14. La ciudad cárcel
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En la primera mitad del siglo XX, Timotes fue albergue de ilustres venezolanos que en calidad de confinados por diversas causas aquí llegaron y disfrutaron de la hospitalidad y solidaridad que bien caracteriza a la gente de esta tierra.
En 1902, el General Juan Vicente Gómez, emprende la campaña de pacificación nacional, y es en Ciudad Bolívar último reducto de la Revolución Libertadora, donde el timotense General Emilio Rivas en encarnizado combate decide la victoria a favor de las armas del gobierno y le proporciona a Gómez la gloria de Pacificador de la República. Allí cae prisionero uno de los lideres fundamentales de la revolución, quién era gran figura militar y política en el oriente venezolano; se trataba del General Zoilo Vidal, archiconocido como “El Caribe Vidal” y fue confinado en Timotes, donde permaneció por espacio de seis años, junto a una hermana que le hacía compañía. Depuesto del poder el general Cipriano Castro, Gómez asume la Presidencia de la República, y designa al General Vidal, presidente del Estado Sucre; años más tarde el General Vidal es recluido en un manicomio, donde murió enajenado mental.
En los años 30, llegó a Timotes el General Albano Mibelli, otro confinado, venía del Castillo de Puerto Cabello, donde pagaba prisión por haber caído en desgracia con el gobierno gomecista. Era Mibelli, un personaje de porte distinguido, aristocrático, oriundo de Escuque; había hecho carrera militar bajo la égida del General Rafael González Pacheco. Había desempeñado altos cargos en los gobiernos de Castro y Gómez. Afables timotenses le tendieron la mano, él se mostró receptivo y simulaba gratitud, siempre muy circunspecto con quienes estrechaba una intima amistad.
Cuando asume la Presidencia de la República el General Eleazar López Contreras, indulta a Mibelli y lo nombra Gobernador del Distrito Federal, luego fue Ministro de Agricultura y Cría, después tuvo otros cargos en el alto gobierno.
Sus grandes amigos timotenses, celebraron con júbilo el ascenso del dilecto amigo a las alturas del poder y llenos de ilusiones pensaron que “Quien a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija” Julio Urbina, fue el primero que vendió sus bienes y muy ilusionado se marcho para Caracas; otro tanto hizo Don Ramón Espinoza G., y no falto quienes los siguieran. Todos a Caracas en pos del ahora opulento amigo, que otrora en días de infortunio recibió en Timotes atenciones y miramientos de gran señor.
Más temprano que tarde regresaron a Timotes, los íntimos amigos de Mibelli, con las manos vacías y con la ingrata experiencia de haber sido desconocidos por el presunto amigo, que huidizo ni siquiera de soslayo les atendió.
En Marzo de 1931, Timotes se honra con la presencia del bardo cumanés; durante catorce meses Andrés Eloy Blanco y su familia son huéspedes de honor en el lar timotense, venia confinado, por el atroz delito de haberse colocado una boina azul y avalar las inquietudes políticas de los muchachos de la generación del 28.
La Rotunda, el Castillo de Puerto Cabello, los Grillos, las pesadillas en calabozos tétricos, los compañeros de infortunio, las amistades entrañables y el confinamiento en Timotes, son puntos de referencia en su currículo vital.
Timotes se enorgullece por haber dado alero afectuoso a tan insigne hombre de letras. Su aquilatada y fecunda pluma se desbordo no solo en Canto a la Espiga y al Arado, Tierras que me Oyeron, El Limonero del Señor, Las Uvas del Tiempo, La Renuncia, Poda, Palabrero de la Loca Luz Caraballo, etc., sino que Canto a España lo había catapultado a la cima más alta de la literatura castellana, pues con esta obra se hizo acreedor al premio otorgado por la Academia de la Lengua, donde concursaron renombrados poetas latinoamericanos.
Andrés Eloy, recito su Canto a España en el teatro Pereda de Santander y fue ovacionado por intelectuales de talla internacional, por miembros de la Academia de la Lengua y por los Reyes de España. Allí se consagro como un gigante de las bellas letras.
En su breve y sosegada estadía en Timotes, Andrés Eloy y su familia, disfrutaron de un clima agradable y de mucha placidez espiritual. Fijaron su residencia en la calle Bolívar, en la casa contigua a la casa de la familia Mazzei G, allí permanecieron hasta julio de 1932, cuando por cuestiones de intrigas entre los espías y los lacayos del régimen, resolvieron confinarlo en Valera; dejando en Timotes buenos recuerdos y gratas amistades.


Fue el Doctor Andrés Eloy Blanco, la antítesis del General Elbano Mibelli, en cuanto a la reciprocidad de la sincera amistad, la gratitud y la cordialidad con personas de todos los estratos sociales. Siempre demostró grandes afectos y mucha deferencia por quienes interactuaron con él, en los días de confinamiento en nuestro pueblo; y en ocasiones puso de manifiesto su sensibilidad por el Timotes que el conoció; prueba de ello fue que hallándose en Caracas el Doctor Andrés Eloy Blanco se entero de la muerte de mi abuela paterna y de inmediato envió a mi padre, su nota de pésame, hecha de su puño y letra.
A finales de la década de los cuarenta, vino confinada una señora oriunda del Táchira. Todos la identificaban por su gentilicio “La Tachirensa” su nombre de pila era María Luisa… se decía que pagaba condena por haberle dado muerte a su esposo. Era ella una señora fornida, de regular estatura, ojos verdes, cabello castaño, mucho oro en la dentadura y fuerte acento tachirense. Vivió en la calle Guacaipuro, inquilina en la casa de la señora Rosa Vita. Se dedicaba la Tachirensa, a la elaboración de granjerías. Murió repentinamente y aquí se le dio cristiana sepultura.
Después del derrocamiento de Don Rómulo Gallegos, se desencadeno una tenaz persecución, a las cárceles, el exilio y el confinamiento fueron a parar un sin numero de venezolanos que simpatizaban con el gobierno depuesto. Fue por ello que en 1949, llegó a Timotes el joven Carlos Andrés Pérez, fijó residencia en el Hotel Méndez. Por afinidad política entablo amistad con Chepa Espinoza, Isabel de Pizzani, Eladio González, Elio A. Rivas, entre otros. Hizo acto de presencia en algunos actos culturales de la Escuela Canónigo y dio clases extra aula a quienes requerían de sus conocimientos; entre los alumnos de Carlos Andrés Pérez, por aquellos días figura como alumno aventajado, nuestro dilecto amigo Tito González.
El joven confinado, en repetidas ocasiones tomo un carruzo y un anzuelo y en compañía de Don Guillermo Espinoza y otros aficionados a las pesca, fueron en busca de ansiadas truchas en las aguas del Motatán. Fugas fue la estadía del señor Pérez en Timotes, pues de la noche a la mañana le fijaron confinamiento en Chiguará.
A lo largo del tiempo guardo agradecimiento por las atenciones recibidas en Timotes, el caso más conocido aunque no fue el único fue la deferencia que siempre le demostró al señor Ramón La Cruz.
Por idénticas causas a las del señor Pérez llego aquí el señor Rafael Reyes. Fogueado en las lides sindicales de los campos petroleros del Zulia, en tiempos de López Contreras y Medina Angarita. Se dedicó el señor Reyes al comercio y a la agricultura, aquí levanto familia y sin duda alguna le tomo cariño al pueblo. Después del 23 de Enero de 1958, tuvo participación muy activa en la política nacional.
Timotes ciudad cárcel… o ciudad paraíso… La paradoja solo existe en el juego de palabras, porque aquellos que aquí han llegado en condición de confinados han encontrado trato sincero y amistoso y un panorama paradisíaco que corrobora el lema vernáculo de que TIMOTES ES EL PARAISO DE LOS ANDES VENEZOLANOS.