Urban legend
¡Espantos!
Jesús María Espinoza Marín
Listen to the storyNarración sintetizada, es-VE · Música: «Vals de la Memoria» · 4:09
Cuentan algunos vecinos sobre las andanzas y sustos de dos famosos Espantos que aparecían durante los días de la cuaresma, deambulando por las calles de Timotes. El primero: un hombre vestido de blanco, dicen que salía mas debajo de la iglesia, que se dirigía por la calle Miranda arriba, cruzando en determinada esquina en sentido hacía el río. Allí justo en esa callejuela empedrada desaparecía misteriosamente. Cuentan que era un espanto impresionante, un hombre robusto, totalmente vestido de blanco, que aparecía a eso de la medianoche asustando a todos quienes estuvieran fuera de casa. Movía sus ropajes y emitía sonidos tenebrosos, cuentan que asustó a más de uno, entre otros aquellas “viejas” averiguadoras que acostumbraban mirar por las ventanas al percatarse de cualquier ruido extraño. Igualmente, cuentan del segundo: una mujer bajita, que aparecía vestida de novia, con un largo velo a rastra, caminando con zapatos de tacón que producían tétricos sonidos a todo lo largo de su recorrido. Cuentan que bajaba por la calle Bolívar llorando desconsoladamente, cruzaba en una esquina hacia la avenida Guaicaipuro, bajando hasta Punta Brava y por allí desaparecía misteriosamente. Pasadas las horas la veían de regreso en la misma dirección lloriqueando. Cuentan que asustó a muchos traseuntes desprevenidos y parranderos, siempre a la medianoche. Ambos espantos representaron un verdadero azote para la población en general. Entre la gente reinaba el miedo, la confusión y los comentarios cada día se hacían mas serios. Las noches pueblerinas representaban algo más que torturas y Timotes a partir de las siete de la noche parecía convertirse en pueblo fantasma. Y sucedió algo curioso con esos Espantos que de verdad vale la pena destacar. Cuentan que al primero, una noche de esas inolvidablemente Timoteras, un grupo de hombres “jodedores” lo siguieron, decididos y olorosos a miche claro, se empeñaron en descubrir tan misterioso personaje. Justo en una esquina lograron interceptarlo, asustando increíblemente al propio Espanto, el cual no tuvo defensa ni tiempo para correr. El Espanto se despojó de sus ropajes blanquecinos, y cuando el atrevido el grupo esperaba lo peor, resultó un conocido y respetado personaje del poblado, quien se disfrazaba como excusa para adentrarse sigiloso, entre gallos de medianoche, al aposento de su amante. Cuentan que hasta esa noche hubo espanto, al día siguiente todo el pueblo comentaba el suceso entre asombro y risitas. En cuanto a la novia nocturna, sucedió algo similar. Un grupo de borrachos la siguieron, acosándola hasta ponerla nerviosa, esto a pesar de los lloriqueos espeluznantes del espanto. Resultó que los atrevidos personajes descubrieron a una reconocida dama del pueblo que confesó su singular transformación para encerrarse con su amante durante algunas horas. A pesar de esto, cuentan que a esta mujer le “echaron una paliza como escarmiento”. Hasta ese momento se aparecieron tan curiosos espantos por las calles lóbregas del pueblo. A pesar de este relato: cuidado con los Espantos! Mira que en cualquier tiempo pueden salir y cuentan verdaderamente de otros más espeluznantes que muchos han visto o escuchado, pero nadie se atreve a jugársela para descubrir su identidad. Solo Juan Pedro lo intentó en una ocasión pero estuvo sin habla e impresionado durante meses. Dice que siguió casi hasta el cementerio Municipal a una mujer de blanco, graciosa y coqueta que lo llamaba, pero cuando la tenía mas cerca se dio cuenta de su aspecto monstruoso y desapareció misteriosamente, dominándolo el escalofrío. Con razón afirmaba: “hay espantos reales, verdaderos y hay también vivos que se la echan de espantos”