11. Un paraíso
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CRONIQUERIA EN FOTOS
Ápice del ande de nuestra esperanza
a la vera del Motatán de los rumores
en cuyo regazo labora y descansa
el recordado Timotes de mis amores
E. Villarreal A.
Mira la grandiosidad de la montaña, enorme majestuosa, frío moderado, cielo claro, sol radiante, joya de Dios. A lo largo se dilatan las colinas, colinas inmensas y más altas; dentro de esta inmensidad, hallase el poblado a 2007 metros sobre el nivel del mar; quince mil habitantes; a 15 0 C; un relieve geográfico sobre cogedor y asimétrico. Montículos, mesetas, laderas, explanadas, precipicios y cumbres majestuosas, artísticamente esculpidas por la naturaleza.
Quebradas presurosas como Chamarú, Mucumbás y Ño Ana, bajan cantarinas a su cita de amor con el rumoroso Motatán. Picachos soberbios, donde habita el frailejón, donde la vista se maravilla en contemplación de azules lejanías, como en los páramos de La Estrella, El Cacique, Mucumbás y Santa Lucía; empinándose en las alturas como si quisieran dialogar con Dios.
San Isidro Labrador, preside los afanes de nuestra gente laboriosa que teje incesante los campos de labranza. Estos horticultores, manejan la escardilla y el arado, como si fuesen pinceles admirables; pues, van de barbecho en barbecho, fecundando surcos y plasmado en el paisaje una policromía impresionante, para revestir el relieve geográfico, con la galanura de exuberantes sementeras.
Es por eso que en el ámbito timotense, visto desde la altura enternece el alma de quienes admiran la estética de aquella alfombra suntuosa; tejida y coloreada por manos pródigas, cosechadoras de exquisitos rubros. Pues estos horticultores con paciencia de orfebres, arrebozan guacales, cual cofres hermosos, contentivos de poemas tangibles, llamados hortalizas. Y con ellas satisfacen el apetito de quienes aguardan en los cuatro puntos cardinales de Venezuela y más alla.
La fe, nos dice que Santa Lucía, ilumina los senderos de sus devotos, que aclara la vista de quienes imploran su luz. Es así como Santa Lucía, irradia esperanzas y motiva al trabajo, al estudio y a la superación, de quienes habitan en su patronato. La inspiración en San Isidro y en Santa Lucía, constituyen la brújula que orienta a trabajadores y guía a emprendedores. Unos con la esteva en los barbechos; otros, con borlas académicas y el intelecto, en las cátedras; todos creando ciudadanos de provecho, para el mañana; todos produciendo riqueza y bienestar en lo económico y cultural, para enaltecer el acervo timotense, y echar las bases de un futuro provisor; y como reza el soneto:
Unos suplican a San Isidro festivo
otros a Santa Lucía con amor nativo
y todos van andando sin apuro
con fulgores mañaneros de incentivo
y van tejiendo surcos de cultivo
y van tejiendo hilos de futuro.
El confortable hábitat. La flora, la fauna, los días claros de cielo azul, y las noches estrelladas, y la impoluta y solemne neblina, visten de gala al ande amado. Todo ello, constituye la esencia de ese poema viviente, entrañable y maravilloso que es el edén timotense. Donde florecen: una juventud ávida de conocimientos; unos empresarios emergentes; unos profesionales capaces; unos hortelanos tenaces; unos pobladores anhelantes de progreso; todos fundidos en la grandiosidad de la montaña, joya de Dios y cuna nuestra donde los timotenses sencillos y nobles hacen de nuestro pequeño terruño, un gran paraíso.