Cronicario Cultural · 26Chronicle
Ernesto Jerez Valero: bardo paramero
En los 103 años de su nacimiento, el cronista recuerda al poeta de Las Piedras que cantó al páramo en la «Silva al Páramo» y el «Poema a Mérida»: su vida pública como gobernador, diputado y senador, más de quince poemarios, sus honores, y las huellas que dejó en Timotes.
Jesús María Espinoza MarínCronista Oficial del Municipio Miranda

Listen to the chronicleNarrada con la voz de Jesús María Espinoza recreada con IA, con su autorización · 13:04
“Vistosos campanarios / el páramo en las tardes alardea / o nos lleva a la idea / de estar frente a cansados dromedarios” (Silva al Páramo de Ernesto Jerez Valero, 1997)
Ernesto Jerez Valero nació en Las Piedras, Municipio Cardenal Quintero, estado bolivariano de Mérida, el 22 de octubre de 1923. Un hogar campesino, formado en el trabajo y la honestidad, le garantizó valores religiosos, respeto al prójimo, apego al trabajo agrícola y educación donde la enseñanza estuvo presente a través de lecturas y tertulias. Realizó sus estudios de primaria y secundaria, gracias al esfuerzo de sus padres, en Mucuchíes, estado Mérida, y en La Grita, estado Táchira, respectivamente, demostrando desde muy temprana edad su talento para el arte y la literatura. Sus actividades fueron en el ámbito político y la literatura, aunque dedicó tiempo y esfuerzos para la empresa agrícola, echando mano de sus ancestrales conocimientos para la producción agrícola en sus predios de Pueblo Llano y El Valle.
Instalado en la ciudad capital Caracas, construyó excelentes relaciones con altos jerarcas del gobierno y recibió votos de confianza para ejercer como Secretario general de gobierno del estado Anzoátegui (1958), desde donde impulsó junto al Gobernador de aquella época Dr. Alí Montilla, la creación de la Escuela de Artes Plásticas “Armando Reverón”. Fue gobernador encargado del estado Apure (1958), secretario privado de la gobernación de Mérida (1960 – 1963) y director de relaciones públicas de la Universidad de Los Andes (ULA). En el mismo orden, fue diputado electo a la asamblea nacional constituyente (1952), por el estado Trujillo, Diputado a la Asamblea Legislativa del Estado Mérida y senador por el estado Mérida, período 1964 – 1969.
Colaborador de páginas literarias en periódicos de circulación nacional como El Universal, revistas Elite, El Carabobeño (Carabobo) y La Nación de San Cristóbal (Táchira). Agrega el Profesor Rafael Ramón Santiago que “desempeñó labores periodísticas, destacando como colaborador del papel literario de El Nacional (Caracas), el semanario Triángulo de Boconó (Trujillo), La Opinión de Mérida” y otros medios impresos que dejaron huellas en la historia nacional. Merecedor de importantes reconocimientos como Escritor, entre otros: Hijo Ilustre de la Ciudad de Los Caballeros de Mérida.
Recibió: la “Orden Don Tulio Febres Cordero”, por la Asamblea Legislativa del Estado Mérida; y Orden “Andrés Bello”, otorgada por la presidencia de la república, otorgada a “personas que se hayan destacado en la educación, la investigación científica, las letras y las artes”. Obtuvo el premio municipal de literatura, mención poesía, en el año 1983, otorgado por el Concejo Municipal del distrito Libertador, capital emeritense. Fue miembro activo, desde 1957, de la Asociación de Escritores de Venezuela, miembro fundador del Ateneo de Valera, 09 de noviembre de 1950 (Trujillo), formando parte de la primera Junta Directiva como uno de los vocales. Fue también miembro del Ateneo de Valencia (Carabobo) e individuo de número del Centro de Historia del estado Mérida, cuya vida institucional fue muy efímera. Aunque tenemos datos muy imprecisos sobre esa institución.

De su extensa e importante producción literaria tenemos: Rutas Estivales: Sonetos, Poemas (Boconó, 1947 – 1962), Una Noche en la tierra (Caracas, 1950), Grito Incontenible (Caracas, 1954), Biografía del Olvido, Sonetos (Ateneo de Valencia, 1956), Esto dijo el caminante: 1952 - 1954 (Valencia, 1954), La Soledad del hombre (Caracas, 1956); Poemas 1954 - 1955 (Caracas, 1956), Los Trigales Difuntos: Poemas y Elegías (Bogotá (Colombia), 1960), Quiso Dios que así fuera (Opúsculo al Cardenal José Humberto Quintero, Mérida, 1962), El Poeta y su Símbolo (Discurso en la Inauguración del Monumento a la Loca Luz Caraballo, Apartaderos, Mérida), Trozos de Tiempo (1972), El Diario de un Paramero (Caracas, 1964), Del Génesis (Mérida, 1962), Poesías (Caracas, 1971), Poema a Mérida (Mérida, 1995) y Silva al Páramo (Mérida, 1997). Los escritores Rafael Ángel Rivas Dugarte y Gladys García Riera, en su amplio estudio titulado: Diccionario de Autores Merideños (Mérida, 2014), lo califican de ensayista por sus obras: Don Andrés Bello: Patria y Pedagogía (1970); El Cristianismo y la Emancipación Iberoamericana, publicación concretada gracias al Discurso de Orden pronunciado con motivo del 164° Aniversario de la Independencia, Concejo Municipal del Distrito Libertador, Mérida, 19 de abril de 1973; y Armando Reverón: 10 Ensayos (1975, varios autores). Adiciona la obra: La Niña de Plata: Canciones y Poemas de Arte Menor (1955, varios autores) y dos poemarios, sin datos precisos, como son: La Silueta del Tiempo; y Ámbito de la Niebla. Por lo que en más de quince poemarios y entre ellos algunos opúsculos, precisamos que están “signados por una poesía del dolor del hombre avasallado por la injusticia y la miseria de la condición humana en esos años difíciles de la dictadura, sobre todo para las personas de condición humilde pero con sentido de libertad y de dignidad de ciudadanos. Poemas robustos, varoniles, fuertes escritos en versos a veces ásperos por ser espejo fiel de esa década” (Cardozo, 1995). Del maravilloso Poema a Mérida, escribió el Poeta Lubio Cardozo: “Solo un poeta puede resumir en veinticinco estrofas todo el mundo maravilloso de Mérida, de su pasado, de su devenir, de su presente. De su plasticidad y espiritualidad. Un canto más para Mérida sugerido del sueño lírico de un bardo hecho a la medida de su geografía y del hechizo de Los Andes” (Cardozo, 1995). Veamos un fragmento del poema: “… / Mérida de serena contextura / diluida en una copa de arreboles, / su sierra es la silueta de la bruma / que emerge de un festín de frailejones. / Yo te canto, ciudad, disuelta lágrima / en el limpio pañuelo de Los Andes, / ruedas celestes de infinitos ejes / renuevan el plumaje de tus águilas. / … / Ciudad para vivir cerca a los ángeles, / Mérida estudiantil, fragua sonora, sigue con tu vestido de bucares, / comarca campesina y pedagoga”.

Cumplida su etapa productiva de actividades laborales, políticas y públicas, con un gran cúmulo de experiencias en todos los ámbitos, realizados sus aportes literarios en la diversidad de obras que legó para la posteridad y que han sido objeto de estudio de importantes investigadores como José Ramón Medina (Razón de Poesía, Caracas), Oscar Sambrano Urdaneta (Contribución a una bibliografía general de la Poesía Venezolana en el siglo XX, Caracas), Varios Autores (Manifiesto de Los Andes, Mérida), Lubio Cardozo (Bibliografía de la Literatura Merideña: y Contribución a la bibliografía de Poetas Merideños, Mérida), Varios autores (País de Papel, Mérida), nuestro Poeta o el bardo paramero de Las Piedras, saboreó los frutos de la siembra, recibiendo diversos homenajes, participando en múltiples actividades socio culturales, destacando en los festivales o recitales de poesía, cumpliendo su papel de Orador de Orden en actos importantes de la vida nacional, regional y municipal, sin olvidarse de las labores agrícolas en sus predios que le proporcionaron alegrías y tranquilidad absoluta, de lo cual confesó en una oportunidad: en los campos “me siento a plenitud”. Vivió la vida para contarla con la belleza y la sensibilidad del bohemio e hizo de la poesía la vía para el disfrute de lo perdurable y del páramo andino la poesía más expresiva y vigente que se refleja en la vasta obra cuando describe lo bello y mágico de los paisajes andinos, el urgente y necesario cuidado y preservación de nuestros páramos, la laboriosidad agrícola del andino, las genuinas costumbres e idiosincrasia del parameño y todo cuanto se les escapó a muchos que sólo él supo tomar, cuantificar y entregar en versos, fielmente esculpidos en el Diario de un Parameño y en su extraordinaria Silva al Páramo. La Casa de la Cultura de Santo Domingo, cabecera del Municipio Cardenal Quintero, lleva su nombre con regio orgullo parameño. Igualmente, su nombre y apellido engalana antologías y estudios de literatura hispanoamericana, sus versos destacan como “la más alta voz lírica de Los Andes y una de las más sonoras y de mayor rango en el parnaso nacional”, en palabras de desaparecido merideño Germán Briceño Ferrigni (1996).
Podemos destacar que nuestro terruño timotense, sintió su presencia y admiró su obra literaria. Sus huellas quedaron en diversos espacios como la Casa de la Cultura Don Jesús María Espinoza, en calles y avenidas, en la plaza y el aposento de la familia Bustos Jerez, en ocasión del Homenaje que tributáramos a los hermanos Elio y Ernesto Jerez Valero, en el marco del VII Recital de Poesía Andina, celebrado el 16 de diciembre de 1995, quienes formamos parte del Círculo de Poetas Andinos. Aquí quedó su recuerdo, en tantas visitas a sus parientes: Olga, Aidé, Gregorio Ernesto, Doris y Guido Bustos Jerez, a sus nietos, sobrinos y demás familiares. Aquí permanecen sus poemas, en libros conservados como tesoro familiar, en otros tantos obsequiados, y en el recuerdo del timbre de voz de quienes leímos sus composiciones en recitales colectivos y quienes disfrutamos de su poética para la gloria y eternización de su obra.
Por cierto, coincidimos en la Mérida serrana y nos obsequió la obra, justo cinco meses antes de su partida, escribió: “Para el Profesor Jesús María Espinoza. Excelente Poeta. Cordialmente Ernesto Jerez Valero. Mérida, 30-01-06”. Desde entonces admiramos su obra, amamos más al páramo y no hemos dejado de leer alguno de sus cantos. Ernesto Jerez Valero, falleció en la Ciudad de Mérida, a la edad de 83 años, el 09 de julio de 2006.
En el escenario del año 2023, al cumplirse el primer Centenario del Nacimiento del Poeta Ernesto Jerez Valero, como digno baluarte del páramo andino, rendimos merecido homenaje con algunas actividades culturales.
(Del libro Paramerías. Mucuchacayhay, cuenta la historia, de Jesús María Espinoza Marín. Editorial Trinchera, Caracas, 2025)