ParameríasEl páramo, lo más bello de Venezuela

← Desde mi casa a la plazaA la plaza

13. Los Arreos de Mula

355 palabras · 2 min de lectura

Los arreos de mula, fueron los más tradicionales sistemas de transporte, constituidos por nueve bestias conocidas como mulas, resultado del cruce entre burro y yegua o viceversa. Los arreos de mula, pertenecían a cualquier don o comerciante que se dedicaba, exclusivamente, a la compra y venta de productos agrícolas y domésticos que transportaban desde los sistemas de producción hasta los centros poblados para después regresar con productos manufacturados, tan necesarios en la vida de los productores y campesinos. Los arreos de mula, también se fletaban para cargar la producción de algunos campesinos.

Los arreos estaban encabezados por una mula diestra, inteligente y probada, en cada faena que llamaban la “campanera”, la cual tenía colgado en su cuello una campanita de bronce que sonaba para orientar, a las otras mulas, que sueltas seguían, fielmente, a la “campanera” y cerraba otra mula que denominaban “la culatera”, que era la más mansa y tranquila de todas. Adicionalmente, había un macho que estaba reservado para el dueño o responsable del arreo que también contaba con un ayudante, conocido como “macoreto”, quien tenía la misma fortaleza de las mulas y le tocaba responder a tiempo, abriendo y cerrando portillos, ayudando a colocar piedras o palos en charcos para que las mulas no se atascaran en el lodo y cuando sucedía, le tocaba maniobrar efectivamente para sacarlas hasta lo seco. Este ayudante, se la calaba, caminando todo el recorrido que hacían los arreos de mulas, y además, era el encargado de amarrar y desamarrar las cargas y llevar las bestias a los potreros para pastar. Dicen que ganaba muy poco, en ocasiones, la pura comida y la satisfacción que lo nombraran ayudante de don fulano pero se daba el lujo de conocer muchos pueblos y caseríos que pocos conocían.

De los arreos de mulas, nos quedó solo el recuerdo y la añoranza permanente, entre los mas ancianos que cargados de nostalgia, en las conversaciones pueblerinas, ofrecen los detalles en torno al funcionamiento de tan genuino sistema de transporte, sus dueños, sus maniobras, su utilidad y el espectáculo que ofrecían, a lo lejos, transitando caminos de recuas hasta llegar a su destino.

Jesús María «Chuma» Espinoza Marín · Desde mi casa a la plaza