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Andrés Eloy Blanco en Timotes · 1 de 9

Timotes entre los años 1925 y 1930

Jesús María Espinoza Marín · unos 4 min de lectura

A partir del año 1925, un viajero conocido como Fernando Benet, recorrió casi toda la geografía Nacional, dejando sus impresiones en la extraordinaria Obra: Guía General de Venezuela. Esta Ciudad de Timotes, igual que otras regiones del país, le abrió sus puertas, recibiéndolo cordialmente. Aquí paso varios días, indagando datos de historia, geografía, economía y otros aspectos. A su vez realizó diversas e interesante gráficas o tomas fotográficas del Timotes de antaño. En base a estos datos históricos de Benet, nos permitimos redactar esta sección, la cual nos responderá la inquietud del cómo era Timotes entre los años 1925 y 1930. Veamos:

Timotes desde lo alto, en una fotografía antigua.

La Ciudad de Timotes, Capital del Distrito Miranda, está ubicada en un fértil Valle a 2.018 Metros de Altura Sobre el Nivel del Mar (según las mediciones efectuadas por el Ingeniero Alfredo Jahn, reflejadas en su libro: Alturas de Pueblos y Ciudades de Venezuela, año 1923), con una temperatura media de 18º centígrados. Pertenecen a este Municipio los vecindarios: La Raya, La Cañada, Mesa Cerrada, Mijará, Llanitos de Tínico, Aposentos, Garabulla, Altamira, Santa Cruz, Tafallez (sic), La Cordillera, Llano Grande, El Hato, La Hoya, Alto de Mucunjupú (Mucuyupú), Casa de Teja, Bailoncito, Los Resguardos, El Cacique, Chicuá, Saraza, El Garabato, Las Tapias, Mucusé, Piedra Gorda, Chijós, Mucumbás, San Antonio y Las Porqueras. Contaba Timotes con 681 casas de habitación y 3.331 habitantes, de los cuales: 1.508 eran varones y 1.823 hembras.

La base económica estaba representada por la agricultura, siendo cultivos principales: trigo, papas y frutos de tierra fría, así como el maíz y los plátanos.

Destacaba Fernando Benet: «que sus quesos gozaban de su justa fama en los contornos».

En cuanto a vialidad, la población era atravesada por La Gran Carretera Trasandina, incluyendo el histórico Puente Miranda sobre la quebrada Quindorá, en cuya construcción tomó parte muy activa Monseñor Buenaventura Vivas, Párroco entre los años 1908 – 1935. A través de esa vía, se desarrolló un importante comercio entre Timotes con Valera, el centro de la república, Mérida, Tovar y otros centros poblados. De Timotes partían dos buenos caminos de herradura que conducían: uno a los pueblos de Las Piedras, Santo Domingo, Pueblo Llano y el Estado Zamora, actual Barinas, y otro camino hacia Occidente, comunicando los Municipios de Palmira, Torondoy y Santa Apolonia con Timotes.

La Empresa Telefónica de Timotes, propiedad del Presbítero Buenaventura Vivas, comunicaba, a través de una «buena red telefónica» a Timotes con los pueblos circunvecinos. En esa fecha la compañía era administrada por Jorge Morales Colmenares.

Una calle del Timotes de antaño, con la torre de la iglesia al fondo.

Las funciones públicas estaban distribuidas así: Jefe Civil del Distrito: Adonai Suárez; Secretario: Ramón Espinoza; Presidente del Concejo Municipal: Delmo Mazzei; Jefe Civil del Municipio: Augusto Febres Cordero; Secretario: Pablo Marcial Méndez; Médico: Dr. Ricardo Fonseca; Cura Párroco: Buenaventura Vivas; Jefe de la Oficina de Correos: Josefa Fonseca de Quintero.

Desde el punto de vista comercial, Timotes contaba con importantes negocios, a saber: Expendio de Medicinas del Sr. Miguel la Riva; Dos Botiquines: Uno de Don Miguel La Riva, otro de Candelario Puentes; tres Carpinterías, propiedad de: Gonzalo Quintero, Jorge Morales Colmenares y Candelario Rodríguez; una herrería de Luís Pérez; cuatro Molinos de Trigo, propietarios: Doña Josefa Fonseca de Quintero, Don Luís Mazzei, Ramón Peña y Pantaleón del Carmen Uzcátegui, quien producía la afamada harina «La Flor de Timotes»; existían dos tiendas de ropa: una de Carlos Roher y otra de Celestino Sánchez; dos centros comerciales donde se vendían víveres de todo tipo y mercancías secas, propiedad de: Florencio Uzcátegui y Blas A. Vita; además pulperías o bodegas donde expendían toda clase de víveres, por lo general sitios ubicados en las esquinas de Timotes, entre esos comerciantes los más recordados fueron: Don Quevedo Araujo, Pedro Samuel Carrillo, Orestes Gutiérrez, Gumersindo Franco, Luís Mazzei (propietario de lo que antes fue El Recreo de Don Aquilino Briceño), Jesús María Marquina, Ramón Peña, Juan Rivas, Francisco Romero, Miguel Santiago, Julio Urbina, Ismael Villarreal y Rafael Villamizar; entre hacendados y ganaderos habían unas cuantas familias: más de 45 propietarios, dedicados a labores agrícolas y cría de ganado en pequeñas proporciones; Existían dos Hoteles: «El Central» de Doña Emma de La Riva y Hotel «Méndez» de la señora Asunta de Méndez. A todo esto sumamos: la existencia de varias personas dedicadas a actividades artesanales, donde ocupan lugar privilegiado quienes durante años elaboraron: loza en arcilla, cotizas y alpargatas, sombreros de paja, ropa para damas, caballeros y niños, también las famosas granjerías típicas: pan criollo, acemas, mantecadas, bizcochuelos, paledonias, arepas de horno, tabletas o cocadas, mute, melcochas, guarapo fuerte, leche «burra», dulces y demás apetencias de la cocina criolla, productos que ocupaban espacios en las diferentes pulperías, donde los vecinos acudían continuamente a buscar las exquisiteces baratas y sabrosas.

Esta grandiosa visión nos dejó los datos de Fernando Benet, lo que permite reconstruir la dinámica de la Ciudad en aquellos tiempos del Gomecismo. A esto agregamos, un sin número de informaciones contenidas en los distintos capítulos de esta obra, pues hemos profundizado con rigor histórico en este periodo, por lo cual afirmamos la gran importancia de Timotes y su Época de Oro, precisamente cuando existían menores recursos.