescentes y el disfrute o compartir de las diversas familias. Resaltan sendas jardinerías con plantas ornamentales que le dan un toque especial y novedoso a nuestra plaza Miranda, asi mismo algunas instalaciones para la práctica de deportes extremos y un parque infantil, logrado por el consejo comunal de plaza Miranda, que fue donado gentilmente por los hermanos Peña, descendientes del desaparecido Horacio Peña. Prácticamente, plaza Miranda, se ha convertido en un parque recreativo y cultural para nuestros habitantes, quienes concurren a diario a dichas instalaciones. La inauguración solemne de la nueva capilla, se llevó a cabo el 29 de diciembre de 2013, cuando abrió sus puertas y fue bendecida solemnemente y ese mismo día el Arzobispo Metropolitano de Mérida Baltazar Porras, leyó el decreto eclesial que declaró a la antigua capilla de San Benito como santuario diocesano de Timotes, esto ante la asistencia de miles de devotos que acudieron de todas partes a tributar su testimonio de agradecimiento y respeto al milagroso santo negro: Benito de Palermo, aquí venerado con absoluto respeto y devoción.
Cerramos ésta página, señalando que la entronización solemne de la imagen gigante de San Benito, la cual alcanza mas de tres metros de altura, elaborada por el escultor Jesús Manuel Suescum (Mucuchíes), por encargo de los directivos de la Sociedad de San Benito: Migdalis Hernández y Anley Rivas, se llevó a cabo los dias 27, 28 de febrero, 01 y 02 de marzo de 2023, donde participaron activamente los integrantes de la comparsa de negros Hugo Ramón Becerra, liderados por el propio capitán Anley Rivas, quienes la colocaron en pedestal ubicado en la esquina Sur de la plaza Miranda, descansando ingeniosamente sobre una base giratoria de metal que permite su desplazamiento circular. Dicha imagen ha sido entronizada en ocasión de celebrarse los veintídos años de la llegada de la Reliquia de San Benito a Timotes. Esta imagen fue bendecida solemnemente en la festividad anual de San Benito, el 29 de diciembre de 2022, por el Arzobispo Metropolitano de la Arquidiócesis de Mérida Helizandro Terán.
Canapiales en la Plaza
Lo que si vemos en Timotes
como estampa para todos
es una cuerda de flojos
que llamamos canapiales.
No sé de dónde salió
este nombre tan curioso,
solo sé que son ociosos
entregados al licor.
Se juntan en todas partes
suplicando al transeúnte
con gracia y hasta con arte
monedas pa´l aguardiente.
Controlan plaza Miranda
donde pasan una y otra,
grama y pavimento es cama
en su vida presurosa.
Madrugadores por cierto
no les gusta trabajar,
bohemios hasta saciar
y confunden como muertos.
Les decimos canapiales
y ocupan toda la plaza
no sirven a comerciales
pero a todos nos abrazan.
Son devotos y serviles
cuando la desgracia llega
y después de santiguarse
a las botellas se entregan.
Golpeados y malolientes
se exhiben desordenados
y por los cuatro costados
sin que le importe la gente.