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Legend

La leyenda de La Gata

Jesús María Espinoza Marín

Del libro «El Encanto de Los Encantos. Mitología indígena andina», de Jesús María Espinoza Marín, publicado por Ediciones del Banco Central de Venezuela en 2018. La guía turística, escrita antes de esa fecha, lo cita como inédito.

Listen to the storyNarración sintetizada, es-VE · Música: «Vals de la Memoria» · 8:11

“Cuentan que había una vez un hombre muy parrandero, era músico y le decían el Poeta Froilán. Vivió mucho tiempo en Santa Cruz de Tafalléz. Pues dígame que el fulano no pelaba una fiesta ni por muy lejana que fuera. Un día se enteró que había fiestas en Palmira, por lo que ensilló su mula y salió rumbo a San José de Palmira. No se por qué se demoró conversando con los Francos de Los Trigales, allá arriba, antes de La Angostura. Lo agarró la noche cruzando el Páramo de La Gata. Justo cuando llegó al filo de La gata, miró hacia abajo buscando el sitio donde está la laguna, pero no vio nada, en su lugar vio una casa grande iluminada, desde dónde partían sonidos de cantadores y música. Froilán pensó que se había perdido y que la laguna estaba en la parte de arriba. Siempre enamorado de las parrandas, ni corto ni perezoso, decidió pasar por allí. Cuando llegó amarró su mula al pie de un arbolito cercano a la casa y divisó una hermosa dama. Era una mujer catirita, perfilada, de ojos azules, quien al instante lo invitó a pasar e hicieron amistad de inmediato. El muchacho como por instinto se negaba a entrar y decía que afuera estaba mejor. Sin embargo, el fuerte e intenso frío lo obligó a entrar en la casa. Cuando entró se dio cuenta de la luminosidad reinante y miró que la sala estaba repleta de objetos de oro, vio oro por todas partes, según había adornos y vasijas de todo tipo. El joven pensó para sus adentros que ese no era su sitio y prefirió salir, la hermosa Dama para impedirlo comenzó a ofrecerle regalos, entre ellos unos candelabros y unas vasijas de oro. Tomaron y tomaron el licor preferido, al decir, había de todos tipos y cuando la Dama lo creyó conveniente lo invitó, insistente, a quedarse con ella en su aposento. Froilán un poco distraído y quizás aturdido por tanta luz y objetos de valor, se acordó de repente de la mula y salió dispuesto a asegurarla en otro sitio. Justo en la puerta de la casa tropezó y como la ebriedad lo dominaba, no pudo levantarse más. Se quedó dormido. Cuentan que al día siguiente, despertó temblando del frío y muy asustado, cuando se dio cuenta estaba en la orilla de la Laguna y muy cerca estaba su mula amarrada y exclamó: “Dios mío de la que me escapé yo”. Y recordó todo lo vivido y procedió a revisar lo que la bella dama le había obsequiado y efectivamente eran objetos de oro puro, de mucho valor que brillaban con la luz del sol. Froilán se devolvió muy sonriente y contó lo ocurrido a la gente de Santa Cruz. Luego quedó más sorprendido porque supo de boca de los viejos que si existía esa misteriosa mujer y que era La Gata, Dueña y Señora de la laguna y que a muchos caminantes y arrieros le había pasado lo mismo. Dicen que la Laguna Gata: “cuando alguien no le congenia”, transforma de inmediato el ambiente paramero. La neblina comienza a bajar y cubre todos los espacios y sus aguas comienzan a hervir, se generan oleajes y vientos en varias direcciones y luego viene una fuerte granizada que obliga a buscar refugio. Muchos viajeros deciden alejarse y comienzan a subir la montaña y dicen que cuando llegan arriba, ya todo comienza a despejarse y aparece radiante y bella la majestuosidad de la laguna Gata. Los viejos conversadores cuentan otra historia de un viajero que siempre recorría las distancias entre Palmira y Piñango, tenías sus arreos de mulas y comerciaba de todo un poco. Dicen que ya el sabía sobre las Historias de La Gata pero no le daba tanta importancia, estaba convencido que con el poder de Jesús Justo Juez, podía transitar caminos solitarios y vencer cualquier adversidad. Muchos le habían dicho con insistencia que si le pasaba algo similar no recibiera nada, que lo guardara o lo botara por un zanjón. Igualmente que cargara siempre miche claro y chimó para ofrecer a los encantos y salir adelante. Hasta que un día, por circunstancias de la vida, se retrasó en el camino y decidió continuar con su travesía en dirección a Palmira. Sabía que pasaría tarde por las adyacencias de La Laguna gata. Lo cierto de caso fue que en un recodo se le apareció una mujer catira que le pidió la llevara hasta mas abajo porque se sentía muy cansada. A pesar de su brío, el viajero dudaba en responder pero no tenía alternativa, disponía de una mula y podía hacerle el favor, así viajaría acompañado, aunque una fuerza superior lo atraía deleitándose con la belleza de la mujer. Reanudó la travesía en compañía de la Dama quien conversaba de todo un poco, entre otras cosas habló de las riquezas escondidas en esos parajes pero el arriero no le prestaba mucha atención. Pasada una media hora y justo cuando se divisó la imponente laguna Gata, la mujer ordenó que parara la bestia porque estaba llegando. Extrañado preguntó por qué se quedaba en ese lugar tan desolado y la dama contestó: porque estos son mis propiedades y vivo por aquí. En pago le ofreció objetos de oro que el arriero guardó de inmediato en sus bolsillos. Por si acaso peló por una mascada de chimó y detalló que la Dama se apuró toda. Se despidieron y continúo el recorrido cuando de pronto todo se oscurecía de inmediato. Pronunció sus oraciones cristianas y un buen palo de miche claro y siga por ahí pa abajo sin mirar atrás. Al cabo de un rato observaba pensativo que la tarde recuperaba sus colores naturales y que la noche llegaba lenta con sus celajes y a la distancia las primeras luces de las casas de Palmira. El viajero decidió revisar los bolsillo para verificar los obsequios de la Dama y se dio cuenta que tenía pura bosta de vaca y se dijo para sus adentros: carajo, esa mujer era la Gata! Escudriñando la tradición oral, se dice que la Gata era una hermosa Dama de origen español, que acompañaba una expedición de soldados Reales, empeñados en otros tiempos en colonizar y conquistar los territorios indígenas y que por circunstancias desconocidas se propusieron perseguir hasta lo mas alto de las montañas a un grupo de naturales Timotes, donde sobresalía un Cacique Indígena de Estirpe Mucuyupú, los cuales habían resultado muy belicosos y permanecían huyendo por las escarpadas cumbres. Los expedicionarios no desistieron en su afán y durante largos meses anduvieron tras las huellas de los indígenas. Cuentan que los naturales ofrecieron todo tipo de ofrendas a su Dios Arco, habitante de las lagunas del páramo. Y que rogaron y rogaron a sus Dioses que perdieran a sus perseguidores a través del Encanto y les permitieran habitar esos paramos en sana paz. Y así se cumplió porque el Dios Arco hizo que se perdieran en las montañas los soldados reales españoles y a la bella Dama la convirtió en su esclava, condenándola a cuidar sus dominios y en especial las aguas puras de su Templo Sagrado o lugar de habitación. Es así como desde ese momento la Dama, catira y graciosa que describen las historias, aparece como dueña y señora de la Laguna y es en el transcurrir del tiempo cuando comienzan a hablar de La Laguna Gata y de la Leyenda de La Gata. Dicen que por órdenes supremas del Dios Arco, la Gata se empeña en Encantar a los viajeros porque está convencida de sus propias intenciones que coinciden con el exterminio en otrora de los pueblos indígenas y que cuando entrega objetos de oro a quienes ella quiere es para compensar tanto daño hecho a los pobladores originarios y en prueba de las grandes riquezas que guardan esos páramos. Todo lo demás, con su carga de complejidad resulta inexplicable y creemos que tiene sus raíces en las intenciones de sabiduría de los Dioses Arco y Arca para quienes llegan a esos dominios con buenas intenciones”.