15. Mucubají
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“ Si bardos hubo entre los aborígenes de Mucuchíes, en sus cantos melancólicos debió figurar esta laguna, como bello sitio consagrado al Dios de la soledad y del silencio”
Tulio Febres Cordero
Quienes conocemos y admiramos las cumbres andinas, vestigios de la era glacial desaparecida hace sesenta mil años; nos maravillamos de sus horizontes, de sus picachos, de sus cascadas, de sus lagunas y comulgamos con Don Tulio, al imaginarnos que los aborígenes debieron poetizar al Dios de la soledad y del silencio. Refiriéndose él a la laguna de Mucubají.
Mucubají, en lengua timotocuica, quiere decir lugar de la luna. Mucubají es un páramo encumbrado en la región de San Rafael; en su álgido regazo desprovisto de árboles se enseñorea serena la laguna del mismo nombre.
Cuanta la leyenda que: los piaches acudían a sus riberas llevando ofrendas, para los enviados de Ches, que ahí se paseaban sobre sus cristalinas aguas, sin hundirse, esos seres etéreos hacían revelaciones a los sacerdotes y piaches. Eran estas, fábulas de la mitología aborigen. En los días diáfanos, en ella se retrata la inmensidad azul del firmamento y el astro rey; y en noches claras lo hacen los luceros y también la pálida luna.
Laguna de Mucubají, portento de aguas cristalinas, con una longitud de seis cuadras, por tres de ancho, con una profundidad desconocida y un perímetro de 1500 mts. Es la laguna de mayor tamaño en nuestros andes; de ella nace el caudaloso río Santo Domingo. Impresionante su dimensión y su belleza; por si misma ella es una invitación a navegar sobre su imperceptible oleaje fue por eso que los nativos construían canoas para que visitantes entusiastas experimentaran el deleite de surcarla. Así es que el páramo y sus atractivos, son para disfrutarlos a plenitud en días de solaz y esparcimiento.
Para romper la rutina y satisfacer la necesidad de la sana diversión, nada más idóneo que una excursión bien detallada al páramo. Por tales apreciaciones, el domingo 8 de enero de 1933 muy de mañana, un nutrido grupo de excursionistas se fueron en pos del páramo y sus encantos; siguieron carretera arriba en una amanecer bonancible, alegre y festivo; así llegaron a Apartaderos, donde degustaron un suculento almuerzo: sopa de trigo, arepas de harina, cuajada fresca, papas sancochadas, cochino frito y leche recién ordeñada.
El día estaba bonito. Después de almuerzo los excursionistas junto a otros amigos del lugar, bajaron a Barro Negro, para llegar a la laguna grande, más conocida como “Laguna de Mucubají” ícono natural de la montaña merideña, maravilla de la naturaleza. Todos se deslumbraron con aquel paisaje encantador; entonces las familias Carrillo, Mazzei, Berti y Villarreal, circundaron la laguna, como si estuviesen en un anfiteatro; en un ambiente festivo y se avivo en ellos el deseo de navegar en canoa sobre aquellas aguas mansas y heladas.
Subieron a bordo las Mazzei, las Carrillo, la señora Margarita Lares de Power y la señorita Carmen Azuaje; remaron placenteras, iban de un extremo a otro sobre aquella superficie de cristal. Bajo el cielo azul la hermosura de las damas complementaba la exquisitez de tan singular estampa viviente; digna pose para maestros del pincel. Entre tanto los espectadores en la orilla aplaudían, sonreían y acrecentaban la emoción de navegar, de pilotar la canoa, de estar dentro del escenario acuático remando y sonriendo. Las damas satisficieron su indescriptible experiencia y cedieron el turno a los caballeros, para navegar.
Ahora suben a bordo: Toño, Francisquino, Elio, Mario y Eutimio y también un perrito mascota, de uno de los tripulantes; empezaron a mover los remos y en la orilla continuaba el ambiente festivo. De pronto el perrito asustadizo se lanzo al agua y cinco manos derechas se estiraron al unísono para socorrerlo. Fue tal el esfuerzo y la inclinación de los tripulantes que la canoa se ladeo a estribor perdiendo el balance y zozobro. En cuestión de segundos una ráfaga de burbujas subió a la superficie del terso cristal de la laguna. Y la tarde se puso triste.
En un instante todo el ambiente festivo de los excursionistas se trocó en consternación total. Rostros llorosos, angustia y desesperación se hacían cada vez más y más visibles, ante la impotencia de rescatarlos con vida.
En medio de aquel mare mágnum de congoja y tribulación, salió la noticia luctuosa a recorres todos los caminos. Desde Mucuchíes, tanto el telégrafo como el teléfono difundieron sin descanso el fatal suceso. El Coronel Rafael Salas, Jefe Civil del Distrito Rangel y el señor Juan del Río Soto, Jefe Civil del Municipio Mucuchíes con cuatrocientos voluntarios, acudieron al rescate de los náufragos. En el transcurso del día lunes, después de grandes esfuerzos, con ayuda de cordeles y ganchos, sacaron a Eutimio, Francisquino y a Elio; mientras en el fondo de la laguna entre juncos y limo yacían los cadáveres el de Toño y Mario. Luego intervino un buzo venido de Maracaibo, hasta que el día martes a las 2 pm sacaron a Mario y a las 3pm a Toño. Los cadáveres simulaban estar dormidos, se habían congelado, debido a la bajísima temperatura del agua, según criterios médicos la muerte había sido por parálisis del corazón.
El miércoles a las 7am, Monseñor Vivas acompañado del Pbro. Antonio María Soto y cinco monaguillos, en un incesante doblar de las campañas, dieron inicio al entierro de cruz alta de los cuatro difuntos que en la flor de su juventud perdieron la vida en aciaga ventura; en procesión exequias llegaron a la iglesia. Fue solemne la misa de cuerpo presente. Los cuatro féretros cubiertos de coronas, y la iglesia y la plaza colmadas de fieles demostrando su pesar, coincidían con la esplendida ceremonia que Monseñor Buenaventura Vivas celebraba en sentido funeral.
De la iglesia al cementerio, iba un acompañamiento sin precedentes, porque no solo la colectividad timotense se volcó al duelo y se apersono al entierro sino que llegaron representaciones de Mérida, Valera, Mucuchíes, Santo Domingo, Las Piedras y Pueblo Llano. En el cementerio la despedida final estuvo a cargo de Ramón Espinoza, Antonio Uzcátegui, Domingo Pacheco Belandia, Sixto Barrera y Jesús María Espinoza B., quienes se expresaron en conmovedoras oraciones fúnebres.
Cuando el gentío se marcho del cementerio, cuatro cruces exhibían al cielo los nombres de Antonio y Heliodoro Carrillo Peña, Mario Mazzei Guidice y Francisco Berti Provenzzali, al igual allá en San Rafael de Mucuchíes, otra cruz contenía el nombre de Eutimio Villarreal. La trágica pesadilla de la excursión fatal, quedaba así expresada para la posteridad en cruces de cementerio: síntesis del dolor humano y símbolo del misterio de la muerte.
De este doloroso suceso se ocuparon intelectuales de fina pluma y en artículos de prensa plasmaron en prosa la versión de lo sucedido. Por ejemplo cuanto dicen estos breves fragmentos:
Una onda de duelo a enlutado de negros crespones el ámbito de nuestros hogares un ave agorera parece cerner sus fatídicas alas en el límpido cielo de esta ciudad mirandina
Jesús María Espinoza B.
Este río,
Tan mío, que corre sonante,
De ti nace, Laguna de Mucubají,
Siento que estuve en tu orilla,
Madre de mi río,
Y vi la tragedia hasta el final.
Enriqueta Arvelo La Riva
Una oleada de dolor,
Bajo por la hondonada
Y pregonando fue a los cuatro vientos
La magnitud de a catástrofe.
Rafael Pacheco Belandia
…frente a la cumbre
en donde el Águila de la Libertad
bate sus alas,
ajena a la horrorosa tragedia
que iba a desarrollarse
en aquellas soledades.
Ana Bello de Tejero
También abundaron con elocuencia en estas lides; Tulio Febres Cordero, Miguel Febres Cordero, Amado Guerrero Matehus y José del Carmen Araujo.
Múltiples manifestaciones de condolencia le expresaron a los deudos de los jovenes fallecidos. Por lo tanto a los hogares de Don Samuel Carrillo y Doña María Peña de Carrillo, de Don Luis Mazzei Paolini y Doña Isolina Guidice de Mazzei; de Don Virgilio Berti Y Doña María Provenzzali de Berti, de Don Cornelio Villarreal y Doña Rosa de Villarreal; llegaron en abundancia telegramas, misivas, tarjetas de pésame, acuerdos de duelo y disposiciones de pesar; provenientes de instituciones y de personalidades de distintos estratos sociales, culturales y políticos. Entre estas manifestaciones estaban las de Don Tulio Febres Cordero y la del General Golfredo Manzini, de Mérida; de la insigne poetisa Enriqueta Arvelo La Riva, de Barinas; del Dr. Andrés Eloy Blanco, residente en Valera; del general Juan Vicente Gómez, desde Maracay, pues la familia Mazzei tiene nexos familiares con la familia Gómez por ser el joven Mario Mazzei cuñado del señor Aníbal Matute Gómez. También hubo acuerdos de duelo de las Cámaras Municipales de los Distritos Libertador, Campo Elías, Rangel y Miranda; y de las Juntas comunales de Pueblo Llano y Chachopo. Muchísimas fueron las voces que deploraron el trágico suceso.
Después del 8 de enero de 1933, Timotes fue centro noticiosos durante algunos días debido al luctuoso suceso, y fue Don Chuy Espinoza el corresponsal de prensa incansable, que suministró detalles a los periódicos: Occidental, Patria y El Vigilante, de Mérida; El Impulso y El Heraldo, de Barquisimeto; El Panorama, de Maracaibo; Semillas, de Mucuchíes; y el Mirandino de Timotes.
Fue este un drama vivido y padecido por cuatro familias sumamente adoloridas, que presenciaron el paso instantáneo de la vida a la muerte, de unos seres queridos en pleno disfrute de la juventud. Acontecimiento que conmocionó con furor a la colectividad timotense. Siendo además un capítulo trascendente que hizo noticia y ocupo espacios con mucho eco en la prensa escrita, no solamente en la región sino también en lejanas latitudes. En fin episodio de resonancia cardinal en los anales de Timotes.