9. Ño Miguel Andrade
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Don Ismael Villarreal Un recluta del Ejército Liberal Restaurador
Miguel Andrade era un labriego humilde, un personaje llano y buen conversador; victorioso aupaba garrocha en mano las yuntas de bueyes en sus barbechos, allá en La Joya; y en horas de sosiego, coa en ristre narraba infatigable sus anécdotas guerreras convividas al lado de Bolívar.
Después de la perdida de la primera republica Bolívar invade por Magdalena. Río arriba avanza reclutando voluntarios; en Cúcuta agrupa una selecta oficialidad; notables negroandinos se enrolan en su ejército: Luciano D’Eluyar, Atanasio Girardot, Pedro y Antonio Ricaurte, Hermógenes Meza y otros, allí preparó su primera incursión hazañosa, la que conocemos como la Campaña Admirable. Siguió para Mérida, donde la godarria local se prodiga en atenciones y Vicente Campo Elías, los Rivas Dávila y Justo Briceño pasan a conformar su Estado Mayor; y las máximas autoridades de la ciudad le otorgan el título de “LIBERTADOR”.
En el momento que el Libertador sale de Mérida, en cada recodo del camino, se suman adictos a la causa de la libertad. Fue así como el 13 de junio un contingente de timotenses le aguardaba en la plaza de Timotes, para cerrar filas en las huestes libertadoras; no era aquel un contingente de letrados, ni de opulentos mantuanos, sino eran sesenta y seis labriegos de origen humilde, de los llamados pata en el suelo, que se aprestaban a engrosar el batallón de infantería patriota, resueltos a dar la vida en aras de una utopía.
No eran aquellos batallones uniformados y equipados a la usanza europea, sino guerrillas misérrimas en vestimenta y en armamento no así en ímpetu y coraje: allí iban, pues los sesenta y seis timotenses, con capotera escasa, aguda lanza y filoso machete en la cintura a insertar para siempre sus nombres humildes en las páginas de la historia patria:
Andrade Miguel
Araujo José Antonio
Araujo Juan José
Araujo Natividad
Bustos Jerónimo
Bustos Miguel
Cano Pedro
Cano Reyes
Cano Domingo
Cano Toribio
Cómbita Agustín
Cómbita Domingo
Combita Salvador
Díaz Encarnación
Díaz Ignacio
Díaz Luís
García Antonio
García Pedro
Gómez Domingo
Gómez Ignacio
Gutiérrez Joaquín
Hoyos Apolinar
Malabar Bernabé
Maldonado Encarnación
Maldonado Miguel
Maldonado Pascual
Maldonado Paz
Montilla Damián
Montilla José de Jesús
Montilla Reyes
Molina Jesús
Molina Matías
Moreno Bernardino
Moreno Celedonio
Moreno Jesús Manuel
Moreno Ignacio
Moreno Juan Antonio
Moreno Miguel
Moreno Rosario
Ocanto Benito
Ocanto Juan Asencion
Paredes Cornelio
Paredes Francisco
Paredes Gregorio
Paredes Tomás
Prieto Marcos
Puentes Bartolomé
Puentes Juan José
Ramírez Francisco
Ramírez Fermín
Rivas Domingo
Rivas Cruz
Rivas Jacinto
Rivas Juan Andrés
Rivas Juan José
Rivas Juan Pablo
Rodríguez José Antonio
Romero Blas
Romero Cruz
Romero Santos
Toro Juan José
Toro Santos
Torres Andrés
Rondón Santos
Villarreal José de Jesús
Volcán Cirilo
Dos años después regresó Miguel Andrade. Fue uno de los pocos sobrevivientes de la guerra magna; no ostentaba grados militares, traía cicatrices en el cuerpo, traía amplio repertorio de sus andanzas y una gran admiración por El Libertador, es decir, era todo un Bolivariano.
Cuando llegaban al pueblo los curas misioneros, o llegaba el obispo o era el día de Santa Lucía y había fiesta solemne, él subía por la calle real rodeado por hijos, nietos y bisnietos, pues procreó numerosa familia; y entonces se solazaba en público echando los cuentos de sus épicas vivencias, explicaba con lujo de detalles los sucesos acaecidos en los primeros días de su vida militar: como fue el ingreso a las filas; la noticia del fusilamiento del Coronel Antonio Nicolás Briceño, en Barinas; la victoria de Niquitao; y la firma del decreto de Trujillo. Donde hacia más énfasis, era cuando pronunciaba el nombre del Libertador por lo tanto exigía que todos los presentes se quitaran el sombrero en señal de reverencia. Y con notable emoción recordaba, cuán deslumbrados estaban sus compañeros y él, para el momento en que conocieron al jefe máximo. De estampa sobresaliente, de atuendos y ademanes refinados, de difícil carácter, de manifiesto don de mando y de personalidad avasallante.
Por algún tiempo fue destacado en la vanguardia de la infantería; y por sus ignatas condiciones de locuaz, simpático y diligente, sus superiores lo designaron palafrenero del Estado Mayor; prestaba mucha atención a las bestias de silla, les curaba heridas, revisaba herraduras y aperos; por mucho tiempo recibió y cumplió al pie de la letra las exigencias emitidas por José Palacio, el criado del jefe.
Este timotense, nació y murió en La Joya. Transcurrió su vida en la rutina de hombre de campo, sencillo y humilde como el que más; con la narración de sus vivencias se ganaba la admiración de propios y extraños, quienes con suma veneración le daban el tratamiento de “Ño Miguel Andrade”
Ese fue, ño Miguel Andrade
un timotense neto y nato
que ostento el gran honor
de ser un soldado razo
del batallón Libertador.