13. La obra trunca de monseñor Vivas
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Aunque trunca, se yergue
con jerarquía de Basílica,
ennobleciendo jubilosa al
gentilicio timotense.
La asimetría arquitectónica de la flamante fachada de la hoy Basílica Menor de Santa Lucía, nos revela la ausencia de la torre derecha. La curiosidad por este tema, ha estado siempre latente en quienes hemos observado con extrañeza la desigualdad del frontispicio.
¿Por qué falta una torre?
Para desentrañar esta incógnita, es necesario ir tras las huellas de Monseñor Vivas.
Era mayo de 1908, cuando Monseñor Buenaventura Vivas tomó posesión de nuestra parroquia. Era un pueblo aletargado, con muchas carencias y necesidades; padeciendo aún las secuelas del terremoto del 26 de abril de 1894; el cual ocasionó más de trescientos muertos y cuantiosas pérdidas materiales en los pueblos de los andes; desde Carache hasta Chirguara. Nuestro templo no escapó a los embates del sismo; y por eso fue incluido en el registro del Pbro. Dr. José De Jesús Carreño, Vicario Capitular del Obispado, para su pronta reconstrucción, con socorros provenientes de diferentes lugares del país y el exterior. Pero sería después de diecisiete años, cuando se iniciaron los trabajos, bajo la égida de Monseñor Vivas.
Estaba el templo en ruinas; las imágenes de los santos, en retablo, unos; en armazón de madera, otros. Destartalada la fachada. En su lado derecho, acurrucábase una torre de base circular, de forma esférica achatada.
El nuevo párroco, fue nervio motor del renacimiento del modesto pueblo; y le proporcionó obras trascendentales para su mejor confort: la construcción de la Plaza Bolívar, la reparación de caminos vecinales, la pavimentación de la calle de la Iglesia, la reconstrucción del acueducto, la instalación de la Planta Eléctrica de Mucumbás, la carretera Valera- Timotes. Y la predilecta de sus obras: la Iglesia Parroquial.
En su afán por traer a Timotes, recursos y mano de obra especializada, para poner en marcha sus ambiciosos planes; hubo de escribir infinidad de misivas, de viajar mucho, de contactar a personalidades del mundo gubernamental y eclesiástico, y a expertos artesanos. Fue así como contactó en La Azulita, al artesano tallador, pintor, compositor de versos, buen músico y maestro de albañilería: Don Lisímaco Puente. Ya tenía Don Lisímaco, compromisos por adelantado, para rehacer algunos templos en el Estado Trujillo; entre ellos la reconstrucción del templo de Escuque. Ergo Don Lisímaco, le indicó que hablara con su colega y amigo, maestro de albañilería, que en Egido y en Tovar había hecho obras notables, se llamaba Vicente Torres.
Poco tiempo después, a instancias de Monseñor Vivas, salieron de Mérida Don Lisímaco Puente y Don Vicente Torres. Les aguardaba una jornada con citas de Viejo Testamento, y un horizonte con visos de Jerusalén cristiana; sus hábiles manos tenían la misión portentosa de levantar palacios para la fe católica; uno, para el Niño Jesús; otro, para Santa Lucía; ambos para gloria de Dios.
Don Vicente Torres llegó a Timotes, presto a realizar su obra memorable. Afable y cordial supo ganarse el aprecio de quienes le rodeaban y cariñosamente le decían: Maestro Chente. Traía él además de su bagaje de experiencias, sus excelentes dotes de artesano, sus herramientas de trabajador acucioso, y a su ayudante de confianza, Pedro Rafael Márquez, alias Ventarrón.
La estupenda obra del Maestro Chente, fue motivo de satisfacción y orgullo para todos los pobladores; quienes sin escatimar símiles le titularon: Arquitecto Honoris Causa de la Universidad de la Vida. No en balde, él se entregó en alma, vida y corazón, para darle forma a los planos elaborados en la curia merideña, en tiempos del Pbro. Dr. Carreño. El esmero en el acabado de la obra, se evidencia en la factura exquisita del altar mayor y en la exuberante torre; que hablan de por sí de la maestría de este artesano singular.
En 1929, el Maestro Chente, concluyó la estructura de la torre izquierda; cosa que resaltó al sumo el desaguisado de la fachada. A un lado al esbelta y nueva: al otro, la achatada y vieja. Para resolver el contraste; demolieron la torre vieja, con miras a iniciar en plazo perentorio la construcción de la torre derecha. Pero no fue así. Nunca hubo segunda torre. Pues, transcurría el tiempo y la escasez de recursos económicos, retardaba por tiempo indefinido los trabajos anhelados. Mientras tanto una penosa y cruel enfermedad minaba la salud de Monseñor Vivas; quién ya septuagenario presentía el final de su jornada; y hubo de retirarse a su Táchira natal en pos de la parentela y del auxilio necesario. Y la silueta de su obra predilecta no cumplió al detalle la simetría arquitectónica, según la perspectiva lineal que exigían los planos de construcción.
He allí el porque, falta una torre.
Esa torre que falta, es un reto permanente para quienes anhelan calzar el coraje emprendedor y diligente de Monseñor Vivas. Es un reto ennoblecedor para quienes aborden con decisión entusiasmar a la feligresía, a los fines de dotar a nuestra Basílica de la torre que desde hace décadas clama por los legatarios de Buenaventura Vivas, el párroco insigne.
En Timotes hay un caudal de entusiasmo, un fervor entrañable que se desborda en las festividades de San Benito, San Isidro, Santa Lucía y demás santos aquí venerados. Los devotos con gran esmero se esfuerzan por celebrar sus efemérides con pompa, con derroche de alegría, de entusiasmo. Todo aquel esfuerzo de meses, de abnegación, de espera, se consume en un solo día.
Pues desde estas páginas exhortó a todos los devotos que con inspiración divina veneran a los santos de su devoción, para que cada uno de ellos se convierta en agente multiplicador de la loable idea, cual es la de darle a nuestra Basílica, la torre que hoy reclama la fachada trunca.
Para sustentar la idea de construir la torre que falta, dirigí una carta exhortativa a los integrantes de la Sociedad de San Benito de Palermo, el 28 de diciembre de 2005, resaltándose las consideraciones valiosísimas que ellos encarnan y que bien pudieran ponerlas al servicio de una obra tangible, que vaya más allá de la excelente celebración que con tanto fervor realizan cada 28 de diciembre.
Timotes, 28 de Diciembre de 2005
Sr. Presidente
Y Demás Integrantes
De la Sociedad de
San Benito de Palermo
Ciudad.-
Con fraterno y sumo agrado, hago llegar a Uds., las siguientes consideraciones:
Son Uds. Una fuerza social, ya por el alto número de socios, ya por el creciente fervor que los ánima.
La festividad de San Benito, es por excelencia, la fiesta folklórica de la región y el icono indiscutible de todo el ámbito timotense.
Son Uds., genuinos representantes de un sentimiento autóctono y popular muy arraigado en el espíritu colectivo.
La fachada de nuestra Basílica, esta inconclusa, y se requiere de fuerza y talento para iniciar una campaña que reflexione, analice y ejecute la construcción de la otra torre.
El propósito de estas consideraciones es exhortar vuestra fuerza y espíritu de vanguardia, para que cada socio, cada giro, cada sanbenitero, ya sea hombre o mujer, propulsen la idea de darle a la basílica y al pueblo, la colosal torre que tiene 76 años esperando su construcción
Me suscribo de Uds.
Amigo y Coterráneo
Eduardo Villarreal Araujo.
Con la emotividad de un timotense que siente y ama su tierra, seguiré exhortando voluntades que aúpen la idea de completar la fachada de nuestra basílica.