Cronicario Cultural · 19Chronicle
El Observatorio Astronómico de Llano El Hato
Nacido de una idea de científicos venezolanos en los años cincuenta, con equipos comprados en Alemania que pasaron años embalados en Caracas, el Observatorio de Llano El Hato encontró su sitio en la Loma de las Múcuras gracias al astrónomo Jurgen Stock. Camiones Mack, convites parameños y caminos abiertos a pico y pala lo hicieron posible: abrió en 1975, a más de 3500 metros de altitud.
Jesús María Espinoza MarínCronista Oficial del Municipio Miranda

Listen to the chronicleNarrada con la voz de Jesús María Espinoza recreada con IA, con su autorización · 9:52
El Observatorio de Llano El Hato, ubicado en jurisdicción del Municipio Rangel, estado bolivariano de Mérida, levantado a más de 3500 metros de altitud, es uno de los atractivos más emblemáticos del páramo andino, pudiéramos escribir que es una de las maravillas del Occidente del país. Sin duda que su historia es fascinante, la que nos proponemos narrar en los siguientes términos: sus orígenes se remontan a los años cincuenta, cuando gobernaba en Venezuela el General Marcos Pérez Jiménez, a quien un grupo de científicos venezolanos, entre quienes destacó el Dr. Eduardo Rohl, se les ocurrió la idea de tener en nuestro país un observatorio astronómico completo, con una estación geomagnética – sismológica y una estación meteorológica, le plantearon esa necesidad y la urgencia de modernizar y equipar con nuevos instrumentos de investigación, al observatorio Naval Juan Manuel Cagigal, creado por el presidente Juan Pablo Rojas Paúl, el 08 de septiembre de 1888. Impartidas las instrucciones correspondientes, los responsables convencieron al presidente y plantearon la posibilidad comprar los equipos en Alemania, acción que se concretó con el viaje del Dr. Eduardo Rohl al país mencionado, donde se adquirieron los mejores equipos y telescopios de la época que serían instalados en el observatorio Cagigal. También se encargó en Alemania la construcción de las cúpulas, las plataformas para los telescopios, el anteproyecto de diseño y construcción de los edificios. Su llegada coincidió con eventos turbulentos en la política nacional, lo que estancó la carga, primero, en el puerto de La Guaira, lugar donde permanecieron; segundo, en Caracas, en las propias instalaciones del observatorio, donde los equipos permanecieron empacados en sus respectivas cajas, “arrumados como corotos viejos por mucho tiempo”. Señala el Dr. Pedro Grima, que la “contaminación lumínica de Caracas era tan grande” que fue la causa principal del estancamiento del proyecto, aunque podemos sumar la desaparición física del Dr. Eduardo Rohl y los cambios políticos que se sucedieron en el país. Hasta que nuevamente, en el año 1960, cuando recién comenzaba la vida democrática del país, se retomó la esencia del proyecto. Fue “cuando una comisión presidida por el físico y matemático venezolano Francisco J. Duarte, se encargó de levantar el nuevo proyecto” y presentarlo ante las autoridades nacionales. El mismo, gozó de apoyo y cierta acogida en el seno de los gobernantes de la época y sucedió que se destinaron recursos y esfuerzos para rescatar los equipos, es decir, todos aquellos instrumentos valiosísimos y necesarios para el observatorio. Pero se decidió organizar un estudio de las regiones del país con la finalidad de buscar una ubicación adecuada para instalar dichos equipos. Por tal, se contrató al Astrónomo de origen alemán Jurgen Stock para que ubicara el mejor lugar para la instalación de los telescopios. Luego de dos años de estudios meteorológicos y trabajo de campo en el recorrido por el territorio nacional, se seleccionó el lugar en razón de la gran cantidad de noches despejadas por año para las observaciones y estudios científicos. Vale la pena, señala Mucuchacayhay, referir lo siguiente: Jurgen Stock no se daba por vencido, confiaba que encontraría el lugar adecuado. En viaje por el páramo andino, cautivado por sus mágicos encantos, se detuvo en Mucubají y vio lo que para él sería una esperanza, pero los estudios del suelo dieron como resultado la no factibilidad de esa construcción, por el peso de los equipos y sus edificaciones en medio de un terreno tan inestable, recordemos que esa área es conocida por los expertos como “Trinchera o Zona de Fallas geológicas”, donde se conforma una zona de contacto permanente entre las placas tectónicas de Suramérica y El Caribe, responsables de ciertas ocurrencias relacionadas con temblores y terremotos en el Occidente Venezolano. Pero dicen que, al voltear inesperadamente la mirada, justo al frente, detalló la imponente Loma de las Múcuras o Llano El Hato, dando por culminada la búsqueda porque el sitio resultó el ideal para concretar el proyecto.
Señalan las crónicas que, decidido el sitio, realizaron los estudios que arrojaron los resultados esperados. Se procedió al traslado de los equipos desde Caracas hasta la Universidad de Los Andes, donde comenzó su ensamblaje. Paralelamente, se iniciaron las obras civiles en Llano El Hato, lo cual estuvo cargado de anécdotas, por el frío inclemente; y la construcción de la vía por donde transitarían, primerizos, los camiones y grúas. En el año 1971 se encargó al Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (CONICIT) como responsables de llevar a cabo la creación del Instituto Venezolano de Astronomía, y a su vez, se instruyó al Ministerio de Obras Públicas para la ejecución de las obras en la zona de Apartaderos, eje páramo del estado Mérida, el mejor lugar que consiguieron los expertos.
En noviembre de 1973, por decreto presidencial, se constituyó la fundación Centro de Investigaciones de Astronomía Francisco J. Duarte (CIDA), y en enero de 1974, se formalizó la fundación. Se dio la orden de trasladar los equipos por vía terrestre, lo cual implicó utilizar camiones norteamericanos de la marca Mack, los que hicieron el recorrido desde La Guaira hasta Los Andes, específicamente hasta Mérida, y luego de ensamblados hasta el Páramo, donde su llegada representó todo un espectáculo para nuestros habitantes, ya que implicó ampliar un camino de recuas, a pico y pala, que entraba por la parte baja del sector Barro Negro, metros antes de la famosa Cueva de Los Indios, y desde allí avanzar, en travesía, sentido Norte a Sur, por entre las montañas, abriéndose el espacio apropiado para que los camiones circularan y llegaran tranquilamente a su destino, en el frio pueblo de Llano del Hato. En estas jornadas, participaron muchos parameños, voluntarios y contratados, que aportaron su mano de obra, sus bueyes y arados para la ampliación del camino, bajo la mirada curiosa de los niños de la época y el apoyo diligente de las mujeres parameñas que cocinaron, lo mejor de la cocina criolla, para alimentar la peonada en los famosos convites que se prolongaron por varios meses, hasta llegar al alto donde se levantaron las estructuras con sus célebres cúpulas que albergan los instrumentos más potentes que nos permiten observar el espacio durante algunos meses del año.
Fue así como el Observatorio Astronómico Nacional de Llano El Hato, entró en funcionamiento en el año 1975, cuando fue inaugurado, formando parte de los espacios acondicionados para que los científicos astrónomos y los amantes del cosmos infinito, realizaran sus observaciones y estudios con aportes increíbles a la ciencia. El observatorio cuenta con cuatro grandes telescopios, cada uno albergado en su respectiva cúpula, ellos son: la cámara Schmith o telescopio en proceso de modernización, pues se aspira instalarle una cámara digital para tomas fotográficas digitales; el telescopio reflector con lo que podemos observar planetas, meteoritos, asteroides, atmósferas y ocultaciones; el gran refractor, con las mismas funciones; y un astrógrafo doble, este último en fase de instalación que puede usarse para realizar mediciones astrométricas. Además, cuenta con sala de museo y residencias para el personal o equipo de científicos. Sin duda, remata Mucuchacayhay, que vivir la experiencia de visitar el observatorio de Llano El Hato, representa toda una aventura digna de vivir, porque implica estar en el mayor complejo de observación del país, es decir, el mayor de todos los que funcionan cerca de la línea ecuatorial, desde donde podemos observar ambos hemisferios. También implica disponer del tiempo y los atuendos necesarios para llegar en horas de la tarde y culminar pasada la medianoche, con vientos muy fríos y temperaturas muy bajas, luego de recibir las instrucciones pertinentes, charlas, proyecciones y la experiencia única de ingresar a una de las cúpulas y disponernos a observar el espacio infinito o la bóveda celeste, llenos de misterios y realidades reservadas para los amantes de la astronomía.
(Correo del Orinoco, Caracas, miércoles, 07 de junio de 2023, N° 4557 págs. 8 – 9 y Fundación Centro de Investigaciones de astronomía Francisco J. Duarte)
(Tomado del libro: Paramerías. Mucuchacayhay, Cuenta la Historia. De Jesús María Espinoza Marín, Editorial Trinchera. Caracas, 2025)
El observatorio y su entorno
Gráficas cortesía de las Redes Sociales (RRSS).

ApartaderosVista desde el pueblo de Apartaderos hacia el observatorio. 
Dentro de la cúpulaUno de los grandes telescopios, dentro de su cúpula, durante una visita nocturna. 
La llegadaEl camino de entrada al observatorio, con las cúpulas bajo el cielo azul del páramo. 
Las cúpulasDos de las cúpulas que albergan los telescopios, en lo alto de la Loma de las Múcuras.