Cronicario Cultural · 19Chronicle
Homenaje a la parroquia La Venta en su aniversario
Una de nuestras curiosidades más genuinas tiene que ver con las siembras de alcachofas (Cynara Scolymus) en jurisdicción de la parroquia La Venta.
Jesús María Espinoza MarínCronista Oficial del Municipio Miranda

Las alcachoferas de La Venta
Una de nuestras curiosidades más genuinas tiene que ver con las siembras de alcachofas (Cynara Scolymus) en jurisdicción de la parroquia La Venta. Recorriendo la vía Trasandina, podemos ver muy cerca los extraordinarios sembradíos con esta interesante planta que quizás en muy pocas zonas de Venezuela, actualmente se cultiva. Es un privilegio detallar las alcachoferas y la productividad de esas tierras prodigiosas que ofrecen cosechas permanentes de la planta herbácea que puede alcanzar hasta un metro de altura, con sus hojas vacíales, pecioladas, grandes, largas, anchas y gruesas de color verde grisáceo y su fruto que es un aquenio grueso.
En cada ocasión que se presenta, podemos contemplar los ricos sembradíos, y recordar la esencia de la mitología griega que nos dice del Dios Zeus, perdidamente enamorado de una rubia atractiva, bella entre las mortales, llamada Cynara, quien decidida lo despreció. El Dios por alguna razón fue rechazado, lo que generó su furia, por lo que arrogante y molesto, convirtió a Cynara en alcachofa” Así en cada plantación de Alcachofa Cynara está presente, ofreciéndose a cualquiera que apetezca su fruto, menos al arrogante Zeus que pertenece a la historia del Olimpo y la condenó a encarnar en la planta ya descrita. Además, posee múltiples propiedades medicinales, utilizándose con efectividad en afecciones hepáticas, en reumatismos y otras complicaciones para reducir el colesterol y el ácido úrico, gracias a sus altos porcentajes de sodio y potasio y las bajas calorías que contiene.
Vaya alcachofa extraordinaria, especialmente la que le da prestigio y reputación a La Venta, donde hacendosas damas también se convierten en alcachoferas expertas en el arte culinario para entregar las más deliciosas recetas que deleitan los paladares más exigentes, así ofrecen: alcachofas rellenas, crema de alcachofa, alcachofa en vinagreta y otros platos exquisitos de la merideñidad que con sobrada razón le cantó el Poeta Pablo Neruda en su tierna composición titulada: “Oda a La Alcachofa”.
La Cruz Chiquita
En lo alto del Páramo, entre Cañada Cerrada y La Ovejera, destaca un punto geográfico conocido como Cruz Chiquita. Sus orígenes se remontan al año 1813 cuando Simón Bolívar y su Ejército de Patriotas, transitaron aquellos parajes en cumplimiento de esa gesta heroica conocida como la Campaña Admirable. Cuentan que motivado al mal tiempo del mes de junio, donde la lluvia fría y las nevadas constantes se imponen sin clemencia, fallecieron por Mal de Páramo o hipotermia “varios guerreros que ya venían con dolencias y que no aguantaron las exigencias del recorrido a pie” y justo donde enterraron sus cuerpos, algún acomedido creyente colocó una pequeña Cruz de palo, amarrada con fique, en recuerdo de sus compañeros de armas, para que los viajeros y transeúntes se percataran del peligro que corrían al deambular por esos parajes milenarios. Se hizo costumbre que cada viajero al pasar, colocaba una piedra al pie de la cruz y rezaba una oración por el descanso eterno de esas almas. Como este sitio era paso obligado para las comunicaciones e intercambios comerciales entre las provincias de Mérida y Trujillo, pasado el tiempo y ya consolidado el triunfo del Libertador en la guerra de Independencia, un buen religioso mandó a elaborar una cruz chiquita de madera que colocó en el mismo lugar donde estuvo la primera, por lo que desde entonces la gente comenzó a popularizar el sitio como Cruz Chiquita, tal como lo conocemos. Simultáneamente fue poblado por familias laboriosas, quienes hicieron de este paraje sitio importante por su producción agrícola de trigo y papas, además de la construcción de una hermosa capilla y más adelante la escuela para la educación de sus hijos. Pero la curiosidad de todos que a su vez se convierte en el colmo del caserío Cruz Chiquita es que su Iglesia tenga, en su interior, una Cruz Grande.
Las Piedras que se Besan
En lo alto de Páramo andino, transitando la soberbia vía trasandina, encontramos como atractivo natural: Las Piedras que se Besan o el espectáculo visual del páramo. Es en el sitio conocido como La Ovejera, cuando nos desplazamos desde Cruz Chiquita a Los Frailejones, justo en sentido Este, cuando nos encontramos el tierno espectáculo visual que nos entrega la naturaleza, al detallar en el transito sereno y con los acordes suaves del viento parameÑo, a dos piedras que se besan con ternura. Detallase distante, y a medida que avanzamos, se acercan enamoradas y serenas, hasta fundirse en un solo cuerpo, dejando entre nosotros la convicción del beso con que premian sus labios los enamorados. Vaya espectáculo que nos deja estupefactos y que nos eleva hacia la esencia de los sueños, volvemos las miradas curiosas y detallamos la magia del encanto al percatarnos que ya se dieron el mas de los apasionados besos, y ahora son piedras distantes en permanente contemplación de enamorados. También se necesita estar enamorado para precisar la fuerza imponente de nuestra naturaleza en estas piedras que se besan constantemente y que se muestran sin rubor al transeúnte. (Del libro: Paramerías. Mucuchacayhay, Cuenta la Historia, Jesús María Espinoza Marín, 2025)
The chronicle’s pictures

Las Piedras que se Besan vistas de lejos desde la vía, todavía separadas sobre el lomo del cerro. 
Las dos piedras de cerca, cubiertas de líquenes, en el punto en que parecen tocarse. 
Las Piedras que se Besan desde otro ángulo del camino, de nuevo distantes. 
Las piedras casi enfrentadas sobre la pendiente, con el cielo limpio del páramo detrás.
Sin crédito: esta crónica no declara la procedencia de sus gráficas