7. La Casa de los Villarreal
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La casa de Los Villarreal, está ubicada en la bajada del hospital, en la esquina de la avenida Miranda con la calle Vargas del Timotes inolvidable. Es una vieja casona de tapiales, techos a dos aguas, de tejas viejas, con pisos de ladrillo, con amplias habitaciones y salas, con zaguán y patios empedrados, con nichos en piedras para los santos, con hornos de ladrillos y amplia caballeriza. Allí vivieron, durante años, don Isidoro Villarreal, su esposa Dolores de Villarreal y todos sus descendientes. Recordemos a Rosarito “Conchita”, Doña Alicia, Luz Elena y Miriam Villarreal, mujeres emprendedoras y reconocidas de nuestro pueblo, con sus vestimentas y atuendos a la antigua y con extraordinarias vivencias cargadas de alegría.
Todos los días, a primera hora de la mañana, mi madre nos mandaba a comprar una “taza de leche” o el equivalente a un litro que servía para acompañar nuestro desayuno. En ocasiones había que esperar que bajaran desde El Zanjón de Zaraza, allá estaba la casa de campo de los Villarreal y las vacas lecheras, la bestia con los dos envases, gigantescos de aluminio, cargados de una leche blanquita-espumosa, recién ordeñada por los caseros. Inolvidable el trato cordial de las hermanas Villarreal, a quienes recordamos cuando cumplíamos con el mandado mientras se esperaba tan nutritivo despacho. En plena cocina, observábamos en budares de barro, las “arepotas de trigo o maíz chiquito”, los quesos criollos ahumándose en la troje o “troja”, los granos frescos listos para que las cocineras limpiaran para el almuerzo y el cafecito recién colao que alguna criada elaboraba para los miembros de aquel hogar. Inolvidables momentos que recordamos con nostalgia, porque detallar el hermoso pesebre que engalanaba la sala principal, fue un verdadero privilegio, por la belleza de sus imagenes, la creatividad que encarnaba y devoción que transmitía por la familia de Nazareth.
Al paso del tiempo, los habitantes de esta significativa morada, uno a uno, se despidieron de este mundo y la vieja casona de arquitectura colonial, fue quedándose desolada, quizás habitada por “espantos” que, en otros tiempos, impusieron respeto y marcaron el tránsito de las horas nocturnas. Hoy, estos espacios yacen vacíos mientras parte de su antiguo mobiliario permanece inmóvil como testigos fidedignos de una época dorada que no vuelve. De cuando en cuando, detallamos a la Dra. Coromoto Montilla Villarreal, hija de don Mario Montilla y doña Alicia Villarreal de Montilla, entrar y salir apresurada de tan histórica casona, la cual sigue en pie, cargada de recuerdos. Es la única heredera y allí funciona su consultorio médico. De ella recordamos el entusiasmo en la época navideña, con sus instrumentos musicales y los aguinaldos criollos, además de todo el ritual que implicaba la celebración religiosa a la santa Virgen de Coromoto, de cuya cofradía, los Montilla Villarreal, fueron miembros reconocidos y fieles devotos.