17. 11 de diciembre
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El 11 de diciembre de 1946, un avión de guerra pilotado por el Capitán Amilcar Barone surcaba el cielo de Caracas, dando la clarinada del contra golpe, del golpe del 18 de Octubre.

Y Timotes se levanto en armas, con cabecillas que se proponían reunir 800 hombres para tomar los campos petroleros del Zulia, bajo el comando directo del General Juan Bautista Araujo. Aunque en Timotes no se oyó ese día ni un disparo sí hubo gran incertidumbre y desasosiego; y también hubo un prisionero muy singular, fue el Sr. Pedro Santiago, conocido popularmente como el Negro Pedro, quien fue condenado al paredón de fusilamiento.

Cierro los ojos y recorriendo el velo del pasado
Las dulces sombras de los que me amaron
Van recobrando sus formas tan queridas
Y me invitan, SIGAMOS RECORDANDO!
Rosa de Arellano
En aquella resplandeciente mañana dominguera de agosto de 1946, convergían los aficionados al combate espuelerico en la gallera de Chiquíao. En medio de la algarabía de pintos, cenizos, canebueyes, giros y malavotos, los galleros apostadores de Betijoque, Escuque, Mendoza, La Puerta, La Quebrada, Jajó, La Mesa, Chachopo y Timotes esperaban que Pedro León abriera la puerta de la gallera, mientras una pick- up que traía larga estela polvorienta, se estacionaba al frente, el conductor era Luis Araujo Miliani, quien llegaba en compañía de su padre, el legendario Gral. Juan Bautista Araujo.
-Buenos días muchachos -Buenos días General
Pasamos al interior de la gallera, en la primera fila tomaron asiento unos señores bigotudos, con borsalinos de alas anchas y pertenecientes todos a la generación de aquellos que sabían manejar con elegancia y destreza la daga, el revolver y la carga a machete. En el transcurso del altercado sangriento, en que un malatovo y un canebuey se debatían a puñaladas, el General Juan intercambiaba opiniones en voz baja con unos de sus lugartenientes de rasgos fisonómicos muy acentuados… ¿Quién era él?
¡Era el Coronel Miguel Corredor! De rostro severo, mirada de águila, tez bronceada, una extensa cicatriz le cruzaba toda la frente y la mejilla derecha, de aspecto escrutador y febril, asentó autoritario y don de mando, infundía respeto. Hombre dotado de cualidades guerreras, la aureola de sus hazañas fue conocida en Santa Apolonia, Torondoy, Monte Carmelo, Palmira, Piñango, Las Piedras, Pueblo Llano Altamira, Calderas, Barinitas, Niquitao, Tuñame, La Quebrada, Santiago, Jajó, La Mesa y por supuesto Timotes. Para los doctores que gobernaban en Mérida él era un hombre de confianza y para los generales que gobernaban en Trujillo él era un lugarteniente.
En la primeras décadas del siglo XX, Don Eduardo Corredor y sus hijos Eduardo, Miguel, Eleazar y Ramón participaban activamente en los ajetreos de la política regional; eran los tiempos en que las controversias políticas se dilucidaban a sangre y fuego; por ese motivo sostuvieron un altercado sangriento en uno de los pueblos del norte del estado donde salvaron la vida milagrosamente. Se ocultaron por algún tiempo en su casa paterna en Timotes, hasta que un día Miguel y Eleazar son hechos prisioneros.
Una guardia de hombres escogidos con fama de guapos y malos, y muy bien armados; eran los llamados perros de presa, se encargarían de conducirlos a la cárcel pública de Mérida, para de allí remitirlos al castillo de Puerto Cabello. Antes de aclarar el día, los sicarios amarraron los prisioneros, tomaron las providencias del caso y se dispusieron a repechar el páramo a pie.
Al pasar los Jardines los prisioneros lograron desatarse, se libro un feroz y reñido combate, en desigual de condiciones, pero la guardia fue desbaratada. Puñaladas, machetazos y disparos dieron en el blanco. Y con tatuajes de sangre se cubrió el pedregal del camino real.
La familia Corredor-Brito vistió de luto, en Timotes doblaron las campanas. Entre cuatro cirios, la urna cubierta con guirnaldas de laureles, pregonaban el heroísmo de Eleazar, que murió como espartano en el propio sitio de combate.
Y Miguel muy mal herido, logró llegar hasta Jajó, donde encontró asistencia y protección del Gral. Juan.
Ya para ese entonces, Miguel Corredor era un hombre de leyenda…
¿Qué estaría pasando ahora en la gallera?
Donde Pedro León, funge de juez… y el palco esta lleno de sombreros de cogollo, abundan los gritos y los escupitajos de chimó, antes de largos sorbos de miche claro. El juez presuntuoso, pasa revista a los gallos, los pesa, les mide las espuelas, los selecciona, pero eso no es todo porque en las galleras como en la política hace falta la buena estrella. En aquella radiante mañana, de agosto, en la gallera de Chiquíao, galeros y apostadores cocinaban en voz baja, los planes para el golpe de estado que estallaría cuatro meses después.
Aquel 11 de diciembre, en la madrugada un avión de guerra pilotado por el Capitán Amilcar Barone, surca el cielo de Caracas, dando la clarinada del contra golpe del golpe del 18 de Octubre. El General Eleazar López Contreras, desde Medellín dirigía la acción y aupaba voluntades de connotados militares y civiles ubicados a todo lo largo y nacho del territorio nacional. Los comprometidos entre otros son el Tcnel. Enrique Rincón Calcaño, Comandante de Guarnición de Caracas; Tcnel. Juan Pérez Jiménez, Comandante de la Guarnición de Valencia; Mayor Carlos Maldonado Peña, Comandante de la Base Aérea Boca de Río; Mayor Efraín Velasco y el Mayor Agustín Godoy Peña, en la Guarnición de Maracaibo; en Coro, el General León Jurado y en Trujillo, el General Juan Bautista Araujo.
En Timotes, el Coronel Miguel Corredor y sus hombres, hacen de la Casa Cural su Cuartel General. Allí están: el padre Octavio Rincón Santos, Miguel La Riva, Emilio Rivas, Luciano Uzcategui, Victorino Pineda, Juvenal Montilla, Quevedo Araujo, Mateo González, Pedro Onécimo Araujo, Rafael Ángel Mora, José Ángel Pérez, Ignacio Pérez, Neri Araujo, Salvador Araujo, Leonidas Cols, Marcos Araujo, Tulio Gutiérrez, Simón Quintero, Julio Urbina, Amable Araujo, Enrique Romero, Leovigildo Mendoza y Pedro Villarreal, quien venia de Mucuyupu con un nutrido grupo de voluntarios.
Un camión del MOP llega de Jajó trayendo pertrechos; colocan franco tiradores en el corredor de las Melani, en los ventanales de la torre y en los pinos de la plaza. Hay que tomar la Casa de Gobierno, que Chachopo, Palmira y Pueblo Llano caerán simultáneamente. La guerra civil es inminente.
El gobierno de Rómulo Betancourt se tambalea…
Don Pedro Carrillo, primera autoridad civil del Distrito Miranda, esta a punto de rendirse, pero a las Casa de Gobierno concurren adictos al régimen y se solidarizan con él, son: Ismael Villarreal, Bernardino Berti, Sixto Paredes, Ignacio Paredes, Ernesto Araujo, Régulo Rivas, Cástor Rivas, Elio Amable Rivas, Antonio Lobo, Pablo Pizzani, Jesús Lobo, Carlos Rivas, Pedro Santiago, Gilberto Santiago, José Miguel Santiago, Juan Álvarez, Ramón González, Pío Rondón, Antonio Flores y Rafaelon Rivera capitaneando un contingente de tafalleceros armados de garrotes y machetes con la consigna: ¡venimos a tumbar cabezas!
Apostaron hombres armados en la prevención, en las ventanas de la Prefectura, en los balcones del Concejo Municipal y en la azotea.
Don Pedro Carrillo, le comunicó al Gobernador del Estado Doctor Alberto Carnevali, la gravedad de la incidencia; telefónicamente el Gobernador ordena no rendirse jamás, resistir como espartanos hasta el final y promete despachar de inmediato tropas y recursos.
La situación ésta al rojo vivo. Todo Timotes es un hervidero, hay zozobra, alarma, incertidumbre y temor. Entre Timotes y Jajó van y vienen mensajeros. El padre Rincón y Emilio Rivas continúan convocando voluntarios.
Los bandos beligerantes estaban frente a frente, con la calle y la plaza Bolívar de por medio.
La plomazón puede producirse de un momento a otro…
Una bárbara carga a machete, no es descartable…
Ante tan delicada situación, los preceptores resuelven suspender las actividades escolares; tanto la Dorlisa Guerra Campo Elías como la Canónigo Uzcátegui, despacharon sus alumnos. Niños y niñas cruzaron la calle y la plaza Bolívar todos con suma ingenuidad, desfilaron por el centro de la línea de fuego de los dos bandos en pugna.
Sí en algunos de los bandos es accionado un gatillo, la plomazon se generaliza y una masacre de incalculables consecuencias hubiésemos podido presenciar.
Avanzaba la tarde y en las filas de la revolución se observaba mucho movimiento; un emisario de Jajó ha informado que los Generales López Contreras y León Jurado no habían desembarcado en Coro; que los Comandantes Pérez Jiménez y Rincón Calcaño fueron arrestados. Que los Mayores Godoy Peña y Velasco no cumplieron el compromiso de enviar el parque convenido a Jajó; que los jefes de la aviación volaron rumbo a Colombia.
En medio de tanta incertidumbre, cae prisionero el señor Pedro Santiago, popularmente conocido como el Negro Pedro. Sus captores los trasladaron a Jajó; donde llego despotricando de los cabecillas del golpe y con mucho énfasis zahería con epítetos denigrantes el nombre emblemático del formidable caudillo de Jajó.
Por lo cual, el General Juan, ordenó a Pedro Delgado y a Amable Araujo custodios del prisionero, que trataran de disuadirlo para que cejara su actitud rebelde; de lo contrario, que fuese fusilado en el acto.
Al no lograr acallarlo, Pedro Delgado se disponía con seña a cumplir la orden. Pero intervino oportuno y persuasivo el señor Victorino Pineda, quien era muy oído por el General Juan, tanto por su amistad cordial como por la camaradería gallística; cosa que le permitía abogar diligentemente a favor del prisionero; argumentando que necesario era esperar los resultados de la asonada en el resto del país, antes de tomar medidas drásticas que pudieran empañar con sangre el camino de la revolución.
No era fácil lograr que aquel caudillo de estirpe férrea, diera una contra orden de una orden que ya había dado. No obstante la orden fue diferida. Y al conocerse el resultado adverso de la asonada, el prisionero regresó sano y salvo a su destino de origen.
A todas estas el Gobernador del Estado Mérida, le notifica a Don Pedro Carrillo, que el Gobierno Nacional controlaba el orden público en todo el país, que los cuarteles sublevados habían sido dominados.
De inmediato, Don Pedro imparte dos órdenes de suma importancia. La primera, da instrucciones a Don Telmo Rodríguez, para que ponga a funcionar las plantas eléctricas, la del otro lado y las de la Mucumbás, para escuchar las emisoras de radio. La segunda orden, es para Don Ismael Villarreal, para que vaya a parlamentar con los insurrectos.
Don Ismael de recia personalidad, hombre resuelto y valiente, sale de la Casa de Gobierno rumbo a la Casa Cural, todas las bocas de los cañones de los franco tiradores apuntaban hacía su persona; a paso lento y firme se acerco. Cuando iba a la mitad del camino…el jefe revolucionario se vino a su encuentro.
Venía con un Winchester en la mano derecha, un cole `gallo en la cintura y sobre el pecho un correaje de donde pendía un radiecito de pilas… con mirada de león en acecho, empalidecido el rostro, le dio el frente a Don Ismael y con suma atención le escucho las frases persuasivas.
- Compadre Miguel…le dijo en tono fraterno, evitemos un derramamiento de sangre. Tenemos noticias ciertas de que el golpe ha fracasado en el centro del país. De Mérida han salido fuerzas del ejército para combatirlo… yo vengo a decirle, que de haber triunfado el golpe en el resto del país nosotros incondicionalmente le habríamos entregado la Prefectura, es decir el Gobierno local… pero como no es ese el caso, le toca a usted tomar una decisión honorable y salvar de una muerte segura a sus correligionarios.
- Compadre Ismael… las noticias que yo tengo, son las mismas que usted me comunica… sí una sola guarnición del país estuviera peleando, yo tomaría la Prefectura bajo cualquier circunstancia y a cualquier precio, soy un hombre convicciones y por ellas soy capaz de inmolarme, usted lo sabe y prueba de ello es por lo que estoy aquí… éste golpe fallo… ya lo se, yo se batirme en retirada, perder una batalla no es perder la guerra, no iré con mis adeptos a un sacrificio inútil…
La gallardía, la sensatez y el afecto de una vieja amistad, se vio estrechada en un fuerte apretón de manos. Ambos se dieron la espalda, y al regresar Don Ismael a la Casa de Gobierno, los revolucionarios evacuaron la plaza.
En camiones de estacas, entre ellos los de Enrique Romero y Leonidas Cols, transportaron las huestes del Coronel Miguel Corredor para Jajó, armados de chopos, garrotes, machetes y escopetas, se atrincheraron en Tuñame, bastión del General Juan. En los escondrijos de aquellos altos páramos Juan Araujo y Miguel Corredor se guarecieron para continuar la lucha clandestina.
Las fuerzas del gobierno rastrearon los Estado Mérida, Barinas y Trujillo, pero jamás lograron aprehenderlos.
Llegó la luz… llegó la luz… era cosa rara que en Timotes, los bombillos estuvieran encendido de día, todos los que tenían radio corrieron a prenderlo. En las pulperías la gente se apiñaba a escuchar noticias y comentarios de los locutores de radio Valera.
Como a las ocho de la noche, oímos a un locutor cuando dijo: la radiodifusora nacional de Venezuela, pasa a formar cadena nacional con todas las radiodifusoras comerciales del país… el Jefe del Estado Mayor General, Tcnel. Marcos Pérez Jiménez dirigirá una alocución radial a los venezolanos:
Venezolanos… en la madrugada del día de hoy estallo un movimiento subversivo. Ya ha sido sofocado. Los Capitanes Carlos Maldonado Peña y Amilcar Barone, aterrizaron en Puerto Carreño, puerto fronterizo con Colombia. Pequeños grupos insurrectos comandados por el ciudadano Juan Araujo son perseguidos entre Jajó y Tuñame, por el Sub-Jefe del Estado Mayor General, Mayor Luis Felipe Llovera Páez.
Anocheciendito las calles de Timotes, estaban repletas de verde oliva, soldados con cascos de lata y FN 30 a bayoneta calada conjuntamente con civiles armados, emprendieron una feroz cacería humana con la consigna, Miguel Corredor vivo o muerto…
¡Miguel Corredor vivo o muerto!
El eco de su nombre cobró resonancia en la larga y anchurosa geografía regional, donde él tantas veces sorteó dificultades y se jugó la vida a cada paso.
Sus enemigos lo reconocieron como un hombre valiente.
Sus amigos y seguradores, testimoniaron su lealtad, nobleza y valor; virtudes muy bien probadas y con ellas entra hoy por la puerta grande a las páginas de la historia menuda de mi pueblo.
Salve, coronel Miguel Corredor.
Oh, Caudillo del 11 de Diciembre.