8. Los Cuentos de Mi Padre
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De entrada les comento que somos unos cuantos hermanos, producto de las relaciones amorosas de mi padre con diversas mujeres y en distintos espacios del país. De matrimonio fuimos once, dos murieron y quedamos nueve para la fecha (año 2023). Mi padre desde muy joven fue desordenado y “aparentemente” se gozó el mundo. Diversidad de experiencias forman parte de su historia prodigiosa. Su madre biológica, Ana Julia Angulo, oriunda de La Azulita, murió muy joven, quedando huérfano a muy temprana edad, por lo que lo crió la abuela Margarita, quien vivía en la casona de los Espinoza. Su padre Pablo Marcial Espinoza Franco, veló por sus cuidados de niño y adolescente. Fue estudiante de la Escuela Técnica de San Cristóbal, egresó de la Escuela Nacional de Guardias Nacionales y logró trabajar en la Isla de Margarita, donde contrajo matrimonio civil con mi madre. Igualmente trabajó en otras zonas del país, hasta que pidió la baja por razones desconocidas. También laboró como profesor de educación física del Colegio Privado Ramón Reinoso Núñez de Timotes y posteriormente en Betijoque, estado Trujillo. Figura entre los personajes más importantes del partido acción democrática, donde trabajó arduamente para llevar al poder a varios gobernantes regionales y locales, aunque por diferencias ideológicas prefirió irse con Luis Beltrán Pietro Figueroa y el Movimiento Electoral del Pueblo (MEP) en 1968. Posteriormente volvió y trabajó como funcionario del Ministerio de Agricultura y Cría, y en los gobiernos locales de Pánfilo Briceño, Flavio Quintero y prof. Mary Nava Montilla, cuando salió jubilado como trabajador de maquinaria pesada del Municipio. Actualmente es militante convencido del proceso revolucionario.
Mi Padre figura como uno de los grandes pescadores de truchas de la región, junto a Freddy Montilla y otros contemporáneos. De allí sus famosos viajes al páramo y su regreso repleto de sendos ejemplares que servían para la mesa familiar y sus comensales. Cuentan que en una oportunidad, se atrevieron a pescar a escondidas en la truchicultura de Santo Domingo y por supuesto, los ejemplares extraídos de las aguas pasaban de los dos kilogramos. Así pasaron largo tiempo, hasta que los dueños de la empresa, se dieron cuenta y los corrieron a piedras. En una de esas, regresaban del páramo y se robaron un ovejo pero se percataron que había que pasar una alcabala móvil de la Guardia Nacional y se vieron en la necesidad de disfrazar al ovejo. Dicen que le colocaron un romantón, lentes oscuros, una gorra en la cabeza y lo acomodaron de tal forma que parecía un ciudadano dormido en el asiento trasero. Llegaron al mencionado puesto de control vial, les pidieron papeles y los guardias miraban hacia adentro y como no percibieron nada extraño, ni el animal se movió, los mandaron a continuar adelante. Desde allí risas y gozadera y posteriormente, el sabroso festín con carne de ovejo para todos los amigos. Junto a Antonio Hernández, Ildefonso Espinoza, Freddy Montilla y otros, fueron muchas las jugadas y situaciones que hicieron en aquellos tiempos del Timotes legendario. Fueron ellos, quienes agrupados le colocaron el candado a la casa donde se encontraba el Padre Rincón, encerrado con una dama.
Pero sin duda, uno de los cuentos más extraordinarios fue el falso matrimonio que celebraron en una humilde vivienda de Betijoque. Dicen que se enamoró perdidamente de una hermosa muchacha, y como estaba casado, y los padres de la chica eran bien delicados, pues no sabía cómo hacer para tenerla. Junto a sus amigos, idearon un plan de acción y juntos procedieron. Ya la dama y su familia, estaban enterados del matrimonio, por lo que llegado el día, se aparecieron sus amigos bien vestidos de flus y corbata, con libros en las manos y cada quien con una función. Freddy Montilla fungió de prefecto civil e Idelfonso pasó como secretario, ya todos reunidos en la sala de la vivienda, con la presencia de la dama y sus familiares, el secretario comenzó a leer el acta en voz alta y al momento, el prefecto interrogó a los contrayentes y como no hubo impedimentos, los declaró solemnemente marido y mujer y todos firmaron el libro de actas de matrimonio civil. Hubo brindis y comida para todos y posteriormente, la partida de los recién casados y de las autoridades. Como llevaban un solo vehículo, a la pareja la dejaron en un conocido hotel de Escuque y los supuestos funcionarios se alejaron en el vehículo. Después de la luna de miel, mi padre llevó la chica para su casa mientras trataba de resolver algunos asuntos personales en su ciudad natal: Timotes. No sabían la gravedad del delito que habían cometido, con la suerte que los libros eran falsos y nadie se enteró del caso. Cuando se encontraron, se fueron a celebrar y a comentar entre ellos la situación, mientras la dama esperaba ansiosa la llegada de su esposo. Solo el tiempo se encargó de demostrar la triste realidad y la decepción fue tal que como pareja discutieron y decidieron separarse, iniciando ambos el transitar por caminos distintos y bien distantes. Es por esa razón que tenemos algunas hermanas en la población de Betijoque y Sabana Libre de Trujillo. Afortunadamente nadie se ocupó de un divorcio legal y la estafa matrimonial quedó para la historia.
El tiempo ha pasado y hasta nosotros siguen llegando diversidad de historias, pero solo quería dejar este escrito para la historia popular timotense, porque no solo fue desorden, gracias y malas jugadas, porque mi padre también contribuyó de diversas maneras al desarrollo y progreso socio cultural de nuestro municipio, desempeñando con responsabilidad diversos cargos en la administración municipal. Gracias a su talento fue promotor de Funda-comunal, oficinista, herrero, conductor de vehículos y operador de maquinaria, y no llegó más lejos, porque después que sirvió de escalón para que otros subieran, lo marginaron y le tocó resignarse ejerciendo las funciones que le asignaron.