6. Timotes: Santuario de los Andes
808 palabras · 4 min de lectura
Al examinar los momentos estelares del pasado local, especialmente en el aspecto religioso, logramos precisar los valiosos aportes de nuestros paisanos para engrandecerlo. Tradicionalmente, estas tierras de la estirpe Timotes, han resaltado por su importancia y por su legado a la historia de la iglesia emeritense. Timotes ha ofrendado sus descendientes, desde el aborigen hasta el humilde agricultor, para desempeñar diversidad de responsabilidades relevantes. En el sentido religioso, estamos orgullosos de nuestros hermanos: sacerdotes y obispos que ofrecen sus servicios a la iglesia venezolana. Esto ha permitido construir un perfil espiritual, firme y ejemplar, donde la devoción o entrega por los asuntos cristianos, sobresale junto al trabajo constante de cultivar la madre tierra. Somos un pueblo tradicionalmente católico, con principios, valores y sentido de la ética, bien arraigados, de allí la solemnidad en festividades como la de San Isidro Labrador, Santa Lucía y San Benito de Palermo. Por tal motivo, este pueblo no ha escatimado esfuerzos, a lo largo del tiempo, para embellecer y construir recintos o espacios públicos que nos permitan manifestar nuestra religiosidad popular, como ejemplo tenemos esa admirable empresa de construir el majestuoso templo de Santa Lucía, hoy convertida en Basílica Menor, levantada en el sitio de Mucurujún para orgullo del gentilicio andino. La práctica de los valores cristianos entre sus pobladores, parece premiada por el Altísimo en distintos momentos. Hoy Timotes se conoce como El Santuario de Los Andes, porque es el lugar donde veneramos fervorosamente a los santos de la iglesia universal. Timotes es el lugar considerado importante y valioso por algunas circunstancias favorables: sede de la basílica menor de Santa Lucía, quizá la única en latinoamérica dedicada a la Santa Mártir de Siracusa y la primera del páramo andino, y muy digna ciudad depositaria de las sagradas reliquias de San Benito de Palermo, Santa Lucía, San Isidro Labrador, Madre María Mola y San Juan Bosco. Nuestra hermosa basílica fue designada como tal, el 22 de octubre de 2002, consagrada y elevada, a esa categoría, el 24 de mayo de 2003. En cuanto a las sagradas reliquias, vale recordar que las reliquias de San Benito son dos: ambas traídas desde la ciudad de Palermo, Italia, sitio donde reposan los restos del Santo Negro, a solicitud de las autoridades eclesiásticas correspondientes, y consistentes en un trozo milimétrico de la piel extraída del cuerpo incorrupto del santo. La primera fue traída, en medio de fervientes manifestaciones de entusiasmo, el día 10 de marzo de 2001 por Monseñor Baltazar Porras, Arzobispo Metropolitano de Mérida; y la segunda fue traída, con solemnidad y respeto, por Fray Fernando Trupia, guarda y custodio de los restos de San Benito en la ciudad de Palermo (Italia), el 26 de diciembre de 2001. La sagrada reliquia de Santa Lucía, igualmente solicitada por Fray Fernando Trupia, ante las autoridades eclesiásticas de Siracusa, Italia, consta de un fragmento de una prenda de vestir o parte del hábito de la santa, usado en sus años de vida, y fue entregada, oficial y solemnemente, por Monseñor Baltazar Porras, Arzobispo Metropolitano de Mérida, el día 23 de mayo de 2003, víspera de la consagración y elevación a Basílica Menor de nuestro templo de Santa Lucía.
La sagrada reliquia de San Isidro Labrador, consta de un trozo de tela auténtico que reposaba sobre el sarcófago del santo, el cual fue sellado en el año 1625 y contiene su cuerpo incorrupto que permanece en la capital española: Madrid. Esta reliquia se le solicitó al arzobispo metropolitano de Mérida y este la diligenció ante el cardenal de Madrid, lo que fue aprobado y se entregó con solemnidad, el 28 de octubre de 2006, recibiéndola de manos de Monseñor Baltazar Porras y dignamente venerada por nuestros agricultores.
La reliquia de la madre María Mola fue dejada en Timotes, por las monjas y la de San Juan Bosco, fue traída por la sociedad de María Auxiliadora, en enero de 2020, igualmente entronizada en una de las capillas de la Basílica, en la celebración correspondiente, por el padre Amilkar Lobo.
Además, Timotes fue bendecido, con la designación de la capilla de San Benito como santuario diocesano, lo que aconteció, el 29 de diciembre de 2013, cuando ese recinto, donde veneramos a San Benito, fue bendecido como tal por el Arzobispo Baltazar Porras, en compañía de un buen grupo de sacerdotes, nuestros vasallos y miles de feligreses, quienes entusiasmados sonaron tambores y maracas, en agradecimiento por esta declaratoria.
Por todo esto, este laborioso terruño, continuará ostentando su valía dentro de la iglesia emeritense y sus títulos de Paraíso de Los Andes o Santuario de Los Andes, resonarán con orgullo a lo largo de los tiempos. Timotes seguirá siendo parada obligada de peregrinos y devotos que acudirán jubilosos a contemplar la majestuosidad de su basílica menor y sus sagradas reliquias de San Benito, Santa Lucía, San Isidro, Madre María Mola y San Juan Bosco.