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7. Conversaciones Entre Timoteros

18.878 palabras · 94 min de lectura

Se trata de una serie de escritos, elaborados en base a opiniones y comentarios de timoteros, dispersos por el mundo, contenidas en las redes sociales, especialmente en facebook, generadas por gráficas publicadas en varias cuentas de excelentes paisanos. Las realizamos entre abril de 2016 y mayo de 2019, y una última, ofrecida en diciembre de 2022, las cuales entregamos para deleite de todos los lectores, porque contienen excelentes ideas de la historia local.

7.1. LAS AREPAS DE HORNO Y OTRAS GRANJERIAS

Filadelfo Araujo, paisano timotense, a través de su cuenta en facebook denominada “La Ruta del Páramo”, nos obsequia desde la Mérida serrana, diciendo: “Para mis coterráneos, les envió, estás arepitas de horno”. Y la gráfica, nos llena de antojo porque se ven apetitosas, doraditas, crujientes y curiosamente distribuidas en un recipiente sobre las hornillas, sumando más de una docena que esperan por los comensales. Como para despertar más nuestra ansiedad, insiste: “vamos a ver si Regal Ocanto o Ramón Ramírez (también coterráneos), recuerdan, dónde las preparaban”. Prosigue, un tanto descriptivo, Fila: “Mi tía, Victoria Parra y mi Aya, Domitila Paredes, hacían unas geniales. También mi tía Angelina Marquina y Margarita Lobo, las preparaban tan buenas que no necesitaban pasajeros” como “diría Iván Rivera”.

Desde mi aposento en Timotes, añorando la creatividad y los sabores percibidos y degustados, una y otra vez, en nuestras tardes familiares, expreso: “Extraordinarias y exquisitamente inolvidables las de la abuela Margarita”. A la conversación, se suma otro paisano, Regal Ocanto, quien sentencia: “las arepas de horno que recuerdo eran unas con bastante queso que vendía Ramón, el esposo de Angelina” (Montilla) “en plaza Páez” hoy nuestra plaza Miranda. Prosigue nostálgico: “De la abuela Margarita me acuerdo de las mantecadas y los bizcochuelos (infaltables en las paraduras). Otra que también hacía arepas de horno era mi prima Juana Ocanto”. Mientras los recuerdos aparecen uno a uno, Filadelfo ofrece testimonios: “como anécdota, recuerdo, que nos peleábamos (suponemos que en su casa) por las arepas de la señora Margarita Lobo, la abuela de Chuma”. A la conversación se une Rómulo Balmore Montilla, quien expresa: “las mejores arepas de horno, por muchísimos años, fueron las de la señora Margarita, igual que los pastelitos de carne y queso”. Sin esperar mas segundos, se reporta desde la ciudad de las siete colinas Iván Rivera y señala: “la Señora Flora, vía al cementerio (de Timotes) las hacía muy buenas” y agrega también nostálgico José Antonio Picón Briceño, a quien Isbelia aprecia y menciona contantemente en conversaciones familiares, lo siguiente: “comparto con Regal (Ocanto) lo de las mantecadas y bizcochuelos de la Señora Margarita Lobo”, resaltando con mayúscula: “Exquisitas. A mi mamá, Doña Anita y a Tía Florinda, les encantaban”. Entre las emociones surgidas de sentimientos encontrados que evocan lo grato del momento, remata: “Cada vez que íbamos a Timotes visitábamos a Elena e Isbelia y llevábamos para Valera, cuando habían. Igual con las arepas de horno, las comíamos solas por lo bien preparadas. Qué tiempos aquellos!”. Al intercambio se suma una dama Teresa Ramírez, quien amplía la variedad de la añoranza, escribiendo: “Arepas buenas de maíz chiquito y maíz pilao, las que preparaba mi Madre Josefita Ramírez”. Elio Franco también evocador, nos lleva con sus frases hacia lo sentimental, refiriendo: “Qué enriquecedor y maravilloso saber de todos ustedes, además cargados de lindos recuerdos que nos llevan a aquellos años en nuestro amado terruño” refiriéndose al Timotes legendario. Entrega su opinión afirmando: “las arepas de horno, mis preferidas, y también de los míos. Infaltables los bizcochuelos, así como las mantecadas que mi Mamá Ana (Anita Cádenas) de Franco encargaba donde la señora Margarita, Abuelita de Chuma, para la paradura del Niño (Jesús) de mi casa”. Entre otros conversadores, se une con sus palabras Ramón Ramírez, afirmando: “… no duden que con nuestros humildes aportes, vale decir con lo poco (o mucho diríamos) que nos ayude nuestra agotada memoria, iremos suministrando un grano de arena, que aunado a la semántica que los honra, se escribirán grandes folios para la historia imperecedera. Muy cierto, Flora, la mamá de Dulce, y esposa del señor Molina (también elaboradora de arepas de horno), casualmente el horno lo tenía a la vista de todo el que se conducía (o dejaba irse) por la vía hacia el grupo escolar.

También la señora María Cándida Santiago preparó mantecadas de gran calidad y a tres reales cada una”. Con la preocupación a flor de labios, Ramírez, concluye emocionado: “veo que han olvidado las exquisitas y únicas paledonias (también llamadas cucas o catalinas) elaboradas por la señora Margarita Lobo, y las quesadillas y acemas que elaboraba la señora Florentina, Madre de Bernardino, Ramiro y René, entre otros. Además del pan criollo que elaboraba el señor Sixto Santiago, el de la calle Guaicaipuro (de Timotes), a medio cada uno”. Mientras Alice Parra nos antoja diciendo: “que ricas son con bastante queso”, les dejó está información que dice: “recuerdo de niño, ya casi a finales de los sesenta y principio de los setenta, las cuentas de pan que sacaba un Señor Marcelo Cómbita en su pequeña panadería de plaza Miranda. Fue muy famoso su pan “Cachito” que repartía en una bicicleta de reparto, color negro. Por cierto una cuenta de pan implicaba 20 unidades. La panadería de Marcelo dio origen, posteriormente, a la panadería La Criollita del popular Flaco Abel Lacruz”. De nuevo Elio Franco con sus palabras: “En esa década Jesús “Chuy” Franco abrió la bodega “Los Cuatro Vientos” y allí vendíamos el pan del señor Marcelo Cómbita (que) tenía mucha demanda. También allí se vendían los mejores helados, preparados por Majín Franco y mi mamá, en variedad y sabores: moras de allí de la montaña, piña, coco y toddy, los más buscados, yo estaba pequeño pero ayudaba en la atención al cliente. Al lado estaba el botiquín de Don Manuel Villarreal y al frente (estaba) la bodega del señor Paulino Valero”. Por cierto, está bodega funcionó durante mucho tiempo como señala Elio y vale decir que estaba una cuadra abajo de plaza Miranda, por la avenida Bolívar, y un poquito más arriba de la casa natal de Filadelfo, en local propiedad de su mencionada tía Angelina Marquina. La conversación la remata Regal Ocanto con lo siguiente: “eran famosos los panes de Las Uzcategui” refiriéndose a “las niñas Esther y Débora, porque murieron viejas pero niñas, (que ) estaban al lado de Pedro Ocanto (del abasto Los Timotíes) en lo que es la casa de Mayela (Quintero), hija de Ramón Pinocho Quintero; el pan de Ernesto Vivas frente al parque (infantil) de la avenida Guaicaipuro, especialmente el pan blanco que era exquisito y a medio la unidad”.

Finalmente, paisanos conversadores: “Del horno de mi abuela”, otrora obra de arte nacida del ingenio de Crescencio Gutiérrez, quien lo armó en ladrillo y barro, salían apetitosas granjerías: pan criollo, paledonias o cucas, mantecadas de maíz, biscochuelo, acemas, cachito, arepas de horno y otras especialidades de la cocina criolla que inundaban, periódicamente, los mostradores y vitrinas de las pulperías más importantes del pueblo. Pero qué manos prodigiosas amasaban tan solicitadas apetencias? Simplemente era el trabajo de mi abuela Margarita, humilde mujer llegada desde la Piedra Gorda a principios del siglo XX, precisamente a casa de Doña Josefa Araujo, generosa dama que le brindó facilidades para estudiar las primeras letras, efectuar la primera comunión y aprender la elaboración de granjerías tradicionales. La abuela Margarita, asimiló muy bien las enseñanzas de Doña Josefa y muy agradecida tuvo que partir de allí, buscó otros rumbos. El destino le deparó la vieja casona de los Espinoza, donde Don Chui, Padrino de todos, le brindó calor familiar. Allí comenzó, desde que tenía 18 años, a amasar por cuenta propia, labores que realizó durante más de treinta años en el horno de la casa vieja. Sumemos otros diez años, sacando granjerías del horno nuevo, crisol que era calentado con chamiza traída en los hombros de Fabricio Parra, desde las montañas cercanas, recibiendo en pago: un cafecito, paledonias, pan y cinco reales que costaba el tercio de chamiza. Por cierto, era todo un acontecimiento divisar en los caminos de la montaña al cargador de chamiza y seguirlo con curiosidad hasta verlo aparecer por las calles.

Para concretar esas faenas productivas, nuestro personaje, utilizaba algunos instrumentos caseros, confeccionados por artesanos populares, entre los cuales se distinguían: una batea grande, la paleta de madera, varias ollas de barro y cucharas de palo que servían para batir los ingredientes.

Para la abuela Margarita, amasar era como rezar: todo un ritual maravilloso que permitía: ganarse el sustento honradamente, servirle a la comunidad, demostrando sus habilidades para cocinar y sin proponérselo, ganarse un sitial en la historia culinaria del poblado. La calidad de sus granjerías permitió que su fama se regara cual lluvia fresca por los pueblos y ciudades de la región, inclusive del centro del país, sitios donde llegaban bien envueltos los encargos para ser graciosamente servidos y degustados en la popular merienda de las tardes familiares.

Sus exquisitas apetencias fueron muy conocidas, y podríamos afirmar que casi todos los habitantes probaron algo de esa gama peculiar del horno de mi abuela, a tal punto que muchos añoramos hoy la sabrosura del pan, las mantecadas de maíz y las incomparables paledonias, elaboradas, tal vez, aplicando mágicos secretos que le garantizaban un sabor inigualable. Recuerdo que la gente esperaba paciente, en la casa vieja, el divino producto que degustaban los vecinos a distintas horas del día.

En aquella época, el precio de esos productos estaba al alcance de todos: pan a locha y a medio; mantecadas a medio (las pequeñas), a cuatro bolívares las grandes, que por lo general se hacían por encargo para repartirlas en las tradicionales Paraduras del Niño, escenificadas en el mes de enero; igual: paledonias a medio. Su pequeña producción oscilaba entre veinte y treinta cuentas de pan, amasaba cuatro días a la semana, reservando los días sábados para la elaboración de las ricas mantecadas de maíz.

También elaboraba exquisitos dulces caseros, tabletas de coco y papelón, que endulzaban el paladar de la chiquillería.

Posteriormente, la abuela Margarita, se fue a la ciudad buscando mejor vida, dejando a los hijos de Timotes sin las preciadas granjerías. Muchas cosas han cambiado en este Valle, hoy existen empresas modernizadas con muy buena producción de esas granjerías antes caseras, aunque la sencilla viejita elaboró tabletas de coco, dulces y otras apetencias que endulzaron la vida de muchos caroreños. La abuela nunca tuvo ese espíritu empresarial que le sobró a otros paisanos, realidad que pudo permitirle crear su propia empresa, aunque si tuvo la dicha y satisfacción de haber enseñado a tantas personas los trucos de las granjerías típicas, de haber vendido sus granjerías a las principales familias de Timotes y el recuerdo imborrable de interesantes o hermosas páginas en la historia gastronómica del poblado.

La abuela Margarita dejó sus huellas apetitosas en este hermoso paraíso, muchos ni siquiera la conocieron, otros como Filadelfo Araujo, Regal Ocanto, Ramón Ramírez, Teresa Ramírez, Elio Franco y quien susccribe, jamás nos olvidaremos de su figura anciana, cansada pero enamorada de la vida, siempre cordial, ocurrente y conversadora de historias pasadas. Recuerdo las distintas conversaciones donde me describía situaciones curiosas, sucesos, personajes y el accionar de los espantos que en otros tiempos marcaron la vida de nuestros familiares. La abuela Margarita, se alejó de este mundo el 25 de diciembre de 1996, cuando pisaba noventa y dos años de vida.

Representa, por estos detalles, uno de esos valores autóctonos que permanecían en el anonimato y he aquí algo de la esencia de sus arepitas de horno: se elaboraban con harina de maíz chiquito o amarillo, bien finita la masa que se combinaba con queso criollo rayado y se mojaba con huevos criollos que se batían, sin alcanzar el punto de nieve, la amarilla aparte y la clara igual y una miel de panela, bien amasada hasta dar el punto, luego cuando ya se había calentado el horno de barro, se elaboraban redonditas las arepitas de horno y se colocaban en hojas de plátano y se cocían al horno y casi al punto de culminación, se les agregaba nuevamente miel y queso por encima y terminada la cocción, se dejaban enfriar para degustarlas golosamente entre familia. Y como señaló Antonio Picón, al paso del tiempo adquirían más sabor, es decir, se ponían más sabrosas.

“Los Tesoros de la Iglesia” y Algo de Educacion

Cuando afirmamos -con orgullo timotense- que nuestra iglesia es legendaria e histórica es porque nos sobran razones. Veamos: evolucionó de capilla de paja en el antiguo sitio de Mucurujún, donde se evangelizó a nuestros primeros pobladores de estirpe Timotes y Cuica, a Iglesia con paredes de tapia y techo de paja en el período colonial, a iglesia de Santa Lucía, un tanto mejorada, en el período independentista, más tarde a templo de Santa Lucía con una belleza incomparable y arquitectura sin igual durante el siglo pasado hasta, finalmente, convertirse, desde el 24 de mayo de 2003, en basílica menor Santa Lucía de Timotes. Representa -histórica y arquitectónicamente- la construcción más importante del terruño, con más de cuatrocientos años de historia. Nuestros paisanos, a lo largo del tiempo, se han empeñado en mejorarla artísticamente hasta convertirla en la joya de monumento que hoy disfrutamos con su torre única, espacios indescriptibles y su frontis admirable. Si destacamos la belleza interior de esos espacios tan sagrados, podemos parafrasear al desaparecido y entrañable Jesús María Chui Rodríguez, en cuanto a los tesoros que guarda la Iglesia Santa Lucía de Timotes, aspecto que nos proponemos destacar en esta Conversación ENTRE Timoteros.

Filadelfo Araujo introduce el tema con la devoción familiar al Santo Negro Benito de Palermo, haciendo gala de una serie de remembranzas que reafirman la devoción, legado de padres a hijos, y que todos nos empeñamos en mantener. Engalana el espacio con una gráfica del hermoso Altar a San Benito, construido por encargo de Don Florencio Uzcátegui, en otros tiempos, el cual fue concluido y bendecido solemnemente y que destaca en la nave lateral derecha de nuestra basílica menor Santa Lucía, convirtiéndose en un icono de la devoción popular a San Benito. Dicho altar es modesto pero llamativo y está construido (incrustado) en la propia pared de la basílica. Sobresale una especie de nicho que integrada y adornada con columnillas y detalles decorativos, en formas y sostenidos en base de concreto salpicada de grises, con motivos decorativos dorados y donde destacan integralmente combinados colores como el verde oscuro, blanco, dorado y marrón, presentando dos ángeles que custodian la imagen de San Benito, la cual yace perfectamente instalada en espacio ideal coronado por la cara y alas de un angelito en dorado sobre detalles horizontales donde descansa un cáliz y limita una cruz en blanco y donde podemos leer en letras blancas: “Costeado por Florencio Uzcátegui Año 1944”. Y suplica convencido a Ramón Curita Ramírez que amplié la información “…lo que representa y un poco de historia, lo que recuerde de la basílica menor” (Santa Lucía de Timotes), donde “cada arco fue donado por algún coterráneo benefactor: Don Florencio Uzcátegui, Ismael Villarreal, Pablo Pizzani, entre otros” remata afirmando: “…este lugar que no recuerdo cómo se llama y que se ubica entre ambas naves de la iglesia, fue donado por Don Florencio, abuelo de nuestro amigo Antonio (Uzcátegui)”. En clara alusión al altar mencionado de San Benito.

De inmediato, al percatarse del asunto, Regal Ocanto ofrece sus impresiones: “Esos arcos fueron edificados gracias a los aportes de la gente “pudiente” de la época” y corrige respetuoso, haciendo gala de sus recuerdos: “el sr. Pablo Pizzani no figura entre ellos” y evocador continúa: “los ya mencionados (junto a) Hipólito Sarache y otros que no recuerdo. Por esa razón, es que ellos tenían el privilegio de llevar los estandartes en las procesiones y tener un lugar privilegiado para oír misa”. Al leer las evocaciones de Filadelfo y Regal, escribo lo siguiente: “…coincidimos en esa extraordinaria devoción al Santo Negro Benito de Palermo, sus favores nos acompañan siempre” y detallando la gráfica del Altar a San Benito, les expreso: “No tengo esa dicha de ser vasallo pero soy ferviente devoto y ofrecí mis hijos, consecutivamente, por su salud y sus éxitos y vaya que los bendice nuestro Negrito. Así cada 29 de diciembre, le rendimos tributos como ningún otro pueblo lo hace” y remato: “Bendícenos San Benito”.

Para hacer más interesante nuestra conversación, desde su aposento en Timotes Carlos Pica Pérez señala: “El presbiterio o altar mayor acaba de cumplir 100 años, el (pasado) 22 de febrero”. Ratifico lo de Carlos y les dejo como anexo, a mis paisanos, un escrito de los 100 años del presbiterio.

Leída esta importante información, vuelve Regal Ocanto con su verbo, señalando: “Yo fui Giro o vasallo de San Benito durante varios años por una promesa de mis padres. El San Benito que está arriba en la capilla, fue donado por un Señor de Valera que tenía una panadería, el señor Teotiste y le decían Don Tiste”. Al fin, Ramón Ramírez, acepta la invitación de Filadelfo y entrega su discurso lleno de recuerdos que solo él sabe evocar en los siguientes términos: “Los arcos con capiteles corintios (quiere decir elementos arquitectónicos clásicos de Corinto, el cual le dio prestigio al arte griego) no fueron edificados por las personas que allí (en los arcos internos) se indican, fueron costeados, y uno solo el arco central fue donado por Don Gregorio Romero” en el año 1914. Y continúa: “…estas personas sufragaron la construcción, solo se refleja el nombre de una dama, quien también costeó un arco. Vale decir, pagaron la construcción”. Deja los arcos de la iglesia y con su palabra nos lleva al pasillo lateral que precisa la gráfica, diciendo: “Don Florencio Uzcátegui pagó la construcción del altar donde se encuentra San Benito, y allí se indica su nombre”. Más que aclarado el asunto del altar, nos entrega otras informaciones interesantes, dice: “importante resulta comentar que el Presbítero Jesús Alfonzo Albornoz, hermano de Octavina (Albornoz) hizo una ardua campaña para la adquisición de las campanas que eran tres: la más grande, creo que costó 2.500 Bolívares y fue donada por el concejo municipal de Timotes. Eso está grabado en la campana, era presidente, si mal no recuerdo, el señor Pánfilo Briceño. La segunda o mediana, se compró con los aportes que hizo el pueblo de Timotes. Y la tercera, la más pequeña, cuyo valor fue de 500 Bolívares, la donó Florencio Uzcátegui”. Pero curioso, Ramón, sigue ampliando nuestra historia y plantea: “he tenido la intriga de saber dónde se encuentran, los primeros libros que se llevaban en la iglesia”, sin duda que se refiere a los libros de gobierno parroquial donde se asentaban bautismos, matrimonios, defunciones y aspectos de la dinámica parroquial. Detallista en su información, sostiene: “lo afirmo porque los tuve en mis manos. La portada era de cuero de ovino, y no sé cuál fue el destino de estos libros, tenían una data de 1627, y recuerdo que en uno de ellos se leía (en castellano antiguo) en el dia de hoy, yo, bachiller… del Berrrio, bautifé, así como lo escribo: bautifé a un párvulo de la Encomienda de … en otro recuerdo haber leído: Yo, Cura Párroco de Santa Lucía de Timotes, di cristiana fepultura (sic) con “F” a … fulana de tal, viuda y sin derechos.

Como bien comprenderán para aquella época existían los repartimientos y encomiendas. Eso lo aprendimos a través de Maritza Uzcátegui de Nava, con el libro del hermano Nectario María y allí se trataba de los repartimientos y encomiendas. Aunado a esto, Timotes fue una comunidad de repartimientos como importante resulta conocer por qué se le denominó El Resguardo. Esto lo aprendí del señor Giorgio de Polo, en la época de la colonia y para proteger las tierras de los timotocuicas y evitar que pasaran a manos de los terratenientes, se creó El Resguardo, es decir, para resguardar y en el área del Paramito…estaba la élite de los aborígenes TimotoCuicas, se constituyó por real decreto, la mancomunidad, vale decir el mancomún, lo que significa que esas tierras jamás podrán ser cedidas, traspasadas o enajenadas, solo pasarían y se transmitirían de generación en generación”. Siempre entregado al detalle para que todos logremos aprender y valorar lo nuestro, agrega: “Existen aún generaciones de auténticos TimotoCuicas, raza pura, tales como los descendientes del Señor Guillermo Franco, Benito Franco, hermano de Tomás Franco, el del Garabato. Los descendientes del señor Alejandro Araujo: Máximo, Hugo, Emiro, El Gato Martín. La familia de uno que se llamaba Eustropio, quien falleció en la cárcel de Mérida y fue velado en casa de Laureano Paredes, el esposo de la Señora Epifania, en la calle Motatán” que son los padres de Timoteo Paredes. Sin olvidar las ideas iniciales en torno al valor de lo contenido en los libros mencionados, remata: “estos libros nos darían una excelente orientación, toda vez que la jurisdicción de Timotes, comprendía, además (según leí) el poblado de Escuque para que tengan una noción de la gran extensión territorial que poseía nuestro pueblo. A medida que surjan nuevas ideas, las iré transmitiendo… por los nombres no se preocupen, estos aún se conservan en los arcos, aunque uno que otro, tiene las letras desprendidas, pero se puede leer, uno de ellos fue costeado por los “Señores Rivas Hermanos” refiriéndose exclusivamente al séptimo arco del lado derecho.

Para ampliar nuestro intercambio, agrego lo siguiente: “en mi libro “Anécdotas y Tradiciones de Timotes” están incluidas como anexo, unas notas del desaparecido escritor y docente Jesús Chui Rodríguez Marquina, titulado “Los Tesoros que Guarda la Iglesia Santa Lucía de Timotes”, donde refleja los nombres y apellidos de los hombres y mujeres de aquella época que contribuyeron sucesivamente para la construcción y ornamentación de nuestra iglesia hoy basílica menor Santa Lucía de Timotes”. Y en torno a las interrogantes formuladas anteriormente, les dejo: “queridos paisanos, esos libros antiguos de gobierno parroquial, fueron recogidos por las autoridades eclesiásticas de la Arquidiócesis de Mérida y reposan seguros en el flamante y casi inaccesible Archivo Arquidiocesano de Mérida y en verdad que su contenido es un tesoro bien valioso para la reconstrucción de nuestra historia local. En el mismo orden, forman parte del Museo Arquidiocesano de Mérida, algunos bienes que también fueron recogidos en otros tiempos, figurando las campanas antiguas de bronce que colgaron, durante años, en la torre de nuestra iglesia hoy basílica menor Santa Lucía de Timotes”. Cierro con estas palabras: “ninguna letra está desprendida, recordemos que nuestra basílica menor recientemente fue restaurada con artístico empeño”. En cortas frases, Ramón Ramírez agrega “creo que en uno de los arcos se indica el nombre del señor Hipólito Sarache” y Carlos Pérez atento replica: “así es”. Mientras Regal Ocanto afirma “que no sabía lo de (su) libro” que le “gustaría leerlo para conocer más de nuestro Timotes”. Continúa nuestra conversación, y al paso del tiempo agrega Ramón Ramírez, nuevos datos, con frases elocuentes: “En otro orden de ideas…en una oportunidad en que estuvieron Benito Ramírez, el hijo de Antonia, hermano de Julio Ramírez y de Alba, con Luis Vergara, hijo de Alfreda y hermano de Ramona Vergara, quien fue la primera secretaria del liceo Francisco de Paula Andrade, (estaban) cazando pichones en el cielo raso de la iglesia, se desprendió una lámina. Luis cayó, Benito, dicen, le cayó encima y Luis falleció. Eso fue en la época del Presbítero Octavio del Carmen Rincón Santos, quien donó la tumba, (por cierto) se encuentra a mano derecha por la vía principal del cementerio de Timotes”. A estas informaciones, agrego: “si efectivamente hay un arco con la inscripción “Costeado por los Señores Hipólito Sarache e Ismael Villarreal”, es el tercer arco del lado derecho en el interior de la basílica menor Santa Lucía” y en cuanto a los hechos, escribo: “Esa vivencia convertida en anécdota es famosa en nuestra historia local, dicen que de allí le dimano, dijera mi abuela, el problema en las piernas al amigo Benito Ramírez. Mucha gente recuerda eso”. Por su parte Regal Ocanto, atento establece: “Es un absurdo que esos documentos sean una propiedad privada de la arquidiócesis pues son parte de nuestra historia” y remata Ramón Ramírez, en clara alusión a mi persona: “pienso que tu no habías nacido para esa época, pero fue un hecho muy comentado, es una altura que excede los cuatro metros. Esto aconteció para los inicios de los años sesenta”. Sin equívoco, soy de mucho más acá de esa década.

Ramón Ramírez, impetuoso introduce otro tema, veamos: “Existe algún material sobre las maestras, maestros y profesores del grupo escolar Canónigo Uzcátegui, tales como el Director Aurelio Barrios, el Director Tobías, Doña Clori, Miriam de Matos, Carmen Pérez, Justina Ocanto de Vergara, Merceditas, Olga, Aida, Marina Gómez, Leticia Gómez de Araujo, Hugo Elías Reyes Barón, Julio César (Ramírez) Rafael María Jérez Espinoza, Doña Quintiliana Ovalles de Jérez, Celina Ovalles, Maritza Uzcátegui de Nava, Rosalía Peña, Elina Perdomo…quienes fueron y aportaron con su labor, ejemplo de enseñanza para nuestros condiscípulos. A propósito de Doña Justina, te envié una publicación que hice con motivo de “las condecoraciones del retorno”. Además te enviaré un acróstico que le hice a Doña Justina Ocanto de Vergara, cuando me enteré de su fallecimiento… No olvides que todo lo que abunda no estorba”. En torno a los libros también opina: “deberían estar en el archivo general de la nación para que todos tengamos acceso”. Regresa Filadelfo y opina: “Nuestro Amigo Jesús Rodríguez, docente, historiador, mejor amigo, cierto que escribió en referencia al tema. Se nos adelantó en el camino pero siempre que hablábamos hacía referencia a Chuma, a quien quería como un hijo y discípulo, por tanto soy testigo fiel de nuestro águila negra como le decíamos de jóvenes”. Agrega emocionado: “qué memoria Ramón, tus relatos y conocimiento de nuestro pueblo querido, me hacen sentir orgulloso del gentilicio…Entre Chuma, cronista y tu también cronista y nuestro buen amigo Regal, nos regalan testimonio puro de pertenencia”. Aprovecho de aclarar que “efectivamente yo no había nacido al momento del accidente” descrito por Ramón Ramírez y prosigo: “de todos modos está muy interesante nuestra conversación y propongo crear formalmente ese espacio titulado Conversaciones ENTRE Timoteros”. Regal Ocanto hace gala de sus evocaciones y señala: “Siempre recuerdo a mi madrina Justina Ocanto a quien varias veces visité en Las Mesitas (entiéndase Las Mesas de San José) cuando era maestra en ese campo y Pedrito, su hijo, tenía como cuatro años de edad. De los maestros de la escuela (guardo) grandes recuerdos. Recuerdos del Profesor Joel Molina Moros y Roberto Colmenares, quienes vivían en la pensión Táchira que era la casa de Pedro (Onésimo) Araujo, el papá de Noel y Marina. También recuerdo a la maestra Ligia Pinzón Chacón que me dio cuarto grado pero (recuerdo que) enseguida la trasladaron creo que a San Cristóbal”. Ramón, ya decidido, responde de nuevo: “Muy acertada tu proposición. Cuenta con mi apoyo, personalmente me emociona y me motiva conocer sobre nuestras raíces, referirte a algunas anécdotas que me refería la señora Cándida Santiago, mujer de gran lucidez y abuela de Emiro Santiago, hermano de Iván y William Rivera, todos hijos de Sara”. Ante estas palabras alentadoras, escribo: “En el mismo libro que les mencioné incluí una nota homenaje a Doña Justina Ocanto de Vergara, mi entrañable y admirada maestra de tercer grado en el grupo escolar Canónigo Uzcátegui. Don Rafael María Jerez Espinoza era nuestro pariente y recuerdo que estaba de director cuando yo estudié de primer a tercer grado. Algunos atrevidos le decían, y vaya que nuestros paisanos timoteros son buenos para colocar sobrenombres, le decían “Flecha Veloz”. Fue este maestro quien en vida inició los actos homenaje a nuestro bisabuelo Don Chui”. Ramón Ramírez también opina al respecto agregando: “cuando ingresó como director tenía un hilman arrow azul, posteriormente se compró un dodge dart blanco, también algunos le decían “Patas de Acema”, no sé si era por la forma de caminar o por los zapatos que usaba, quien también era pariente del famoso locutor de Radio Caracas Televisión Ramón Rivas Jerez”. Agrego al instante: “si recuerdo del vehículo blanco y de la lentitud y sumo cuidado con que se desplazaba por las calles de Timotes, recuerdo que vivió junto a su familia donde actualmente está la sede de la GNB”. Vuelve a escribir Ramón Ramírez con picardía: “se desplazaba a diez kilómetros por hora, dicen, que tardaba media hora, aunque creo que exageran, entre la Casa Rural, hoy comando de la guardia nacional y el grupo escolar. Era una persona, porque traté varias veces con él, con un amplio léxico, una gran capacidad de redacción y gracias a él y con su ayuda, redacté las misivas para laboratorios pulmobronk, laboratorios Berhens, laboratorios Bayer, Vargas, Merkofasa, Substantia, Klinos para solicitar colaboración y dotar los laboratorios del recién fundado liceo de Timotes, visto que no se había nacionalizado y para pagar a sus profesores se hacía con los tributos que pagaba la lotería de animalitos, siendo presidente del Concejo Municipal Benito Ramírez, el de Pueblo Rosado”. Filadelfo también atento a la conversación agrega: “Mis Maestros en el Canónigo Uzcátegui: 1º Marina, 2º Leticia, 3º Justina, 4º Leonor, 5ª Maritza y 6º Hugo. Qué tal Ramón, coincidimos en alguno?”. Desde Valera se reporta Elio Franco y escribe: “…crear esta comunicación fue una idea maravillosa y nuestro pueblo es un filón rico en historias que irán saliendo en la medida que este aceite vaya aflojando esas tuercas de nuestra memoria. Saludos hermanos”. Se une José Miguel Monagas, escribiendo: “…allí también está el nombre de mi bisabuelo Eudoro Quintero” ante lo cual respondo: “hay un arco, segundo a la izquierda, que fue costeado por los hermanos Quintero A. En el mismo orden, queridos paisanos, aparecen los nombres de varias damas de la época que contribuyeron a costear la construcción de los arcos, así tenemos Bartola de Cavalcanti, Eladia E. de Araujo y Francisca Carrillo de Rivas” lo cual contribuye a aclarar las dudas del amigo Ramón Ramírez. Regal Ocanto agrega dudoso: “Hay también un arco costeado por un militar de la época, un general, pero no recuerdo nombre ni otros datos, sería bueno averiguarlo” pero como estamos atentos a la conversación, la duda queda saldada con esto: “ Saludos amigo Regal, estas en lo cierto, es el sexto arco del lado derecho que fue costeado por el general Evaristo Méndez, fundador de la posada Méndez y padre de Don Pablo Marcial Méndez, esposo de mi pariente Doña Asunta Espinoza de Méndez” (que era hija de Don Ramón Espinoza, el de la casa de la esquina Sur-Este de plaza Bolívar en nuestro pueblo). Por cierto Regal “estoy construyendo la página Conversaciones Entre Timoteros en mi cuenta de facebook Jesús Chuma Espinoza, les avisaré para invitar (a participar) a nuestros paisanos dispersos por el mundo”. A lo que Regal responde: “muy buena iniciativa Chuma y cuenta conmigo para intercambiar pareceres y ya más adelante te contaré otras facetas de este timotero que tanto anhela su tierra y a la cual también mis hijos y esposa adoran pese a que son de Caracas pero yo les inculque ese sentimiento…Chuma …ya me acordé de Mauro Espinoza tu padre, a veces andabamos juntos cuando yo lo veía que andaba con el flower cazando pájaros en el callejón de la casa vía hacia el rio, claro Mauro era mayor que yo varios años”.

Finalmente queridos paisanos, Ramón Ramírez escribe: “honor y gloria merece esa abnegada maestra, a quien le di el título, haciendo mención a una encíclica, de MATER ET MAGISTRA” y entrega su discurso poético que engalana nuestra conversación, en los siguientes términos:

Justina, / Hace honor y enaltece su nombre / Ungida /

por el amor a sus semejantes / Sabia y / discreta como elocuente / primavera /Talentosa / como abeja en su colmena / Insigne / ante el pueblo y su familia /Nube de / dulzura al alumno y coterráneo / Amiga / incansable del bien al peregrino /Digna / Maestra de párvulos andinos / Emprendedora / y generosa entre los suyos /Lúcida / hasta el momento más postrero / Cariñosa / como el alba matutina /Abnegada / sin igual como docente / Rozagante / cual pétalo del lirio más florido /Majestuosa / y sencilla como madre pueblerina / Encantadora / entre amigos y paisanos /Ninfa / de las aguas del frio arroyo andino / Ostentó / usted un alma noble, tierna y / generosa / Cándida / de amor por la enseñanza / de su pueblo / Acuciosa /

en el cumplimiento con su vida / Nítida, pulcra y transparente / como el agua de Ño Ana

/ Triste / ante lo injusto, lo innoble y lo / profano / Orgullosa / de sus hijos y vecinos /Dichosos / y orgullosos, nosotros en otrora / sus alumnos / Encantados / por haberla tratado y conocido / Vida, paz y dulzura que emanan / de sus ojos / Entre zarzas cristalinas regias y / Cabellos arrogantes / Risueña va su alma sin prisa / hacia lo etéreo/Grandiosa cual si fuera la más / alta / montaña / Agradecido como alumno / le dedico este Homenaje / Recordando la dulzura eterna / de su alma / Andariega hasta su última / y póstuma morada. ( Autor: Ramón “Curita” Ramírez).

Ante semejante sorpresa que llena y enaltece nuestros valores y expresa sentimientos de agradecimiento hacia lo perdurable, escribo para cerrar esta conversación entre paisanos: “Ah extraordinaria manifestación lírica que estaremos leyendo y analizando en nuestro Colectivo Literario La Gaviota. A vuelo de pájaro es muy buen escrito, a propósito, amigo Ramón, quisiera tener detalles biográficos suyos porque sabemos poco y en verdad con lo poco que hemos intercambiado percibo todo un dechado de virtudes, mucho conocimiento de causa y la inteligencia del timotero genuino que expresa, comparte, enseña y valora sus raíces”.

7.2.1.- PRIMER CENTENARIO DEL PRESBITERIO

La construcción definitiva del templo de Santa Lucía, casi con las mismas características actuales, se emprendió en el año 1911, bajo el gobierno parroquial del ilustre sacerdote tachirense Buenaventura Vivas, a quien se consideró como el Forjador del Progreso local. Gracias a sus gestiones, Timotes le debe gran cantidad de obras públicas que lo situaron como uno de los principales centros poblados de la Venezuela gomecista. Desde el año 1910, el templo parroquial se encontraba en condiciones muy precarias para oficiar los ejercicios espirituales de rigor. Había la necesidad de contar con un sitio más amplio y cómodo donde se pudiera reunir la feligresía con el fin de continuar predicando las enseñanzas bíblicas del Divino Maestro. Ante algunas noticias como esta: “Nuestro viejo templo… está casi en ruinas y muy estrecho”, Monseñor Buenaventura Vivas comenzó una gran campaña pro-reconstrucción del templo parroquial. Sin pérdida de tiempo, organizó un frente de trabajo, procedió a difundir la idea, convocó voluntades y sensibilizó sobremanera a nuestra población. Esta ardua tarea se inició con la distribución de una postal impresa que mostraba el proyecto original del templo que se intentaba construir. En el mismo orden, dicha postal, llevaba impreso un bellísimo Soneto, de autor anónimo, que exhortaba poéticamente a los fieles a contribuir económicamente para cristalizar la obra arquitectónica. La postal fue vendida a los vecinos y transeúntes, y los ingresos recogidos representaron el capital que marcó el inicio de los trabajos. La tarjeta, además, fue un hermoso recuerdo que muchos guardaron con recelos en sus archivos familiares.

Además de esta acción, se recolectó dinero y diversos materiales, aportes y donaciones de varios hijos y amigos de Timotes. Las distintas familias, se unieron progresivamente a las acciones del Sacerdote. Algunas enviando contribuciones en dinero para la compra de los materiales y otras ofreciendo comida suficiente para los obreros voluntarios que allí laboraban. También se lograron algunos aportes del gobierno nacional, pues existía un vínculo amistoso muy estrecho entre el padre Buenaventura Vivas y el general Juan Vicente Gómez. Igualmente, se sumó mano de obra voluntaria y otros requerimientos para iniciar formalmente, el día 17 de junio de 1911, la anhelada y urgente refacción del templo de Santa Lucía de Timotes.

Bajo la dirección del maestro Albañil José Vicente Chente Torres, arquitecto popular proveniente de Ejido, estado Mérida, arrancaron los trabajos de reparación y ampliación del templo de Santa Lucía, hoy basílica menor del mismo nombre. El maestro Chente Torres, logró paciente y artísticamente, darle forma espectacular y belleza única a la iglesia. Estuvo secundado por otro maestro de obra, cuyo nombre fue Antonio E. Lacruz, quien compartió poco tiempo tan artística y creativa responsabilidad. Los escritores timotenses Dr. Hugo Rivas Franco y Eduardo Villarreal Araujo coinciden en destacar a Pedro Rafael Márquez alías “Ventarrón” como el peón de mano del maestro Chente Torres. Afirman convencidos en sendos escritos: su eficiencia, fidelidad y meritoria labor en la grandiosa obra que nos ocupa, como fue la anhelada construcción. Los mencionados trabajos se desarrollaron desde el año 1911 hasta el año 1929, y en varias oportunidades se vieron paralizados por diversas razones: en ocasiones lluvias, en otras la falta de recursos económicos, materiales y la escasez de mano de obra voluntaria. Aunque todos esos obstáculos fueron vencidos con grandes sacrificios por el Padre Buenaventura Vivas (artífice del ambicioso proyecto) y quienes apoyaron decididamente la obra, cristalizándose al tiempo, la majestuosa empresa que consistió en levantar, casi desde sus ruinas, ese templo extraordinario que hoy admiramos. A propósito, podemos señalar los daños ocasionados al presbiterio del templo, en junio del año 1913, cuando se sucedieron fuertes lluvias, se desbordaron varias quebradas y creció el río Motatán, sembrando terror y preocupación entre nuestros habitantes. Cuenta la historia que la peligrosa quebrada Ño-Ana de Zaraza se desbordó y corría por la calle de Los Hoyos o avenida O´leary, causando diversos daños en el cementerio viejo y en la parte trasera de la iglesia de Santa Lucía, afectando considerablemente el presbiterio. Sin embargo, los esfuerzos se doblaron extraordinariamente y Monseñor Buenaventura Vivas continúo desarrollando campañas, al paso de los años, para concretar la obra.

Visitó los distintos hogares timotenses, luego emprendió el recorrido por los caseríos en procura de más recursos económicos y materiales para continuar. Más tarde, viajó a la capital de la república: Caracas, igualmente viajó hasta Mérida y a otras ciudades del país, solicitando en organismos públicos y a particulares de buena posición económica algunas ayudas para el mismo fin. Monseñor Buenaventura Vivas siempre regresaba con buenos resultados, aspecto que garantizaba continuar adelante con el proyecto.

Los esfuerzos de este sacerdote, empeñado en mejorar la casa de Dios, secundado por el apoyo masivo del pueblo, vieron el primer fruto de sus acciones como fue: la conclusión de varios arcos internos, costeados abnegadamente por algunas familias pudientes de la comunidad y la terminación definitiva del presbiterio en el año 1915. Por tal y como acción estimulante, se decidió inaugurar solemnemente el nuevo presbiterio del templo, el cual es el espacio que destaca en torno al altar mayor der la iglesia, y se escogió un día 22 de febrero de 1916, hace exactamente 100 años, cuando justo se celebraban las Bodas de Plata Sacerdotales del Padre Buenaventura Vivas, para tal fin. Se designó como padrino de honor al ilustre escritor Don Tulio Fébres Cordero: Patriarca de la Letras Merideñas.

Así tenemos, que el 22 de febrero del año 1916, desde tempranas horas de la mañana, nuestro gentilicio se vistió de fiesta. Hubo repique de campanas, quema de pólvora y a eso de las diez de la mañana, el presbítero Dr. Trinidad Colmenares, religioso designado por Monseñor Antonio Ramón Silva, Obispo de Mérida, acompañado por el séquito de religiosos presentes, las autoridades civiles y militares del distrito, junto al Flamante padrino, sus familiares y amigos y un gran número de feligreses, participaron en la solemne bendición del presbiterio del templo y de la solemnidad eucarística donde se celebró, por todo lo alto, las mencionadas Bodas de Plata Sacerdotales del padre Vivas.De esta forma, en medio de la alegría cristiana y cumpliendo los rituales solemnes establecidos por la Santa Iglesia, se concretó el primer logro de un proyecto difícil que aún costó largos años para terminarlo, gracias al tesón y constancia del sacerdote mencionado y del pueblo en general. De este acontecimiento hace ya cien años, hoy cumpliendo con algunas actividades especiales y solemnes que coinciden con la celebración del año jubilar de la misericordia y la celebración de los ocho años de la Ordenación Sacerdotal del Presbítero Amilcar Lobo, actual Rector de la Basílica Menor y cura párroco de esta importante parroquia de Santa Lucía de Timotes, celebramos tan digno acontecimiento destacando un presbiterio de lujo, donde resaltan: el ara sagrada, donde prelados y religiosos celebran la Santa Eucaristía; al fondo la sagrada imagen de Santa Lucía, en su bello altar que descansa sobre columnillas de mármol; en lo alto, justo desde el centro, se desprende extraordinaria lámpara de cristal con incrustaciones de oro, donada en otro tiempo por el gobernador Florencio Porras; al fondo del altar, el fresco pictórico del triunfo de Santa Cecilia y por los cuatro costados, los frescos de los cuatro evangelistas, obra del pintor italiano, transeúnte de otros tiempos, P. Perissi; el piso de dicho recinto, ya no son mosaicos de ladrillos alineados sino placas de mármol que le dan esbeltez y suprema belleza; y al fondo, donde está la sacristía, destaca el museo Monseñor José Sótero Valero Ruz.

El arreglo definitivo de nuestra iglesia, continuó entre 1916 y 1929, bajo el gobierno parroquial de Monseñor Buenaventura Vivas. Incluso culminada su torre en el año 1929. Mientras otros trabajos de mejoramiento, los llevaron adelante varios sacerdotes, siempre con la ayuda del pueblo progresista. A saber, lucharon con esmero: Presbítero Licenciado Octavio Rincón Santos, Hermógenes Yebra, Presbítero Humberto Mora, Presbítero Víctor Manuel Angulo Peña, Presbítero Licenciado Pablo Olivo León Uzcátegui y Presbítero Amilcar Lobo, quien desde inicios del año 2016, se empeña, junto a hombres y mujeres progresistas de buena voluntad, a mejorar el techado de nuestra basílica.

Por tales acciones, hoy nuestro templo, en el Primer Centenario del Presbiterio, es uno de los más hermosos del territorio, su arquitectura es admirable, su torre es única en el país, por lo que ahora más que nunca y con gran orgullo lo consideramos nuestro principal Monumento Histórico, lo cual nos compromete a cuidarlo y vigilar su estado en todas sus dimensiones. A cien años de la solemne bendición del presbiterio, demos glorias y alabanzas a Dios por sus bondades y palabras de reconocimiento a todos los hombres y mujeres que han contribuido a crear y mantener esta obra maravillosa que ha evolucionado desde la humilde capilla de paja a esta majestuosa construcción denominada basílica menor Santa Lucía, donde juntos como hermanos, podemos exaltar la existencia de Dios padre.

El Corredor de la Casa de las Melani

Filadelfo Araujo, siempre acucioso, coloca para admirarla, una foto de la iglesia Santa Lucía de Timotes, donde se muestra imponente, artística y olorosa a antigüedad. El conjunto arquitectónico, en pleno centro del otrora sitio de Mucurujún, lo integran armoniosamente: su torre altiva geométricamente octogonal, frontera diría Don Pedro Pablo Paredes. Está conformada por cuatro partes que decrecen a medida que se eleva hacia las alturas y una muy particular cúpula que corona con su pararayo. En la última parte de la torre, divisamos el reloj de nuestra iglesia, visto desde el Sur, que justo marcaba las 9 y 40 de la mañana; su frontis espectacular, coronado por una capillita que completa una cruz y sus paredes frontales artísticamente adonadas, donde sobresalen las dos puertas laterales de madera y la puerta principal, también labrada en madera antigua por Don Mateo González. Ennegrecidos grisáceos y blancos envejecidos sobresalían para deleite de lugareños y visitantes.

Justo al lado de abajo, pegada a la iglesia, se aprecia la casa de las Melani, damas sobrevivientes del matrimonio conformado, a finales del siglo XIX, por José Melani Diverci y Elena Romero Bustamante. Esta casa fue habitada, en otros tiempos, por los mencionados esposos y sus descendientes: “Ana Lucía Elisa, María Elena Cleotilde, Elba Filomena, José Alberto y José Humberto, familia de origen italiano” que nos describió Joaquín Bustos en su página de facebook “Remembranzas de Timotes”. Para la época de la gráfica, años 50, sobrevivían varias hermanas, lo cual originó el reconocimiento público como Las Melani, quienes ocupan un lugar en nuestra historia por ser las pioneras en la confección del típico turbante, usado por los vasallos de la comparsa de los Giros en las fiestas de San Benito. El espacio siguiente, ubicado en la esquina de la iglesia, era la prolongación de la legendaria casa de corredor de las Melani, donde siempre hubo actividades comerciales y donde llegaban los viajeros, desde diversidad de sitios, con sus arreos de mulas siempre cargados de alimentos y otros artículos para la venta. Dicha esquina, para la época, era ocupada por Don Quevedo Araujo, padre del reconocido comerciante Don Teófilo Araujo, ya desaparecido. Don Quevedo atendía a propios y extraños, ofreciéndole variedad de víveres, granos, mercancía seca, granjerías criollas, artículos de ferretería, urnas para párvulos y adultos, quincalla, productos agrícolas y farmacéuticos, juegos pirotécnicos, licores, revólveres y cápsulas y cualquier otra apetencia de aquellos días porque expendían comida a los visitantes. Dicen que cuando no había clientes, en el corredor externo, que estaba techado y sostenido por cuatro palos, más de uno pasaba sus borracheras, otros se resguardaban de la lluvia, algunos fumaban y mascaban chimó y los más participaban en sendas conversaciones mientras Don Quevedo en su silla recostada cumplía con su siesta, sin que nadie perturbara o se atreviera a cometer algún delito. En dicha “pulpería y en su corredor, se reunían los camaradas y amigos a tomar aguardiente, fumar cigarrillos, masticar chimó y oír los chistes y cuentos de alto significado del célebre Don Bartolo Araujo, que terminaban en largas y estruendosas carcajadas” como lo describió Don Ramón Peña en su libro Conceptual. Cuentan que en la misma ponchera donde el pulpero lavaba su cara y sus manos, hacía la limpieza de los vasos en que servían las bebidas refrescantes. Al frente de la casa de corredor, en la esquina donde actualmente yacen los kioskos de la calle del hambre y la parada del transporte público, se observa la vieja casa cural con sus ventanales y techos de tejas a cuatro aguas. Inmueble que perteneció a Monseñor Buenaventura Vivas y donde se alojaron sucesivamente nuestros sacerdotes hasta la construcción y puesta en servicio de la nueva casa parroquial edificada donde estaban la Casa de las Melani y el mencionado espacio para la pulpería, con su corredor o espacio abierto frente a la plaza o la calle, en cuyo corredor también se podía amarrar la bestia de silla o de carga mientras se compraba o se vendía.

Igual destaca solitaria la actual avenida Miranda o calle de la iglesia como solían nombrarla nuestros antepasados. En este contexto estrictamente pueblerino, de ambiente nublado, comienza esta conversación en los términos siguientes: nuestro paisano Regal Ocanto, evocador señala: “Ahí se ve la casa de las Melanis. Lo que fue la bodega de Don Quevedo y la casa cural en la esquina. Qué de tiempos pero aún lo recordamos como nuestro querido pueblo de Timotes”. Mientras Ramón Curita Ramírez, cuenta: “oportuno es recordar que en la casa de “las Melanis”, existía un salón donde la señora Mery de Parra (esposa de Panchito) empezó a dictar clases de mecanografía; por cierto una de las alumnas era Silvia Ocanto, hija de Casimiro, y la casa cural estaba ocupada por el Presbítero Octavio Rincón, luego le sucedió Alfonso Albornoz, posteriormente fue ocupada por el Padre Jesús Angel Sulbarán, hasta que llego Delfín Ovalles Franco quien construyó la casa parroquial y el cine Chamarú”. Efectivamente, en los años sesenta, el progreso dio al traste con esas joyas coloniales de la arquitectura tradicional y mostraron su nuevo diseño la casa parroquial y lo que fue el cine Chamarú, donde muchos acudimos a detallar las principales propuestas de la cinematografía mundial. Por cierto, a esta corta conversación, debemos agregar la extraordinaria añoranza que nos dejará el escritor y docente Don Rafael María Jerez Espinoza, en ocasión de exaltar el significado de nuestras casas coloniales, en su escrito: Timotes Colonial, destacando “las casa con corredores exteriores acaban de desaparecer en nuestro Timotes. Cuando nuestros paisanos regresen a su pueblo contemplarán con tristeza…que el corredor de la casa de las Melani, último sobreviviente, ya no está. Recordaremos por algún tiempo que el 12 de noviembre de 1968 fue demolido por una máquina para preparar el terreno donde la iglesia construirá una moderna Casa Parroquial. Allí ya no se montarán vendimias ni bazares en los días de las “fiestas grandes”; ya no se pararán los vendedores de lotería…a esperar a los compradores de la suerte; ni tampoco se detendrán los amigos a conversar sobre sus cosechas o sobre generalidades familiares”.

La Piedra de Maria Lionza

Siempre Filadelfo Araujo, introduce la temática, escribiendo: “recuerdo la Piedra de María Lionza, en Timotes, hacíamos rappel y escuchábamos la gente rezando, al parecer era una grabación, je je”. Aparece la voz femenina de Gladis Moreno, ofreciendo añoranzas: “Mi gran historia de la infancia, el pastorcito que se tragó la piedra y que algunas personas creían verlo luego como un anciano, muchas veces me mostraron la marca donde se abrió la piedra…” De inmediato Iván Rivera, replica: “Muchos brujos creyentes de María Lionza, visitaban esta piedra encantada”. Y amenaza ocurrente para preocupar a más de uno: “Después publico la lista”. Regal Ocanto desde el centro del país, responde: “recuerdo la piedra del muchacho pegao que está en lo que conocimos como el chorrito de azufre, que decían era una piedra encantada”. Ya deja la duda para ponernos a pensar si se trata de la misma versión, mientras Ramón Curita Ramírez, nos sitúa diciendo: “la cueva está ubicada por los lados del Resguardo”. Vuelve Gladis y expresa: “exactamente esa es, su historia comienza como la piedra que se tragó al niño, con el tiempo comenzaron a hacer brujería y la llamaron piedra de María Lionza…” Llevando la secuencia de las afirmaciones de Iván, ratifica Filadelfo: “uno de los personajes más emblemáticos que recuerdo era Daniel, el papá de Marcial Canitas.

Acertado Ramón Ramírez, ofrece más detalles: “Dicen que Daniel Araujo era muy buen brujo. Inclusive que hacía sus sesiones en esta cueva y sus remedios eran: corniciervo, bayrum, mirra, incienso, estoraque (para los saumerios) y sus ramas: la brusca, la sábila y la altamisa para los baños”. Mientras Regal, acuerda y dice: “entonces es la misma piedra. Si el señor Daniel Canitas Araujo era uno de los espiritistas que iban allí. Igual que la señora Isabel Sulbarán, es una piedra emblemática por lo gigantesca y la leyenda que había sobre ella sobre el muchacho pegao”. Dispuesto a cumplir con su listado, Iván afirma: “el primer espiritista en la lista Reteezequiel, Urbano Araujo”. A lo que Ramón no puede callar y señala: “Daniel Araujo recomendaba saumerios de mirra, incienso y estoraque, esos se compraban donde Rafael Rondón, costaba un real el sobrecito, para los baños: altamisa, que se encontraba en las riveras del rio Motatán. La curia, la brusca y el olivo se le encargaba a Marcelo, Juan Moreno, Enrique o Juan Briceño, porque ellos la traían de Valera. También le agregaban corniciervo y éter, estos se compraban en la botica de Doña Carmen de Falcón, vendía de a real en adelante. Los pichones de paloma se los compraban a la señora Pastora, la mamá de Balbino, de Régulo y de Silvia, los vendía a real cada uno, pero si le compraba dos, se los daba por real y medio. El agua bendita se la robaban al padre Rincón, otras veces se la pedían a Don Jesús María Marquina, también se le podía pedir a Máximo o Emiro Araujo, porque si se la compraba a María del Rosario, la mamá de Blasa o mejor conocida como la Divina Pastora, te vendía la garrafa a real y medio, más cara que una garrafa de kerosene, pero yo creo que era agua del chorro, las velas las vendía don Ismael Villarreal, Pedro Ocanto o el mismo Victorino Rivas, de a doce en libra o de a cuatro en libra por un real, los tabacos podían ser manzanares, guacharos o negro primero, a real cada uno donde Marcial Rivas o donde Eustoquio Bustos. Las flores se las robaban a la misia, la esposa de Don Román Riacho en el Potrerito y la altamisa la agarraban de una mata muy frondosa que estaba al lado de la casa del loco Dimas. Y después los tabacos Dixie para la Reina a real y medio cada uno. Los materias eran el señor Daniel y el señor Urbano y entre los bancos estaba la señora senobia Vergara, la mamá de Omaira, Diomedina, Oswaldo, Jorge, Dulce, La Burusa y esposa de Humberto Paredes. El infaltable miche se le compraba al señor Daniel, a Don Manuel Villarreal, a José Natividad Montilla (Tive) a siete reales o al señor Anunciación Moreno Nuncio a tres bolívares y mientras ellos se encontraban en sus ritos esotéricos, nosotros: Ramón Curita, Jonás, Pancho Nervio, Emiro Santiago, Armando Mandoca, Bruno Pineda, Benhur Pineda, José Antonio Pineda, William Rivera, el Profesor Duarte, consiguiendo gallinas donde el señor Molina, antes del Grupo, Ramón Montilla, Rafael María Jérez y hasta donde el propio Padre Rincón, y los sancochos en mi casa, o donde el profesor González (hoy presbítero) pero las más sabrosas eran las de Maura, la hermana de la Chuta, de Martín, de Fabián, Margarita y madre de Ramón al lado de la panadería (Miranda)” en la avenida Guaicaipuro. Aún sin tiempo para asimilar los aportes entregados, vuelve Regal con su alabanza, refiriéndose a Ramón: “que memoria tienes para acordarte de toda esa gente, en esos lugares también andaba yo buscando gallinas y te acordaste de la divina pastora, mamá de Blasa y de Pedro, el mío, el Cacique de los indios de la Coromoto”. Ramón responde: “Pedro, El Mío, era el esposo y Pedro El Hijo era el cacique, desde luego eran dos pedros, pero con gran diferencia”. Pero Regal se va a otro tema: “Me acuerdo que una vez fue Renny Ottolina a Timotes e invitaron a la gente a recibirlo en la entrada del pueblo y la divina Pastora (muy copeyana) como vio el gentío se apareció frente a la casa del Sr. Leónidas Colls, toda vestida de verde y con una bandera de COPEI”. Iván Rivera, aprovecha para confesar intimidades: “Donde Eulogio Andrade vendían las velas de cera. Miche, tabacos y la pólvora para reventar las brujerías. Don Tello también, Juan “Cursera” vendía carburo para reventar hechizos. A Hipólito “Lapa” y María “La Gata” le robamos muchas gallinas…” Ramón Ramírez, escribe de nuevo: “exactamente, Renny Ottolina, visitó Timotes, eso fue para el año 1968, era cura Párroco el Presbítero José Delfín Ovalles Franco, creo que era un 05 de diciembre, festividad de Santa Bárbara, donde tuve oportunidad de hablar con él, ese día nos encontrábamos en Chachopo, toda vez que el señor Ottolina subió hasta esa población y para ese momento me encontraba en Chachopo, así que no tuve oportunidad de ver a María del Rosario vestida de verde.” Regal Ocanto remata: “sobre esa piedra solamente se lo que me contaba mi abuela Nicomedes: en Timotes había un muchacho que era muy grosero y ofensivo con su madre y siempre la maldecía cuando ella le pedía que fuera a buscar leña para el fogón. Una y otra vez ocurría lo mismo. En una oportunidad la mamá lo mandó a buscar la leña y de nuevo pelearon, y él como siempre, lo hacía se fue y se acostó a dormir en la piedra y allí se quedó pegado para siempre. La piedra tiene la formación de color blanco y gris encima y la gente decía que ese era el muchacho desobediente”.

Y yo ante los aciertos señalados, la seriedad de algunas frases que denotan picardía y lo interesante del tema, cierro esta crónica agregando: “Lamento haber perdido la oportunidad de participar en la conversación en línea o en vivo, pero puedo agregar que efectivamente la Piedra o Cueva de María Lionza encierra ciertos misterios que se debaten entre la leyenda y la realidad. De entrada recuerdo muchas conversaciones de personajes empapados que convencidos señalaron una y otra vez que hace mucho tiempo, en la mencionada piedra que a su vez forma la cueva, donde se precisa un mesón pulido rocoso y siempre el chorrerón que cae al pozo que siempre se mantienen inalterable, a pesar de las grandiosas crecientes que han sucedido, dicen se perdió un niño que pastaba su ganado, dicen que este subió a lo alto de la roca y que por extrañas circunstancias se quedó dormido y la piedra se lo tragó. Cuentan que fue castigado por desobediente con su madrecita y que ante las discusiones sucedió lo comentado. De allí la señal que habla del niño pegao, porque durante largo tiempo se precisaban las marcas del cuerpo y la raja por donde se abrió la piedra. Desde ahí nació la leyenda y nuestra gente comenzó a hablar de la piedra encantada. También cuentan que algunos lugareños, se adentraban por entre montañas, en busca de algún ganado o simplemente para curiosear y dizque veían una gallina amarillita como el oro, junto a sus pollitos también dorados. Esta visión atraía a más de uno y estos se disponían como hipnotizados a seguirla hasta perderse en los dominios de la Piedra, allí desaparecía mientras la persona quedaba “méndiga” y atrapada en un mundo de fantasía inimaginable, del cual regresaba inexplicablemente. Muchos hablan de que entre el pozo y la Cueva, en ocasiones la gente se conseguía con charcos y algunos cayeron inexplicablemente quedando atrapados en el lodo y lo que costó para rescatarlos. Dicen que la fama del sitio alcanzó sus niveles extraordinarios y fue entonces cuando los “curiosos”, brujos, shamanes, iluminados y demás espiritistas encontraron el espacio ideal, con suficiente energía, para ofrecer sus rituales invocando seres del más allá con fines benéficos o nefastos, entrando en trance a punta de aguardiente, movimientos y palabrerías. Ofrecían ofrendas de alimentos, fumaban tabaco, rociaban perfumes, encendían velas y velones de colores y al transcurrir del tiempo, retornaban a la realidad y regresaban rejuvenecidos y llenos de poderes mágicos que infundían respeto y preocupación entre las personas y risas burlescas entre los jodedores que nunca faltan por sus ocurrencias e inventos para protagonizar la popularidad pueblerina”. Lo más cierto del caso que en nuestros días, son pocas las personas que visitan este sitio que pertenece al Imaginario popular timotense y que de esa interesante leyenda casi nadie se acuerda porque los protagonistas de la tradición oral han desaparecido, al igual que nuestros brujos, y pocos recuerdan esa remembranza, de ahí la importancia de esta conversación para ofrecer nuestra crónica a las nuevas generaciones que de seguro buscarán la exactitud geográfica de la Piedra o Cueva de María Lionza e intentarán entrar en trance hacia dimensiones superiores para develar misterios indescifrables que forman parte de nuestra identidad andino paramera.

Bicicletas y Mujeres

La conversación fluye espontánea a través de las redes sociales y son tantos pero tantos los detalles que vale la pena dedicarle una crónica porque tiene historia nuestro terruño y testigos de primer orden para contarla. Aquel Timotes, de los años cincuenta del Siglo pasado, tranquilo y laborioso, siempre ocurrente y culto, comercial y productivo, con su muchachada lista para jugársela y pasar a la historia con infinidad de vivencias, hoy lo añoramos tributando estos testimoniales para conocimiento de nuestras generaciones.

Siempre hemos estado a la vanguardia y en materia de bicicletas no nos quedamos atrás. Mientras la realidad económica permitía que solo algunos niños de la época disfrutaran, a Dios gracias, de su bicicleta como medio de transporte y esparcimiento, los más apelamos al juguete casero y a la inventiva popular para distraernos sanamente y no aburrirnos. En esas circunstancias, surgió la alternativa y aparece un personaje, aún con nosotros, que conocemos como El ingenioso Negrito Ubencio Moreno, a quien le dio por invertir unos reales y adquirir varias bicicletas con el objetivo de alquilar, por hora y a precios módicos, a quienes lo desearan para que nuestros niños humildes se “entretuvieran” manejando bicicletas y así acumular un sinfín de anécdotas que permanecen guardadas en el alma del Timotero y que surgen ocasionales en conversaciones familiares. Veamos la conversación que dio origen a nuestra crónica como tributo a quienes vivieron una infancia creativa y distinta en las calles y avenidas del Timotes legendario:

Filadelfo Araujo, desafiante lanza sus frases en los términos siguientes: “recordé las bicicletas de reparto de Pedro Agustín Ocanto en el terruño. De su Abasto “Los Timotíes”: Alí (de La Cruz) Rivas era uno de los despachadores y Alfonso Hernández. No le voy a parar mucho a Iván Rivera, de no “cuquiarle” la lengua a Ramoncito “Curita” Ramírez contemporáneo con Regal Ocanto y tratar si ellos o nuestro Cronista Jesús “Chuma” Espinoza, o tal vez Elio A. Franco, Carlos “Pica” Pérez seguramente aportarán recuerdos o tendrán más anécdotas…lo que si recuerdo es que una bicicleta que le alquilé a Ubencio, rin 28, se me fueron los frenos y me estrellé en la casa de Che Miguel (Miguel Santiago), je je …” Listo nuestro paisano Regal Ocanto, escribe su reminiscencia: “en la (Avenida) Guaicaipuro donde ahora está la panadería (Miranda que fundara Isidro Rivera), había un catire de IPOS Hernández, a quien llamábamos “Catigua” que reparaba y alquilaba bicicletas para dar vueltas por la plaza y cobraba medio por un cuarto de hora, y tenía una bicicleta de reparto con cesta y todo que también la alquilaba (buscando la vida)”. Elio Franco tiene que decir y afirma: “Cierto Benito Rivas Briceño. Llamado Benito también El Oso. Hago notar que en Timotes en honor a nuestro Santo Negro les colocaban ese nombre, allí hay muchos Benitos, incluyo a mi hermano a quien me papá Guillermo Franco también así lo bautizó. Mi papá como todos nosotros, devoto de San Benito, fue Presidente de la Sociedad (de San Benito)”. Motivado por la temática se incorpora a esta reunión Jesús Omar Villarreal, diciendo: “El señor Ubencio nos alquilaba las bicicletas por un real la media hora”. Mientras Oscar Salcedo, quien vivió en las cercanías, también aporta comentando: “Yo también alquilé bicicletas donde el Sr. Ubencio. Había una bicicleta que tenía el caucho de atrás macizo, una vez se me fueron los frenos y le metí el pie al caucho. Lo malo fue que yo estaba estrenando unos zapatos y pues el caucho me los molió cuando llegué a mi casa me dieron una pela bella”. Vuelve Elio y escribe: “también Pedro Araujo, el hijo del Sr. Daniel Araujo, que tenía el botiquín en la Av. Miranda con calle Rondón, alquilaba bicicletas a 1 Bolívar la hora. Y en una de esas también tuve un leve accidente, bajando por la Av. Guaicaipuro y le llegue a la casa de la Sra. Nieves. Ocultando los rasponazos, llegue a mi casa calladito para que no me regañaran”. Y responde un comentario: “Así es Regal, Jesús “Chuy Catigua” Hernández, hijo del sr. Félix Hernández, era muy amigo de “Chuy” Franco y los dos andaban en eso de las bicicletas, después tuvo un despacho de hortalizas hasta que se fue de este plano. El abasto del Sr. Pedro Agustín Ocanto, lo conocí cuando acompañaba a mi papá a hacer las compras y quedaba en un pequeño local en la esquina donde funcionó el Banco de Fomento Regional Los Andes. También recuerdo que allí se tomaban unos “tanganazos” pa´quitar el frio”. Se refiere al consumo de algún licor “encapillao” como decimos por estos lares.

Ramón “Curita” Ramírez, introduce otro aspecto a la conversación, de la manera siguiente: “ Amigo Fila, yo no soy contemporáneo de Regal Ocanto, soy contemporáneo de Elio Amable Franco Cádenas, Regal es mayor, tanto Elio como yo, somos de 1.952, tu del 54, creo pero algo muy importante y a quien no le hemos dedicado unas líneas es a Doña Carlina Baptista de Araujo, tu madre, aquella magna mujer, en otrora Ecónoma del Comedor Escolar (del Grupo Escolar “Canónigo Uzcátegui”), si mal no recuerdo tenía un diente de oro, aquella señora dependiente del Patronato Nacional de Comedores Escolares, cuyo lema era: “Pan, Salud, Educación”. Jamás olvido la entereza de su madre en la oportunidad en que se enfrentó a la Maestra Miriam Matos, por desafueros de la mentada maestra. Recuerdo a Doña Carlina con los purgantes que nos suministraba con aceite de ricino. Esta noble mujer que teniendo bajo su dependencia a Antonia, Liberta, y creo que a Sara, era la mujer más proba, que hacía de tripas corazones, que mantenía una conducta y un respeto intachable, una honradez sin parámetros, quien no conocía la palabra corrupción. Aquella señora exigente hasta más no decir, imponente como la que más, puesto que cuando Jairo Aldana, el hijo de María Natividad Aldana, hermano de “Tomo” y de Boris, no quería comer las espinacas, se lo imponía con aquella certera destreza de una Ecónoma. Aquella mujer que pese a los chismes de Marín, al que apodábamos “Picure” era indoblegable. Esta noble dama que nos enseñó buenos modales y creo que desconocía que existía Carreño (refiriéndose al famoso Manual de Carreño o Manual de Urbanidad y Buenas Costumbres de Manuel Carreño, 1859) pero que supo dejar un legado de sabiduría y bienestar al pueblo de Timotes. Honor a quien honor merece”. Y en torno a las bicicletas remata Ramón: “Oscar, Ubencio, alquilaba las bicicletas a medio la hora, vivía en la Calle O´leary, era hermano de Teofilo, la Goya y hermano de la mamá de Eliseo Briceño”. Mientras Filadelfo no puede ocultar sus emociones, atina a escribir: “que bien Ramón, ese semblante que haces de mi madre. Muchos coterráneos, hoy agradecen que ella, los obligaba a comerse sus espinacas y ensaladas, había uno que decía, matas no, y como decía: al que no le gusta el caldo, le damos dos”. Ramón continúa rememorando de la siguiente forma: “Elio al salir del comedor nos íbamos donde la señora Anita Cadenas de Franco a escuchar la novela el Gavilán con sus personajes Doña Elodia, el Chino Alinyi, el chofer Ismael, Miguel Angel Santos, Julio César Santos, Narciso Cabriales, Mística Azucena, el doctor Calavera y sabe Dios cuantos más”. A lo que Elio le responde: “muy cierto, épocas pretéritas felices y añoradas Ramón. Así como los paseos a la Virgen del Rosario de Durí, donde íbamos Mary Villarreal, la hija del gato Benito y Silvia, mis hermanos: Ramón, Majín, Benito, además de Beto “El Pájaro Loco”, Victorino hijo de Rodulfo Ramírez y la Señora María Edgar Rosa Santiago, mi cuñada y tú, por supuesto. Llevábamos arepas de harina, diablitos, panela para comer cuando llegáramos al alto de Durí (territorio del Distrito Urdaneta del estado Trujillo), antes de bajar al Santuario. Era una romería muy linda y animada acompañada de chistes y bromas”. Mientras Ramón se deleita y agrega: “se te olvidó las excelentes cantimploras que tú y Benito preparaban con envases de Alimento Troya, los cuales estaban amarradas con un curricán. También fuimos a buscar moras para el Garabato y para Miranda en compañía de Rafael Araujo. Buscábamos “piñuelas” (planta silvestre de hojas largas, acanaladas, en macolla, también conocida como “Jayos”) en los cerros de Nato (Santiago) con Armando “Ratón”, el hijo de Rafaela, nieto de Marcelina, hermano de Octavio, Gladys, Cristóbal, Alí y no se cuántos más, porque como decía “Juan Pedro” cuando le llegaba la luna: las mujeres de hoy paren todos los lunes”.

Carlos Pérez, retoma el tema de las bicicletas y señala: “nos estrellamos igual donde el finado “Che Miguel”. En nuestro Timotes salieron muchos ciclistas, así tenemos a Macario Rivera, vendiendo pan en una bicicleta, también a Carmelo Rangel (Cameco), el popular Trino (Peque) y tantos ciclistas más. Nuestro terruño, como dice Fila, tiene mucha historia y muchos personajes…Uvencio todavía conserva algunas bicicletas de las que alquilaba”. Ramón Ramírez, agrega entusiasmado y anecdótico: “también hubo un ciclista que se quiso lucir …Pepe Marquina, que manipulando una bicicleta, vio una hermosa timotense, soltó el manubrio y en su afán de lucirse, se empezó a peinar, pero se estrelló contra el negocio de José Natividad Montilla “Tive” hasta ahí le llegó su entrenamiento… también Victorio el italiano que se desempeñaba como herrero, propietario del Taller Isorano, se dedicó un buen tiempo a la tarea de alquilar bicicletas, cuando tenía un taller en la calle Vargas, entre Guaicaipuro y Motatán”. Y Elio Franco remata: “Y también Victorio incursionó en el cine proyectando algunas películas allí mismo en esa dirección”.

Finalmente podemos agregar que años más tarde, quizás a finales de la década del sesenta y principios del setenta, siglo XX, nosotros también logramos alquilar bicicletas donde Ubencio. Nos reuníamos los Espinoza (Chibeto, Chuma), los Montilla (Alirio, Jairo y Leonardo) y otros vecinos (Miyeyo, Chiva, Tico), y bien temprano los domingos, alquilábamos las bicis, y a pedalear por la avenida O´leary, nos lanzábamos desde donde el señor Eustoquio Bustos, esquivando algún borrachito donde “Ulofio” Eulogio Andrade, hasta la propia casa del sr. Ubencio, para que nos viera y constatara que todo estaba normal, recordemos que esos tiempos habían poco vehículos y gozábamos de cierta seguridad. Los más abusadores se iban de recorrido, por arriba, desde el grupo hasta el cementerio y regresaban a todo dar, yo personalmente alquilaba una bicicleta rojita Nº 24 y disfrutábamos por los alrededores del grupo escolar, por abajo, que por cierto no tenía puertas de seguridad. Recuerdo que también había una bicicleta, sin barra, exclusiva para las hembras que también hacían gala de sus destrezas y montaban bicicleta en grupos, destacando por sus maniobras mi hermana Ana Espinoza y Ciria Zenaida Rodríguez. “Una colita, una colita” era la frase más pronunciada mientras el inquilino nada que aflojaba la bicicleta y le daba y le daba hasta que se cansaba. Que hermosos recuerdos dejamos en las calles y avenidas de nuestro querido Timotes.

7.6. LA VIEJA CASA CURAL Y El BAR RESTAURANT BAILADORES

7.6.1. LA VIEJA CASA CURAL

La vieja casona que sirvió, durante largos años, como sede oficial del gobierno parroquial eclesiástico, era muy antigua. Según logramos investigar y en base a informaciones del Cronista Eduardo Villarreal Araujo, la misma databa de finales del siglo XVII, ya que fue una de las primeras construcciones, levantada justo alrededor de la plaza pública para dividir los barrios de indios. Es decir, los españoles construyeron sus casonas de tapias y techos de tejas, en el perímetro inmediato de la plaza pública, y después de dichas viviendas, estaban las construcciones que ocuparon los indígenas.Esta vieja casona, ocupó la esquina Nor-Oeste de la plaza, hoy plaza Bolívar de Timotes. El frente daba a la calle de la Iglesia, actualmente avenida Miranda. Era una casa grande, con techos de teja a cuatro aguas. Casa de galería, con cuatro grandes corredores y su romanilla decorada. Incluía, en su interior, un patio amplio, donde se celebraron diversidad de actividades de integración comunitaria, entre ellas: veladas literarias y culturales, agasajos a personalidades del mundo político y religioso y todo tipo de reuniones, donde el cura párroco de turno, fungía como destacado anfitrión. Destacaban en sus paredes interiores, algunos murales y adornos decorativos, los cuatro ventanales de madera y el portón principal con aldabas de metal, con un pasillo amplio y alto, exclusivo para que pasara cualquier jinete a caballo, que permitía el acceso normal al zaguán del inmueble, separado por una romanilla en madera. Por un lado, o por la calle Carabobo o “calle del hambre” casi a mitad de cuadra, un portón mucho más amplio que daba a la parte trasera del caserón y que servía como caballeriza, inicialmente; garaje y depósito, posteriormente, acceso que aprovecharon Monseñor Vivas y el Padre Rincón Santos para esquivar la entrada principal, al concluir los oficios religiosos. En el interior de la casa, justo en el pasillo principal que comunicaba la entrada con el zaguán y corredores, donde sobresalían los sardineles que limitaban al patio y las habitaciones, había una puerta a mano derecha que llevaba al salón principal que era bastante amplio, con la claridad garantizada por tres ventanales altos, donde se distinguía mobiliario de la época y diversas sillas de trilla o macizas de madera, reservadas exclusivamente para los personajes que visitaban nuestro terruño, entre otros: altos prelados de la iglesia, mandatarios y demás visitantes. Es inolvidable, según contaba Viviano Franco a Don Eduardo, la extraordinaria recepción que se le ofreció, allá por los años treinta, al general timotense Don Emilio Rivas y al general zuliano Vicente Pérez Soto, donde las autoridades del distrito, el cura párroco y las principales familias acomodadas, unieron esfuerzos y brindaron lo mejor como anfitriones. En el mismo pasillo pero al lado izquierdo, había una puerta de acceso a un pequeño salón, que también contaba con un ventanal, que servía de depósito a todos los libros eclesiásticos que formaban parte de los archivos parroquiales, los cuales fueron recogidos, allá por los años sesenta, para llevarlos hasta Mérida y pasar a formar parte del Archivo Arquidiocesano de Mérida. Cuentan que había libros del año 1600, algunos con cubierta de cuero, donde se registraron los nacimientos, defunciones y matrimonios, así como Libros de inventario y libros que registraban las diversas incidencias y detalles de las visitas pastorales, mejor conocidos como libros de gobierno parroquial de nuestra iglesia local.

También destaca que al fondo de los corredores, se ubicaba la habitación del Sacerdote que se hacía acompañar de familiares que ayudaban en los quehaceres o “caseros” de buena voluntad, siempre al servicio del sacerdote y sus necesidades. Esta casona poesía un solar inmenso que prácticamente ocupaba casi media cuadra, colindando con la Calle de Los Hoyos o avenida O´leary. Dichos espacios los sembraron diversas personas, entre los más recordados, figura: Pompilio Rivas, a quien apodaban El Duende, extraordinario violinista que los sembró durante años. Allí vivieron, consecutivamente y con carácter de Huéspedes, todos los Sacerdotes que ejercieron entre 1700, 1800 y 1900, destacando que Monseñor Buenaventura Vivas adquirió dicha propiedad, sumándola al peculio de la iglesia emeritense el 20 de junio de 1911, hasta finales de la década del sesenta, cuando el Ciudadano Alberto Araujo, descendiente de Don Quevedo Araujo, se convirtió en heredero de la casa de Las Melani, y tranzó el conocido canje con el representante de la Iglesia Delfín Ovalles para construir la nueva casa Parroquial y el Centro Cívico de Timotes, al lado de la Iglesia, justo donde estuvo por largos años, la mencionada Casa de Corredor de Las Melani. Así Alberto Araujo se quedaba con una de las Casonas de mayor historia y significado para nuestro gentilicio, donde quedaron las vivencias de Monseñor Buenaventura Vivas, a quien bailaban y ofrecían venías, los primeros Vasallos que tributaron a San Benito y El Niño Jesús, en las ya famosas Romerías del primero de enero, según nos contaba Don Alejandro Araujo. Fue entonces, admirados lectores, cuando la vieja casa cural, cargada de historias y leyendas, resultó intervenida y convertida en locales comerciales para salón de billares, con cancha de bolas criollas y local para restaurant y arepera, el cual administró esmeradamente Alirio Mercado, un chiguarero llegado a Timotes, y su esposa Petra Carrillo Montilla, quienes ganaron el aprecio de nuestros paisanos y formaron una familia caracterizada por sus extraordinarios valores y el apego al trabajo. Allí trabajó, durante años, la sra. Rosa Santiago, extraordinaria artesana de las granjerías del barrio Kennedy, aspectos que dieron suficientes motivos para la interesante conversación que sigue a continuación.

7.6.2.- El BAR RESTAURANT BAILADORES

Nuestro buen amigo, geógrafo Jesús Franco, en su celebrada página “Timotes del Recuerdo y del Presente”, nos presenta una gráfica del Timotes de la década del 70, comentando acertadamente lo siguiente: “Tengo otras más, pero solo quise mostrar esta porque me trae muchos recuerdos de mi infancia y de esos días en que caminaba por esta cuadra antes de llegar a la plaza Bolívar. La esquina dejó de ser hace ya bastantes años, pero las vivencias se mantienen tan claras como el agua de la mañana. Allí se daban cita los que jugaban billar y otros juegos, yo me paraba en una puerta y miraba sin saber que sucedía allá adentro, en la casa de juegos. La torre siempre testigo de esta aventura y de todas aquellas de tanto timotense que hacia su vida pa´rriba y pa´bajo. Es de todos ustedes”. De inmediato, se activan nuestros paisanos que llenos de nostalgias y emociones encontradas, escriben para todos:

Carlos Pérez, con la respiración contenida, comenta: “Qué tremenda foto, en esa esquina estaba la (vieja) Casa Cural, luego ese negocio lo regentaba Alirio Mercado, si mal no recuerdo”. Jesús Franco, bien atento a las respuestas, afirma: “Eso lo recuerdo y también se me hace presente la imagen de una arepera, al mismo tiempo se exhibía un dibujo en lápiz de uno de los personajes del pueblo, el conocido Jovino” que vivió en casa de Doña Francisca Sánchez de Vergara. El mismo Jesús me confirmó que dicho cuadro fue obra de la creatividad de Pedro “El Guardia” Rivas y que aún se conserva donde Francisca.Carlos Pérez, nuevamente escribe: “Cuántos recuerdos. Así es, en realidad es una joya esa foto”.

Mirella Quintero, dama emprendedora, emocionada participa y señala: “Recuerdo muy bien todo eso. Mi casa al frente de los billares, veía todo desde la ventana. Después Alirio con la arepera que rico…y el cine Chamarú. Cómo olvidar con mi papá (que) no pelaba una película. Ja ja. Amo esos recuerdos… La señora Petra (Carrillo) era la que hacía esas divinas arepas. Ah! malaya una de esas, ahh! qué tiempos inolvidables”Cruz Hernández, amiga de infancia y también vecina del lugar, ofrece su testimonio, escribiendo: “Era un lugar casi prohibido, y por lo tanto, había que pasar rapidito. Ja ja.

Claro uno no dejaba de mirar! La curiosidad podía más”. Jesús Franco, también emocionado vuelve a participar, reafirmando: “Tiene razón Cruz y había olvidado ese detalle. Ya recuerdo las advertencias en cuanto pasaran por allí los niños y muchos quienes tomaban muy en serio tales avisos, pero uno no dejaba de mirar, pues como el gato…la curiosidad pudo más…”

Nelsón Enrique Osuna, desde Santo Domingo y haciendo gala de aquellos hermosos recuerdos de cuando vivió en nuestro terruño, dice: “ En esa arepera había una rockola y un patio de bolas criollas? No sé pero…creo que sí. Yo recuerdo que los domingos me iba con mi cajita de lustrar zapatos. Pero nunca me alcanzaba para comprar la arepa rellena y me conformaba con almorzar un pan y un jugo de limón donde Magdaleno. Creo que así se llamaba otro negocio frente a la plaza (Bolívar de Timotes). Qué tiempos”. Mirella Quintero, sin perder tiempo y con mayor emoción, repica: “El negocio de papá con su jugo de limón era Centro de Amigos. Ja ja”. Carlos Pérez, afirma: “Y los tradicionales pastelitos”. Cruz Hernández, con pocas palabras, acierta diciendo: “Comer pastelitos y tomar agua de limón ahí, era un deleite”. Rolando “Lolo” Mercado, descendiente de Alirio Mercado, con conocimiento de causa entrega sus testimoniales en los siguientes términos para que no queden dudas: “Los pastelitos y el agua de limón extraordinaria y exquisita era al frente del Bar Bailadores, eso fue en el Centro de Amigos del Sr. Magdaleno Quintero…Esos pastelitos de la señora Chepa también son extrañados en el paladar de muchos que supimos apreciar esos sabores… Recuerdo claramente, que muy temprano en la mañana, amanecían los sacos de limones ya exprimidos listos para el aseo, siempre la gran pregunta que se hizo mi madre y todos los que las degustamos ¿Cuál era el secreto de esa limonada? Hasta ahora no hay lugar alguno donde haya probado una limonada tan refrescante como la del Sr. Magdaleno Quintero… a ver si Mireya Quintero nos descifra el secreto (de) cómo su Señor Padre la preparaba. Je je je”. Y para no dar tregua, totalmente entusiasmado entre los recuerdos, continúa señalando convencido: “Bar y Salón de Billares Bailadores… ese negocio se lo compró mi extinto y extrañado padre Luis Alirio Mercado Fernández, a Don Alberto Araujo quien fue hermano de Don Teófilo Araujo y Silvia Araujo y esposo de Doña Glafira… Dentro de la casa de juegos, je je je, cómo se preguntó Franco Jesús, en esa época de su vida, sucedían cosas interesantes en el entretenimiento de adultos, pues allí existieron unos salones de billares con sus respectivas mesas, incluso se jugó dominó y cartas, además de una cancha de bolas criollas la cual mi padre Alirio Mercado fundó y le dio auge en el Municipio Miranda a este tipo de evento, pues en el Bar Bailadores, se llegaron a organizar interesantes “Torneos de Bolas Criollas” de mucha concurrencia y participación por el colectivo Timotense, entre los aliados y colaboradores de mi padre para estos torneos, participaron también el Popular Chury y los extintos Flaco Abel La Cruz y el italiano Bruno Covelli, entre otros, torneos que se realizaban con la participación de Madrinas y Reina que se elegía, así como se honraba en la Plaza Mayor al padre de la patria para dar comienzo a esos célebres torneos de Bolas Criollas, que aun cuando mi padre fue un forastero por ser Chiguarero pues así lo llamaba Don Teófilo Araujo, es quien le da inicio a esa actividad deportiva y de entretenimiento en Timotes… Entre otras cosas que sucedían dentro de ese bar, era una arepera restaurant y que la sazón se le atribuyó a mi querida y recordada Madre Petra Lucía Carrillo… Riquísimas arepas y sus rellenos, con una particularidad que eran muy degustadas en el colectivo de esa época, pues las arepas eran inicialmente soasadas en budare y luego las freían y eso hacían de ellas un gusto especial porque eran crujientes, así como los hervidos… En ese lugar transcurrió parte de la infancia de nosotros los Hermanos Mercado Carrillo, ya que posteriormente esos terrenos fueron expropiados por el estado para darle paso a la central de comunicaciones, por eso actualmente, allí, justo donde fue esa célebre cancha de bolas criollas se erige la torre de comunicaciones de CANTV… Cuando Ustedes quieran pueden pedirle esa información fotográfica a cualquiera de mis hermanos que viven allá en Timotes o bien pudiera en una de mis visitas hacérselas llegar a Ustedes para su publicación y rememorar tiempos, se sorprenderán de las personas, mujeres y, hombres que en esa época de Timotes se reunían y hacían vida en el famoso bar Bailadores…. Gratos recuerdos…. Ahora es que hay registros de ese lugar…. Incluso para el Primer Reencuentro de Hijos y Amigos de Timotes el torneo de bolas criollas, los organizadores decidieron homenajear a mi Padre por ser El quien dio inicios a los intercambios de bolas criollas en nuestro Timotes natal…. Se llamó torneo de bolas criollas Alirio Mercado….Ja ja ja ja ja… Entre los secretos que develaré que guardó el bar Bailadores, recuerdo que qué escuche muchas veces a mis padres, ja ja ja ja, no sé si entre murmullos o como haya sido, es que un cura de esa época apellidado Rincón, le pedía a mi Padre un día especifico, que después que los visitantes se fueran, no cerrará, pues el de manera clandestina iba a tomarse sus traguitos, con el debido respeto que los seglares merecen…. Además que mi hermano Alvaro Mercado guarda con mucho celo, los documentos de las mesas de billar, incluso me cuenta que esa licencia del expendio de licores que ostento el bar Bailadores actualmente es la que funciona en el restauran hotel Las 5 Águilas…”

Carlos Pérez, conocedor, explica y corrige la conversación, afirmando con seguridad: “Un poco difícil lo del Padre Rincón, porque para esa época el ya no estaba aquí”.Y Gabriel Rivas, también aporta diciendo: “Debió haber sido el padre (Jesús Alfonso) Albornoz”. Por supuesto, cuando logro leer los comentarios, también escribo algunas añoranzas, señalando: “Saludos y bendiciones amigos, son extraordinarios los testimonios que invitan a escribir crónicas para Conversaciones ENTRE Timoteros, solo necesito tiempo. De ese sitio histórico antiguamente conocido como la casa cural, existen muchas vivencias, por ejemplo, muy significativo en mi infancia porque recorrí todos sus espacios vendiendo empanadas que los caballeros de Timotes compraban para aliviar un poco su hambre. Allí aprendí y escuché tantas cosas de los hombres timotenses qué ayudaron en mi formación, vaya las mesas de billar y los murales en las altas paredes, espacio contiguo para jugar dominó y barajas y al fondo la cancha de bolas criollas donde jugaban unos mientras miraban otros. Cervezas iban y venían mientras algunos borrachos intentaban, después de consumir las empanadas, desconocer la deuda en sus intentos por “echarnos el burro”, en nuestra mano derecha listo el frasco de ají por si tocaba lanzarlo a los ojos del embriagado que no entendía nuestra necesidad de llegar al hogar contento y con los reales completos por la venta. Destacar que ese Sr. Alirio Mercado fue un caballero comprensivo que permitía nuestro ingreso a su local para vender las empanadas, otro contando con venta de comida quizás no lo hubiese permitido, vaya cuanto nos ayudó esas vivencias por eso gloria y significación a esa Familia Mercado Carrillo por su ejemplo de emprendedores. Emociones surgen al leer los comentarios”.

Jesús Franco, satisfecho cierra, afirmando: “No cabe duda del gran poder de la historia gráfica de los pueblos y, en nuestro caso, no escapamos a esa manera tan espontánea que tienen los seguidores de este trabajo para dejar constancia de las vivencias de tantos en estas bellas tierras de Los Andes merideños. Y cómo no recordar a tan nobles personas como Alirio Mercado y la señora Petra por las tantas razones que les permitieron estar en el sentir de los coterráneos de un pueblo que siempre se negará morir, un pueblo cargado de sentimientos, emociones y experiencias que se hacen manifiestas y elocuentes. Saludos a todos…”

Finalmente, debo señalar que esta conversación me llevo a recordar a personajes como: Regulo “Chury” Barrios, responsable de los billares y jugador experimentado de billar; Cristino Lobo y José de Las Mercedes “Chemano” Montilla, también jugadores experimentados de dominó y barajas; Cipriano Hoyos, Cipriano Andara, Pedro Gallo, Ramón Aldana, Freddy Montilla, Ramón Barone, Eutaquio “Taco” Ramirez, “El Flaco” Abel La Cruz, Isidrote Olivar, Juan Briceño, Asdrubal “Farmacia” Briceño en sus inicios, siempre apostador; “Chayo Guache” Araujo, entre otros. Igualmente a detallar algunas gráficas para sustentar esta nota y consultar mis apuntes de historia Timotense para entregarles, con rigurosidad historiográfica, esta nota que nos ayudará a entender nuestro pasado. Por cierto, es inolvidable el recuerdo de mi Maestra de 4to. Grado del Grupo Escolar “Canónigo Uzcátegui”, Betty Moreno de Montilla, cuando nos decía: “No quiero ver a mis alumnos a las puertas de un billar, ociosos y perdiendo el tiempo”. Hoy muchos podemos confesar orgullosos, tomamos vuestro consejo, admirada Maestra, y tratamos de ser personas humildes y útiles a nuestros coterráneos.

Abasto los Timoties, Esquinas de Timotes y la Anécdota de “Pendejo Niño

7.7.1.- ABASTOS LOS TIMOTIES

Continuando con nuestra crónica denominada “Conversaciones ENTRE Timoteros”, vale la pena destacar, lo que significó el conocido y emblemático Abasto “Los Timotíes”, de don Pedro Agustín Ocanto, en aquel Timotes laborioso del siglo pasado, y lo vamos a enfocar de la manera siguiente para deleite y conocimiento de todos, quienes acompañen con la lectura esta propuesta. Iniciamos destacando lo que opinan, nuestros paisanos, a través de las redes sociales porque, nuevamente, nuestro amigo Geógrafo Jesús Oraides Franco, en su celebrada cuenta de facebook titulada “Timotes del Recuerdo y del Presente”, nos entregó: una gráfica del Timotes de la década del 70 (publicada el 13 de septiembre de 2015), comentando que: “Allí vendía queso criollo y cuajadas, así como carne traida de Escuque. Noten que no faltaba un “palito” de Etiqueta Negra pa´ los clientes. Era Don Pedro Agustín Ocanto, dueño y señor de “Abastos Los Timotíes”, en la misma esquina donde permaneció por años. En esta ocasión está acompañado de su hermano Antonio (Cabezón, de cariño) … Los que recuerden este negocio, antes de ser de las dimensiones como le conocimos, pues que eche(n) el cuento o … los cuentos…”

De inmediato, plasmó su frase, Carlos Pérez, señalando: “Don Pedro, Dios lo tenga en la gloria”. Gabril Rivas, se unió escribiéndo: “Don Pedro Ocanto nos regalaba helados cada vez que mi padre hacia las compras”. Le siguió, Leida Araujo, afirmando: “Siempre nos daba la ñapa… Q.E.P.D.” Mientras María Antonieta Villarreal Rodríguez, también opina, estableciéndo oraciones valiosas: “Un gran señor, grande la nobleza de su corazón. Uno de los tantos valores fué el respeto hacia todos.” Elio Franco, paisano y siempre atento a la dinámica de las redes sociales, señala emocionado: “Entre Don Pedro y mi papá (tu abuelo Guillermo, en alusión a Jesús Franco) existió una gran amistad y antes de estar el negocio donde funcionó ultimamente, estuvo en la esquina donde comenzó a funcionar el Banco de Fomento Regional Los Andes. (al lado de arriba) allí ibamos mi papá y yo a comprar lo necesario creo que para la semana y el tradicional “tanganazo” que le otorgaba Don Pedro a él como cliente, no se de qué era el trago”. No hay duda que Elio rememora los finales de los años cincuenta del siglo pasado y en cuanto al “tanganazo” era uno de los tantos calificativos para disimular el brindis de un trago de licor. También, el amigo Nerio Vergara, profesional timotense, descendiente de Don Misael Vergara y Doña Justina Ocanto de Vergara, plasma su opinión con respeto y convicción absoluta, en los siguientes términos: “Mi Tio Pedro, fue en vida un hombre trabajador, responsable, servicial, una excelente persona, y para nosotros sus familiares constituye un ejemplo a seguir. Prueba de ello son los testimonios mencionados en los parrafos anteriores. Para mi familia es un honor y una satisfacción que mi Tio Pedro sea parte de nosotros, honor y gloria para quien lo merece. Dios lo tenga en la gloria, Amen.” Mireya Quintero, imaginaos que suspira, recuerda y escribe: “Qué recuerdos!”. Alcira Briceño también afirma: “Lo conocì, que en paz descanse”. Vuelve Mireya Quintero, reafrmando: “Como no recordarlos! Qué tiempos!” Carlos Pérez, de nuevo plasma su recuerdo: “Este negocio originalmente quedaba en la esquina, donde está, en este momento, una tienda de artículos musicales. Luego pasó a la esquina frente a la Posada Doña “Emilia cuando Don Pedro construyó su negocio.” Helena González, detallándo la fotografía a colores y estableciéndo comparaciones afirma: “El señor Pedro igual a Fernando” en clara referencia a su descendiente Fernando Ocanto Márquina. Y Clarisa Alviani remata escribiéndo: “Yo lo conoci”. En lo que coincidimos muchos hombres y mujeres, para la época adultos unos adolescentes y niños otros, que detallamos la figura imponente y con mucho de carácter amable, apacible y gentil del mencionado comerciante que nombramos, sin ningún tipo de complejo: Pedrocanto.

Sin duda, que ya podemos hacernos una idea imaginaria de los hechos donde Pedro Agustín Ocanto, despuntaba como comerciante próspero y talentoso, honesto y disciplinado que al decir de su hija Alba Josefina Ocanto de Rivas, docente jubilada, quien nos comentó intimidades de su padre, agregando: “se inició como tal, en el año 1946, cuando ya contaba con 18 años, con una pulpería ubicada en la propia Avenida Bolívar, donde funcionó Banfoandes, más tarde Cadela y hoy una venta de repuestos, allí vendía de todo, al detal: harina de trigo, azúcar, arroz, panela, pan, café, kerosene, maíz y otros artículos”. Representó este esfuerzo, el inicio triunfal de su obra al servicio de la gente. Veamos que otros testimonios agregan los timoteros protagonistas de esa época, quienen evocan en cada frase los momentos interesantes de nuestro pasado local.

Regal Ocanto, timotero insigne, desde su sitio de residencia, escribió: “El primer negocio de Pedro Agustin Ocanto estaba frente a la pulperia del señor Viviano Franco, en la parte de arriba de donde despues hizo el supermercado. Esa bodeguita estaba exactamente en el local de las Niñas Las Uzcategui, madres de crianza de Ramon “Pinocho” el padre de Mayela (Quintero). En toda la entrada tenia el pipote del gas (kerosene) donde uno mismo se despachaba la garrafa que costaba un real. Pedro Agustin, una vez al año cerraba su negocio por unos tres dias porque estaba haciendo inventario (lo hacia casi siempre con su hermano el cabezon) y, una vez verificados los resultados (la ganancia del negocio) se echaba sus tragos y comenzaba a hacer visitas a la gente de su confianza y estima, entre ellas, a mi familia en la (Avenida) Guaicaipuro”. Elio Franco, le expresa desde Valera: “Esa si, si es la verdadera historia de Don Pedro y su negocio, primo”. Justo aparece la palabra sabia y conocedora de detalles existenciales del buen amigo Ramón “Curita” Ramírez, siempre presente, en los siguientes términos y para deleite de los seguidores: “Allí en Abastos Los Timotíes, durante muchos años yo, llevaba para la consignación y venta, todos los días, de lunes a domingo, CUARENTA AREPAS DE MAIZ CHIQUITO, si, cuarenta, a locha cada una; en la tarde iba a buscar el producto de la venta, que deberían ser Cinco Bolívares, pero la comisión, justa e irrisoria, era del diez por ciento, en consecuencia se me entregaba Cuatro Bolívares con un real… Y efectivamente, (ese negocio) estaba en la esquina de la casa de la Niña Débora y la Niña Esther (ambas Uzcátegui), quienes criaron a Don Libio Ramón Quintero, esposo de Doña Ada Acosta de Quintero. El Abasto era el mas surtido que existía en Timotes y el mas aseado y ordenado también, posteriormente, se mudó para el frente del negocio de Don Tello, y diagonal a la casa de Don Leonidas Simancas, tenía clientes muy particulares: Don Román Riacho, (del Potrerito), quien todas las tardes junto con el señor Ventura se tomaban una (botella) de Brandy, también acudían Don Ivan Golob, Joaquin (Dorlach, el alemán) el de Mijará, allí encontrabas: manzanas, peras, jamón serrano, variedades de encurtidos importados, licores de todas las marcas, y el primer dependiente fue Alí Rivas”. Así, Jesús Franco, siempre atento a los comentarios de su cuenta, agrega con conocimiento de causa: “Atendiendo a tu comentario Ramón, recuerdo que las cuentas de las arepas se llevaban en el reverso del plato en el que el Sr., anotaba la cantidad de arepas que llevaban en la mañana de cada día para luego hacer una sola cuenta”. Regresando con su detallado comentario Ramón “Curita” Ramírez, quien afirma: “Jesús, Dios cuide y bendiga tu memoria, muy cierto, en el dorso del plato, (por cierto de peltre), Y CON LÁPIZ DE GRAFITO, o bien el senor Pedro Ocanto, o bien “Toño el Cabezón”, que, así se le conocia, apuntaban la cantidad de arepas, por cierto, LAS DE CHEPA, SIEMPRE ERAN CUARENTA, después venían las de Isabel Zulbarán, luego las de Sinforosa (Ramírez de Briceño), la mamá de Toquina, después las de la señora Mery, la esposa de Celedonio, también las de Veneda (Villarreal), la mamá de Aquiles (Quiliche), Oswaldo, Cecilia, Enrique (El Negro Enrique), Curupo, e hija de Filomenita. Tampoco se me olvida que la esposa de Froilán Alarcón, madre de Patrocinio, también hacía arepas y se expendian en Abastos Los Timotíes, por cierto que llamaba la atención, puesto que fue el primer aviso de NEON, que se instaló en Timotes”. Con acierto en las informaciones que me entregara, con deferencia, Alba Ocanto, se precisa: “Para el año 1959, compró la casa que funcionaba como pensión, a la señora Faustina Arellano de Ramírez en la misma Avenida Bolívar. Con esfuerzo, continuó trabajando para convertir la pulpería en un abasto que le colocó como nombre Abasto Los Timotíes, donde colocó un aviso de luces”. Que cómo bien recuerda Ramón “Curita” Ramírez, representaba el primer local comercial o negocio que instalaba un aviso de tal magnitud, entiéndase de neón, donde sobresalían los colores verde, rojo,y azul como muy bien lo recuerdo, por tal motivo, se dice que al momento del pago de impuestos a la municipalidad pues no estaba contemplado qué monto de impuesto cobrarle a ese tipo de publicidad comercial, por lo cual se planteó la necesidad de modificar la Ordenanza Municipal de actividades comerciales y adaptarse a los nuevos tiempos, justo en aquella época de los años sesenta.

A estas alturas de la crónica, vuelve Jesús Franco, con lo siguiente: “Lo que no recuerdo, ya que me haces retroceder con un amor increíble, si las arepas de la Sra. Asunta se expendían sólo en la bodega de Don Pedro Nolasco (Rivas), que dicho sea de paso, vendía una crema de leche que tenía en una olla de dimensiones gigantescas para mi edad en ese entonces … Dios, qué tiempos”. Y aparece Iván Rivera, afirmándo: “Antonio Vasquez, “Tuntun” trabajó primero que Ali Rivas con Pedro Ocanto.” Ramón “Curita” Ramírez, con autoridad escribe: “Ivan, en esta ocasión te llevo la contraria, pero de verdad no SE NI RECUERDO QUIEN ERA ANTONIO VÁSQUEZ, y creo que tengo unos años más que tu, a todo evento, leemos aclaratorias.” Rematándo: “Me estoy refiriendo entre los años 1950 hasta 1966.” A lo que Alice Parra, responde: “como me encanta leèr tantas historias que tienen para contar que linda la historia de los personajes de mi lindo pueblo”. Luego aparece, José Filadelfo Araujo, dejando sus palabras: “Don Pedro Ocanto, casi nada, el mejor Abasto de Timotes, Casado con Sofia Marquina, nuestra querida Prima Hermana, de trato sincero, buen ser humano. Que Dios lo tenga en la Gloria, nuestros mejores recuerdos, con mi familia, lugar preferido, entrabamos a la casa por el negocio, siempre nos recibía con agrado, Compadres de mis Padres, Leopoldo y Carlina”. Vuelve, Iván Rivera, con su pregunta a Ramón “Curita” Ramírez: “Ramón te recuerdas de “Tuntun” trabajó con Pedro Canto”. Aunque ya Ramón había respondido, la inquietud de Iván Rivera gravita en nuestros recuerdos buscando clarificarse.

Sin ninguna duda, coincidimos con nuestra colega Alba Ocanto, en sus descripciones sobre el emblemático negocio de su padre, del cual continúa diciéndo: “Fue el primer abasto en el pueblo, donde siguió vendiendo víveres y pudo tener licencia de licores para vender bebidas alcohólicas. Luego obtuvo el permiso de sanidad para vender carne, charcutería y también vendía quincallería. Hizo de la pulpería un gran abasto donde concurría mucha gente. Fue un gran comerciante que le trajo al pueblo progreso. En ese tiempo, Pedro Ocanto, ya pudo dar empleo a los jóvenes del pueblo como a Carlos Rojas “La Coca” quien repartía los pedidos en bicicleta que tenía el abasto, allí también se inició como comerciante Alí de la Cruz Rivas”. Y en recuerdo de sus aportes a la sociedad timotense de aquella época, luego de cumplir casi treinta años como comerciante, predicando con su ejemplo de laboriosidad, disciplina y honestidad, sacando su familia adelante, podemos plasmar un pequeño aporte en los siguientes términos: revisando comentarios y esculcando las vivencias mas puras de mi infancia timotense, les cuento que viviamos muy cerca, apenas dos cuadras separaban al Abasto Los Timotíes y la Casona de Los Espinoza. Mi madre, siempre emprendedora nos mandaba a comprar algunos requerimientos o víveres para preparar sus granjerías o el alimento diario. No recuerdo el primer negocio, pero si desde los años 1970 cuando muy niño aún, acudía a hacer los mandados. Había de todo y para todos, era el primer abasto al estilo de las ciudades modernas, con carritos de metal para cargar los “corotos”, con estantería que contenía los productos que el cliente tomaba sin problemas, al fondo las grandes neveras donde se mostraba, en artístico decorado de Alí Rivas, las diversas carnes y charcutería para los clientes. A medio local, y justo a mano derecha, siempre llamó mi atención una bicicleta negra, número 28, grande de reparto, donde podiamos leer sus letras blancas: Abasto Los Timotes, dirección y teléfono. Esta bicicleta tenía como misión, bajo la conducción de Carlos La Coca Rojas inicialmente, Alí de La Cruz Rivas, y el popular Oso después, llevar a domicilio los nutridos mercados de viveres y demás, siempre ordenados en cajas de huevos, a las casas de los diversos clientes del Timotes de entonces. Inolvidable, los caramelos de miel que recibiamos como “Ñapa” luego de cancelar y recibir la bolsa de “corotos”. Y para el día de las madres, allí se exhibían con artístico orden y envoltura, los diversos regalos en loza o vidrio que el cliente deseara para obsequiar a su progenitora. Nunca percibimos lo del reparto de tragos a clientes, porque cada vez que podiamos, buscabamos con la alegría del granuja, la nevera repleta de los helados efe para correr alegres a saborearlo luego de pagar su costo a Don Pedro o a sus cajeros de turno. Ya más tarde, destaco el respeto y su carácer amable por los clientes y por ofrecer servicios de calidad, cuando adolescente acompañaba a Manolo Martínez, el español, quien encargaba y compraba de las mejores piezas de carnes para ofrecerlas en los diversos platos de su restaurante “El Mesón del Rio” de Agua Blanca, donde ejercí mi primer empleo como mesonero. Creo que este negocio se convirtió en el mas grande, variado y concurrido de Timotes, porque Don Marcial Rivas y Don “Chono” Ramírez, en la entrada a Timotes, por el Norte, pués tenían su propia clientela que acudía de los diversos campos y vecindarios, y sus ventas al por mayor no tenían rivalidad ni competencia por los precios. Incluso es inolvidable, que justo al frente del abasto Los Timotíes, en aquellos años setenta, instalaron otro supermecado, llamado supermercado “Chuma” que a pesar de los esfuerzos no pudo competir con el de Pedro Ocanto, que siempre lució próspero y concurrido. Alba Ocanto, finalmente nostálgica nos dice: “Siguió trabajando con el abasto hasta que falleció (tempranamente) el 12 de junio de 1975, cuando apenas contaba con 47 años.” Finalizamos tributando: honor y gloria a Pedro Agustín Ocanto y a todos quienes hicieron del Abasto Los Timotíes, un espacio comercial histórico para nuestras evocaciones.

7.7.2.- ESQUINAS DE TIMOTES Y LA ANECDOTA DE “PENDEJO NIÑO”

En esta genuina conversación, surgieron otras informaciones sobre las esquinas de Timotes y cómo le llamaban los paisanos de la época, igualmente la famosa Anécdota de “Pendejo Niño”, por lo cual es interesante plasmar algunas de las cosas comentadas y otras de mi propia investigación histórica. Comienza José Filadelfo Araujo, señalando: “A proposito, Regal Ocanto o Ramon Ramirez, cuando se hizo un recuento de las calles del Pueblo, la calle era de Pedro Ocanto a Pendejo Nino. Je. Saben por qué?” Responde Regal Ocanto: “Ja ja ja, una anécdota muy graciosa Fila, de la niña Mélida (Briceño), la hermana de la niña Egilda o Gilda”, es decir, la reputada Señorita Enilda, quien fue una muy estricta Maestra de Escuela particular que educó generaciones de Timotenses, a punta de disciplina, palmetazos y pedagogía. Atento “Ramón “Curita” Ramírez, agrega sonriente: “La historia de Pendejo Niño, o mejor dicho ésta frase, se le atribuye a la Señorita Enilda Briceño, quien era maestra en un aula que funcionaba en la casa del señor Manuel Volcanes, esposo de Oliva Villamizar y padres de José Omar Volcanes, al lado de la Pensión “Brisas de Timotes”, de la señora FRANCISCA. Resulta que alguien obsequió un niño Jesús para el pesebre que se hacía en la Plaza Páez, (hoy Plaza Miranda), y como ese niño, era TAN GRANDE, cuando la Señorita Enilda lo vió, exclamó con aquella ronca y sonora voz: “PENDEJO NIÑO”, de allí en adelante se le conoció como PENDEJO NIÑO.” Sigue Elio Franco con su comentario: “Ramon Ramirez, hola Ramon, mis respetos y admiracion a tu privilegiada memoria pero ahí te corrijo la dueña de esa frase fue la hermana de la Señorita Enilda, Melida (porque) ella era mas extrovertida.” Regal Ocanto, azaroso publica su comentario, diciéndo: “Efectivamente, primo, quien dijo esa frase de !pendejo niño! fue la señorita Melida, y ese niño grandote estaba en la Pensión “Brisas de Timotes”, porque una vez fallecidas las hermanas de la señora Francisca, ella se trajo el niño grandote que estaba en el pesebre de Los Jardines, allá en Pueblo Rosado y lo siguió manteniéndo en su pesebre. La señorita Enilda o Nilda, tenía una voz muy fuerte y gruesa y la llamaban “El Latigo Negro” porque siempre se ponía un romantón de ese color y, en alusion a alguna película mejicana, los jodedores (que en Timotes abundan) la bautizaron asi. Y comentario para Fila (o Filadelfo Araujo), el recuento de las calles, cuando decian de Pedro Ocanto a Pendejo Niño era, precisamente, del negocio de Pedro (Ocanto) a la esquina donde vivía la señorita Melida y su hermana; asi mismo estaban las esquinas de Chemiguel a Trincabolas, o sea, donde esta la panaderia Los Frailejones”. José Filadelfo Araujo, vuelve a participar escribiéndo: “que memoria prodigiosa, La Srta Enilda, mi Maestra en la Escuela de Plaza Miranda,a ella se le debe, lo de Pendejo Niño…. Sería bueno recordar las calles… Otra creo que era de Pepe Marquina a el Negro Abraham”. Jesús Oraides Franco, muy atento, señala lo siguiente: “Por estas anécdotas, me parece bastante agradable y curiosa la posibilidad de retomar esa manera de identificar las esquinas de nuestro pueblo para hacerlo más atractivo. Por ejemplo, el negocio de mi familia está ubicado entre la esquina de Pedrocanto (esa era la expresión) y la esquina del correo, porque es lo más inmediato en el tiempo que recuerdo.” Y termina reforzándo, con las siguientes frases: “En conversa con mi mamá (Rosita Santiago), ella me comenta que quizá esto surgió a partir de la venta de un periódico, salido de las entrañas timotenses, si ella no se equivoca, llamado El Vespertino, del que recuerda que estaban dentro de la directiva, Ramón Diaz, entre otros. Me habla de la esquina de ¨Pepe “Faja” al Negro Abraham como lo menciona Filadelfo más arriba. Asi mismo, de La Esquina de Estudiante a Carcajada”. Vuelve la palabra acertada de Ramón “Curita” Ramírez, explicando: “Si mi memoria no me falla, la esquina más próxima del negocio de ustedes (en clara referencia al cafetín Variedades Timotes de Jesús Franco) era lo que muchos llamamos “El Palomar de Nieto”, por cierto, que viendo la fotografía que usted tuvo a bien ilustrar ya para la época en que se tomó la foto esa casa existía. De las esquinas poco conozco, salí de Timotes en el año 1966”. Pero José Filadelfo Araujo, si recuerda cosas y agrega: “Que tal la esquina de Victorino a Maria Cándida. Otra de Yuyo a Juan Osuna hacia la Guacaipuro”. Mientras Regal Ocanto, escribe: “Ramon, a esa casa despues la bautizaron como “el palomar de las Pereira”, en alusion a las maestras Perez (hermanas de Rito) que llegaron a vivir alli. Antes era por el profesor Estromiro Nieto que tambien llego a vivir en el palomar. Saludos”. Sin duda que muy prodigiosos, variados e ilustrativos los comentarios de mis paisanos, a lo que podemos agregar que la anécdota de Pendejo Niño, sobrevivió al paso del tiempo, y llegó a nosotros en los siguientes términos, porque si bien es verdad lo que expresan nuestros paisanos, ninguno se atrevió a mencionar la causa que originó tan acertado sobrenombre. De la historia popular recogimos lo siguiente que es parte de la información de mi libro inédito “Desde mi Casa a la Plaza (Otros Relatos de Timotes)” y dice: “Estaban cumpliendo con el ritual de la Paradura del Niño Jesús en Casa de Doña Cualquiera y el Padrino Mayor era el popular Pepe, quien siempre se la pasaba jugando bromas a la gente. Al Momento de inclinarse a Adorar la Señorita Emilba, reconocida por su carácter y rectitud, el consabido se bajó el cierre del pantalón y se sacó su miembro, exponiéndolo libremente a la vista de la señorita, quien con su vestimenta impedía que alguien más se percatara del atrevimiento, mientras los versos iban y venían con solemnidad. Haciendo un gesto de sorpresa, la señorita Emilba se acomodó sus lentejuelos, adoró con devoción al Santo Niño y alcanzó a exclamar persignándose, con asombro y voz muy ronca: Pendejo Niño!”.

Recuerdos de las Navidades en Timotes

De la cuenta de facebook “La Ruta del Páramo”, fechada el 23 de diciembre de 2016, de nuestro Paisano José Filadelfo Araujo, hemos tomado la esencia de su información y procedemos a entregar esta nota como Conversaciones Entre Timoteros, lo cual compartimos para deleite de nuestros lectores. Recordemos que Filadelfo Araujo, destacado paisano radicado en la Ciudad de Mérida, es un gran Profesional egresado de la Universidad de Los Andes como Ingeniero Forestal, reconocido Educador de generaciones merideñas y periodista de altos kilates que dedica tiempo a la defensa de la Timoteñidad, difundiendo vivencias, experiencias e informaciones útiles para la reconstrucción de nuestro pasado andino paramero.

Con su afable carácter y sapiencia manifiesta nos indica: “Las navidades en el terruño” en clara referencia a nuestro Timotes de ahora y siempre, eran “lo máximo. Las misas de aguinaldo” se celebraban “en las madrugadas”, es decir, a las 4 de la mañana, posibilitando el amanecer de muchos que celebraban a su manera o parrandeaban hasta las primeras horas de la mañana y de ahí pasaban a la iglesia, hoy Basílica Menor Santa Lucía, sin importar que se quedaran dormidos en plena celebración religiosa. “Como no recordar”, nos dice Filadelfo: “las patinatas con los unión y winchester” en alusión a los inolvidables patines de hierro unión cinco, con tapas amarillas o rojas, usados por adolescentes y jóvenes que patinaban felizmente en los pasillos de plaza Bolívar, demostrando siempre sus destrezas. También recordamos “las carruchas”, ingenio manual de quienes no podían tener patines de hierro, y que practicamente permitían gozar genuinammente las navidades timotenses. Mención especial en esta añoranza a “Los amigos”, resaltando el grato “reencuentro con los panitas de otras partes del país, que venían a timotes a pasarla con sus familiares”. Como no recordar: “Las jóvenes maracuchas en los hoteles de la ciudad”, particularmente quienes se alojaban en el Famoso Hotel “las Truchas”, nos dedicabamos “a bucear las mas bonitas”, otros a protagonizar sendos romances exclusivos de navidad.

Evoca Filadelfo, que “por las noches” la cita era en “las discotecas: Pedro Luis y El Méndez”, donde ibamos a bailar o “a echar un pie”. El día “24 de diciembre” era “la cena navideña, donde Doña Gláfira o Doña Carlina”, acudiamos en grupos “a saborear las hallacas y luego hasta el amanecer”, parrandeabamos en la Casa de Doña Josefita Ramírez, es decir: “donde Ramón Ramírez” mejor conocido como Ramón Curita, allá por la Avenida Motatán, donde la vivienda se hacía pequeña para la cantidad de visitantes habidos de fiesta, por cierto muchos salían peleando al pasarse de tragos.

El día 31 de diciembre, ibamos “a la plaza” Bolívar, lugar de convergencia del colectivo timotense, “allí esperabamos el cañonazo”, que marcaba el final de la noche vieja y el inicio del nuevo año. Acudiamos con nuestros estrenos o mejores galas “para darnos” sentida, respetuosa y efusivamente “el feliz año”. La cita era “con todo el pueblo”, grandes y pequeños, ricos y pobres, funcionarios y pueblo, “sin exclusiones, sin política de por medio” y lo mas cumbres nos dabamos “de hasta dos o tres veces”, el abrazo de Feliz año “con las chicas que mas nos gustaban, con la excusa de que “yo creía que no le había dado el abrazo” de año nuevo. Todos lo gozabamos y los “entonados” eran tolerados. Luego, según Araujo: “Cenas navideñas donde Doña Glafira y Doña Carlina y nuevamente para donde Ramón Ramírez”, a la parranda del 31 de diciembre y del año nuevo”. Nostálgico y devoto, refiere: “en medio de estas celebraciones”, viviamos “la devoción a San Benito, Santo Negro, con fiestas a todo granel, polvora y unos traguitos”, en clara alusión a la gran cita religiosa y folclórica del 29 de diciembre, donde Timotes vive la manifestación espiritual mas extraordinaria del páramo andino, con las Comparsas de San Benito, con sus vasallos o danzantes ofreciendo coloridos trajes y hermosas danzas con diversidad de coreografías en medio de la musicalidad del tambor, cuatro fiestero y maracas y todo un pueblo volcado a rendir tributos al Co Patrono Benito de Palermo.

El 2 de enero: “la cita era para La Venta”, a las fiestas de San Benito, donde “terminabamos de darnos el abrazo de feliz año” y donde tomabamos vino Carmania o Pasita con cerveza y “comida gratis para los socios y los que no eran”, Recuerdo el tipico menú: “caldo con carne mechada y papas cocidas”. Entrada la tarde, mas prendidos que un tizón y casi “emparamados” regresabamos en cola a Timotes, muchos caminaban parta alargar el compartir con las hermosas damas o novias que acompañaban.

Vuelve Filadelfo, con sus palabras a evocar aquellos días: “y los regalos para el Dia de Reyes, 6 de enero. Algunos se iban para la Mesa de Esnujaque y otros para Piñango”, por supuestos, a fiestar. Regresa a explicar: “Los mejores regalos de los organismos públicos, se esmeraban en los presentes. Un regalo para los hijos del Jefe, pero eran tan iguales de bonitos que los de los obreros”. Finalmente, luego de tantas emociones, nuestro entrevistado imaginario, nos dsice: “Y la despedida del terruño hasta el nuevo año”, porque muchos regresaban a estudiar en las ciudades o con su familia en otras latitudes.

De esta manera, tan elocuente, describe Filadelfo Araujo las navideñas en el Timotes de los años cincuenta, sesenta y setenta del siglo pasado, es decir, nuestro terruño de hace cincuenta años.

Jesús María «Chuma» Espinoza Marín · Desde mi casa a la plaza