11. Santo y seña
1.514 palabras · 8 min de lectura
¡ Alto quien vive!
La patria, cochehijuputa
Timotes al paso…
El 1 de octubre de 1892, al canto del gallo, se oyeron descargas de fusilería desde distintos ángulos del pueblo. Era la señal de asalto; aquella madrugada hubo en
Timotes, una cruenta escaramuza. Todo debido a la disputa enconada que sostenía el Dr. Andueza Palacio con el General Joaquín Crespo, por alargar el período constitucional; disputa que le costo a Venezuela 193 combates, 4000 muertos y 6000 heridos según el historiador Manuel Landaeta Rosales; y Timotes dio su cuota de muertos y heridos, en aquellas reyertas fratricidas.
El doctor Raimundo Andueza Palacio, había sido elegido Presidente de la República, para el período 1890-1892; él planteó al Congreso Nacional, reformar la Constitución para alargar el período presidencial de dos a cuatro años. De inmediato el General Crespo, protesta las intenciones del Doctor Andueza; y lanza una proclama, se levanta en armas, y encuentra eco en los cuatro puntos cardinales del país; al punto que el Doctor Victorino Márquez Bustillos, primo hermano del Doctor Andueza y presidente del Gran Estado los Andes, da el respaldo incondicional al General Crespo.
En Timotes, el General Emilio Rivas, defendía la causa del Doctor Anduela. A los seguidores del Doctor Andueza, los denominaron CONSTITUISTAS y a los seguidores del General Crespo LEGALISTAS. De Caracas llegó a los Andes una expedición continuista al mando del General Julio Sarria con tropas de Barlovento, numerosas y bien equipadas. Sarria, creyendo que los Andes estaban pacificados regreso a Caracas, pero antes dejo en poder de Emilio Rivas un valioso parque de guerra. Cosa que constituye a Timotes en un bation continuista.
En Mérida se fusionan las fuerzas del Dr. Márquez Bustillos con las del General Chalbaud Cardona, que siendo ambas Legalistas se rivalizaban; y se dan cuenta aquellos jefes que sus fuerzas sumadas constituyen un importante contingente, pero carentes de pertrechos.
Entonces el General Esteban Chalbaud Cardona, persuade a los Araujo de Jajó, para que en acción conjunta de cardonistas y araujistas, se adueñen a como fuere lugar del parque de guerra que se halla en Timotes.
Chalbaud, le dice a los Araujo:
Rivas tiene muchas armas y poca gente;
Ustedes y nosotros, tenemos mucha gente y pocas armas
Con nuestras gentes bien armadas,
pronto estaremos en las puertas de Caracas,
y seremos nosotros con el ejército andino
los que daremos el triunfo a Crespo.
Y preparan la cayapa contra el General Rivas.
El 30 de noviembre en horas de la noche, andaba de ronda el Coronel Escalona por los lados de Pueblo Rosado, donde tenía centinelas en expectativa de un ataque sorpresa por la cabecera del pueblo. De repente advierten un andar de bestias, que vienen bajando desde Puente Real; todos se agazapan en la barranca de Ño Ana y desenfundan sus armas.
Efectivamente, se aproximaba un trío de jinetes. Sus siluetas se despejaban con los tenues destellos de la luna en nacimiento, brillan las espuelas, las bridas y los sables, mientras los anchos pelo’guama dan sobra a los rostros confusos de los viajeros nocturnos. Son tres de caballo, susurra el centinela, y da el grito:
¡Alto quien vive!
El reflejo de la luna, agiganta el perfil de los jinetes, y uno de ellos responde con insólito garbo:
¡La patria cochehijueputa Timotes al paso!
Ha respondido al santo y seña la voz inconfundible de Jenaro Rivas; quien con aire imponente ha distendido la actitud beligerante del centinela y demás milicianos emboscados en la quebrada Ño Ana. El Coronel Escalona soltó el máuser y gritó alborozado:
-Coronel Jenaro, venga ese abrazo carajo, aquí nadie lo esperaba y menos esta noche complicada… El General se alegrará mucho al verlo, vamos hasta la glorieta, allá está él.
Cuando la cabalgada llegó a la plaza, desde Las Porqueras la luna iluminaba todos los espacios. En la penumbra de un uvito en el centro de la plaza, arrellanando en rustico blanco, permanecía en vigilia, un timotense de breve estatura, de porte marcial, quepis francés, guerrera de botonadura dorada, botas de campaña y espada al cinto. Al sentir la llegada de los jinetes se poner de pie; saludó militarmente a los inesperados viajeros; oyó con suma atención la novedad que le trae Jenaro:
Que el Doctor Andueza se embarcó en La Guaira con rumbo Desconocido.
Que Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez, se asilaron en
Cúcuta.
Que Diego Bautista Ferrer, rindió las armas en el Tocuyo.
Que el General Crespo se aproxima a Caracas, con un
Ejército de 7000 hombres.
Que estábamos en vísperas de un asedio, por parte de Chalbaud Cardona y Los Araujo de Jajó.
El General Rivas, después de oír el parte pormenorizado que le ha dado su hermano; se sienta nuevamente en el banco, con una mano reacomoda el quepis y con la otra empuña la espada y exclama:
¡Aquí no se rinde nadie!
¡Antes que rendirme, a mí se me fusila!
Se mostraba visiblemente preocupado, por cuanto él, más que nadie sabe que la defensiva es la forma más fuerte de la guerra; y en estos momentos él se encuentra a la defensiva en una ciudad totalmente vulnerable.
¿Cómo sostener dos flancos a la vez?
Cómo hacer frente en el flanco sur a Chalbaud Cardona, y en el flanco norte al Atila trujillano Blas Briceño y Manuel Salvador Araujo. No hay pérdida de tiempo. El General conferenció detenidamente con sus oficiales; dictó algunas notas breves a su amanuense el Capitán Jesús María Espinoza; transmite órdenes a los Coroneles Jenaro y Escalona para la movilización de tropas; y al Capitán Basilio Rivas le encomendó el traslado furtivo del parque de guerra; a un escondrijo difícil de descubrir allá en Bailón; y él al frente de encarnizados soldados se alistó en la vanguardia para entrar en acción.
La escaramuza fue apresurada, varios muertos quedaron tendidos en la plaza; el General Rivas obtuvo el completo dominio de la situación, demostró valor, bravura, estrategia. Siete días después entraba triunfante Crespo en Caracas.
El General Rivas, anduecista furibundo, se bate en retirada ante el avasallamiento triunfante del crespismo. Arenga a su gente, les transmite los pormenores del acontecer nacional, y suscribe un manifiesto; entierra el parque de guerra, disuelve su tropa; y con los primeros rayos de la aurora caracolea un macho cebruno y en compañía del Coronel Escalona, parte por los caminos agrestes de la Venezuela del siglo XIX a esperar mejores tiempos.
El General Emilio Rivas, en los años subsiguientes, llenará una brillante hoja de servicios en su dilatada carrera militar y política. Participará en numerosas acciones de armas a lo largo y ancho del país; será presidente de varios Estados, durante los gobiernos de Castro y Gómez. En 1899 conjuntamente con el General Chalbaud Cardona, destrozó el último reducto de la oligarquía pontificada por el General Espíritu Santos Morales en los Andes. En 1903 el General Rivas y el General Manuel Salvador Araujo y el General Esteban Chalbaud Cardona bajo el mando del General Juan Vicente Gómez, toman a Ciudad Bolívar y sellan para siempre las guerras civiles en Venezuela.
Aquí se da un caso curioso de nuestra historia regional, que muchas veces no es fácil comprender, veamos:
En 1892, Rivas enfrenta a Chalbaud y Araujo en Timotes.
En 1899, Rivas y Chalbaud derrotan a Morales en Mérida.
En 1903, Rivas, Chalbaud y Araujo toman por asalto a Ciudad Bolívar.
Pues bien, el General Rivas, en primer plano derrota a dos enemigos potenciales; luego hace alianza con uno de ellos y derrota a un enemigo secular en los Andes. Mas tarde unido a sus dos enemigos potenciales, obtiene una victoria trascendental. Verdad que son curiosos los episodios del General Rivas.
El Coronel Jesús María Escalona, años mas tarde cerró filas en la Revolución Liberal Restauradora, como la plaza del escuadrón de caballería, tuvo destacada participación en los combates de Parapara y Nirgua, el 14 de septiembre de 1899 murió heroicamente en la Batalla de Tocuyito. Cuando el General Castro se entero de su muerte exclamó, han matado a quien hubiese sido el Presidente de Trujillo.
El Capitán Basilio Rivas, deudo del General, se refugió en Mucuchíes, donde contrajo matrimonio con la señora Isabel Teresa Rivas; antes de declinar el siglo XIX, murió en aquella ciudad, dejando dos pequeños niños, un barón y una hembra; la niña fue la abuela materna de quien esto escribe.
El Capitán Jesús Maria Espinoza, sobrevivió sesenta y un años a este episodio, levanto en Timotes una honrrable familia, y se hizo figura señera y punto de referencia en toda la comarca. El día que bajó al sepulcro, una legión de ahijados, compadres y amigos junto a sus familiares le dimos el adiós final.
El Coronel Jenaro Rivas; en momentos difíciles de acoso y persecución se refugiaba en Bailón. Vivió sus últimos días en Timotes dedicado a la agricultura; muy fanático en su filiación liberal; con su carácter jovial, franco y chancista iba por las calles mascullando como recuerdo imperecedero el santo y seña del 1 de octubre de 1892, y cuando alguien le saludaba mencionándole el Alto Quien Vive, él respondía con el garbo habitual:
¡La patria, cochehijuputa, Timotes al paso!