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9. Mis Testimoniales Inverosimiles

2.009 palabras · 10 min de lectura

Se trata de situaciones inverosímiles de cuando cumplimos funciones como servidores públicos, en la alcaldía del municipio, que podemos plasmar porque forman parte de nuestro emocionario popular, representando tema obligado en conversaciones y parte integral de nuestra tradición oral.

La Casita de Ellisto

Ellisto, “flamante director” del Instituto Municipal de la Vivienda, que ante tantas solicitudes de familias necesitadas, tuvo la curiosa osadía de comprar una “casita de pesebre” que guardaba celosamente en su escritorio y que solía sacar cuando los padres o madres de familia, lograban entrevistarse con dicho funcionario. Este, los escuchaba con atención y de repente, se los vacilaba diciéndoles: “Usted necesita casa, yo le voy a dar su casa”. Tomaba cierto aire de funcionario prepotente y luego de la pausa, deleitaba su egoísmo, al notar con satisfacción que a muchos les brillaban sus ojos y la esperanza se percibía, en la alegría reflejada en el rostro, parece que esto lo excitaba. De repente remataba, sin ton ni son, inescrupuloso y burlista: “tome su casita” y le entregaba la casita de cartón al solicitante, con la suerte que la gente es muy educada, guardándose siempre su arrechera y que el alcalde municipal no se enteró a tiempo de esta situación donde el célebre Director se burlaba abiertamente de las necesidades de la gente.

Una Beca para mis hijos

Ramón esperó paciente para pasar al despacho del alcalde municipal, iba a plantearle su necesidad urgente. Cuando le llegó su turno, entró entusiasmado y luego de “chocar la cinco” y presentar el saludo de rigor, tomó asiento y comenzó a plantear su necesidad con los siguientes argumentos: “mire Señor alcalde, usted sabe que nosotros lo apoyamos, allá todos semos revolucionarios, y yo vengo a que usted me eche la manito, necesito su apoyo para sacar adelante a mis hijos que están estudiando aquí en Timotes. Tengo mucha familia y en verdad que necesito, a ver si usted puede darme una ayudita, alguna bequita para los estudios de mis hijos”. El alcalde lo escuchaba atento, Ramón habló largo rato e insistió en la fulana beca, de repente fue interrumpido por el funcionario quién le preguntó: “muy bien, dígame dónde estudian sus hijos para ver qué podemos hacer”. De inmediato Ramón respondió: “ellos estudian en el liceo privado, y usted sabe que ahí siempre se gasta”. El alcalde se quedó callado y solamente le mandó a dar café.

“Las Pasó Todas”

La señora Santiaguito llegó saludando a todos los presentes. De repente dijo en voz alta: “Hay yo si tengo que agradecerle al alcalde que me ayudó a mi chiquiiiiita en sus estudios”. Alguien le dijo: “gracias a Dios, señora!” y de inmediato le preguntó: “y pasó todas las materias”. La señora respondió convencida: “va muy bien, figúrese que pasó dos materias, solamente se le quedaron ocho”. Al instante un montón de carcajadas interrumpió la conversación.

¿Y los regalos?

Era la cena navideña de la alcaldía y se desarrollaba en un conocido centro social de la ciudad. Todo era entusiasmo y camaradería, licores iban y licores venían para todos, en medio de chistes, conversaciones y bailes de pareja. De repente, hicieron una pausa para realizar el brindis correspondiente y disfrutar de las hallacas y el pan de jamón, en medio de las palabras emocionadas de cada uno de los presentes que, en voz clara, expresaron su saludo y los mejores deseos para el nuevo año. A la par, se iniciaba el famoso intercambio de regalos y cada participante entregaba con alegría y recibía esperanzado su presente. Todos comieron y bebieron y cada quien resguardó su regalo, mientras se disfrutaba de la fiesta que se ponía de lo mejor. Al paso de las horas, el alcalde decidió revisar su regalo y se dio cuenta que no estaba. Preguntó y nadie decía nada, es más a otras personas también se les había perdido. Todos comentaban pero nada que aparecían los fulanos regalos. En medio de la frustración, se suspendió la fiesta y cada quien comenzó a retirarse ya que se habían “perdido” varios regalos. Para sorpresa de todos, algo más arriba, el alcalde detuvo el vehículo y llamó a una persona que vio muy gorda y descubrió que llevaba debajo de la chaqueta varios regalos. En el acto se los quitó todos y le dijo: “usted por qué se trajo los regalos, qué broma nos echó”, a lo que el interpelado respondió tranquilamente: “era que se los estaba guardando”.

Usurpación de Funciones

Wilmer y Freddy “Lapa”, trabajadores de la alcaldía municipal y jodedores de primera línea, en varias oportunidades usurparon funciones porque cuando alguien llegaba preguntando por el ingeniero tal o por X funcionario, estos le decían con total convicción, con toda la seriedad del caso y suficiente amabilidad: “ese no está, pero anote el número de teléfono y le llama mañana”. Wilmer daba el número de Freddy “Lapa”, o Freddy “Lapa” el número de Wilmer. El solicitante agradecido, se retiraba respetuoso y efectivamente, al día siguiente, llamaba preguntando por el Ingeniero tal o por X funcionario para explicar su planteamiento. Nuestros usurpadores: Wilmer o Freddy “Lapa” respondían de lo más tranquilos y le caían a mentiras, inventaban excusas, pactaban citas e informaban cualquier ocurrencia de las más increíbles, inverosímiles pudiéramos agregar, con tan buena suerte que nunca se generaron situaciones difíciles que comprometieran sus actuaciones. Es decir, apreciados lectores, que ambos personajes con carita de Santos, se vacilaron a más de uno y sus vivencias son tema favorito en las tertulias colectivas.

“Confiésome, Padre!”

Cuando trajeron la Reliquia de San Benito, a la población de Mucuchíes, invitaron al alcalde de Timotes, quien acudió con otras personas a la celebración eucarística. Al final de la misma, hubo actividades en las afueras de la Iglesia, por lo que todos los invitados salieron a presenciar las manifestaciones de alegría del pueblo ante la llegada de la sagrada reliquia. De repente, se le acercó una señora al alcalde, quien vestía de flus negro y semejaba a un religioso, sin duda que la señora lo confundió, sin darle tiempo que se identificara, y le dijo: “cómo está padrecito, hacía tanto tiempo que no lo veía, mire padre a mí me pasa esto, esto y esto” y no paró relatando situaciones íntimas, familiares, personales y comunitarias, en clara confesión al supuesto sacerdote. Al alcalde no le quedó otra que guardar el secreto de la confesión y hacerle la señal de la cruz como absolución de sus pecados, esto con toda la reverencia y respeto de cualquier religioso. A lo que la señora respondió con una sonrisa y una cálida despedida, sin darse cuenta que se había confesado con el alcalde de Timotes.

“Arepitas Rellenas”

Después de la inauguración de la obra, los anfitriones invitaron a todos los presentes al agasajo respectivo, exhortándolos amablemente a degustar unas ricas arepas. Sin duda que todos, desde el alcalde, los directores y acompañantes, estaban hambrientos porque no habían comido nada y la jornada se había prolongado y vaya el hambre que pega en esos páramos. De repente, comenzaron a repartir arepitas rellenas con arroz amarillo, pintado con onoto, para todos por igual, recuerdo que pocos comieron porque nunca habían visto aquella extraña combinación, lo que aceleró la culminación de los actos en esa comunidad. Sabia moraleja, si usted quiere que se vayan rápido los visitantes, brinde arepitas rellenas con arroz amarillo y verán como todos huyen.

“Están Espantando”

Había que terminar los informes que el alcalde municipal debía llevar urgente hasta la gobernación. El edificio municipal se fue quedando solitario y solo permanecieron los promotores y secretarias de desarrollo social, por supuesto, elaborando dichos informes. De repente, escucharon ruido en la oficina del director general, se asomaron y no vieron nada, por lo que siguieron trabajando. Más tarde, volvieron a escuchar ruidos que eran como si movieran una silla y un escritorio y quejidos de mujer, esto hizo que aceleraran el trabajo y asustados lo concluyeron. Cerraron las oficinas y se asomaron observando que en medio de la oscuridad, efectivamente se destacaba una mujer de negro con el pelo alborotado pero en pleno movimiento, lo que causó mayor miedo y en medio de los gritos que todos salieron corriendo, a excepción de un curioso que se regresó a detallar el espanto. Avanzó, lleno de valor, en medio de la oscuridad y observó que efectivamente, era una mujer alta que se movía encima de un caballero que permanecía sentado, haciendo el amor, de ahí los movimientos y quejidos. Al curioso no le quedó otra que salir también asustado y fingir que estaban espantando para no delatar a los protagonistas del evento que más tarde salieron como si nada. Al día siguiente, todos comentaban que en la oficina del director general “estaban espantando, qué había que tener cuidado y que no debían quedarse trabajando de noche”.

“Las Tejitas de Recuerdo”

Es el caso de un camarada que construyó, con sus propios recursos, una gran mansión, en uno de los campos de Timotes pero le faltaban las tejas. Cuando pasó el alcalde por el sector, mandó a detener el vehículo para plantearle claramente su aspiración, le dijo algo así: “mire sr. alcalde, consígame unas tejitas, deme unas tejitas que me faltan, démelas como recuerdo de su gobierno”. El funcionario lo escuchó atentamente y preguntó: “cuál es su casita para ver si podemos ayudarlo”. A lo que el ciudadano respondió: “es esa, que usted ve allá” y señaló tremenda construcción de varios niveles y ciertas dimensiones. El alcalde sorprendido le dijo: “vamos a ver, le mando a inspeccionar y le avisamos si podemos”. Pasó el tiempo, terminó la gestión y nuestro camarada revolucionario nunca recibió el regalito de las tejas como recuerdos del gobernante.

“Dios Existe”

Una de las tantas situaciones que como servidores públicos, nos tocó vivir, fue constatar la existencia de Dios, cuando visitamos un caso de pobreza extrema en las adyacencias de Timotes y en pleno siglo XXI. Llegamos al sitio y con humildad, la buena Madre, nos pidió que pasáramos. Comenzamos a tomar la información necesaria para el informe socio-económico y justo cuando detallamos el sitio donde dormían madre e hijos, fue que comprendimos que Dios existe, porque en una cama individual, cuyas medidas son dos metros de largo por uno de ancho, con una delgada colchoneta, dormían nueve personas. Cómo hacían? Nunca lo averiguamos, por respeto al dolor ajeno, pero allí dormían todos apuruñados. Sin duda, que el paso siguiente fue contribuir a solucionar esta situación, entregando algunos bienes que permitieran descansar con más comodidad.

“Córrale por ahí pa´ bajo”

Estabamos todos reunidos al aire libre, en una popita, muy cerca de la casita campesina de madera. La gente entusiasmada y atenta al discurso del alcalde que inspirado explicaba parte de sus logros y los proyectos pendientes para la comunidad. La gente interrumpía y preguntaba, algunos confirmaban o negaban, con sus gestos mientras el funcionario continuaba, talentoso, con su discurso. Era casi medio día y ya el viento paramero comenzaba a soplar, en clara anunciada de la tarde fría y neblinosa. La dueña de casa, afanosa y atenta, se presentó con un tremendo vaso, con una bebida de tono rojizo oscuro y le dijo: “es jugo de tomate de árbol, tómesela con confianza que eso es muy saludable”. Mientras alguno de los presentes intervenían con ciertas preguntas, el alcalde degustó el mencionado jugo pero de repente, cuando ya se había tomado todo el vaso, salió corriendo montaña abajo para sorpresa de los presentes que sólo alcanzaron a ver cuándo saltaba una cerca y se perdía entre los montes. Todos quedaron estupefactos y preocupados por el funcionario. Los más cercanos se asomaron y preguntaron si estaba bien. A lo que nuestro personaje respondió que sí. Al cabo de un rato, subió tranquilo y se incorporó de nuevo a la reunión y ante la pregunta lógica que todos esperaban, respondió aliviado: “coño, el jugo de tomate, me aflojó el estómago, diarrea fulminante y córrale por ahí pa ´ bajo porque si no me cago” y todos a reírse durante largo rato.

Jesús María «Chuma» Espinoza Marín · Desde mi casa a la plaza