Cronicario Cultural · 2Chronicle
Rafael Valero, un genio entre los cultores
Violinista, compositor de unas 250 obras, maestro de música en Barinas y tallador: la vida de Rafael Ángel Valero Moreno (1943-2012), de El Potrerito de la Vega de Aracay, a quien el cronista llama «un genio entre los cultores» del páramo.
Jesús María Espinoza MarínCronista Oficial del Municipio Miranda

Listen to the chronicleNarrada con la voz de Jesús María Espinoza recreada con IA, con su autorización · 26:05
“Un Genio entre los cultores
lo tuvo el páramo andino,
el artista más genuino
entre violines y amores”.— Jesús María «Chuma» Espinoza Marín
Fue Rafael Ángel Valero Moreno, quien nació el 02 de octubre de 1943. El feliz advenimiento sucedió en el caserío El Potrerito de la Vega de Aracay, parroquia Las Piedras, municipio Cardenal Quintero, estado bolivariano de Mérida. Hijo predilecto de Augusto de Jesús Valero Cruces, de oficio talabartero; y María Francisca Moreno, mujer destacada como costurera artesana. De niño vivió algunas dificultades, porque era una época muy adversa donde abundaba la pobreza y las necesidades. En familia vivían en el campo, allá donde la vida es dura pero llena de satisfacciones que solo los campesinos, montañeses o parameños pueden explicar. Su padre, también se dedicaba a las actividades agrícolas, vivía de las cosechas que hacía durante el año. Como talabartero, combinaba su trabajo con la elaboración de diversos artículos de cuero o guarniciones para caballería como sillas para montar, arneses y aparejos para caballos y mulas, a la par de las tradicionales coyuntas. Rafael Ángel tuvo tres hermanas, a saber: Narcisa, Francisca y Erenia. Fue hijo varón, por lo que era muy protegido. Desde muy niño “mostró sus inclinaciones naturales hacia la música”, porque resalta entre sus vivencias que “desde los cuatro años comenzó a ejecutar un cuatro de suela que le había hecho su padre Augusto”. Se hace músico por herencia de su padre que también venía de una familia de músicos y ya deslumbraba en las celebraciones populares de los pueblos, con sus cantos tradicionales, donde música y versos se fusionaban para tributar lo más hermoso a las distintas advocaciones religiosas. También cuenta que estudió en la escuela de Las Piedras, donde “sacó el sexto grado”, destacando que todos los días bajaba a pie, tal vez cautivado por las suaves baladas del viento paramero, inspirado por melódicas de aves silvestres y lleno de las alegrías de los infantes campesinos, que transitan sin peros desde su casa de campo al pueblo, en un recorrido interesante convertido en ritual donde convergen emociones, sueños y aprendizaje para perfilar la identidad paramera y el apego indescriptible al terruño. Hay otra anécdota digna de referir y admirar como fue que ya adulto, caminaba y caminaba, unos quince minutos, desde su casa de habitación hasta la casa de un vecino, para escuchar y disfrutar de un programa musical, transmitido por una emisora larense, lo que le permitió aprender melodías, recopilarlas para luego ejecutarlas, interpretarlas acertadamente e incorporarlas a su repertorio musical para deleite de todos sus familiares, amigos y admiradores. Dicho programa se transmitía diariamente, desde las siete a las nueve de la noche, donde casi no se repetían canciones, fue ahí donde comenzó a escuchar las melodías en violines.
En su hoja de vida encontramos que aprendió muchas tareas artesanales que mantenían ocupados a niños, adolescentes y adultos, en actividades significativas y creativas. Así, fue un diestro en la elaboración de tallas en madera y pintura, pero verdaderamente se destacó más en la ejecución de la música que llevaba en sus venas. Los instrumentos musicales ejecutados por Rafael Valero, a pesar que dominaba y tocaba todos los instrumentos de cuerdas, fueron: guitarra, bandola, mandolina, pero por, sobre todo, su pasión grandiosa, fue la ejecución del violín. Por el año 1960, tuvo un grupo musical en Las Piedras, se llamaba Grupo Los Valero, estuvo integrado de puros primos, unidos por la música. Figuraron como ejecutantes: Humberto y Rafael Valero, violinistas; Liborio Paredes, maraquero; Oscar Berrios, guitarrista; Jesús Salvador Valero, cuatrista; y Esteban Araujo, cuatrista. Para esa época contaba con 17 años, pero ya se perfilaba como el líder capaz de dirigir y mantener un grupo musical activo.
En el poblado de Las Piedras, conoció el amor de su vida: Elda Rosa Bastidas, respetable matrona, con quien contrajo felizmente matrimonio y procreó cinco hijos, que son: Leffia, Libia, Rafael, Francisco y María Isabel “Chavela” (+) Valero Bastidas. Podemos etiquetarlo como un hombre de mucha fe, cristiano y creyente, era muy devoto de la Divina Providencia, una de las advocaciones religiosas más antiguas, cuyo ritual más popularizado consiste en encender una vela en el hogar cada día primero del mes y permitir que se consuma por completo, como acto de Fe y honor hacia la Divina Providencia. Fue fiel devoto al Dr. José Gregorio Hernández, Siervo de Dios, Médico de los Pobres, a San Isidro, a la Virgen del Rosario de Durí y otras advocaciones marianas, a las que les tributó hermosas composiciones. Pero como sus ancestros indígenas fue muy respetuoso de lo sobrenatural. Nos enseñó el respeto al espíritu de la montaña, del agua, de la naturaleza. En otras palabras, el respeto y admiración por los dioses Arco y Arca y sus expresiones en los Encantos del páramo y los Momoyes o Tucutucus de Boconó. Era un ecologista integral que, en lugar de destruir, mantenía, cuidaba los humedales, las plantas o especies vegetales autóctonas y los animalitos del monte. De hecho, le gustaba la siembra de apio y la de maíz, no le animaba utilizar ningún químico.
En una época de su trayectoria, lo buscó el jefe de la zona educativa del estado Barinas, quien era su pariente, conocido como el profesor Saúl Moreno, quien le dijo: “Rafael … lo necesito para que imparta clases de música en algunas escuelas”, en reconocimiento a sus cualidades y talento para el área educación musical. A esta solicitud, con frases llenas de sorpresa, Rafael le respondió: “noooo … pero yo no soy docente, no estoy preparado”. Ahí fue cuando sintió la necesidad de formarse como tal y organizar la obligada pedagogía para la enseñanza de la música. Por lo que comenzó a prepararse con dedicación, hizo diversos cursos y talleres y decidió viajar a Barinas a hacer gala de su talento y conocimientos al servicio de los estudiantes, en un espacio muy amplio como es la llanura venezolana, con historia y raigambre para el canto y la ejecución y con extraordinarios representantes de la cultura y el folclor nacionalista. Allá en la Ciudad Marquesa, trabajó catorce años como docente, cumplidos en la Escuela de Música José Ángel Lamas de Barinas y en el Grupo Orinoco de Barinitas, hoy Escuela Nacional Bolivariana Orinoco, siempre como docente de música. Por su excelente desempeño, recibió muchos reconocimientos y placas en Barinas. A la par, cursó estudios en lenguaje musical, en Mucuchíes, municipio Rangel, donde culminó su plan de estudios y se graduó. Anécdota importante fue que formó varios estudiantes de música, jóvenes ejecutantes de instrumentos, entre quienes está el talentoso Luis Montes, concertista de cuatro y guitarra clásica. En el mismo orden, resaltamos que le dio sus primeras clases musicales al príncipe de la bandola Moisés Torrealba, mejor conocido como el Maestro de la Bandola llanera, quien tomó clases de cuatro en la Escuela de Música José Ángel Lamas. Estuvo y formó varios grupos musicales en Barinas y dio sendos conciertos con el famoso pianista Luis Bastidas, destacado Maestro de Barinitas. Luego retornó a la Parroquia Las Piedras donde conformó su propio conjunto musical bautizado como el Grupo “Rafael y sus Hijos”, donde tuvieron la oportunidad de participar en diversos festivales: “participamos en el Festival de Tabay, allí evaluaban mejor canción inédita y mejor grupo musical. Ese día fue muy bonito y sorprendente porque cuando llaman a la mención mejor canción inédita, que lleva por nombre Libia, llaman el primer lugar el ganador era el grupo musical “Rafael Valero y sus hijos” con esa canción Libia. Todos nos miramos y dijimos bueno ya sino ganamos en el renglón mejor grupo musical por lo menos ya nos llevamos un premio y la sorpresa para nosotros que había varios grupos musicales y empiezan a premiar tercero, segundo lugar y cuando dicen primer lugar: mejor grupo musical Grupo musical de “Rafael y sus hijos”, ese día nosotros nos trajimos los dos premios: primer lugar al mejor grupo y mi papá mejor canción inédita, la que llevaba él. Después nos invitaron a Chachopo, en esa oportunidad obtuvimos el segundo lugar”.
Estuvo dando clases en Pueblo Llano, en Santo Domingo y en Las Piedras. Como profesor destaca que tuvo una paciencia admirable sobre todo al momento de enseñar y repetir una y mil veces si era necesario lo que no le entendían sus estudiantes o discípulos. En su tierra hizo sus aportes porque fundó la estudiantina de Las Piedras y de Pueblo Llano, con buen número de estudiantes, que animaron actos culturales y veladas con sobrada armonía, pero la cultura, en su terruño, no ha tenido muy buena aceptación y siempre estaban mudándolo de salón y lo mandaban para los salones donde había más pulgas y siempre luchando contra tantas cosas más. Sin embargo, hoy muchos de esos jóvenes que fueron formados por él, vienen, lo recuerdan, vienen y nos visitan. Entre sus discípulos se cuentan: Jesús Becerra, Gerardo Salcedo y Luis Enrique Santiago, guitarristas del municipio Pueblo Llano; Nicolás Lara, cuatrista; Gabriel, mandolina, ambos de Santo Domingo; y Emeregildo, Bandola, del sector Las Mesas. “Viajaba mucho a Niquitao y Boconó, donde se reunía con su familia Moreno, que también son músicos y serenateros, entre ellos: Bernabé Moreno de Niquitao, Antonio Moreno de Boconó, este último es músico y primo, quien es el dueño del estudio de grabación donde hizo sus discos compactos o Cds. Allá en Boconó, Ciudad Jardín, se logró grabar el primer disco compacto o CD, titulado “Los Andes le canta al Llano”, conformado por catorce canciones, composiciones con letra y música de Rafael Valero. En la misma comarca boconesa, volvió a grabar otro disco, pero instrumental, con puras melodías inéditas, todas de su autoría. En su haber creativo como compositor tiene alrededor de 250 composiciones musicales, incluyendo letras, en gran parte de ellas, igualmente poesías, poemas, oraciones y escritos dedicados a la Divina Providencia, con la temática de los valores y el amor a los ciudadanos.
Reiteramos que ejecutó varios instrumentos tales como bandola, mandolina, cuatro, arpa, violín, requinto y guitarra. Sus objetos de estudio fueron el violín y la guitarra, y los otros instrumentos los ejecutaba por convicción por no escribir diversión, pero donde más se enfocaba era en esos: violín y guitarra. Un cultor con oído absoluto para la música y con amplios conocimientos del lenguaje musical académico, lo que permitió lectura de partituras y registro de sus propias melodías en partituras musicales que se conservan. Es decir, una mezcla genuina de lo popular y lo académico para disfrute individual y del público que lo supo escuchar y seguirlo como su artista. Agregamos, que sus conocimientos musicales y su grandioso desempeño lo convirtió en el Maestro y director vitalicio de sus agrupaciones, en todas sus intervenciones artísticas o presentaciones públicas y privadas, liderazgo implícito con conocimiento y talento que suma mayores méritos al título establecido de Genio de los Cultores.
Su partida física sucedió el 12 de mayo de 2012, en su tierra natal, impactando a las comunidades del páramo y más allá de nuestras fronteras, por lo que sus exequias fúnebres fueron inolvidables y expresivas. Vinieron de los diversos caseríos, de pueblos y ciudades, de todas partes, vinieron músicos, cantores populares, artistas reconocidos, agrupaciones y demás a rendir su tributo vocal y musical, a despedirlo como se merecía, lo que implicó “velarlo durante dos noches” o mantenerlo en capilla ardiente mientras pocos rezaban y los más cantaban y tocaban sus instrumentos. El párroco de Las Piedras, no se encontraba en su jurisdicción, pidiendo que lo prepararan para dar tiempo a que él llegara a las exequias, lo cual se cumplió con la mayor solemnidad para un artista reconocido. Entre familiares y amigos, los cuatro sacerdotes presentes marcaron los rituales de despedida que sumó las notas musicales del Príncipe de la Bandola Llanera Moisés Torrealba, quien ejecutó con maestría para su Maestro. Ese día lo sembramos para siempre, físicamente, porque estamos convencidos que su presencia está en todas partes, en la magia maravillosa de la variedad musical y el arte pleno.
Rafael Ángel Valero Moreno fue un verdadero genio entre los cultores del páramo y más allá del ande nuestro, hemos repasado para tributar, con admiración y detalle, un ápice de su larga y prolífica trayectoria y nos encontramos con un personaje grandioso en sentimiento y acciones, con personalidad de sabio Patriarca, que esculpió tallas en madera, con instrumentos muy sencillos pero con una creatividad desbordada, dejando para el recuerdo varias muestras de motivos personales y autobiográficos que atesoran sus descendientes y otras que yacen expuestas al público como la imagen de bulto del San Benito de Tuñame, surgida de sus propias manos soñadoras, con sus cortes exactos y trazados singulares, adornados de colores bien combinados gracias al pincel de su hija Leffia, quien puso su creatividad para legar una obra ingenua bien bonita; en el mismo orden, dejó sus aportes artísticos en lienzos y otros materiales como pintor autodidacta e ingenuo que no escatimó esfuerzos para plasmar sus representaciones de santos y santas del cielo, personajes populares y paisajes; coronó la máxima escala del arte pleno en la música como líder de agrupaciones, haciendo de Maestro director y diestro ejecutante de instrumentos de cuerda, los cuales en sus manos ofrecían las melódicas más genuinas del repertorio paramero, andino, venezolano, universal, haciendo llorar las guitarras y arrancando las simpatías sonoras del cuatro, mientras brincona la bandola, forcejeó con sus cuerdas para figurar junto al sublime violín que resultó todo un espectáculo, la máxima ofrenda de inspiración al entregar las notas musicales más extraordinarias de cuantas sonaron en los páramos y más allá de la neblina, con la maestría indescriptible de los grandes Maestros; pero no conforme para perfilarse como el Genio de los Cultores, creó más de 250 composiciones, entre frases, poesías, poemas, oraciones, escritos, composiciones y canciones de diversa temática que forman parte del legado literario de quien expresó, en escritos sublimes, la belleza del paisaje, las curiosidades de la vida, las devociones religiosas de su espiritualidad con valores arraigados, los desvelos y preocupaciones del patriarca que vive y siente y las innumerables motivaciones que lo ocuparon para luego, satisfecho, entregar en la voz de sus cantores, lo hermoso, haciendo de sus creaciones el instrumento pedagógico más acertado para el deleite del arte y la formación de sus conciudadanos, tal como dijo Aquiles Nazoa: “las vías hacia el disfrute de lo perdurable”. Todo complementado con su personalidad de sabio Patriarca de los nuevos tiempos, de amor extremo entregado cual lluvia abundante a sus familiares y al prójimo que supo valorar la esencia del mandamiento nuevo en el “amaos los unos a los otros”.
Rafael Ángel Valero Moreno es merecedor de todos los Homenajes que pudiéramos imaginar, su vida y obra representa un legado ejemplar de virtudes y talento que puso al servicio de su gente. Ya situado en una dimensión superior, la misma donde yacen los grandes genios de la historia que trascienden por sus acciones justas, podemos considerarlo Patrimonio Cultural del Páramo andino. Su vida y obra debe conocerse en todos los confines para descubrir su pensamiento, su obra repleta de humildad, descubrir el talento, el amor, el arte pleno, los esfuerzos y sacrificios, es decir, todo lo bueno y bello de la vida que vivió que nos llena de inspiración para impulsar nuestra identidad y contribuir al progreso socio cultural de los pueblos. Reivindicar su legado artístico cultural es más que una obligación de las autoridades, de las instituciones culturales y educativas, de su pueblo, de su familia y de sus amigos. Honor y gloria a Rafael Ángel Valero Moreno: un Genio entre los Cultores que nos recuerda que mientras exista un Valero sonando su instrumento habrá paramerías y Paramerías es Merideñidad. Mucuchacayhay, admirado y satisfecho, por los conceptos expresados, agradecido con los informantes, nos invita a deleitarnos con las letras siguientes surgidas de las crónicas históricas y siempre listo para continuar el discurso y culminar otras crónicas de nuestra historia que nos permitan valorar y realzar este páramo donde: “Silba el viento en la cumbre desolada / con ímpetu tenaz, La nieve albea, / en la extensión sin fin relampaguea, / y brama la corriente en la hondonada. / Del frailejón la resinosa espada / a lo lejos del páramo espejea, / y la gramínea tímida bordea / el repechón de la colina airada. (José Domingo Tejera).
(Tomado del libro «Paramerías. Mucuchacayhay, cuenta la historia». Editorial Trinchera, Caracas, 2025)
El músico y el tallador
Imágenes del cronista.

Con la guitarraRafael Valero con la guitarra: junto al violín, el instrumento en el que más se enfocó. 
RetratoRafael Valero, con su sombrero y su barba de «sabio Patriarca». 
Retrato dibujadoUn retrato dibujado de Rafael Valero. 
BustoUn busto con la figura de Rafael Valero. 
Talla en relieveTalla en madera firmada «R.A.V.M. 28.05.09», las iniciales de Rafael Ángel Valero Moreno, que «esculpió tallas en madera, con instrumentos muy sencillos».