2. Anecdotario Popular Timotense
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La Come-tierra
Justo en el filo del hato, allá en la lejana cordillera repleta de jumangales, en el rancho viejo de Carmelito, sucedió un caso insólito, digno de referir como testimonio de los sucesos de fines de siglo.
Diomira, muchacha única en la casa de campo, dicen, le dio por comer tierra. Tanto de día como de noche, se alimentaba con la tierra que lograba tomar de la pared o del patio central. Y le hizo creer a su mamá que de tanto comer tierra, su barriga crecía. Un tanto atribulada, su progenitora creyó tan extraña explicación y comentaba a sus vecinos que su hija engordaba a causa del alimento tierroso.
En el rancho, justo en la pared de tapia donde dormía la joven, quedó un hueco como testimonio incomprensible, también en el patio de la casa que no sabe de gallinas.
Tanta fue la tierra que comió, la atrevida Diomira, que un día cualquiera se “enfermó” de repente. Sus familiares como pudieron, la trasladaron al centro de salud de Timotes, donde fue atendida con urgencia. Cuando menos se pensaba, salió la enfermera exclamando: que era un hermoso barón y que estaba muy bien. Todos coincidían: un niño bien criao.
Pasó el tiempo y la ingenua madre, mantenía la idea de que su hija Diomira había comido tanta pero tanta tierra que no se preocupó por descubrir quién fue el padre de su nieto, por cierto bautizado con el nombre de Casimiro.
Urna Misteriosa
Varios días de muerto tenía Ramón “Rata” y nadie se percataba, hasta que lo consiguieron. Llamaron las autoridades, los familiares y procedieron a diligenciar su entierro. El olor del cadáver era, en extremo, nauseabundo, por lo que se sugería enterrarlo de inmediato. Dicen, que surgió un imprevisto, porque el ecónomo del cementerio, Julián Mendoza, no estaba y solo una hermana del difunto insistía en que lo velarán como a los buenos cristianos. Esta petición, fue imposible cumplirla. Metieron el cadáver en urna humilde y lo llevaron al cementerio municipal ya entrada la noche pero seguía sin aparecer, el responsable del recinto. Como tenía pocos dolientes y el cuerpo “jedía mucho”, colocaron la urna en las afueras del cementerio y solo quedó su hermana, acompañando su deudo. Al transcurrir del tiempo, el cansancio dominó a Esculapia, quien optó por sentarse de frente, justo en la escalera de la capilla, donde pasaba desapercibida. Al poco rato, a lo lejos, vienen dos jóvenes entusiasmados por los palos de miche que habían consumido, y justo cuando miraron hacia el cementerio vieron la urna, misteriosamente acomodada, pero sin ninguna compañía, hecho que los alarmó, los llenó de miedo y veloces se perdieron del lugar. Asustados, corrieron hasta llegar a su casa, y contaron el suceso. Más tarde, ya entrada la medianoche, apareció el ecónomo y logró convencer a la deprimida Esculapia que se fuera a descansar para proceder a enterrar el cadáver, por la mañana y como pudo introdujo la urna en la capilla. En medio de las sombras nocturnas, se retiraron del sitio.
A la mañana siguiente, muy temprano, los dos jóvenes acudieron al cementerio a averiguar sobre la urna misteriosa. Coincidieron con el ecónomo, varios metros antes de la capilla. Este se la jugó en los siguientes términos: ¿cuál urna? Uno de ellos responde: “una urna que anoche estaba allá, al frente de la capilla, en toda la entrada al cementerio. Por Dios y mi madre que allá estaba”. ¿Urna? Dice Julián, “fíjese la hora que estoy llegando y aquí no hay nada”. Esta explicación tan seria del ecónomo, dejó más asustados a los muchachos, quienes juraban en voz alta resguardarse y no tomar más nunca, porque la urna avistada era una señal muy delicada. Entre oraciones y encomiendas a todos los Santos, partieron pálidos. Miraban recelosos pero no se atrevían a caminar más allá, la visión de la urna los tenía perturbados. Horas más tarde, el comedido Julián enterraba el cuerpo descompuesto de Ramón Rata, mientras la versión de la urna aparecida, cobraba fuerza entre los vecinos. Solo Julián gozaba entre sus adentros, la broma que le jugó a estos dos parranderos, quienes por mucho tiempo obraron con prudencia y con mucha caridad, a favor del pobre para no toparse más nunca con una urna, en la entrada del cementerio. Cosas de mi pueblo para su historia popular.
Pendejo Niño!
Estaban cumpliendo con el ritual de la Paradura del Niño, en casa de doña María, y el padrino mayor, era el popular Pepe, quien siempre se la pasaba jugando bromas a la gente. Al Momento de inclinarse a adorar, la señorita Emilba, reconocida por su carácter y rectitud, el consabido se bajó el cierre del pantalón y se sacó su miembro, exponiéndolo libremente a la vista de la señorita, quien con su vestimenta impedía que alguien más se percatara del atrevimiento. Mientras, los versos iban y venían, con solemnidad. Haciendo un gesto de sorpresa, la señorita Emilba, se acomodó sus lentejuelos, adoró con devoción al santo niño y alcanzó a exclamar persignándose: “Pendejo Niño!”.
Ciudao con los Huevos
A mi prima Gisela Espinoza…
Era un 24 de junio, una tarde timotera, justo cuando los celajes opacan la luz de la tarde para darle paso a la noche fría. Salió de la bodega de Pedrito, en la cabecera de la avenida Guaicaipuro, con una bolsa de huevos en sus manos. Y eran huevos, porque se veían, a través de la transparencia de la bolsa, cuando de pronto un vehículo frenó de repente y una voz de mujer exclamó con fuerza: “Chuma … cuidao con los huevos! A lo que el mencionado, como por instinto, y en fracción de segundos, soltó los huevos y se protegió con sus dos manos, sus testículos, creyendo que algo grande se venía sobre sus huevos. Mientras, este contemplaba los huevos explotados en el suelo, del vehículo nada se supo, porque arrancó a toda velocidad, entre las risas de los ocupantes, donde sobresalía la prima Gisela, quien nunca reconoció los daños causados. Así que: cuidado con los huevos!
Las Malas Palabras
Sucedió en la escuela Canónigo Uzcátegui de Timotes, cuando la maestra Milagros, optó por citar al representante, porque según sus palabras, ya no aguantaba más, ante las vulgaridades e insolencias frecuentes de Pedrito. No se justificaba tantas malas palabras, era apenas un niño de primer grado y era urgente informar y comprometer a su representante para avanzar en un cambio de actitud ante sus compañeritos de clases. Llegado el día, Mariana, la representante, fue recibida por la maestra, quien antes de dejarla entrar al aula de clases, comenzó a explicarle con cariño y altura pedagógica. Así le dijo: “mire señora … el niño dice muy malas palabras, es necesario corregirlo por su propio bien, porque me preocupa que los otros niños también repitan sus vulgaridades”. Mariana interrumpió de repente, diciendo: “yo si le he dicho a ese desgraciado, hijo de puta, marico… y fíjense el comportamiento del coño e´madre, que me hace quedar tan mal. Es un bandido, ese me las va a pagar, le voy a dar por la jeta y en la madre pa´que no sea rata”. Estupefacta, la maestra, ante la abundancia de malas expresiones, prefirió dejar las cosas hasta allí y le cambió el tema. Ya no quiso saber más de las malas palabras y pensó aplicar otras estrategias.
Caso similar pasó, cuando un amigo maracucho, necesitaba llevarse alguien a Maracaibo para ayudarle en los quehaceres del hogar y para brindar compañía a su niña Marianita. Alguien le recomendó a la Yuli y fueron a buscarla. Cuando llegaron a su hogar, la Yuli estaba lavando ropa. Su dedicación ante el gran cúmulo de ropa sucia, causó admiración a los visitantes. Un saludo cordial y la pregunta: “hola Yuli, cómo está?. “Todo bien”, respondió y continuó en sus labores. Cuchicheando, la señora visitante le decía a su esposo: “mirála, una así es que necesitamos”. De repente, uno de los hermanitos de Yuli, se acercó a fastidiarla y en el acto Yuli dejó su rosario de palabras: “este coño e´madre, lo voy a joder si sigue jodiendo. Recontrahijueputa, desgraciao, marico, lo voy a matar”. Todos quedaron estupefactos, solo se escuchaba el chapotear del agua en el lavadero. Nuevamente la señora, al oído de su esposo: “descataaála”. Y chao, será hasta otro día.
Guarde, Mis Monedas!
Al desaparecido Banco de Fomento Regional Los Andes, llegó una humilde señora, con el propósito de guardar unas monedas. Pasados algunos minutos de espera, fue atendida por uno de los cajeros, quien con amabilidad, le ofreció sus servicios. De una cartera negra y antigua, sacó una bolsa con unas cuantas monedas y le dijo al funcionario: “vengo a guardar estas monedas”, y se las mostró al cajero. A este le brillaron los ojos y de inmediato, multiplicó sus gestos de amabilidad. Le dijo: “señora, vamos a abrirle una cuenta de inmediato”. Y se dispuso a contar las monedas. La señora asintió confiada y seguía con su mirada, los movimientos del cajero, en su trabajo de conteo. Transcurridos algunos minutos, le dijo: “45.000 Bs”. “Correcto”, le dijo la dama. En instantes, la señora tenía en sus manos la libreta BANFOANDES, donde reflejaba lo que acababa de depositar para abrir su cuenta de ahorros, por un monto de 45.000 Bolívares. Sonriente, se despidió confiada, mientras el cajero muy afanoso buscaba billetes de papel moneda y se mostraba inquieto.
La dama guardó 45.000 Bolívares, en monedas de plata blanca, aunque en su libreta no se refleja el tipo de monedas, tal vez por eso nuestro afortunado cajero, repuso el monto y se quedó con el valor real de las valiosas monedas de plata mientras la humilde mujer cree que realmente, sus monedas de plata, reposan en buenas manos. Cosas de mi pueblo.
Botaron el Sagrado Nacimiento
Siempre fue una familia ejemplar en su comunidad. Cumplían, a más no poder, todos los preceptos de la religión católica. Eran de aquellos que asistían, religiosamente, a la misa de domingo y a las fiestas de guardar. Del cumplimiento, en los días santos, ni se diga y su mejor testimonio era celebrar, en enero de cada año, la fiesta al santo Niño. Ofrecían senda paradura y demostraban su plena veneración al Divino Niño y a la sagrada familia de Nazaret.
De repente, cambiaron de religión y asumieron otras actitudes. El sagrado nacimiento o las imágenes del Santo Niño, la Virgen y San José, decidieron, lanzarlos, por una peña. Y continuaron, con todas sus actividades normales, claro ahora las abstenciones eran otras. Cierto día, el padre o cabeza de familia, se fue a realizar una diligencia en una comunidad cercana y justo donde había lanzado las imágenes, allí sufrió un volcamiento. El vehículo rústico rodó peña abajo y al pie del barranco quedó el cuerpo sin vida del ciudadano. Dicen, quienes lo ayudaron a sacar, que justo se confundía su cuerpo ensangrentado con las imágenes descoloridas y golpeadas de la sagrada familia. Casualidad que murió, en el mismo sitio donde lanzó las imágenes. El suceso impresionó a muchos vecinos y el comentario sirvió para escarmiento de otros porque tenemos que ser auténticos. Se es o no se es, pero no se deja de ser. No existe término medio ni lugar para dudas.
Una Paisana Viajera
Muy pocos saben de ella, porque se fue muy joven de Timotes. Salió hacia la ciudad en busca de progreso. Comenzó a trabajar, en casas de familia como doméstica, hasta que encontró una familia pudiente que valoró su trabajo y como premio la enviaron de vacaciones a las islas del Caribe. Aquel hermoso regalo, la impactó y desde entonces decidió trabajar once meses del año y descansar uno. Y como no tenía gastos, todo lo que ahorraba, lo invertía en su viaje anual. Con el paso del tiempo, y tomando en cuenta su dedicación al trabajo, pues disfruta de vacaciones dos veces al año. Nuestra paisana, prácticamente en más de treinta años de trabajo, ha recorrido unos cuantos países del mundo, porque viaja a mediados y al final del año. Conoce países, ciudades y pueblos de los cinco continentes. Y casi todas las maravillas del mundo, las ha disfrutado. No tuvo hijos ni esposo, y todo lo que gana lo disfruta, lo que si tiene son unas cuantas imágenes fotográficas y unos cuantos souvenir que dan testimonio de su estadía en diversas ciudades del mundo.
Maria Eugenia Moribunda
La historia de María Eugenia, es digna de registrarse para conocimiento de todos. Madre de once hijos y de condiciones económicas muy bajas pero con un esposo trabajador y muy pavo. Cuando María Eugenia caminaba, sangraba por su cáncer casi terminal, en la vagina. Su aspecto era verdoso, muy pálido y nada prometedor, prácticamente, estaba moribunda. Su rostro, mostraba a todos el sufrimiento y la impotencia ante aquella necesidad. Por fortuna, consiguió apoyo en un grupo de trabajadores sociales de Timotes, que no dudaron en tenderle la mano para tratar de ayudarla. Hubo que vencer muchos obstáculos, entre otros: con quien ubicar más de la mitad de sus hijos que para entonces eran todos niños y en edad muy delicada, y por otro lado, cómo conseguir atención médica inmediata. Pero todo lo hace Dios y fue posible, gracias a las diligencias de la señora Elena Ruiz, que consigió ubicar sus hijos en el Centro de Atención de Carmania, estado Trujillo, y se logró que María Eugenia fuera internada como paciente en el Hospital Universitario de Los Andes, en la Ciudad de Mérida. Allí cayó, en manos del famoso oncólogo Dr. Da La Coste, quien puso todo su empeño para prestarle los cuidados médicos necesarios.
Al paso del tiempo, su esposo trabajaba y echaba pinta, era un caballero que cuidaba su figura y presentación personal. Creo que nunca estuvo pendiente de su esposa. No recordamos, si fue a visitarla. Mientras sus niños, recibían las mejores atenciones en el Instituto Nacional del Menor de Carmania. María Eugenia sufría por sus hijos, pero luchaba por su vida. Recibió implantes y quimioterapias. En cierta ocasión fuimos al Hospital de Mérida a visitarla y lo primero que nos preguntó fue por sus hijos. Nuestras palabras le llenaron de alegría y la esperanza se reflejó en su rostro.
Meses después, la dieron de alta y regresó a su humilde hogar. Días después, regresaron sus hijos y muy poco a poco fue mejorando para bien de todos. No sabemos si su esposo, se alegró al verla o se molestó, lo que si es cierto que de repente sufrió un infarto y murió, mientras María Eugenia ha sido premiada por el Altísimo porque ya sus hijos crecieron y ella goza de buena salud, es uno de esos milagros que poco se difunden. Esta historia sucedió en estas tierras prodigiosas en el año 1994, y hoy damos gracias a Dios por la salud y reivindicación de María Eugenia, quien a comienzos del año 2011 recibió del gobierno bolivariano regional una cómoda vivienda, donde podrá seguir disfrutando de sus días, totalmente sana.
Entre Concejales y Burgomaestre
En cierta oportunidad, cuando el Concejo Municipal de Miranda (Mérida), estuvo integrado por seis concejales bolivarianos y uno de oposición, sucedió que el concejal de oposición, cumplió una gira de gestión por la parroquia Piñango, desde donde ofreció declaraciones de prensa, donde hacía un llamado al “burgomaestre de Miranda para que gestionará la solución a diversos problemas comunitarios, donde el más difícil y urgente era la vialidad”. Aquellas declaraciones, fueron publicadas por el diario merideño: Pico Bolívar, y fueron leídas por uno de los concejales bolivarianos, quien en la sesión ordinaria del día martes, donde acudieron diversidad de personas de la misma parroquia y el propio mandatario municipal, planteo ante la cámara municipal que era una falta de respeto que su colega concejal estuviera descalificando y llamando Burgomaestre al alcalde bolivariano por un diario de Mérida. En plena sesión, se formó la discusión y el concejal de oposición escuchaba estupefacto. Ante aquella situación: sudaba, cambiaba de colores y no sabía qué hacer, mientras el otro concejal insistía en voz alta que era una falta de respeto utilizar esos términos y que el alcalde no era ningún burgomaestre, que no era ningún burgués y que era una falta de respeto, tratarlo así, por el periódico. Concluida dicha intervención, la presidenta del concejo municipal, continuó la discusión recriminando al concejal, por la falta de respeto al alcalde. Decía: “cómo es posible, usted señor concejal, esté llamando así al alcalde, lo vamos a sancionar”. Incluso, hubo serias amenazas, también en tono muy alto. Por supuesto, que el concejal opositor apeló a las declaraciones y explicó que no estaba faltando el respeto a nadie, que releyeran las declaraciones publicadas.
Finalmente, la cuestión fue solventada con mucho respeto e inteligencia por el propio alcalde, quien explicó, pacientemente, a los presentes sobre aquellas declaraciones emitidas. Igualmente, explicó el significado de la palabra Burgomaestre, y dejó muy claro, que no se trataba de ninguna falta de respeto. Con pena ajena, ofreció sus disculpas públicas al ciudadano concejal, por el mal uso del lenguaje y por el mal entendido del concejal bolivariano quien, para entonces, no sabía que la palabra Burgomaestre es sinónimo de alcalde o gobernante municipal.
Joche Puerca Que Te Adoro
Parece insólito pero sucedió en Timotes. En cierta casa de familia, un joven embriagado, se enamoró de una puerca y siempre abusaba de la cochina. Los entendidos lo llaman zoofilia. Hasta que un día, como por obra de Dios para que todos se enteraran, sucedió que en plena faena, y justo cuando le confesaba: “joche puerca que te adoro”, los músculos vaginales de la cochina parece se contrajeron y el miembro masculino de aquel joven quedó aprisionado y este no podía despegarse del animal. La cochina comenzó a chillar con la fuerza de su naturaleza, a lo que sus familiares y vecinos acudieron a ver. Llenos de sorpresa, ante aquel acontecimiento, algunos reían, otros regañaban y pocos pensaban qué hacer. Alguien acertó a decir: “vamos pa´l hospital. Rápido, embojoten la cochina y vamos a llevarlo”. Y de esa forma, el joven y la cochina, fueron conducidos en brazos, calle arriba, en busca del hospital pero en medio de un verdadero escándalo. Muchas personas, se percataron de la situación, ante los gruñidos de la puerca y muchos corrieron detrás del grupo para presenciar el desenlace, pues la curiosidad los empujaba. Algunos se revolcaban de la risa y otros decían cosas, en voz alta. En el hospital, todos quedaron atónitos, porque nunca se había presentado un caso similar, aunque el médico de guardia procedió de inmediato, con ética y acierto, eran los tiempos donde no acudían muchos pacientes al centro de salud y algunas cosas se resolvían con plantas medicinales en la propia casa. Minutos después, estaba solventada la situación y comenzó la mamadera de gallo y el cuento de la cochina corrió ligero de boca en boca. Siguieron burlas y señalamientos, mientras la cochina atada del cuello regreso feliz a su lugar de origen. El joven no se atrevía a dar la cara para que nadie lo molestara.
Así pasó, así lo dejamos escrito y para todos con cariño la poética para eternizar el acontecimiento:
Joche puerca
Le damos vuelta a la tuerca
para sentir en los versos
los testimoniales ciertos
que dan risa y dan vergüenza.
Se enamoró de una puerca
impulsado por los tragos
aquella tarde hizo estragos
sin importar qué comentan.
Joche puerca que te adoro!
se escuchaba en el ambiente
y entre caricias ardientes
Se olvidó de su decoro.
Los gruñidos de la cochina
alarmaron los vecinos
la vagina se contrajo
y el joven quedó pegado.
Entre varios lo sacaron
con pantalones abajo
con el escándalo atrajo
a vecinos que ayudaron.
La cochina levantada
buscando la solución
y un escándalo burlón
por la falta inexplicada.
Varias veces consumó
relaciones con la puerca
este joven sin vergüenza
a quien mi Dios castigó.
El Colchon de los Billetes
Todo un señor y maestro que hizo del trabajo, su grandioso magisterio. Años laboriosos que sirvieron de ejemplo a sus descendientes, que permitieron gozar de cierto nivel y amasar una fortuna a costa de ganancias en la venta de víveres, quesos, pan, granjerías y pare usted de contar en su famosa pulpería. Ah! de tanto trabajar, fueron mermando sus fuerzas que incidieron, en la pérdida irreparable de la salud del don. Un día, sucedió lo inesperado, falleció de un infarto, en su propio local. Como pasaban las horas y nadie abría las puertas de la pulpería, decidieron tumbar las puertas y se confirmó lo que todos temían. Aquel padre trabajador, abuelo y amigo estaba muerto. De inmediato corrió la noticia, los curiosos invadieron los lugares cercanos y las autoridades procedieron a levantar el cadáver. Las puertas del negocio, fueron reparadas y de inmediato clausuradas, mientras sus familiares y amigos cumplían con los actos fúnebres de rigor. Pasado el novenario, se reunieron sus hijos y decidieron visitar el sitio donde funcionaba el histórico negocio. Todos aspiraban conseguir y repartir, en partes iguales, la fortuna acumulada por su padre. Todos imaginaban, los montones de dinero que había dejado el finado. Algunos hacían planes y soñaban despiertos. Llegaron juntos y procedieron a abrir las puertas. Ya adentro, comenzaron la búsqueda organizada por todas partes. Movían cajas, cambiaban cosas, buscaban la fortuna y nada que aparecía. Uno de los hijos, detalló el colchón, un tanto deteriorado y lleno de chimó y de inmediato, ordenaron que lo botaran y lo quemaran en las orillas del rio. Así se cumplió, entre dos, el colchón fue trasladado y en instantes ardió entre sendas llamaradas de candela.
En la sede del negocio, los hermanos, afanosos y con ojo visor, continuaban la búsqueda del tesoro pero este no aparecía. Miraban por todas partes, se repartían algunos objetos del patrimonio familiar. Detallaban algunas fotografías antiguas. Comentaban y se hacían preguntas. Las mujeres lloraban a su padre pero el tesoro nada que aparecía. Cuando se dieron cuenta, todo estaba patas arriba, habían revuelto todo y nada que aparecía el ansiado tesoro hasta que alguien recordó: “coño, papá guardaba los reales en el colchón”. Y todos, a correr hacia el rio, porque sabían que lo habían mandado a quemar. Cuando llegaron, comprobaron solo cenizas y un humo que ascendía perezoso. Efectivamente habían quemado el colchón con los billetes. A nadie le quedó nada, la anhelada fortuna se diluyó en un instante y todos se lamentaban, sin entender por qué. De esta vivencia, si nos quedó un poema para el recuerdo, dice así:
En el colchón
Cuando se murió el patrón
ya pasado el novenario,
con su santo escapulario
le quemaron el colchón.
Sus hijos con ilusión
en los armarios buscaban
el tesoro que guardaba
producto de su misión.
Buscaban y repartían
los objetos de valor
o algún vestigio de amor
que entre papeles surgía.
El tesoro se negaba
a complacer herederos,
todo su empeño pusieron
pero por nada llegaba.
Los billetes que guardó
después de tanto afanar
nadie los pudo encontrar,
fueron deseos del patrón.
Estaban en el colchón
consumido por las llamas,
por eso nadie reclama
cuando huye la ilusión.
Nos Visita el Arzobispo
Recuerdo que el padre Angulo, dijo en la misa de domingo, que venía el Arzobispo de Mérida, a cumplir su visita pastoral, por lo que teníamos que prepararnos para recibirlo con gran alegría. Todas las sociedades religiosas y grupos de apostolado, organizaron en conjunto, la gira por el municipio. El domingo siguiente, autoridades y pueblo católico, recibimos en plaza Miranda a Monseñor Miguel Antonio Salas, Arzobispo Metropolitano de Mérida, quien llegó contento, dispuesto a cumplir con la visita pastoral. Ese día, la misa fue solemne y la concurrencia llenó los espacios sagrados del templo de Santa Lucía, hoy basílica menor. La homilía de Monseñor Salas dejó inaugurada la visita pastoral. Al final, el padre Angulo, nos llamó a un grupo de jóvenes, y nos encomendó el registro fotográfico de la visita, por lo que nos entregó una cámara fotográfica y varios rollos de 35 milímetros.
Junto al Arzobispo de Mérida y sus acompañantes, vivimos esa extraordinaria experiencia. Cuando nos tocó visitar la comunidad de Las Mercedes, sucedió algo digno de registrar. Monseñor Salas efectuó, la santa misa en la capilla de las Mercedes, impartió la solemne bendición y al final compartió con los presentes. Nuestra gente, ofreció sus mejores galas y sendos regalos al visitante, como máxima autoridad de la iglesia merideña. Mientras los niños y jóvenes, ofrecieron sus cualidades artísticas en honor al visitante. Seguidamente, nos dirigimos al almuerzo respectivo, donde las mujeres de la comunidad, elaboraron los mejores manjares de la mesa criolla. Cuando llegamos al comedor de la casa, invitaron a pasar a Monseñor Salas, al padre Angulo y algunos ministros de la palabra, los demás aguardamos con paciencia. En la mesa sobresalían provocativas: sendas alcachofas rellenas, arepas de trigo, cuajada criolla, carne guisada y pollo horneado, arroz con verduras, sopa de verduras, pan criollo, algunas frutas: manzanas, duraznos, uvas y fresas y exquisitos dulces. Monseñor Salas se cuidaba mucho del estómago, por lo que casi no comía. Recuerdo que después de bendecir, con solemnidad, los alimentos, solo tomó una manzana y se retiró agradecido. Sus acompañantes, siguiendo el ejemplo, comieron muy poco y también se levantaron. De inmediato, nos invitaron a pasar a la mesa, a cumplir con el sagrado deber. Muy decentemente, nos ubicamos en la mesa. Alguien dijo con picardía: “como Monseñor no comió, vamos a comer por él. Qué Dios bendiga estos alimentos, las manos que lo elaboraron y a quienes vamos a probarlos”. Todo muy sabroso. Al final, nos dio pena porque, literalmente, arrasamos con todo lo que había en la mesa. Buena comida, buen apetito y agradecidos continuamos nuestra labor en la visita del Arzobispo.
Los Encantos y el Humor
Nos dice Avilio Pineda, en una de esas conversaciones buenas, que se fueron a pescar para la laguna El Chorro y se llevaron a un personaje que le decían Joropo. Mientras preparaban la tienda de campaña, Joropo se fue a pescar en las aguas de la laguna. Al cabo de un rato y justo cuando los demás acompañantes bajaban a la laguna, Joropo les hacía señas para que hicieran silencio porque de verdad, aquella laguna era encantada. Estaba como asustado y cuando Avilio preguntó: por qué dice que es encantada? El mencionado personaje respondió: porque los bocadillos se dañaron, están como amargosos. Revisaron los bocadillos y de inmediato todos se echaron a reír, como Joropo no sabía leer, comprobaron que confundió los bocadillos con cubitos de pollo Nork.
Epale de Qué Es Que Esta Mala su Mama
Es la historia de un famoso personaje del Timotes antañón que muchos conocieron como Don Manuel, cuya esposa estaba mal de salud y cada vez que le preguntaban de qué esta mala su esposa, respondía con tranquilidad: “está mala del culo”. En cierta ocasión, su hija Dadita que fue una destacada maestra de escuela, lo escuchó conversando con alguien y justo cuando el don, le explicaba al visitante que su esposa estaba mala del culo, su hija lo corrigió diciéndole: “papa no diga del culo, dígale a quien le pregunte que mamá está mala del ano, oyó del ano”. A lo que don Manuel asintió con la cabeza un muy claro: “siiii, está bien”. En otra oportunidad, llegó un padre a visitarlos y aprovechar de llevarles la palabra de Dios, de fortaleza y esperanza, y en medio de la conversación, el sacerdote pregunto: “a propósito, don Manuel, de qué está mala su esposa”. Don Manuel pensativo, hizo una mueca y una pausa, dudoso pero decidido preguntó, en voz alta, a su hija que estaba en la cocina: “épale, Dadita cómo es qué se llama el culo de su mamá?”.